Para acabar esta serie de entradas sobre el Budismo Zen desde un punto de vista muy particular y escrito para personas que están empezando a descubrir este camino de liberación o ésta práctica, quiero escribir sobre el camino mismo, la vía del Buddha.
Un camino de liberación nunca puede ser un cambio de dogma o de tótems. Un camino de liberación debe tener como su máxima, dejar de aferrarse, incluso al mismo camino de liberación.
Por eso cuando los ascetas del bosque vieron que Siddarta había bebido y comido ,se había limpiado y descansado ,lo rechazaron. Esta vía es la que nos propone el Budismo Zen, una vía de "en medio" donde no hay que sentarse en zazen por obligación ni hay que dejar de levantarse por la misma razón.
Esta vía que yo camino de forma muy particular, no entiende de dogmas, ni de eternos maestros. Los maestros van apareciendo día a día, por el camino que se abre ante uno, de forma totalmente espontánea y sin control por nuestra parte.
Tampoco estoy de acuerdo con los "iluminados" que ayer se sentaban en zazen y hoy han decidido que su liberación incluye no sentarse más a comprobar nuestra naturaleza. No es esa la vía del medio.
A éstos últimos, les compadezco pues habiendo descubierto su propia iluminación, su propia Budeidad, la han olvidado por no "comprobar" dicho estatus a lo largo del tiempo.
Es cierto que la vía la debe marcar el propio individuo, y también es cierto que al caminar sólo por esta senda a veces, como el no-camino sólo tiene un sentido y sólo se recorre una vez, uno se siente perdido y desearía que su perenne maestro le condujera al sendero. Pero entonces no sería una camino de liberación propio, sino del maestro.
Yo he elegido caminar sólo, comprobar mi estatus Búdico de forma espontánea pero sin dejar de hacerlo para recordar siempre mi verdadera naturaleza, y seguir el Tao a donde me lleve, siempre que no compita con mi estado egótico al que no debo alimentar en exceso, pero que no rechazo de ningún modo.
Hoy puedo decir que me acepto en mi forma personal, egótica y transpersonal como soy.
Hoy puedo decir que acepto una naturaleza espiritual que nunca podré ver, por que el órgano conocedor no puede conocerse a sí mismo.
Hoy puedo decir que voy a seguir comprobando tal naturaleza, aquí y ahora. Y no sólo sentado, sino en cualquier momento, con la máxima atención.
Si las personas que empiezan o sienten atracción por esta práctica deciden "pasar a la acción", bienvenidos.
Si por el contrario, entusiasmados, corren a poner cartelitos zen en sus muros de FaceBook, bienvenidos.
Todos tenemos nuestro papel, nuestros pequeños dramas cósmicos. Aceptar ésto en cualquier persona, cosa o suceso y respetarlo es lo único que tiene importancia.
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miércoles, 5 de junio de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
Budismo Zen para una vida mejor (II).
Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".
Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...
Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.
Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.
Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.
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Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...
Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.
Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.
Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.
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jueves, 9 de mayo de 2013
Cuando la inconsciencia se hace consciente...
"Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino."
- Carl Jung -
La frase ha dado mucho de si en Facebook y gracias a mi amiga Isabel Subirana, he decidido dar mi opinión, como vengo haciendo en estas páginas, e intentar "aclarar" lo que me parece una genial frase de este filósofo que anduvo entre el camino medio con total éxito.
Parece que las cosas pertenecientes a la religiosidad, por alguna extraña razón, vienen de tres en tres, como la Trimurti, la santísima trinidad y hasta el trío calavera. Y en ésta ocasión no hay religiosidad de por medio, debemos decir que Jung nombra tres clasificaciones mentales bien definidas.
Primero tenemos al consciente, esa fuerza mental clasificadora que "enfoca" nuestra vida diaria, con la que escribimos, leemos, creamos e intentamos explicar las cosas de la vida.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
En segundo lugar, aparece el subconsciente, ese espasmo en nuestro cerebro del que habla Freud y otros psicoanalistas y que te quiere jugar "una mala pasada", pues al tomar como punto de control el tiempo, realiza una especie de "cirugía" con la que lobotomizar nuestra imagen de nosotros mismos, deformando la realidad y alimentando los conceptos de "pasado" y "futuro", dejándonos indefensos ante la aplastante realidad del "ahora".
Así pues, el subconsciente agranda nuestra imagen o la empequeñece, nos dice que "somos" en relación a los que hicimos y lo que haremos y así, aparece como una sombra encima de nuestras cabezas, el destino.
La recreación de un destino, es la enajenación mental más común en nuestra sociedad y es precisamente a eso a lo que se refiere Jung. La toma de control de nuestro subconsciente, hace que la suma del pasado y nuestra percepción de un futuro, conduzca a nuestro consciente a lugares "ilusorios", y más allá, todos acabamos en "la caja". El destino llevado al cubo nos depara lo irremediable, lo que nos aterra... "la caja". Y con esa idea, llega la frustración...
