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martes, 18 de abril de 2017

Dejar la práctica.

Hola amigos:

La mente suele jugar a sus manipulaciones para seguir teniendo el control de los pensamientos y a su vez de las acciones. Esto hace que muchos blogueros o usuarios de redes abandonemos proyectos para crear nuevos, volvamos a retomar otros y busquemos "encajar" de la mejor manera posible con otros pensamientos, otros individuos.

De este modo, ha pasado un tiempo extraño donde llevado por la propia espontaneidad, decido cerrar este blog y abrir otro, sin dar tiempo al tiempo, sin madurar los actos.
A veces es bueno ser espontáneo, pero no hay que confundir esto con los movimientos de la mente que te llevan a puertos extraños y te convencen de cosas que no tienen demasiado sentido. Ésto (y el fracaso del blog que creé con prisas) me ha llevado a una serie de acontecimientos que han desencadenado otros, y no he profundizado lo suficiente para verlo claro.

Si, me dejé llevar. Y me dejé tanto que cuando me he dado cuenta realmente, he abandonado mi práctica cotidiana ( a casi cotidiana) de zazen, y no del todo, pero también he dejado de prestar atención a la mente, o por lo menos en alguna de sus capas más profundas (o algunas que he tenido como profundas).

Claro está que la mente te convence de ciertas actitudes (debo dejar que el dolor de esta rodilla cure, voy a dejar que pase esta etapa chunga de salud, o de malestar por algo, descansar también le va a venir bien a la práctica...etc) y acabas viendo claro que tu camino sigue correctamente por el sendero del Buddha.

Creo que esta entrada es necesaria por varios motivos, el primero de todo es hacerme ver a mí mismo que no pasa nada por volver tras los propios pasos, no hay pecado ni castigo. Es bueno verme haciendo esto gestos para darme cuenta que hay ahí una mente que no para, que el individuo que escribe está realizando maniobras indecisas por miedo, inseguridad, desafección o insatisfacción y que es muy fácil auto-convencerse de que "mi espontaneidad es sabia" cuando lo que tienes es miedo o inseguridad.

Otro motivo del despertar de este blog, es que puede que muchos lectores hayan abandonado la práctica alguna vez, o la estén abandonando ahora mismo, y puede servir de ayuda. Quizás vuelva a tardar en escribir otra entrada, pero creo estar convencido de que es aquí donde debo escribir, y aquí donde debo dejar de hacerlo. Aquí es donde debo plasmar mis experiencias o pensamientos y aquí donde debo dejar de hacerlo, sin buscar "nuevas emociones" como un meditador en busca de Makyo.








Entonces... ¿Qué pasa cuando dejas la práctica?





En mi caso, físicamente empiezan a notarse los cambios en unos días. Los procesos que habitaban en este cuerpo antes del zen (por tener un diagnóstico de ansiedad y estrés), vuelven a querer expresarse. Aparecen de nuevo ligeros temblores continuos que sólo son latentes cuando hay relajación corporal y que se hacen menos evidentes cuando hay movimiento físico y mental. También aparecen los "tics", pequeñas convulsiones que son compañeros de viaje del ansioso, del que tiene un problema de estrés.
He de decir que la sensación de estrés como tal, no ha aparecido, no se si por que nunca he abandonado completamente la práctica (he seguido realizando atención consciente a ratos, pero de forma sutil y automática y no con precisión y perseverancia) o símplemente porque ha quedado ya impregnado en mi, al igual que el discurso.

Efectivamente, el discurso no ha cambiado. No hay dudas respecto a las enseñanzas, sigo leyendo sobre Budismo y sigo alimentando mi mente con ideas, con lo que es posible que ésto ayude a no cambiar mi forma de pensar o símplemente es que no hay vuelta atrás para esto porque la comprensión no la realiza la mente, sino más allá de ella y por consiguiente no puede haber una vuelta atrás en esto.

Me he vuelto a sentar algunos días de forma aleatoria y mi cuerpo rechaza la postura casi como si nunca la hubiera realizado, pero en cinco minutos vuelvo a obtener aquello que obtuve en el pasado y que tantos beneficios me ha causado: "NADA".


