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lunes, 13 de enero de 2014

Apego, dulce apego...



Cuando llegan de Oriente todas esas voces dogmáticas e inundan las redes sociales y más aun, se acoplan al "modus operandi" occidental, llegamos a hacernos tal batiburrilo de ideas que al final no sabemos que es de lo que se trata el asunto en cuestión.
Mi idea del apego, al igual que mi idea de muchas cosas, no tiene como base exactamente una filosofía oriental, entre otras cosas por que soy Español. Pero tiene mucho que ver con la lógica que me sugiere a mi particularmente, todo este tema del apego.

Tengo mi cámara de fotos y estoy muy apegado a ella. Al igual que tengo una familia y también ilusiones, sueños de cosas, objetos que podría querer para desenvolverme mejor como artista que me considero. Quedaría maltrecho si mi cámara se desvaneciera o si perdiera el amor de mis seres queridos, eso es humanamente claro. Y si alguien quiere venir a decirme que debo desapegarme de las cosas o de las personas, entonces pensaré... házlo tu y dime que tal te encuentras separándote de lo que quieres o separándolos de tu compañía. Pensaré que tu dogma "no-dualista" está siendo literalmente masacrado por ti mismo.

Pero me gustaría poder explicar con claridad que supone para mi el desapego budista. En el Budismo zen, creo que ya lo he comentado más veces, la máxima capacidad que conlleva su práctica es que puedes pisotearlo, amasarlo y cambiarlo de forma de tal modo que, hagas lo que hagas, siempre acabarás practicando Budismo Zen. No hay forma de destruirlo, de hacerle daño o de manchar lo que supone esta escuela y su práctica y por eso es tan "sanadora" tanto para cristianos educados, musulmanes "open your mind" o ateos consagrados a criticar a toda costa a la iglesia católico-romana. Puedes hasta reírte de él.

Entonces, cómo podemos entender y llevar a buen término el desapego sin llegar a tener que dejar a nuestros seres queridos, a nuestros objetos más valiosos?
Pues es más sencillo de lo que parece, aunque más complicado de resolver. El problema no es el apego a las cosas o a las personas, sino el apego A LAS IDEAS, A LOS PENSAMIENTOS.

Tenemos la mala costumbre de imbuirnos, de meternos dentro de la idea, del pensamiento, hasta tal punto que el pensamiento somos nosotros, pero el pensamiento es sólo una interpretación de la mente para alimentar esa imagen falsa que tenemos de nosotros mismos. El pensamiento es útil para el desarrollo del ser humano, para su avance y educación social, pero es un lacra que frustra al individuo en última instancia.

Y no es cuestión de "no pensar", sino más bien de "aceptar". Y qué es lo que debemos aceptar? Pues debemos aceptar que las ideas pasan. Que las ideas son sólo tics emocionales para sujetarnos, para agarranos a la futilidad, y debemos aceptar que las ideas SON INÚTILES. Y sin más esfuerzo por nuestra parte, la idea se marchará y nuestra consciencia seguirá intacta.

El apego a las ideas, la impregnación de las ideas en nuestro sistema de pensamiento es lo que nos provoca que, una vez hemos tropezado y caído, nos preguntemos... ¿Por qué?... ¿Y si no hubiera hecho...?
Y esa introducción de nuestra existencia, de nuestro centro de consciencia en la idea, en la misma pregunta y su estéril respuesta, es el tan famoso apego que debemos "dejar pasar".

Podemos reaccionar ante la idea, podemos decir... "voy a cambiar de vida por que esta vida no me gusta y pasaré por donde sea y aceptaré la responsabilidad si no sale bien". Con dos cojones, amigo...adelante! Y pasamos a la acción pura, sin dobles pensamientos, sin apegos a lo que dejamos atrás ni a lo que vendrá (son ideas, por que cuando lo dejamos atrás, ya ha cambiado, ya no es lo que fue antes de dejarlo atrás).