La palabra que mejor define "frustración" es Dukkha, aunque muchos practicantes la traducen ( de modo incorrecto, según mi opinión) como sufrimiento. Dukkha aparece entre otras causas ante la presencia irreal ( y digo irreal por que lo pensamos en un tiempo anterior al irremediable suceso) del destino definitivo, el último tren, la última imagen, el final del destino que nos depara la vida... La muerte.
Y bajo esta perspectiva, el subconsciente campa a sus anchas induciendo al consciente a consumir depravadamente, a clasificar de forma compulsiva, y en definitiva a separarnos de nuestra verdadera naturaleza.
La última de las tres palabras que desgrano hoy, es inconsciente.
Cuando vas conduciendo en el coche, hablando con el copiloto y de repente te das cuenta que sin pensarlo has acabado en casa, es el inconsciente el que dio las órdenes. Cuando tus pulmones se hinchan para dejar que el aire entre en tu cuerpo, alimentando así tu vida, es el inconsciente el que da la orden. Y tu corazón golpea y golpea, bombeando la sangre para que el organismo "sea" y es el inconsciente el que está detrás de todo eso.
Y el único problema del inconsciente es que es totalmente transparente a nuestro entendimiento, por que como su palabra indica, es "no-consciente", y nos quedamos igual que si queremos mordernos nuestros propios dientes, por que jamás sabremos nada sobre ello. Pero aunque no sepamos nada sobre nuestro inconsciente, podemos elucubrar diciendo que si manda la orden a nuestros pulmones para recibir el aire, bien podría ser que ese aire que es generado por químicas naturales, vegetales y la luz del sol formen parte orgánica de mis pulmones y así el inconsciente no solo mandase información desconocida por mi consciencia a mi cerebro sino que pudiera ser que la información la mandara también a toda esa maquinaria natural que se extendería, por ende, a todo el universo para que el círculo vicioso pueda cerrarse definitivamente. Es posible, y digo que sólo es una elucubración, que todo el sistema inconsciente fuera el recurso natural que tiene el universo para que yo, el sujeto consciente pueda "yoificarlo". Quizás el universo crea todo esa fluidez entre aire, luz, plantas, pulmones que alimentan seres conscientes para hacer consciente el universo mismo.
Y Jung nos apunta justo ahí, como una aguja de acupuntura... ahí, donde más duele. Por que el incosciente nunca podrá ser consciente, es nuestra consciencia actual la que nos debe dirigir hacia nuestra inconsciencia. por eso nos sentamos, o prestamos atención al "ahora" en cualquier situación, para "experimentar" el estado de inconsciencia y así poder descubrir que todos los estados mentales, todas las capas de entendimiento, son necesarias.
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sábado, 4 de mayo de 2013
De vuelta a la naturaleza del Buda.
En una guerra, una batalla o una elección, siempre has de dejar algo por el camino. Una pérdida, una baja.
A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.
Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.
Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...
Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...
Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.
El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.
En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.
Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.
Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...
Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...
Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.
El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.
En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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viernes, 8 de marzo de 2013
Despertando a la realidad del desapego.
Ayer perdí mi llavero. Era uno de esos llaveros que compras cuando visitas algún lugar y quieres que lo que ves y sientes permanezca en tus retinas y en tu memoria largo tiempo.
Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.
Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.
Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.
Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.
El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.
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Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.
Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.
Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.
Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.
El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.
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viernes, 1 de febrero de 2013
De cómo para verlo bien, has de subir al tejado.
Sabemos que para tomar consciencia de algo, o de varias cosas, debemos tomar distancia. Pero decirlo es algo sencillo, y hacerlo se nos hace completamente imposible cuando nos vemos invadidos de pena, desesperanza, o lo que podríamos generalizar como "frustración" que es una palabra que define perfectamente la idea.
¿Y cómo podemos hacerlo, saliendo triunfantes y no caer en un vano intento?
Pues la palabra que define perfectamente al "alter ego" de la frustración, es "la compasión".
Pero la compasión como la entendemos normalmente no sirve. No es una cuestión de pena ni de lástima por alguien. La compasión Budista va mucho más allá de todo eso. Es en definitiva, la toma de distancia del sentimiento. El desapego de éste, para poder observarlo, como si de un objeto se tratara, como si pusiéramos bajo la óptica de un microscopio los sentimientos sean negativos o positivos, no hay diferencia alguna. Pues imbuirnos de los pensamientos positivos significa llegar al mismo sitio, a la frustración, cuando éstos cambian. Y todo cambia, así que cuando algo empieza a ir bien, es que está llegando el " ir mal" y vice-versa.
Así pues, observar con distancia la cuestión que nos oprime y ver sus imperfecciones, sus aristas, desde un punto de vista didáctico, nos va a servir para despegarnos del sentimiento y así poder sacar nuestras conclusiones mucho más eficientemente que si cegados por el dolor nos acostamos en un sillón, a "sentir" la sensación de pena que te embarga. Al fin y al cabo podríamos definir esto como "apego" a la pena, pues acabamos sintiendo una especie de "comodidad" -y quisiera que no se mal interpretaran mis palabras- que no te deja "escapar" de la idea. Es como cuando estamos con una ligera fiebre, producto de un catarro y en vez de levantarnos y mover el cuerpo, con lo que encontramos un poco de mejoría en los síntomas, nos acurrucamos con la manta y queremos que el mundo se pare. Para cuando nos queremos dar cuenta, el catarro nos ha invadido completamente.