Es agradable volver a escribiros desde este lugar, espero que las letras fluyan algún día y espero volver pronto a mi rutina en zazen y mi práctica habitual.

En Gasshô.

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lunes, 22 de febrero de 2016

La zona de confort.

En cuatro o cinco ocasiones he querido escribir sobre este tema y en las mismas lo he dejado estar, porque no se si puedo enfocar bien el tema sin entrar en cuestiones de mi historia personal, algo irrelevante y que no tiene ninguna importancia. Pero siempre se trata de escribir desde la perspectiva de uno mismo, aunque no se quiera hablar de uno mismo, así que... allá vamos.

¿Qué significa "la zona de confort"?

Pues podríamos decir que es una zona de "bienestar" donde hay cierta comodidad mental y física - puesto que no hay dualidad y cuerpo y mente son la misma cosa-, aunque no necesariamente debe ser "algo bueno", puesto que muchas veces encontramos esa comodidad en lo triste, melancólico, inferior, pesimista, etc...
Efectivamente, esta zona de confort se puede situar tanto en una fase anímica alta y optimista como en una pesimista y oscura, aunque también en una zona media, por lo que podríamos decir que siempre estamos entrando y saliendo de estas zonas de confort en algún aspecto de nuestras vidas.
Podemos tener unas zonas de confort en lo que se refiere a relaciones personales y sin embargo estas suspendidos en un vacío en cuanto al trabajo u otro tipo de cuestiones que pueden afectarnos en el día a día.


Incluso dentro de nuestra práctica Budista podemos entrar y salir de tales zonas de confort sin darnos cuenta de en qué punto general estamos con ella, en relación a nosotros como seres que expresan la vitalidad del universo o como egos, con nuestros "yoes" subiendo y bajando esos estados anímicos a toda hora.
Como podemos empezar a vislumbrar, el hecho de estar en una zona de confort a veces puede significar estabilidad pero por contra, es posible que estemos perdiendo oportunidades para nuestro desarrollo por otro lado, con lo que sin clasificar si las zonas de confort son "buenas o malas" deberemos comprobar qué ventajas y desventajas nos ofrecen en determinados momentos de nuestras vidas.

Muchas veces pienso en los jóvenes que desgraciadamente no encuentran un camino de futuro en sus vidas y se instalan en una zona de confort en la que reciben las comodidades de los padres y esperan a que cambie algo, cosa que no suele suceder así de golpe y cuando te has dado cuenta esa juventud arrolladora ha pasado a formar parte del pasado más reciente. De este modo, salir de la zona de confort puede ser liberador y gratificante, aunque uno no sepa dónde va o qué va a hacer. Coger una mochila con ropa y ponerse a caminar con algún rumbo fijado sin el colchón de la "paga semanal" a buscarse la vida, posiblemente sea lo mejor que un muchacho pueda hacer en estos días aunque pueda parecer una barbaridad. Es algo que personalmente debiera haber hecho cuando era joven y nunca hice, por miedo a perder lo que al final acabé perdiendo por quedarme en tal zona de confort.

Con esto no quiero decir que siempre sea bueno salir de tales zonas, porque dependiendo de a qué nos refiramos puede ser positivo quedarte en ella, tal como hacemos en Zazen con nuestro culo y sin embargo pese a que lo mejor que podemos hacer es sentarnos, cuando lo hacemos jústamente lo que pudiera ser una práctica de comodidad se convierte en "la eterna salida de las zonas de confort".

Y es justamente la práctica la que en estos años me ha enseñado dos cosas fundamentales:

La primera, que debí marcharme con la mochila cuando era el momento independientemente del resultado que hubiera podido salir de ahí.
La segunda que lo que pasó es inamovible e irrelevante y que "lo que hubiera pasado" es sólo una elucubración mental que quiere llevarme a una zona de confort donde la melancolía coexiste con el yo.

Descubrir y aceptar lo que fue y lo que es, seguramente es la experiencia más enriquecedora que he podido tener en mi vida, por lo menos hasta hoy.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...