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martes, 18 de abril de 2017

Dejar la práctica.

Hola amigos:

La mente suele jugar a sus manipulaciones para seguir teniendo el control de los pensamientos y a su vez de las acciones. Esto hace que muchos blogueros o usuarios de redes abandonemos proyectos para crear nuevos, volvamos a retomar otros y busquemos "encajar" de la mejor manera posible con otros pensamientos, otros individuos.

De este modo, ha pasado un tiempo extraño donde llevado por la propia espontaneidad, decido cerrar este blog y abrir otro, sin dar tiempo al tiempo, sin madurar los actos.
A veces es bueno ser espontáneo, pero no hay que confundir esto con los movimientos de la mente que te llevan a puertos extraños y te convencen de cosas que no tienen demasiado sentido. Ésto (y el fracaso del blog que creé con prisas) me ha llevado a una serie de acontecimientos que han desencadenado otros, y no he profundizado lo suficiente para verlo claro.

Si, me dejé llevar. Y me dejé tanto que cuando me he dado cuenta realmente, he abandonado mi práctica cotidiana ( a casi cotidiana) de zazen, y no del todo, pero también he dejado de prestar atención a la mente, o por lo menos en alguna de sus capas más profundas (o algunas que he tenido como profundas).

Claro está que la mente te convence de ciertas actitudes (debo dejar que el dolor de esta rodilla cure, voy a dejar que pase esta etapa chunga de salud, o de malestar por algo, descansar también le va a venir bien a la práctica...etc) y acabas viendo claro que tu camino sigue correctamente por el sendero del Buddha.

Creo que esta entrada es necesaria por varios motivos, el primero de todo es hacerme ver a mí mismo que no pasa nada por volver tras los propios pasos, no hay pecado ni castigo. Es bueno verme haciendo esto gestos para darme cuenta que hay ahí una mente que no para, que el individuo que escribe está realizando maniobras indecisas por miedo, inseguridad, desafección o insatisfacción y que es muy fácil auto-convencerse de que "mi espontaneidad es sabia" cuando lo que tienes es miedo o inseguridad.

Otro motivo del despertar de este blog, es que puede que muchos lectores hayan abandonado la práctica alguna vez, o la estén abandonando ahora mismo, y puede servir de ayuda. Quizás vuelva a tardar en escribir otra entrada, pero creo estar convencido de que es aquí donde debo escribir, y aquí donde debo dejar de hacerlo. Aquí es donde debo plasmar mis experiencias o pensamientos y aquí donde debo dejar de hacerlo, sin buscar "nuevas emociones" como un meditador en busca de Makyo.








Entonces... ¿Qué pasa cuando dejas la práctica?





En mi caso, físicamente empiezan a notarse los cambios en unos días. Los procesos que habitaban en este cuerpo antes del zen (por tener un diagnóstico de ansiedad y estrés), vuelven a querer expresarse. Aparecen de nuevo ligeros temblores continuos que sólo son latentes cuando hay relajación corporal y que se hacen menos evidentes cuando hay movimiento físico y mental. También aparecen los "tics", pequeñas convulsiones que son compañeros de viaje del ansioso, del que tiene un problema de estrés.
He de decir que la sensación de estrés como tal, no ha aparecido, no se si por que nunca he abandonado completamente la práctica (he seguido realizando atención consciente a ratos, pero de forma sutil y automática y no con precisión y perseverancia) o símplemente porque ha quedado ya impregnado en mi, al igual que el discurso.

Efectivamente, el discurso no ha cambiado. No hay dudas respecto a las enseñanzas, sigo leyendo sobre Budismo y sigo alimentando mi mente con ideas, con lo que es posible que ésto ayude a no cambiar mi forma de pensar o símplemente es que no hay vuelta atrás para esto porque la comprensión no la realiza la mente, sino más allá de ella y por consiguiente no puede haber una vuelta atrás en esto.

Me he vuelto a sentar algunos días de forma aleatoria y mi cuerpo rechaza la postura casi como si nunca la hubiera realizado, pero en cinco minutos vuelvo a obtener aquello que obtuve en el pasado y que tantos beneficios me ha causado: "NADA".


Es agradable volver a escribiros desde este lugar, espero que las letras fluyan algún día y espero volver pronto a mi rutina en zazen y mi práctica habitual.