Esta compasión a la que aludo, este sentimiento despegado que te hace mirar tus "sentires" y también los de los demás, no solo ayudan a "escapar" sino que resuelven lo "resolvible". Por supuesto, como dice Confucio, lo que no tiene solución no es un problema, es otra cosa diferente.
Y se que diréis que hablar es muy sencillo, que a ti o a ti os han pasado unas cosas que yo no he pasado, y tenéis razón. Lo sé por que a todos y cada uno de los navegantes les pasan cosas y son cada una de ella muy diferentes. Y si subimos un poco más la altura de la visión y nos vamos al tejado de nuestra casa a ver "el entorno" comprenderéis que a veces, mientras una persona está pasando "la fiebre" en el sofá de su casa, a Jimmy como le llaman sus compañeros, que podría tener uno o dos años más de vida por la hambruna que azota la vida de los niños en Zimbawe, le va a suceder en este mismo instante que una mina anitipersona le deje postrado en una cama, con lo que no pueda correr, cuando los soldados que recogen los "diamantes de sangre" vayan a su pueblo. Veis? sólo había que aumentar la distancia.
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¿Y cómo podemos hacerlo, saliendo triunfantes y no caer en un vano intento?
Pues la palabra que define perfectamente al "alter ego" de la frustración, es "la compasión".
Pero la compasión como la entendemos normalmente no sirve. No es una cuestión de pena ni de lástima por alguien. La compasión Budista va mucho más allá de todo eso. Es en definitiva, la toma de distancia del sentimiento. El desapego de éste, para poder observarlo, como si de un objeto se tratara, como si pusiéramos bajo la óptica de un microscopio los sentimientos sean negativos o positivos, no hay diferencia alguna. Pues imbuirnos de los pensamientos positivos significa llegar al mismo sitio, a la frustración, cuando éstos cambian. Y todo cambia, así que cuando algo empieza a ir bien, es que está llegando el " ir mal" y vice-versa.
Así pues, observar con distancia la cuestión que nos oprime y ver sus imperfecciones, sus aristas, desde un punto de vista didáctico, nos va a servir para despegarnos del sentimiento y así poder sacar nuestras conclusiones mucho más eficientemente que si cegados por el dolor nos acostamos en un sillón, a "sentir" la sensación de pena que te embarga. Al fin y al cabo podríamos definir esto como "apego" a la pena, pues acabamos sintiendo una especie de "comodidad" -y quisiera que no se mal interpretaran mis palabras- que no te deja "escapar" de la idea. Es como cuando estamos con una ligera fiebre, producto de un catarro y en vez de levantarnos y mover el cuerpo, con lo que encontramos un poco de mejoría en los síntomas, nos acurrucamos con la manta y queremos que el mundo se pare. Para cuando nos queremos dar cuenta, el catarro nos ha invadido completamente.
Esta compasión a la que aludo, este sentimiento despegado que te hace mirar tus "sentires" y también los de los demás, no solo ayudan a "escapar" sino que resuelven lo "resolvible". Por supuesto, como dice Confucio, lo que no tiene solución no es un problema, es otra cosa diferente.
Y se que diréis que hablar es muy sencillo, que a ti o a ti os han pasado unas cosas que yo no he pasado, y tenéis razón. Lo sé por que a todos y cada uno de los navegantes les pasan cosas y son cada una de ella muy diferentes. Y si subimos un poco más la altura de la visión y nos vamos al tejado de nuestra casa a ver "el entorno" comprenderéis que a veces, mientras una persona está pasando "la fiebre" en el sofá de su casa, a Jimmy como le llaman sus compañeros, que podría tener uno o dos años más de vida por la hambruna que azota la vida de los niños en Zimbawe, le va a suceder en este mismo instante que una mina anitipersona le deje postrado en una cama, con lo que no pueda correr, cuando los soldados que recogen los "diamantes de sangre" vayan a su pueblo. Veis? sólo había que aumentar la distancia.
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martes, 29 de enero de 2013
De cómo la consciencia tiene mil caras y sólo tenemos acceso a una por vez.
Me imagino que estas preguntas sólo nos las hacemos los que estamos "payá", pero seguro que algunos de vosotros, buscadores, os habéis hecho muchas preguntas de todo tipo.
Una de las cosas de este mundo o de esta existencia, que me dejan pasmado, es la CONSCIENCIA, la idea de "centro" de todo lo que sucede. Y de igual modo, cada uno de vosotros sois vuestro propio "centro" y si voy más allá, cada uno de los animales son también su "centro", aunque no tengan el mismo sistema cognitivo.
Su consciencia, aunque no sea la del "yo" propiamente dicha, debe ser algo parecido a la nuestra pero con sus "sentidos". La diferencia fundamental entre un animal y yo (digo diferencia y no parecido, jejeje...) es que sus sentidos está más desarrollados que el mio y que yo tengo esa "semilla" que me hace preguntarme cosas. Un animal no tiene ese problema, o esa virtud, según como se mire.
