"Si el trabajo es para usted una tortura, sepa que se trata de un concepto tan antiguo como el origen de la palabra, que no proviene del latín labor, que nos dio labor, laborable y laboratorio, sino de tripalium, que era el nombre de un temible instrumento de tortura.
Tripalium ‘tres palos’ es un vocablo del bajo latín del siglo VI de nuestra era, época en la cual los reos eran atados al tripalium, una especie de cepo formado por tres maderos cruzados donde quedaban inmovilizados mientras se les azotaba.
De tripalium derivó inicialmente tripaliare ‘torturar’ y, posteriormente, trebajo ‘esfuerzo’, ‘sufrimiento’, ‘sacrificio’.
Trebajo evolucionó hacia trabajo, vinculándose poco a poco con la idea de ‘labor’. Lo mismo ocurrió en francés, lengua en la cual tripalium derivó en travail ‘trabajo’, vocablo al cual los ingleses dieron la forma travel y un nuevo significado, asociándola primero a la idea de viaje cansador y, más tarde, simplemente, a viaje."
En esta sociedad que hemos montado los seres humanos, el trabajo es una de las "obligaciones" que peor hemos organizado, de tal forma que el albañil quisiera ser conductor de coches, el médico hubiera querido ser domador de caballos y el operario querría ser comercial o como se llamaba antiguamente, "representante".
Al final, todos hacemos cosas para lo que no estamos preparados y podríamos hacer trabajos que más que eso serían queaceres diarios, de origen vocacional y satisfactorio. Y así sucede, que de vez en cuando aparecen unas tijeras en la panza de un paciente, unos papeles que debían haberse firmado y está en la cárcel uno que no era o un edificio que se cae a trozos por que el ingeniero sólo quería ganar dinero rápido y no tenía intención de hacer un edificio que "hablara" sobre su forma de ver el mundo.
Pero si nos ceñimos a esta realidad totalmente loca, en la que ninguna pieza del puzzle está en su sitio, debemos ir a trabajar todos los días al infierno que nos va a permitir subsistir o alcanzar un nivel de vida adecuado.
Y vamos a diario a trabajar y a "volar" mentalmente a otros lugares mientras nuestro trabajo en algunos casos va saliendo y en otros se va quedando, sin avanzar, en detrimento de otros.
Pero si nos vamos a tener que quedar por que no vamos a cambiar de vida, no queremos que nuestro estatus desaparezca y nuestra seguridad quede protegida, hemos de cambiar la forma en la que uno va a trabajar, y esto en Budismo Zen se llama SAMU.
SAMU es la forma en la que nuestra mente debe permanecer mientras estamos trabajando. Y esa forma de acceder a nuestro trabajo nos va a salvar de nuestro propio sufrimiento, de nuestra propia frustración al ver que "no podemos salir de la jaula".
Samu nos enfoca en el trabajo mismo, evitando así volar a otros mundos, otros trabajos y cualquier cosa no real que se nos pase por la cabeza. Uno presta atención a lo que está haciendo, enfocando mentalmente a ese trabajo y a la respiración, que se unifican.
Entonces, todo lo que ocurre es tu respiración y tu atención a lo que se está haciendo. Esto incrementa el nivel de productividad además de centrarnos en el "ahora" de tal modo que todo pasa mucho más rápido, las horas ya no resultan tan pesadas como cuando nos pasamos mirando el reloj cada cinco minutos. Las personas que están por encima de nosotros notan el cambio, tratándote de otro modo (los imbéciles tardan un poco más, pero al final se puede conseguir), y sales del trabajo mucho menos cansado y mas dispuesto a "utilizar" mejor tu tiempo de descanso.