En Gasshô.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

Ejercicio de respiración con el diafragma.



Uno de los ejercicios que habitualmente practico es para acostumbrar el diafragma y así poder respirar de este modo en zazen o en la atención plena diaria. Quiero presentarlo a vosotros, pues es fácil, requiere de poco tiempo y sus resultados aparecen de inmediato.

Túmbate boca arriba, no importa si las piernas están estiradas o recogidas, en el suelo o en la cama si ésta es dura. Si estás en el suelo, interesaría poner algún tipo de colchoneta fina o zabutón, para estar más cómodo. Las manos deberán estar colocadas encima de la barriga, de forma suave como acariciándola. Esto hará que puedas tener plena consciencia del movimiento de la respiración diafragmática con las propias manos.






Con este ejercicio conseguimos respirar con la parte baja de los pulmones y esto hace que el cuerpo equilibre sus niveles de lactato (ácido láctico) y el cuerpo entre en un modo muy relajado de estar, pero al principio y hasta que nos acostumbremos, notaremos algo de ansiedad y agobio. Es normal, no os preocupéis.

Entonces nos disponemos a respirar (siempre con la nariz) y con la inhalación hinchamos la barriga de forma moderada y sin forzar demasiado haciendo así subir nuestras manos con ésta. Fijaos que el pecho casi no se debe mover.


Una vez hemos llegado al final de la inhalación, quedamos sin respirar un segundo (o menos) y entonces nos disponemos a realizar la exhalación apretando el vientre hacia dentro sin forzar. Las manos bajan automáticamente hacia al final de la exhalación y acabamos dejando el mismo segundo (o menos) sin respirar. Repetimos la operación durante cinco minutos.

Puede parecer sofocante, pero poco a poco veremos cómo vamos adquiriendo práctica y nuestro cuerpo agradece este tipo de respiración, además de que cada vez más nuestra respiración se ralentizará (ralentizando así nuestro corazón) y las inhalaciones y sobretodo exhalaciones serán cada vez más profundas.





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martes, 20 de octubre de 2015

Un paso más allá.

Han sido muchas las veces que desde estas páginas he escrito sobre la meditación en general y también sobre zazen, la meditación sedente que practico. Pero siempre he escrito de un modo superficial, puesto que nunca he pretendido llegar más allá en los datos que puedo dar a las personas que quieren iniciarse, para no liar la madeja y tampoco para las personas que ya son iniciadas o expertas, puesto que nada sé, no tengo ningún tipo de experiencia ni maestro y sólo hablo desde mi práctica y lo que leo de maestros e iniciados.

Dentro de esa propia experiencia y adquisición de conocimiento y siempre desde mi punto de vista personal, ahora he decidido dar un paso más y explicaros qué sucede después de la mera cuenta de respiraciones, un camino difícil de explorar pero imprescindible y que aparece, según mi opinión, de forma espontánea por la propia práctica.

Lo que voy a explicar es algo que muchos practicantes ya saben, pero muchas personas que se inician y a las que va dirigido este blog encontrarán interesante: cómo ha de comportarse uno, una vez ha practicado de forma eficiente la cuenta de respiraciones.

Ya sabéis que zazen se puede practicar desde varias posturas sedentes y todas son válidas, tanto la postura del loto (un cuarto, medio o loto completo) como la birmana, seiza, etc...
También es sabido que las rodillas deben tocar el suelo con la ayuda del zafu o cojín de meditación, que las manos forman el Hokkai Join o mudra cósmico donde los pulgares se rozan para "medir" el grado de tensión y que el mentón se recoge, la nuca mira al cielo, los ojos se entreabren y que pese a que al principio tal postura puede parecer una deformidad extraña e imposible, a medida que vamos realizándola a diario, se convierte en una forma natural de estar.

 Todo esto ya lo he explicado aquí, pero... y después?



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¿Qué sucede después de contar las respiraciones durante un mes, o un año, o diez años?