Pero, ¿qué diferencia real, en cuanto a consciencia, determinaría un animal de cualquier otro ser? NINGUNA. El mosquito es el actor principal en su universo, y todos los demás somos "los secundarios". Del mismo modo, una planta, con otros "sentidos" muy diferentes a los de un animal, será en si misma su única "principalidad" y el resto de cosas, imposible de poder definirlas por nosotros, serán las "cosas secundarias".
Y quiero ir un poco más allá, y decir que a mi me parece que una piedra también tendrá una consciencia, por que aquí no nos estamos basando en "la capacidad cerebral" para definir qué es o no es una consciencia, sino en la capacidad "cuántica". Si, amigos. A mi entender, todo lo que ocurre en este mundo es un conjunto de "danzas cuánticas" y no hay más diferencia entre un oleaje de fuego de esos que el sol crea, al vaso de leche que me estoy tomando. Simplemente "danzas atómicas" que bailan a ritmos diferentes y lo definimos así por que nuestro intelecto no ha podido "partir más las ideas". Y si todo es así, podemos llegar a la conclusión de que cualquier acontecer, cualquier cosa que suceda es una "danza" que, podamos o no descifrar, hace que todo este escenario "sea".
Así que desde que empaticé con la idea de que cualquier cosa-suceso tiene un nivel de consciencia, lo capte mi intelectualidad o no, a las moscas las invito amablemente a salir de mi casa, y no las mato. Por que el simple hecho de pensar que hoy puedo acabar con una consciencia, con "el protagonista de una peli", me horroriza.
Pero también soy consciente, de que cuando salgo a la calle, acabo con muchas consciencias , pisando sin darme cuenta, a cada paso, hormigillas o símplemente pequeños animalillos invisibles que circulan por ahí.
Así pues, acabo de definir que una consciencia es un centro, relativamente aislado del resto... Pero, realmente es así, o sólo lo aislamos "los que pensamos"??
Es posible que una piedra, su danza cuántica o vibración sea una consciencia muy, muy sutil, por no tener órganos que den "realidad" tal como nosotros podemos conocerla, pero quizás esa piedra no funciona de forma separada al resto. Igualmente, el mosquito, pese a ser un "centro de consciencia", no tenga capacidad de separar su "especie de yo" del resto de aconteceres o consciencias.
Y divagando como lo hago, es posible que sólo y únicamente nosotros, los seres humanos pensantes, fabriquemos la idea (ya que podemos hacerlo) de que nuestro "centro" está aislado del resto de "centros de consciencia" sean personas, animales o cosas (o sucesos). Así, cuando sucede algo que captamos con nuestros órganos, pensamos "que nos sucede" y no que sucede por que si. Creamos "una víctima", nosotros, la diana de todas las flechas, la pared de todos los impáctos.
Las cosas "nos suceden"... y a todo esto, desde la filosofía oriental, se le ha llamado "DUALIZAR".
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viernes, 25 de enero de 2013
De cómo una vez descubierto necesitamos comprobarlo.
Cuando descubrimos (y así lo sentimos) que la identificación de uno mismo se ha roto, nos sentimos de una forma muy extraña al principio. Es un camino sólo de ida, no hay vuelta atrás, "por que ya lo sabemos".
Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".
La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".
La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».
Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:
- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente, un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".
Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.
Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.
La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).
Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".
Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.
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Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".
La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".
La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».
Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:
- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente, un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".
Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.
Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.
La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).
Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".
Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.
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jueves, 24 de enero de 2013
De cómo los chapoteos de la mente no te dejan ver el fondo del lago.
Tomemos como ejemplo, un hermoso lago. En él hay peces chapoteando en el agua. En el fondo, donde ya no se puede bajar más, hay un tesoro de grandes dimensiones y muy valioso... posíblemente el tesoro más valioso del universo, o quizás es que el universo está dentro de ese tesoro.
Y las personas como yo, nos asomamos a ese lago, buscando el tesoro. Y por mucho que nos empeñemos no podemos vislumbrarlo por que los peces (las ideas) chapotean y chapotean y mueven las aguas del hermoso lago.
De este modo, como soy muy cabezota, busco aquí y allá para encontrar un método alternativo para poder ubicar exáctamente la situación del tesoro.
Encuentro un palo largo y lo inserto en el lago para remover el fondo... pero los peces (las ideas) se mueven más rápido, asustados por cómo muevo el palo. El palo (la imagen de mi) es una herramienta inútil para este caso. Me sirve de mucho normalmente, puedo utilizarlo para mover cosas, para "funcionar" en mi mundo y mi sociedad... realmente amo mi palo, y me preocupo de "alimentarlo" a diario, dándole grandes dosis de aceite (consumo, ilusiones, metas, proyectos) para poder seguir utilizándolo cuando lo necesite. Mi palo siempre está conmigo.
Pero en este caso no me sirve, incluso noto que altera más ese lago. Es un lago ansioso, por que los peces (las ideas) que chapotean sin cesar, con la maniobra del palo no han hecho más que empeorar la situación.