Conozco mucha gente que quiere hacer "sus cosas" cuando acaban de trabajar y siempre están quejándose de que no tienen tiempo, se les acaba enseguida su tiempo de descanso y cuando su percepción empieza a "darse cuenta", ya está de vuelta al trabajo. Esto sucede continuamente por que, al prestar toda tu atención al paso del tiempo cuando estás trabajando, luego sucede lo que hace tiempo denominé "efecto goma", una vez la goma se ha tensado, en el momento de empezar con tu tiempo de ocio, la goma vuelve rápidamente a su sitio por "equilibrio" de fuerzas, con lo que la sensación es que esas horas de descanso pasan muy rápidas.
Además, hay mucha gente que se pasa estas horas quejándose de que no tiene tiempo, cuando si el tiempo que utilizan para quejarse lo utilizaran para "hacer lo que les gusta" podrían sentirse muchísimo mejor, mucho menos frustrados.
Os aseguro que Samu funciona a la perfección, es como una meditación en el trabajo, centrar la atención en lo que se está haciendo. Probadlo, cambiará vuestra forma de ver lo que Alan Watts designó como "trabajo como juego".
Y para acabar, diré que tal como está la cuestión del trabajo, podemos decir que hasta debemos sentirnos afortunados los que tenemos "infierno".
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lunes, 8 de julio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
Quietamente sentado, sin hacer nada.
Una de las mejores cosas que alguien puede hacer es sentarse, simplemente por el hecho de sentarse y no hacer nada. Y cuando digo a no hacer nada, no me refiero a divagar con lo que tengo que hacer dentro de un rato, si estoy bien sentado o que calor hace.
Me refiero a no hacer absolutamente nada. Eso es algo complicado de hacer por que hay cosas que se siguen haciendo aunque no queramos, como por ejemplo respirar.
No hay ningún caso de suicidio en toda la historia de mundo, que tenga como protagonista a un señor que quedó fulminado simplemente por aguantar la respiración. De hecho, no se puede.
Y yo me pregunto que fuerza natural obliga a un cuerpo a seguir respirando aunque el dueño del propio cuerpo no quiera. La respuesta es muy sencilla, pues nosotros no somos los dueños de nuestro cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo. Y siendo nuestro cuerpo parece ser que en el fondo no queremos hacerlo. Sólo que a un nivel superficial, una capa de entendimiento especial, consciente de lo que ocurre por comparación y división, piensa que nosotros estamos en un punto mental entre los ojos y manejamos nuestro cuerpo y todo a nuestro alrededor. Y esa pequeña consciencia separadora, no se explica cómo no podemos caer redondos simplemente dejando de respirar.
Así pues tenemos que lo que un sacerdote diría que es Dios que no te deja morir, algunos pensamos que es simplemente nuestra verdadera naturaleza que se encarga de mover nuestros pulmones y nuestro corazón, la que se encarga de sobrevivir en esta experiencia vital hasta que ella misma decide que ya se acabó y entonces caemos muertos. Y la decisión se toma de forma no-mental, inteligente y tomando en cuenta todas las formas posibles de combinaciones mentales (salud, tipo de vida, accidente causal) y no mentales (estas no las sabemos).
Bien, llegados a este punto podemos decir que no tenemos ningún control sobre nuestra vida (respiración incluida) y nuestra muerte (no-respiración incluida).
Y desde este punto de vista, nos sentamos a no hacer nada. Seguimos respirando y nuestro corazón sigue impulsando sangre a todo el cuerpo. Y en esta postura en la que nuestro estado se hace completamente transparente al mundo de los sucesos, accedemos a un estado llamado Samadhi.
Y aquí sentado sin hacer nada en absoluto, no sucede nada. Por que fuera de las cosas que ocurren en la mente no sucede nada en absoluto. Y dicho estado no puede ser explicado, solo se puede experimentar.
Cuando hemos acabado de "no hacer nada en absoluto", nos damos cuenta del placer que supone prestar atención a la respiración, por que sientes que todo funciona a la perfección. Y del placer que supone prestar atención a tus pensamientos, que vienen y van, y sólo son pensamientos. Sólo son algo ilusorio, creado por nuestra mente. Y en el estado de Samsára de nuevo, nos damos cuenta de lo maravilloso de los dos mundos.