Pues llega un momento en que la madurez ha sido alcanzada, la cuenta de respiraciones de forma completamente consciente llega a su clímax. Para el practicante ahora ya es muy sencillo entrar en modo "samádhico" (de samadhi) con la cuenta, de forma que ya ni siquiera cuenta tales respiraciones. La atención centrada en las inhalaciones y exhalaciones, en el aire que entra frío por los orificios nasales y sale expulsado caliente desde el interior del cuerpo sucede de forma natural y la mente está subyugada, fofa, ensimismada en la respiración.
Aquello que no es mente puede dar un paso más allá y de hecho lo hace, centrando la atención en el cuerpo, en la propia postura física. Sin perder la atención en la respiración, aquello que no es mente puede tomar consciencia del propio cuerpo, intimando con la postura, corrigiéndola si es necesario, tomando atención al mudra, a la tensión, al paladar y al mentón, a la nuca y los hombros, para que todo esté en su perfecto lugar.

¿Qué sucede después de contar las respiraciones y tomar consciencia de la postura durante un mes, un año o diez años?

Pues llega el momento en que la madurez ha sido alcanzada, la cuenta de respiraciones y la atención consciente al cuerpo llegan a su climax.
Aquello que no es mente puede dar un paso más y de hecho lo hace, centrando su atención en el tipo de ideas que siguen apareciendo (porque las ideas siguen ahí, apareciendo de forma natural, porque la mente ensimismada es "multitarea") sin dejar de tener consciencia del cuerpo y de la respiración. Las ideas vienen y van, y es el momento de examinarlas desde el microscopio.
Aquello que no es mente puede, y de hecho lo hace, tomar consciencia de la respiración, del cuerpo y mirar por el microscopio definiendo cómo son las ideas. Las ideas positivas o negativas, dulces o saladas, ácidas o alcalinas, todas ellas y con sus propios niveles de apego. Examinar esas ideas al microscopio sabiendo que son creaciones mentales naturales, que no pueden ser eliminadas, que no son creadas realmente por un "yo" sino que son expresiones, frutos de la existencia que son utilizadas para crear una consistencia personal, una historia insertada en la masa gris, una expresión universal, sanan al mundo. Estamos contribuyendo a sanar al mundo, sabiendo que quién lo hace no es un "yo" sino sólo una expresión vacía y sin forma, impermanente pero grandiosa en su totalidad.

Muchas veces la mente tomará el control, las ideas ya no seran examinadas al microscopio por aquello que no es mente y volverá el "yo". Entonces debemos darnos cuenta del asunto y parar.
Volver a empezar de nuevo. Primero la cuenta y así todo lo demás, de nuevo.

Y toda esta explicación a la que me cuesta llegar porque nada sé, salvo lo leído y la propia experiencia en la que realmente no hay nadie ahí para poder contarla como tal, es una burda explicación que sólo, repito, sólo puede ser experimentada, por lo cual...

Todo es mentira.

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martes, 23 de junio de 2015

Zazen es una perversión.

Me pregunto, sin animo de obtención, cuántas barreras se han de superar o cuánta perseverancia se ha de tener para caminar por el óctuple sendero?

Cuántos sutras he de leer, cuál avanzado debo estar para poder hacer sampai a mi amigo y a mi enemigo, al oprimido y al opresor?

Nunca es suficiente, siempre falta más zazen, más presión en las rodillas, más tensión en la espalda, más dolor en los tobillos, más empuje en la nuca. Siempre sin avanzar, sin siquiera poner un dedo meñique en el óctuple sendero, siempre torpe, la postura nunca es la correcta, siempre siendo un principiante...

Por mucho que leo, que practico, sólo veo perversión. Zazen es una perversión. Una puta rueda.

Y sin embargo, que puede hacer un Buda sino?  






jueves, 7 de mayo de 2015

Sentarse sin más.


Sentarse sin más. Eso es despertar: cuando tus células se abren por todos los poros de tu cuerpo al infinito.

Cuando ya no eres tú quien respira, sino que eres tú el respirado. Y los miedos se adelgazan en una combustión que se va haciendo lentamente perceptible.

Sentarse sin más; la meditación no tiene objeto.

Comprobar la fiebre del existir latiendo a lo largo de tu columna, partiendo del volcán del Hara. Tu cuerpo arraigado en la Salud.

Arder, de modo incombustible, en el corazón mismo del Atman.

Sentarse sin más, perseverante, como un nenúfar lo hace en el remanso del río; sin más. La rosa nace sin porqué….florece porque sí, no pregunta si se la ve. Su belleza radica en que ella misma ignora que es tan bella…

No sabemos pronunciar ese fuego que desde nuestra entraña nos enciende. Y le llamamos Ser.