Ahora los peces saltan de un lado a otro, y me miran de "reojillo", como si supieran lo que intento... Es imposible ver el fondo del hermoso lago, para así poder visualizar el tan ansiado tesoro.
Pero entonces, como un impulso que viene del propio lago, que es tan hermoso que podría deslumbrar a alguien que no buscara tan desesperadamente un tesoro, me paro y me doy cuenta (descubrimiento) de que me estoy perdiendo la belleza del lugar. Ante la frustración de no poder rescatar el tesoro, me he estado perdiendo el paraje, y ese lago impresionante, que como en un cuento de magia, me deja totalmente embriagado con su belleza.
Entonces algo pasa, y es que los peces (las ideas) se han relajado un poco, así que me siento y me relajo...
Pasados unos minutos noto como mi respiración ha bajado su convulso movimiento y me quedo prendado de ella, intimando con ella... Poco a poco los peces (las ideas) han parado en su chapoteo febril, y ahora el lago, más hermoso que nunca, se abre a mi, como una mariposa abre sus alas, después de salir de su crisálida.
El fondo de ese lago está listo para que pueda recoger mi tesoro, pero he de decir que ya no me importa el tesoro que hay en él.
A veces con el palo y otras veces dejando que mi respiración "sea consciencia", es como la "vía media" aparece ante nosotros, para que busquemos o para que nos sentemos... pero el tesoro nunca está donde creemos.
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Y las personas como yo, nos asomamos a ese lago, buscando el tesoro. Y por mucho que nos empeñemos no podemos vislumbrarlo por que los peces (las ideas) chapotean y chapotean y mueven las aguas del hermoso lago.
De este modo, como soy muy cabezota, busco aquí y allá para encontrar un método alternativo para poder ubicar exáctamente la situación del tesoro.
Encuentro un palo largo y lo inserto en el lago para remover el fondo... pero los peces (las ideas) se mueven más rápido, asustados por cómo muevo el palo. El palo (la imagen de mi) es una herramienta inútil para este caso. Me sirve de mucho normalmente, puedo utilizarlo para mover cosas, para "funcionar" en mi mundo y mi sociedad... realmente amo mi palo, y me preocupo de "alimentarlo" a diario, dándole grandes dosis de aceite (consumo, ilusiones, metas, proyectos) para poder seguir utilizándolo cuando lo necesite. Mi palo siempre está conmigo.
Pero en este caso no me sirve, incluso noto que altera más ese lago. Es un lago ansioso, por que los peces (las ideas) que chapotean sin cesar, con la maniobra del palo no han hecho más que empeorar la situación.
Ahora los peces saltan de un lado a otro, y me miran de "reojillo", como si supieran lo que intento... Es imposible ver el fondo del hermoso lago, para así poder visualizar el tan ansiado tesoro.
Pero entonces, como un impulso que viene del propio lago, que es tan hermoso que podría deslumbrar a alguien que no buscara tan desesperadamente un tesoro, me paro y me doy cuenta (descubrimiento) de que me estoy perdiendo la belleza del lugar. Ante la frustración de no poder rescatar el tesoro, me he estado perdiendo el paraje, y ese lago impresionante, que como en un cuento de magia, me deja totalmente embriagado con su belleza.
Entonces algo pasa, y es que los peces (las ideas) se han relajado un poco, así que me siento y me relajo...
Pasados unos minutos noto como mi respiración ha bajado su convulso movimiento y me quedo prendado de ella, intimando con ella... Poco a poco los peces (las ideas) han parado en su chapoteo febril, y ahora el lago, más hermoso que nunca, se abre a mi, como una mariposa abre sus alas, después de salir de su crisálida.
El fondo de ese lago está listo para que pueda recoger mi tesoro, pero he de decir que ya no me importa el tesoro que hay en él.
A veces con el palo y otras veces dejando que mi respiración "sea consciencia", es como la "vía media" aparece ante nosotros, para que busquemos o para que nos sentemos... pero el tesoro nunca está donde creemos.
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lunes, 21 de enero de 2013
De cómo el Zen es más lo que no es, que lo que es.
El budismo Zen es la forma de Budismo más simple y fácil de practicar, aunque por cierto punto de vista físico, si quieres desenmarañar su simpleza, empieza a aparecer un ovillo complicádamente tejido, de tal forma que uno puede acabar deambulando por este mundo como si hubiera perdido alguna cosa.
He de decir que hay dos escuelas Zen esenciales, la Soto (la más común) y la Rinzai, y aunque su cometido es el mismo, la forma de "hacer" es completamente diferente. En la escuela Soto, el despertar o "Satori" sucede con el condimento apropiado; la meditación sedente.
"Zazén" o meditación sentado, es en un principio, básica para poder obtener un "Satori", aunque el maestro siempre debe hacer entender al alumno que el despertar de la mente o "Satori" no debe ser buscado.
En la foto aparece Taisen Deshimaru, maestro contemporáneo ya fallecido. Ordenó como linea de sucesión al maestro Español Dokushô Villalba y al maestro Francés Dominique Kosen. Ámbos continúan su linaje en Valencia el primero y en Argentina el segundo.