Podemos pasar de las personas, de un trabajo o de lo que coño quieras si verdaderamente LO HACES. Pero el apego es la idea repetitiva, el círculo vicioso que te impide la "acción" y también te impide "la no-acción", dejándote totalmente frustrado.


"Un mandala es un cuadro de arenilla de colores hecho a mano que los monjes budistas realizan por mucho tiempo. Cuando lo acaban, cogen una escobilla y lo deshacen. Es la práctica del desapego."


Esto es, a mi entender, el desapego Budista. Perder un País como el Tibet, y seguir sonriendo a diario es el desapego budista, aunque te levantes todo los días a luchar por lo que crees que es justo, como lo hace el Dalai Lama. Sin embargo he de decir que Gandhi, que luchó por los derecho civiles de los Hindúes, nunca perdonó a su hijo por haber ido a estudiar a Londres. Se apegó al odio.

No apegarse a las ideas hará que la frustración desaparezca, pero nunca cambiará lo que fué (algo que nunca más se repetirá de igual forma), ni lo que es (la realidad de la vida), ni lo que será (una elucubración).

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viernes, 14 de junio de 2013

El apego al apego.

Con los últimos movimientos realizados por esta red de redes se han podido vislumbrar a un nivel superficial pero también más profundo, cómo las personas no nos damos cuenta de los enganches que vamos adquiriendo a lo largo de nuestro "vivir".

Pero lo importante es descubrir esto mismo, profundizar en el por qué hacemos las cosas y en lo que sentimos cuando lo hacemos. En su momento descubrí que tenía apego al tabaco y dejé de fumar. Después descubrí que el acto de morderme las uñas era un apego más, desde que tenía uso de razón, y aunque me está costando incluso más que cuando dejé de fumar, ya llevo unos meses con el objetivo cumplido.

Pero los acontecimientos de estos días me han hecho descubrir que sentarse todos los días en una red social e interactuar con personas es altamente adictivo.
Si, lo reconozco... tengo apego al Facebook. Me gusta entrar a diario y publicar o simplemente poner algún "me gusta" aquí y allí. Y cuando no lo he tenido he "reculado" y me he dejado llevar por este apego.
"Oh, pues eres un pecador, Maikeru."
Pues la verdad es que no me siento así. No siento que esté mal, incluso todo lo contrario... cuando obtuve de nuevo mi perfil, solté un gran "Hurra!".



Hay que tener en cuenta que la espontaneidad es una de las cosas que tiene un practicante zen, y otra de las cosas es la acción. Y así como la acción me ha llevado a Facebook de nuevo con alegría, también es cierto que debo hacer algo al respecto con este apego. Aunque no me sienta mal, he de deciros que la vía del medio es el lugar donde mejor me encuentro, así que voy a tener que desarrollar en mi interior un impulso nada forzado y sin fricción pero decisivo para, tal como hacen muchos amigos de Facebook de vez en cuando y que considero muy sano, tomar distancia de las redes sociales, incluso del ordenador, para vivir "la realidad" tal como es, meditando, comiendo, paseando por el campo o simplemente acariciando a mi perro.

Todos deberíamos hacernos esta búsqueda interior, esta introspección, para caminar por un camino que no entiende de blanco o negro, de izquierdo o derecho o de bueno o malo, sólo entiende de no entender, de no clasificar ni clasificarse, de no obsesionarse con nada y no apegarse en exceso - ni en defecto - de nada.

Por mi parte, ahí lo dejo, en esas líneas... y también en mi mente.

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lunes, 10 de junio de 2013

Auto-sanación, mito o realidad?

Hace unos días realicé un curso intensivo de Reiki de primero y segundo grado. Pese a mi escepticismo, quise realizar estas prácticas, por que desde pequeño cuando alguien tenía dolor, mi primera intención siempre ha sido poner las manos encima del individuo en cuestión.
Muchas veces el dolor desaparecía y otras no, y yo siempre me pregunté cuan poderoso era el efecto placebo en las personas o cuan poderosa era mi intención o mi deseo de que mejoraran en su dolencia.