Sobran las palabras.



                         


Rafael Redondo Barba, Maestro Zen.



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miércoles, 25 de marzo de 2015

Oscuridad, Luz...

Siempre leo frases del tipo "Deja de mirar las sombras y céntrate en la luz" y en mi cabeza enajenada vuelvo a dar vueltas y vueltas a la misma cosa que Alan Watts nos mostraba en sus escritos y por lo que muchas figuras de la iglesia o incluso personas laicas con intereses "neoliberales" han tachado de "ocultismo satánico", la oscuridad como principio.

Después de un parón de meses y con pocas ganas de escribir, me siento para deambular un poco sobre este tema que tantas frases nos da a lo largo del día. El bien contra el mal, la luz contra la oscuridad... Es como coger una moneda y hablar de "cara contra cruz" cuando es evidente que "sin cara no hay cruz" o "sin cruz no hay cara". Esta interdepencia indiscutible en una moneda, aparece difusa cuando hablamos de luz y oscuridad, un fenómeno claramente teísta, dual y separador.

Y debería ser una reflexión de todos aquellos "iluminados" que nos esputan a diario sus luces pero que callan sus sombras, como quien no tiene esa clase de cosas.

Y de las sombras se aprende, si las examinas con detenimiento y distancia personal. Y en las sombras debemos andar, recorrer ese camino poblado de accidentes de avión, decadencia social y política que nos lleva a un presente árido y un futuro espectacularmente sórdido, dolores (más de lo habitual) en zazen, dándote cuenta que algo no funciona bien. La postura se hace más complicada, pasan los días y encontramos excusas para no sentarnos...

Y nos damos cuenta, como en un flash (de luz) que debemos aceptar esta oscuridad, esta desinformación del todo para establecer comunicación de nuevo con el yo inexistente, observarlo y compadecernos de él. Y dejar que pase... ya pasará.

He aquí la oscuridad, os presento ese negro absoluto, sin pudor. Sé que volverá la luz y deberé andar el mismo camino que con este vacío, con distancia y sin apego.

No hay foto hoy, sólo negro.



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jueves, 4 de septiembre de 2014

Cuerpo, espíritu, dolor.

El otro día estuve visionando uno de esos videos donde el maestro Dokushô Villalba explica como sólo él sabe hacer, sobre la postura de Zazen.

Tendemos a pensar que la postura debe ser cómoda por alguna razón asociada a que debemos estar tranquilos, serenos y enraizados, pero cuando nos sentamos lo primero en lo que reparamos es en la incomodidad, la tensión abdominal, la ansiedad y el... dolor!
Pero, a que estamos jugando?
Donde se ha visto que una técnica ancestral de relajación deba ser dolorosa?


                                                                                        Autor: Kikelin caricaturas


Pero la realidad es que Zazen no es una técnica de relajación sino de intimismo. Y cuando uno se hunde en su propio ser, aparece el dolor!
Realmente es de difícil comprensión intelectual darse cuenta que nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestro dolor es la misma cosa sucediendo.
Pero también es curioso comprobar que tu postura ante la vida evoluciona al mismo tiempo que tu postura en Zazen.

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lunes, 9 de junio de 2014

Cómo soltar la mente y no morir en el intento.

Cuando hablamos de soltar la mente, siempre nos referimos al sencillo acto de dejar caer, como un árbol deja caer el fruto maduro al suelo, pero todo acto de desprendimiento resulta enormemente complicado cuando participa la propia mente en el propósito.
Si, debería ser algo sumamente fácil, pues así como el simple acto de hinchar los pulmones, bombear el corazón o realizar la digestión nos parece una tarea excesivamente complicada e incomprensible, sólo nos parece así por que tal concepto los filtramos por nuestra mente, donde sólo los esquemas cerrados y no preparados para entender lo que no se ha aprendido ni estudiado ni comprobado, son posibles.