En la escuela Rinzai, es primordial trabajar duro con el maestro en los "Koans" que son una tanda de preguntas y respuestas en las que el maestro intenta que el alumno "salte" la comprensión intelectual y vaya más allá, obteniendo así el tan preciado "Satori". Pero se insiste mucho en cualquier escuela, que ese despertar ocurre de improviso, de repente y no se debe buscar de ningún modo.
La escuela Soto, la más conocida en España y américa Latina, hace mucho hincapié y de forma muy reiterada, que hay que hacer Zazén mucho tiempo a lo largo del día, y hacer "Sesshin" (meditación conjunta y de más tiempo de duración) muy a menudo.
Como el que os escribe tiene su propia visión del Budismo Zen, todas las explicaciones que pueda comentar desde ahora y en sucesivas entradas no son genéricas del Budismo Zen, sino mis propias interpretaciones.
Acerca de Zazén, os diré que recomiendo su práctica y que además, sin ella no se puede "constatar" el descubrimiento interior al que cada uno tiene acceso, normalmente sin saberlo.
Pero también tengo que decir, siguiendo la idea de "via media", que Zazén se hizo muy popular en los monasterios y templos chinos y japoneses en siglos pasados. Cuando dicha práctica se popularizó tanto, los maestros y monjes obligaban a la muchedumbre de niños con "vocación" a sentarse mucho tiempo a lo largo del día para tenerlos controlados.
La práctica del Zen del día a día, en las labores cotidianas, afrontando la vida y problemas personales y en la sociedad actual es la práctica verdaderamente importante, y los templos y vida monacal es algo que forma parte de "la teoría zen", más que de la realidad del ser humano.
Para definir el Zen hay que empezar por lo que no es, así que por eliminación, en este blog iremos reduciendo hasta el absurdo el resto de cosas de este universo...
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He de decir que hay dos escuelas Zen esenciales, la Soto (la más común) y la Rinzai, y aunque su cometido es el mismo, la forma de "hacer" es completamente diferente. En la escuela Soto, el despertar o "Satori" sucede con el condimento apropiado; la meditación sedente.
"Zazén" o meditación sentado, es en un principio, básica para poder obtener un "Satori", aunque el maestro siempre debe hacer entender al alumno que el despertar de la mente o "Satori" no debe ser buscado.
En la foto aparece Taisen Deshimaru, maestro contemporáneo ya fallecido. Ordenó como linea de sucesión al maestro Español Dokushô Villalba y al maestro Francés Dominique Kosen. Ámbos continúan su linaje en Valencia el primero y en Argentina el segundo.
En la escuela Rinzai, es primordial trabajar duro con el maestro en los "Koans" que son una tanda de preguntas y respuestas en las que el maestro intenta que el alumno "salte" la comprensión intelectual y vaya más allá, obteniendo así el tan preciado "Satori". Pero se insiste mucho en cualquier escuela, que ese despertar ocurre de improviso, de repente y no se debe buscar de ningún modo.
La escuela Soto, la más conocida en España y américa Latina, hace mucho hincapié y de forma muy reiterada, que hay que hacer Zazén mucho tiempo a lo largo del día, y hacer "Sesshin" (meditación conjunta y de más tiempo de duración) muy a menudo.
Como el que os escribe tiene su propia visión del Budismo Zen, todas las explicaciones que pueda comentar desde ahora y en sucesivas entradas no son genéricas del Budismo Zen, sino mis propias interpretaciones.
Acerca de Zazén, os diré que recomiendo su práctica y que además, sin ella no se puede "constatar" el descubrimiento interior al que cada uno tiene acceso, normalmente sin saberlo.
Pero también tengo que decir, siguiendo la idea de "via media", que Zazén se hizo muy popular en los monasterios y templos chinos y japoneses en siglos pasados. Cuando dicha práctica se popularizó tanto, los maestros y monjes obligaban a la muchedumbre de niños con "vocación" a sentarse mucho tiempo a lo largo del día para tenerlos controlados.
La práctica del Zen del día a día, en las labores cotidianas, afrontando la vida y problemas personales y en la sociedad actual es la práctica verdaderamente importante, y los templos y vida monacal es algo que forma parte de "la teoría zen", más que de la realidad del ser humano.
Para definir el Zen hay que empezar por lo que no es, así que por eliminación, en este blog iremos reduciendo hasta el absurdo el resto de cosas de este universo...
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miércoles, 16 de enero de 2013
De cómo vishnú se auto-conoce y se auto- olvida.
Para poder llegar al pensamiento oriental y no tergiversar -que es lo que suele suceder- la forma en que se combinan las diferentes culturas y sus conductas, quiero exponer sin tedios y de forma amena, cómo "sucede" la cuestión.
Está claro que no soy ningún experto, y mi interpretación puede dar lugar a agravios, pero esto no debería suceder, pues no hay agraviado en cuanto a que el experto o ilustrado en el tema ha conducido al "yo" al abismo. Así que si hay alguien en tal tesitura, le aconsejaría que se plantease su pensamiento, filosofía o creencia.