Es mi estado de consciencia el que me dice que me siente a no hacer nada, es mi estado de inconsciencia el que me dice que me levante a "saborear" la experiencia de no hacer nada, por que mientras estamos en ese estado no podemos apreciar lo que sólo puede ser apreciado cuando se filtra por la mente.
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Me refiero a no hacer absolutamente nada. Eso es algo complicado de hacer por que hay cosas que se siguen haciendo aunque no queramos, como por ejemplo respirar.
No hay ningún caso de suicidio en toda la historia de mundo, que tenga como protagonista a un señor que quedó fulminado simplemente por aguantar la respiración. De hecho, no se puede.
Y yo me pregunto que fuerza natural obliga a un cuerpo a seguir respirando aunque el dueño del propio cuerpo no quiera. La respuesta es muy sencilla, pues nosotros no somos los dueños de nuestro cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo. Y siendo nuestro cuerpo parece ser que en el fondo no queremos hacerlo. Sólo que a un nivel superficial, una capa de entendimiento especial, consciente de lo que ocurre por comparación y división, piensa que nosotros estamos en un punto mental entre los ojos y manejamos nuestro cuerpo y todo a nuestro alrededor. Y esa pequeña consciencia separadora, no se explica cómo no podemos caer redondos simplemente dejando de respirar.
Así pues tenemos que lo que un sacerdote diría que es Dios que no te deja morir, algunos pensamos que es simplemente nuestra verdadera naturaleza que se encarga de mover nuestros pulmones y nuestro corazón, la que se encarga de sobrevivir en esta experiencia vital hasta que ella misma decide que ya se acabó y entonces caemos muertos. Y la decisión se toma de forma no-mental, inteligente y tomando en cuenta todas las formas posibles de combinaciones mentales (salud, tipo de vida, accidente causal) y no mentales (estas no las sabemos).
Bien, llegados a este punto podemos decir que no tenemos ningún control sobre nuestra vida (respiración incluida) y nuestra muerte (no-respiración incluida).
Y desde este punto de vista, nos sentamos a no hacer nada. Seguimos respirando y nuestro corazón sigue impulsando sangre a todo el cuerpo. Y en esta postura en la que nuestro estado se hace completamente transparente al mundo de los sucesos, accedemos a un estado llamado Samadhi.
Y aquí sentado sin hacer nada en absoluto, no sucede nada. Por que fuera de las cosas que ocurren en la mente no sucede nada en absoluto. Y dicho estado no puede ser explicado, solo se puede experimentar.
Cuando hemos acabado de "no hacer nada en absoluto", nos damos cuenta del placer que supone prestar atención a la respiración, por que sientes que todo funciona a la perfección. Y del placer que supone prestar atención a tus pensamientos, que vienen y van, y sólo son pensamientos. Sólo son algo ilusorio, creado por nuestra mente. Y en el estado de Samsára de nuevo, nos damos cuenta de lo maravilloso de los dos mundos.
Es mi estado de consciencia el que me dice que me siente a no hacer nada, es mi estado de inconsciencia el que me dice que me levante a "saborear" la experiencia de no hacer nada, por que mientras estamos en ese estado no podemos apreciar lo que sólo puede ser apreciado cuando se filtra por la mente.
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lunes, 27 de mayo de 2013
Budismo Zen para una vida mejor (II).
Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".
Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...
Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.
Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.
Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.
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Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...
Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.
Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.
Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.
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sábado, 25 de mayo de 2013
Budismo Zen para una vida mejor (I)
Muchas personas me están preguntando sobre el Budismo y en concreto sobre el Zen. Y retrotraerse al principio de este blog parece que no siempre es suficiente para explicar lo que no puede ser explicado y sólo se puede experimentar.