Así que nos hallamos en una especie de rompecabezas por varios motivos, el primero por que no tenemos forma de "auditar" si la mente está totalmente suelta, sólo medianamente suelta, o sólo es una "afectación" y no una realidad.
El segundo motivo es que uno acaba consolidando su experiencia en la práctica como base para medir cual suelta está la mente, tal como consolidábamos antes de soltar nuestra mente, que "yo" era un producto de la experiencia vital.
A más vivencias que vienen del pasado al futuro, solía ser nuestra referencia para ver cómo de grande o en qué escalón estaba nuestro "yo" y ahora caemos en el mismo error cuando medimos que "a más práctica , a más experiencia en meditación, más suelta estará tu mente".

Entonces uno se ve obligado a acudir a un maestro que le comunique su nivel de "suelte", que nunca es un nivel aceptable, y uno tiene que "perseverar" en la práctica para poder "convencer" al maestro que estamos a un gran nivel, que nuestra mente está totalmente suelta.
Hay practicantes, que realizan lo contrario. Se "miden" a sí mismos y se ponen en el escalón que su moral les permite (nunca lo bastante suelta, nunca lo bastante agarrada) y así nunca disminuye su intensidad en la práctica ni aumenta en exceso, por que eso sería "agarrarse" a ella.

¿Y qué podemos hacer para no equivocarnos?

¿Cómo vamos a resolver el rompecabezas?



 
Sólo puedo escribir aquí las palabras que no resolverán el puzzle.

Sin condición de monje, sin condición de maestro, sin condición de alumno, sin condición de practicante... Sólo puedo escribir aquí las palabras que no podrán resolver el puzzle:

* Practicar zazen u otra técnica de meditación no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por la mente.
* Practicar mucho zazen o poco zazen no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por la mente.
* Permanecer consciente a nuestros pensamientos, alejándonos para no mezclarse con ellos, no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.
* Obedecer ciegamente a tu maestro si lo tienes, no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.
* Seguir el Dharma o no seguir el Dharma no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.

** Después de esto, ya puedes morir. :)

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martes, 14 de enero de 2014

¿Por qué sentarse a mirar una pared?

Cuando esta existencia me ofreció la oportunidad de acceder a información intelectual sobre la práctica de prestar atención, quise aprender bien el cómo y el por qué de dicha práctica. Busqué y rebusqué en la lectura sobre la filosofía oriental y sus diferencias con la occidental, leyendo a Platón y a Kant, a Nietzsche y a Dogen, entre otros. Una vez la comprensión intelectual me hizo entender que a pesar de los conocimientos adquiridos no iba a saber qué era la práctica, decidí un año después, sentarme e intentar adquirir la posición del Buda.

Lo primero que me vino a la cabeza fue la dificultad de tal postura, totalmente enajenada y desencajada. No había forma de ponerme adecuadamente. Pensé que mi cuerpo no tenía la elasticidad adecuada a tal postura y conseguí una serie de ejercicios para que las piernas fueran ejercitándose y adaptándose a la postura y las rodillas doblaran adecuadamente. Sabía que la postura del loto completo me iba a ser difícil de conseguir, pero no me importaba pues el medio loto era una buena meta. Y en esas primeras meditaciones fue cuando me di cuenta de que nuestro cuerpo no está separado del resto de nosotros. Nosotros somos el cuerpo, además de muchas otras cosas (o ninguna). Y tal como esta existencia iba relajando mi conducta, gracias a la meditación y también a la misma existencia que a veces "impone" irremediablemente, la postura del Buda iba limándose, suavizándose y como un tallador con un trozo de madera, aparecía de forma automática ante mis sentidos. Ya no estaba forzada, era "casi natural". Esto me hizo comprender no intelectualmente que la postura y la forma que vivimos nuestras vidas están íntimamente relacionadas.



Así pues, siete años después sigo sentándome. Siempre es la misma pared. Los dolores mientras me posiciono y al acabar la sesión no se han marchado. No se si algún día dejaré de tenerlos, pero no me importa en absoluto. Mi nivel de "agarre" a la meditación no ha aumentado ni reducido. No debe ser una práctica obligada ni planeada (no para un practicante secular), a mi entender. Pero tampoco debe haber excusas para no hacerla (ocurre mucho, cuando se tiende a pensar que la meditación es una meta). Lo importante para mi es realizarla "correctamente", aunque por carecer de maestro es posible que mi corrección no sea la mejor de las correcciones. Y por supuesto, la meditación no es la práctica. No comulgo con la idea de que "Zen es zazen". Creo que la atención consciente en todo momento y lugar (algo imposible) es algo que aparece naturalmente, de forma espontánea y sin esfuerzo y es "la verdadera práctica".