Primero de todo, es importante apuntar que la filosofía o religiones hinduistas son MITOLÓGICAS, con lo que no deberíamos caer en el monoteísmo, o incluso el politeísmo cuando nos referimos a los Dioses hindúes.
La "Trimurti" o tres cuerpos (es curioso cómo siendo una religión tan antigua, evoca al padre,hijo y espíritu santo católicos) componen la forma más generalizada - que no más antigua - del Hiunduísmo, aunque los "Vedas" estuvieron antes y Vishnú sólo era un Dios más, de la cantidad de ellos disponible.
En el caso general, Vishnú acontece un día al que llamamos Kalpa (la medida de un Kalpa en años es irrelevante). En ese tiempo, no existe nada más que Visnhú. Acabado el día, Visnhú se hecha a dormir y su sueño dura otro Kalpa y en él se auto-olvida de si mismo y adquiere la consciencia de todos los sucesos que ocurren en el universo, desde el mismo Bing Bang que no es más que Brahma creando el universo, hasta el final de los tiempos, el final del Kalpa, en el que aparece Shiva y destruye el universo con fuego que sale de todos los poros de su piel. Es curioso, como la espalda de Shiva "el destructor", es el rostro de Brahma, el "continuador". Y digo continuador, por que en Asia no hay concepto de creación como la tenemos nosotros, como construcción por piezas de algo. En Oriente, la creación es más bien, un desarrollo, una evolución o crecimiento.
En ese tiempo, el que dura el sueño de Vishnú, todo acontece. Los objetos o cosas no son relevantes, pues más bien esas cosas son sucesos, acciones que ocurren. La luz del sol que impregna de vida del planeta, el aire, las flores, la consciencia de todo. De esta manera, Vishnú se "yoifica" en todo y así toma consciencia de todas las cosas, de todos los sucesos.
Y toda esta obra épica y muchas otras como los Hupanisads, conforman la base de la civilización Hindú, de tal forma que estas mitologías están por encima de la religión, de la filosofía o la ciencia.
Hay muchos tipos de Hinduismo como el Vedanta, o el Advaita, (entre otros) que difieren en mayor o menor medida de tales mitos, pero todos guardan relación directa con lo que ocurre dentro de nosotros, como si de "prescripciones" se tratara.
Por ejemplo, la história de Ganesha, hijo de Shiva y Párvati que guarda recelosamente la habitación de su madre, podría ser comparada perfectamente con las teorías Freudianas sobre el complejo de Edipo.
En definitiva, podemos decir que uno de los pilares básicos de Asia, es el Hinduismo. Que en él, se aglomeran los principios del psicoanálisis y la ciencia del interior, que justamente está al lado opuesto de Occidente y su ciencia de lo exterior. También concluimos que la forma de ver el mundo difiere de lo Occidental y teísta, o monoteísta. Entonces, bajo ese concepto, bajo ese prisma debemos movernos por este manuscrito.
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Está claro que no soy ningún experto, y mi interpretación puede dar lugar a agravios, pero esto no debería suceder, pues no hay agraviado en cuanto a que el experto o ilustrado en el tema ha conducido al "yo" al abismo. Así que si hay alguien en tal tesitura, le aconsejaría que se plantease su pensamiento, filosofía o creencia.
Primero de todo, es importante apuntar que la filosofía o religiones hinduistas son MITOLÓGICAS, con lo que no deberíamos caer en el monoteísmo, o incluso el politeísmo cuando nos referimos a los Dioses hindúes.
La "Trimurti" o tres cuerpos (es curioso cómo siendo una religión tan antigua, evoca al padre,hijo y espíritu santo católicos) componen la forma más generalizada - que no más antigua - del Hiunduísmo, aunque los "Vedas" estuvieron antes y Vishnú sólo era un Dios más, de la cantidad de ellos disponible.
En el caso general, Vishnú acontece un día al que llamamos Kalpa (la medida de un Kalpa en años es irrelevante). En ese tiempo, no existe nada más que Visnhú. Acabado el día, Visnhú se hecha a dormir y su sueño dura otro Kalpa y en él se auto-olvida de si mismo y adquiere la consciencia de todos los sucesos que ocurren en el universo, desde el mismo Bing Bang que no es más que Brahma creando el universo, hasta el final de los tiempos, el final del Kalpa, en el que aparece Shiva y destruye el universo con fuego que sale de todos los poros de su piel. Es curioso, como la espalda de Shiva "el destructor", es el rostro de Brahma, el "continuador". Y digo continuador, por que en Asia no hay concepto de creación como la tenemos nosotros, como construcción por piezas de algo. En Oriente, la creación es más bien, un desarrollo, una evolución o crecimiento.
En ese tiempo, el que dura el sueño de Vishnú, todo acontece. Los objetos o cosas no son relevantes, pues más bien esas cosas son sucesos, acciones que ocurren. La luz del sol que impregna de vida del planeta, el aire, las flores, la consciencia de todo. De esta manera, Vishnú se "yoifica" en todo y así toma consciencia de todas las cosas, de todos los sucesos.
Y toda esta obra épica y muchas otras como los Hupanisads, conforman la base de la civilización Hindú, de tal forma que estas mitologías están por encima de la religión, de la filosofía o la ciencia.