El hecho es que lo que encontré en esa reunión fue un grupo de personas, cada uno con unas determinadas creencias más o menos esotéricas, mas o menos apegadas al chamanismo o rituales. Todas ellas querían lo mismo, aprender a canalizar una supuesta energía proveniente de algún lugar y que podía curar a otros.


Lo cierto es que no podemos negar que nuestra composición física más allá de las partículas, más allá del átomo y del quántum, es forma y vacío. Y esa forma-vacío bailan. Y ese baile fricciona ocasionando una energía que no es otra que el motor del universo. Y esto lo digo yo y toda la maraña de científicos que han desfilado por esta existencia desde Albert Einstein.
Y toda esa energía que no se diferencia en absoluto con la energía que desprende un Sol (bueno, el Sol desprende mucha más por que sus formas vibran a velocidades mucho más altas y su densidad es muy diferente) es la que crea este mundo y más aún, hasta me atrevería a decir que "toda la energía que es creada en este universo, no es creada por objetos sino por acontecimientos".
Y así, de este modo, "somos".

Pero está claro que una cosa es "ser" energía y otra cosa muy diferente "canalizarla" para conseguir algo, como curar o mejorar a las personas. Claro que si las personas resulta que no son realmente personas, sino que son acontecimientos tal y como es todo lo existente, la cosa cambia un poco.
¿Que tiene que ver esto con los símbolos "mágicos" que emplea el Reki? - no tengo ni idea.
Sólo sé que un señor llamado Mikao Usui redescubrió despues de muchos siglos, una técnica ancestral oriental que se obtuvo por medio de largas meditaciones.
Está claro que hay muchos halos de misterio en todo esto, pero como buen practicante Zen, a mi me importa la acción. Así que me decidí a probar lo que pasaría si a una persona normal como yo, con impulsos sanadores, se le da la correcta formación para aliviar a las personas o simplemente para aplicar energía a cualquier cosa-suceso.

La teoría fue difícil de asimilar al principio, pero en sólo una tarde aprendí los tres símbolos (uno de primer nivel y dos de segundo nivel) y esa misma tarde me abrieron el canal para poder acceder a esta técnica ancestral.

La mañana siguiente fue una mañana de prácticas, de cómo se debe hacer para que el paciente esté cómodo y cómo se hacen las sesiones para que todo salga a pedir de boca. Fue muy emotiva, está claro que se removieron sensaciones en esa sala. Los abrazos tenían más calor, hubo amor en esa sala, donde cinco personas desconocidas se abrazaron en comunión con sus inquietudes, sus miedos y apegos, sus penas...

Y eso fue todo, esa fue la magia de Reiki. Os parece poco?
Me parece muchísimo más importante que cinco desconocidos de ideas diferentes se "quieran" aunque sólo sea por un momento que toda la energía curativa del mundo, por que es precisamente esa energía, la del amor y los abrazos fraternales la que salvará al mundo de su delirio.

Si queréis saber más, como por ejemplo el tipo de sensaciones que noté, si ha cambiado algo mi vida o si voy curando a diestro y siniestro por ahí, os diré sólo una cosa... Ese curso de Reiki aumentó mi grado de consciencia, he de reconocerlo. Desbloqueó un nudo que tenía dentro y que no sabia cómo soltar.
Ahora bien, que penséis que fue "la magia" del Reiki, o que fue la positividad y la energía de un grupo de personas de bien, es sólo cosa vuestra.
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viernes, 8 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del desapego.

Ayer perdí mi llavero. Era uno de esos llaveros que compras cuando visitas algún lugar y quieres que lo que ves y sientes permanezca en tus retinas y en tu memoria largo tiempo.
Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.


                       Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.


Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.

Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.

El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...