Pasados estos años, no he adquirido ningún conocimiento concreto ni intelectual sentándome en zazen.
Zazen no me ha dado nada, por que ya lo tenía todo. No hay premio, no hay recompensa para el ego.
La práctica no me ha hecho mejor persona ni peor. La práctica no me ha beneficiado en nada.
Sin embargo, mi vida es mejor ahora. Las frustraciones van desapareciendo, aunque siempre debe haber frustraciones. Los problemas que nos parece que "nos ocurren" se van disipando, aunque siempre debe haber problemas. La ansiedad que siempre he tenido y que es el resultado de una mezcla entre mi conducta y mi química, por momentos se apacigua. Aunque siempre seré una persona ansiosa.

Cuando muera, no habrá diferencia entre un muerto no practicante y yo. Iremos al mismo sitio.

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martes, 24 de septiembre de 2013

La eterna pregunta.

Un niño pasea con su padre por el parque de la zona. Mientras el padre "vigila" las morenas y rubias del lugar, el niño se percata de que no se le está prestando la suficiente atención, tal como un niño de su categoría necesita. Así que el niño, que ya ha aprendido las delicias del "embaucamiento", le pregunta a su padre:

-Papá, ¿POR QUÉ la luna brilla de noche?
-  Pues por que refleja la luz del Sol, que aunque no lo veamos está al otro lado.
- Y... ¿POR QUÉ está al otro lado?
- Pues por que la tierra es redonda y gira alrededor de el Sol, que está en depende la hora del día o la noche.
- Y... ¿POR QUÉ la tierra es redonda, papá? (mientras esboza una sonrisa, sabiendo que ya se han acabado las morenas y las rubias, y sólo queda la búsqueda de respuestas que darle al niño de los cojones)



Está claro que hay preguntas que no tienen una respuesta suficientemenhte aclaratoria, o símplemente que hay pregtuntas que no puede ser contestadas. POR QUÉ, es la pregunta más estupida y con menos respuestas efectivas que existen en nuestro vocabulario, porque sólo deja la duda y la ansiedad, y nunca responde realmente a nada aclaratorio, que nos haga llegar al final de la cuestión.

Muchas veces me he imaginado que de repente viene un extraterreste con una caja, y nos dice que dentro de ella están todas las respuestas del universo, aquellas que queremos saber. Y entonces la abre y aparece la respuesta a "de dónde venimos" y aparece un holograma con una fuente cuyo flujo de agua no es tal, sino un chorro de organismos vivos, que viajan por el espacio hasta la tierra y allí florecen, y aparecen los bosques, los animales y el ser humano. Y la pregunta del millón ha sido contestada, y ya sabemos de donde venimos y estamos todos tranquilos y contentos....

PERO ESO NO ES VERDAD, lo que acabo de describir es una ensoñación ilusoria. Pues en ese mismo instante, en ese mismo momento en el que "todo queda aclarado", aparece un listo, uno de esos que buscan, y pregunta...¿ Y quién hizo la fuente? Y el extraterreste se queda atónito, desencajado y responde... NO LO SE.
Así que vuelta a empezar, hay que descubrir esa fuente de dónde viene.. y la búsqueda nunca tiene fin, por que lo que nos sucede es que "tenemos un tic", que nos obliga a preguntar lo estúpido, lo que no nos llevará nunca a ningún lugar por que siempre habrá una pregunta más.

Pero a mi me da la sensación que para poder romper ese círculo vicioso, HAY QUE CAMBIAR LAS PREGUNTAS, y ponerlas en negativo.
La pregunta, ¿Quién soy yo? la cambiamos por ¿Quién NO soy? Y entonces aparecen las respuestas.
Y las respuestas siempre acaban en negativo hasta la disolución del individuo, pues es ahí donde radica la "experiencia" de uno mismo.
La pregunta, ¿De dónde venimos? bien valdría cambiarla por... ¿De dónde NO venimos?
No venimos del pasado ni del futuro. No venimos de las estrellas, por que de ser así, es algo que pasó y eso es inamovible. Sin embargo si prestamos atención a lo que sucede "aquí y ahora" nos daremos cuenta de que "ahora" venimos y "ahora" nos vamos. Es AHORA donde ocurre la única acción universal, en este instante, zas! Ahora bailan los átomos, los quantums, ahora se desprende esa energía creadora y ahora se destruye como un "on/off".