Hay muchos tipos de Hinduismo como el Vedanta, o el Advaita, (entre otros) que difieren en mayor o menor medida de tales mitos, pero todos guardan relación directa con lo que ocurre dentro de nosotros, como si de "prescripciones" se tratara.
Por ejemplo, la história de Ganesha, hijo de Shiva y Párvati que guarda recelosamente la habitación de su madre, podría ser comparada perfectamente con las teorías Freudianas sobre el complejo de Edipo.
En definitiva, podemos decir que uno de los pilares básicos de Asia, es el Hinduismo. Que en él, se aglomeran los principios del psicoanálisis y la ciencia del interior, que justamente está al lado opuesto de Occidente y su ciencia de lo exterior. También concluimos que la forma de ver el mundo difiere de lo Occidental y teísta, o monoteísta. Entonces, bajo ese concepto, bajo ese prisma debemos movernos por este manuscrito.
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lunes, 14 de enero de 2013
De cómo Dios se buscó a si mismo...
Cuando el hombre labraba la tierra del amo y rezaba a Dios a diario, era un hombre feliz.
Luego, vinieron la cultura, la educación y el progreso y Dios se hacía pequeño a medida que los telescopios se hacían más grandes.
Y entonces nos entregamos a la ciencia...
Aún recuerdo, en la década de los ochenta, como acabábamos las reuniones de amigos, filosofando sobre "el inicio" y siempre había una última pregunta después de "la chispa química del principio de los tiempos".
Y había una última respuesta a la que los ateos acudíamos de forma unánime... la casualidad!
Pero una vez acabada la fiesta, cuando me marchaba a casa, no podía contener el impulso de mirarme el brazo e imaginarme sin piel, con las venas como tuberías funcionando al ciento por ciento, los nervios enmarañados de forma sublime, y moviendo los dedos todo funcionaba de una forma tan perfecta que pensar que aquello era un producto de la casualidad era poco menos que decepcionante.
Era un ateo poco fervoroso, por que siempre me quedaba ese espacio de duda en el cuerpo, de que la ciencia no podía tener todas las respuestas... no desde Einstein.
Y así pasé a los noventa, donde Dios y la ciencia estaban sentados, esperando un movimiento por mi parte. La pelota estaba en mi tejado.
Entonces un libro de un señor que ya no existía, donde había escritas cosas que yo no entendía, me encontró.
Y me dispuse a cambiar mis preguntas, unas con las que nunca encontraría respuestas, por otras que sí podían ofrecerme el camino para poder buscar ahí a Dios y a la ciencia...
A la pregunta... Dios existe? Le vino otra... Cuál es la imagen de Dios que puedo concebir?
A la pregunta... Quién soy ? Le vino otra... Quién creo que soy y NO SOY?
Y así, Dios se encontró buscándose a si mismo...
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Luego, vinieron la cultura, la educación y el progreso y Dios se hacía pequeño a medida que los telescopios se hacían más grandes.
Y entonces nos entregamos a la ciencia...
Aún recuerdo, en la década de los ochenta, como acabábamos las reuniones de amigos, filosofando sobre "el inicio" y siempre había una última pregunta después de "la chispa química del principio de los tiempos".
Y había una última respuesta a la que los ateos acudíamos de forma unánime... la casualidad!
Pero una vez acabada la fiesta, cuando me marchaba a casa, no podía contener el impulso de mirarme el brazo e imaginarme sin piel, con las venas como tuberías funcionando al ciento por ciento, los nervios enmarañados de forma sublime, y moviendo los dedos todo funcionaba de una forma tan perfecta que pensar que aquello era un producto de la casualidad era poco menos que decepcionante.
Era un ateo poco fervoroso, por que siempre me quedaba ese espacio de duda en el cuerpo, de que la ciencia no podía tener todas las respuestas... no desde Einstein.
Y así pasé a los noventa, donde Dios y la ciencia estaban sentados, esperando un movimiento por mi parte. La pelota estaba en mi tejado.
Entonces un libro de un señor que ya no existía, donde había escritas cosas que yo no entendía, me encontró.
Y me dispuse a cambiar mis preguntas, unas con las que nunca encontraría respuestas, por otras que sí podían ofrecerme el camino para poder buscar ahí a Dios y a la ciencia...
A la pregunta... Dios existe? Le vino otra... Cuál es la imagen de Dios que puedo concebir?
A la pregunta... Quién soy ? Le vino otra... Quién creo que soy y NO SOY?
Y así, Dios se encontró buscándose a si mismo...
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Los cambios...
Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...
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Consciencia es eso que te está sucediendo ahora, y es único. Es único porque sólo va a ocurrirte en esta vida, en esta existencia. A qué ...
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Parece ser que últimamente sólo me acerco a este papiro a escribir, cuando suceden cosas de cierta importancia en la vida de este escriba, ...
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Me pregunto, sin animo de obtención, cuántas barreras se han de superar o cuánta perseverancia se ha de tener para caminar por el óctuple se...