No sólo aconsejo a las personas interesadas a las primeras lineas de este blog, sino que recomiendo escritos que me parecen interesantes aunque siempre llego a la conclusión que las personas que "empiezan" quieren algo más concreto, algo del todo imposible. Pero también me doy cuenta que a medida que cumplo años, además de poder explicar mejor - o dar rodeos mas cortos - a esta experiencia, mis explicaciones se alejan más del Zen y entran en un halo personal, donde sólo yo puedo entender a la perfección. Pero para poder clasificar algo que voy a escribir para un público, debo llamarlo de algún modo, así que lo haré como Budismo Zen, ya que no creo que nadie vaya a venir a pedirme "derechos de autor".
El Budismo Zen es una mezcla de oración hacia uno mismo, repetitiva, que tiene la finalidad de hacer olvidar la oración misma. También es una primera cura para quien tiene problemas, de todo tipo y color.
Si amigos, efectivamente el Budismo parece que no llega a las personas que "ignoran" sus problemas sino a las que saben perfectamente que tiene problemas de orden personal, transpersonal, de conductas mentales como la obsesión la ira y finalmente la "mayor"... la frustración. Y digo "ignoran" por que TODOS sin excepción, tenemos problemas de este tipo.
Y algunos centran su mirada en esta parte de la "expresión zen" que no tiene nada que ver con mente, salud (quién lo diría) o enfoque de la atención para una mejora en la verdadera calidad de vida.
Pero por alguna razón, el Zen es como un chicle muy elástico que te sirve para masticar y también para pegar algo y que no se desarme. Es una herramienta tan eficaz para el desarrollo personal que no hay manera alguna de pisotear, eliminar o desajustar. Siempre encaja a la perfección y nunca deja de estar presente, hasta que alguien como yo intenta hablar de Zen... entonces desaparece, y mis explicaciones dejan de definir realmente dicho concepto.
Se puede decir que el Budismo Zen es, en primer lugar una serie histórica de acontecimientos que empiezan en la India desde tiempos inmemoriales (Hinduismo), pasan por un radical "cambio" que hace que se abandonen los extremos de dicha "práctica" (Budismo), llegan a la China donde se mezcla con una ancestral filosofía llamada Taoísmo, formándose así el "Chan" y de la mano del maestro Dogen viajan al Japón para convertirse en el "Zen" actual.
También se puede decir que la máxima expresión Zen aparece en la pintura, Arquería, Jardinería, Caligrafía y Poemas (Haikus) Japoneses.
Por otro lado, la esencia del Zen empieza en un tiempo muy lejano donde un maestro "pasa la voz" de la práctica y los secretos de ésta, de maestro a alumno hasta nuestros días. Y ésta esencia es fundamental para poder realizar una práctica acorde a dichos cánones.
Pero también ésta práctica ha trascendido de la cadena de maestros y alumnos de origen monacal a los laicos, personas con una inquietud, un problema no resuelto pero si "hallado" de origen conductual, o filosófico y vital.
Y aquí es donde el Zen puede adquirir su máximo apogeo, más aún en nuestra cultura occidental tan separada de nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero ser, tan acostumbrada a separarlo todo, las ideas, los conceptos, a nosotros mismos de nuestro organismo.
Así es, el Zen en una vida laica, empieza cuando uno "descubre" de alguna manera (leyendo, por trasmisión directa, escuchando a alguien, contestando a alguna pregunta de forma espontánea, etc...) que lo que uno es, lo que uno piensa que es o cómo se define, es algo totalmente irreal y la base para tal idea no se sustenta de ninguna manera racional. En ese momento de aceptación de que uno no puede verse a si mismo como lo que es, ese momento trascendental donde uno no puede verse realmente pero SABE que no es lo que hasta hoy pensaba que era, a eso el Budismo Zen lo llama "Satori".
Una vez hallado el descubrimiento de lo que uno sabe "que no es", el Budismo Zen nos da su herramienta principal para la comprobación de que la naturaleza de "si mismo" al igual como la naturaleza "del resto de cosas" es una sola esencia, un solo acontecimiento que ocurre "aquí y ahora".
Y sólo queda experimentarlo.
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No sólo aconsejo a las personas interesadas a las primeras lineas de este blog, sino que recomiendo escritos que me parecen interesantes aunque siempre llego a la conclusión que las personas que "empiezan" quieren algo más concreto, algo del todo imposible. Pero también me doy cuenta que a medida que cumplo años, además de poder explicar mejor - o dar rodeos mas cortos - a esta experiencia, mis explicaciones se alejan más del Zen y entran en un halo personal, donde sólo yo puedo entender a la perfección. Pero para poder clasificar algo que voy a escribir para un público, debo llamarlo de algún modo, así que lo haré como Budismo Zen, ya que no creo que nadie vaya a venir a pedirme "derechos de autor".
El Budismo Zen es una mezcla de oración hacia uno mismo, repetitiva, que tiene la finalidad de hacer olvidar la oración misma. También es una primera cura para quien tiene problemas, de todo tipo y color.
Si amigos, efectivamente el Budismo parece que no llega a las personas que "ignoran" sus problemas sino a las que saben perfectamente que tiene problemas de orden personal, transpersonal, de conductas mentales como la obsesión la ira y finalmente la "mayor"... la frustración. Y digo "ignoran" por que TODOS sin excepción, tenemos problemas de este tipo.
Y algunos centran su mirada en esta parte de la "expresión zen" que no tiene nada que ver con mente, salud (quién lo diría) o enfoque de la atención para una mejora en la verdadera calidad de vida.
Pero por alguna razón, el Zen es como un chicle muy elástico que te sirve para masticar y también para pegar algo y que no se desarme. Es una herramienta tan eficaz para el desarrollo personal que no hay manera alguna de pisotear, eliminar o desajustar. Siempre encaja a la perfección y nunca deja de estar presente, hasta que alguien como yo intenta hablar de Zen... entonces desaparece, y mis explicaciones dejan de definir realmente dicho concepto.
Se puede decir que el Budismo Zen es, en primer lugar una serie histórica de acontecimientos que empiezan en la India desde tiempos inmemoriales (Hinduismo), pasan por un radical "cambio" que hace que se abandonen los extremos de dicha "práctica" (Budismo), llegan a la China donde se mezcla con una ancestral filosofía llamada Taoísmo, formándose así el "Chan" y de la mano del maestro Dogen viajan al Japón para convertirse en el "Zen" actual.
También se puede decir que la máxima expresión Zen aparece en la pintura, Arquería, Jardinería, Caligrafía y Poemas (Haikus) Japoneses.
Por otro lado, la esencia del Zen empieza en un tiempo muy lejano donde un maestro "pasa la voz" de la práctica y los secretos de ésta, de maestro a alumno hasta nuestros días. Y ésta esencia es fundamental para poder realizar una práctica acorde a dichos cánones.
Pero también ésta práctica ha trascendido de la cadena de maestros y alumnos de origen monacal a los laicos, personas con una inquietud, un problema no resuelto pero si "hallado" de origen conductual, o filosófico y vital.
Y aquí es donde el Zen puede adquirir su máximo apogeo, más aún en nuestra cultura occidental tan separada de nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero ser, tan acostumbrada a separarlo todo, las ideas, los conceptos, a nosotros mismos de nuestro organismo.
Así es, el Zen en una vida laica, empieza cuando uno "descubre" de alguna manera (leyendo, por trasmisión directa, escuchando a alguien, contestando a alguna pregunta de forma espontánea, etc...) que lo que uno es, lo que uno piensa que es o cómo se define, es algo totalmente irreal y la base para tal idea no se sustenta de ninguna manera racional. En ese momento de aceptación de que uno no puede verse a si mismo como lo que es, ese momento trascendental donde uno no puede verse realmente pero SABE que no es lo que hasta hoy pensaba que era, a eso el Budismo Zen lo llama "Satori".
Una vez hallado el descubrimiento de lo que uno sabe "que no es", el Budismo Zen nos da su herramienta principal para la comprobación de que la naturaleza de "si mismo" al igual como la naturaleza "del resto de cosas" es una sola esencia, un solo acontecimiento que ocurre "aquí y ahora".
Y sólo queda experimentarlo.
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lunes, 4 de febrero de 2013
De cómo Samu hace aparecer el Tao, que fluye espontáneo.
Hoy en día y más en las situación social que nos envuelve, el trabajo es además de un privilegio, una atadura mental que puede llegar a frustrarnos, por el sentimiento de esclavitud por un lado, y la falta de oportunidades por el otro.
Entonces acudimos a trabajar de forma automática, pensando más bien poco en producir y más en que el tiempo pase rápido, para poder "vivir". Esto hace que, por un lado seamos poco productivos y por el otro, que todo el tiempo que pasamos en nuestro puesto, sea un viaje mental a cualquier otro sitio que no sea en ese que estamos. Pero la realidad es que estamos en él y lo único que hacemos evadiéndonos es "estar muertos".
El Budismo Zen propone con la acción "Samu", que juguemos. Y es una propuesta que por un lado nos va a elevar el nivel de productividad, que es algo importante si queremos conservar el puesto ya que los despidos son cada vez más baratos y además si no producimos de manera eficiente la empresa no genera dividendos, con lo que puede suceder que a más cantidad de "sonámbulos" laborales, más probabilidades de cierre, y por otro lado equilibrará nuestra conducta tal como sucede con la meditación.
Y cómo hacemos Samu?
Pues la fórmula es hacer una cosa por vez. Toda nuestra atención debe ir dirigida a lo que estamos haciendo. Todo el control de nuestros músculos y nuestra mente si es un trabajo manual o de nuestra mente y nuestros músculos si es un trabajo mental, deben ir dirigidos, "enfocando" a lo que estamos haciendo.
La tensión muscular debe ser apropiada al trabajo que realizamos. En un trabajo manual, debemos utilizar como herramientas las partes del cuerpo que normalmente utilizamos, centrando en ellas nuestra atención y además debemos estar pendientes de las zonas que "deben relajarse" como por ejemplo los hombros, los cuales únicamente subimos sin control y sólo sirven para tensiones nuestra mente.
Al contrario que en un trabajo manual, en uno sedente hemos de "enfocar" nuestra mente a lo que debemos hacer y dirigir también nuestra atención a los músculos que debemos relajar, para que nuestra estancia en el puesto laboral se equilibre y no acabemos totalmente agotados mentalmente y con la espalda tiesa como un palo y llena de nudos musculares.
Y todo ello debe ser un juego al que jugamos cada día de forma que el estado anímico debe ser el del "desapego" por las implicaciones emocionales laborales.
Que si un compañero te trae de cabeza, ya sabéis, todos tenemos uno o dos cánceres en el trabajo que sólo minan a los demás para poder "destacar"... Os suena, verdad?
Samu no es sólo el trabajo. También podemos hacer Samu en casa, rellenando agua a las botellas, haciendo una genial comida, haciendo el amor... Y si conseguimos, por medio de la práctica del día a día, equilibrar todo esto y conseguir una simbiosis entre juego, trabajo, cuerpo relajado y mente tranquila y enfocada, de repente aparece el Tao.
De repente, producimos más y mejor y como una corriente fluida, parece que todo encaja, que las cosas suceden de forma natural, que el tiempo, que ya no es un suplicio, mirando el reloj a cada cuarto de hora, pasa de otro modo y de forma milagrosa, la falta de tiempo que se sufre fuera del trabajo, que no te deja hacer nada y cuando te das cuenta ya estas de vuelta en el laboro, parece que se relaja de forma que estas en casa, descansando o haciendo algo que te entusiasma, leer, escribir alguna poesía o clavar un cuadro en una pared y ya no piensas que es un agobio y que se te acaba la tarde y que mañana ya estamos otra vez... Por que si equilibras todo esto, tu tiempo será siempre "ahora" y en el "ahora" no hay tiempo.
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Entonces acudimos a trabajar de forma automática, pensando más bien poco en producir y más en que el tiempo pase rápido, para poder "vivir". Esto hace que, por un lado seamos poco productivos y por el otro, que todo el tiempo que pasamos en nuestro puesto, sea un viaje mental a cualquier otro sitio que no sea en ese que estamos. Pero la realidad es que estamos en él y lo único que hacemos evadiéndonos es "estar muertos".
El Budismo Zen propone con la acción "Samu", que juguemos. Y es una propuesta que por un lado nos va a elevar el nivel de productividad, que es algo importante si queremos conservar el puesto ya que los despidos son cada vez más baratos y además si no producimos de manera eficiente la empresa no genera dividendos, con lo que puede suceder que a más cantidad de "sonámbulos" laborales, más probabilidades de cierre, y por otro lado equilibrará nuestra conducta tal como sucede con la meditación.
Y cómo hacemos Samu?
Pues la fórmula es hacer una cosa por vez. Toda nuestra atención debe ir dirigida a lo que estamos haciendo. Todo el control de nuestros músculos y nuestra mente si es un trabajo manual o de nuestra mente y nuestros músculos si es un trabajo mental, deben ir dirigidos, "enfocando" a lo que estamos haciendo.
La tensión muscular debe ser apropiada al trabajo que realizamos. En un trabajo manual, debemos utilizar como herramientas las partes del cuerpo que normalmente utilizamos, centrando en ellas nuestra atención y además debemos estar pendientes de las zonas que "deben relajarse" como por ejemplo los hombros, los cuales únicamente subimos sin control y sólo sirven para tensiones nuestra mente.
Al contrario que en un trabajo manual, en uno sedente hemos de "enfocar" nuestra mente a lo que debemos hacer y dirigir también nuestra atención a los músculos que debemos relajar, para que nuestra estancia en el puesto laboral se equilibre y no acabemos totalmente agotados mentalmente y con la espalda tiesa como un palo y llena de nudos musculares.
Y todo ello debe ser un juego al que jugamos cada día de forma que el estado anímico debe ser el del "desapego" por las implicaciones emocionales laborales.
Que si un compañero te trae de cabeza, ya sabéis, todos tenemos uno o dos cánceres en el trabajo que sólo minan a los demás para poder "destacar"... Os suena, verdad?
Samu no es sólo el trabajo. También podemos hacer Samu en casa, rellenando agua a las botellas, haciendo una genial comida, haciendo el amor... Y si conseguimos, por medio de la práctica del día a día, equilibrar todo esto y conseguir una simbiosis entre juego, trabajo, cuerpo relajado y mente tranquila y enfocada, de repente aparece el Tao.
De repente, producimos más y mejor y como una corriente fluida, parece que todo encaja, que las cosas suceden de forma natural, que el tiempo, que ya no es un suplicio, mirando el reloj a cada cuarto de hora, pasa de otro modo y de forma milagrosa, la falta de tiempo que se sufre fuera del trabajo, que no te deja hacer nada y cuando te das cuenta ya estas de vuelta en el laboro, parece que se relaja de forma que estas en casa, descansando o haciendo algo que te entusiasma, leer, escribir alguna poesía o clavar un cuadro en una pared y ya no piensas que es un agobio y que se te acaba la tarde y que mañana ya estamos otra vez... Por que si equilibras todo esto, tu tiempo será siempre "ahora" y en el "ahora" no hay tiempo.
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