Buscar en algunas preguntas las respuestas del universo, nos puede llevar al progreso, la evolución social.
Pero para encontrar las respuestas a las preguntas de orden personal, traspersonal, espiritual y vital, debemos cambiar las preguntas y esperar que la respuesta no sea un discurso, algo teórico, sino una "experiencia".

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jueves, 29 de agosto de 2013

Entrevista a Maikeru Tenshi en su imaginación.

Esta entrevista fue realizada hace unos días en la imaginación de Maikeru Tenshi gracias a su super ego. El entrevistador aparecerá como una E y Maikeru como MT. Pueden ustedes poner la personalidad que ustedes quieran al entrevistador, sólo se ruega que sea alguien importante, como Carl Jung, etc...

   E : Buenos dias Maikeru.

MT: Buenos dias, E.

   E: Se considera usted Budista Zen?

MT: Mi práctica es la del Budismo Zen, pero me considero más Taoísta que Budista. Aunque mi consideracion es sólo una maniobra de mi mente, como usted ahora.

   E: Qué es lo importante de la práctica para usted?

MT: Lo importante es no pensar en la práctica. Prestar atención en todo lo que se hace sin divagar.

   E: Y lo consigue?

MT: Casi nunca. Soy un principiante, recuerde que estoy imaginándome una entrevista como si fuera alguien especial.

   E: Entonces, qué mensaje intenta trasmitir usted en su famoso y galardonado blog?

MT: El mensaje está claro. Hay muchas personas que confunden la idea de meditación, la idea de amor, la idea de luz... mi intención es aclarar el error, pero desde la opinión personal, sin entrar en dogmas o verdades. Sólo son mis ideas respecto a este tipo de cosas.

   E: Y qué opinión le merece la luz, por ejemplo?

MT: La luz es esclava de la oscuridad. Si no hay vacío no hay lugar para la luz. La luz por si misma no tiene cabida en este mundo. Donde más luz hay es en el lugar donde uno sabe que la oscuridad, lo desconocido que habita en el ser, es totalmente invisible a nosotros.

   E: Hay católicos que le tacharían de "Satánico", tal como califican los escritos de la "new age" de Alan Watts.

MT: Si. Realmente lo que escribo es lo que Watts escribió en su vida de contemplación. Su forma de entender el mundo"descubrió" mi mundo. Lo del satanismo lo dejaremos para los enajenados.

   E: Es cierto que, como dicen muchos practicantes, el Zen es básicamente la meditación sedente?

MT: No estoy de acuerdo. Creo que la meditación sedente es además de una herramienta cognitiva y saludable de alto rendimiento, una forma de "pasar el rato". De nada sirve hacer seis horas de Zazen si cuando regresas a casa tienes problemas con tu pareja o familia. El Zen es una forma de estar en el mundo, que comprende tanto la compasión y la aceptación como la acción resolutiva de los problemas, desde la "no acción mental", si es posible. Lo que llamamos "Wu Wei" en el Taoísmo.

   E: Y por último... Cree usted estar iluminado?

MT: Por supuesto! Todo el mundo tiene esa semilla, puesto que "el mundo" no es algo individual o personal. Esa semilla es el propio mundo. Y dentro de esa semilla iluminada, hay oscuridades que aceptamos, pues el "ojo no puede verse a si mismo". El conocedor no puede ser objeto de su propio conocimiento. Así pues aceptamos la luz que nos descubre como realmente NO somos, o sea, como individuos separados y separadores, y aceptamos lo que se escapa a nuestro entendimiento, comprobando el hecho con la meditación o cualquier tipo de atención consciente, y aceptando que al no ejercer fricción o esfuerzo alguno para tal realización, a veces nos dejamos llevar por la mente y de ahí que esté teniendo lugar esta entrevista inventada. Realmente no hay nada que alcanzar, nada a lo que aferrarse.

   E: Pues fue un placer entrevistarle, algo más que añadir?

MT: OM.

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martes, 27 de agosto de 2013

Los sentires y la compasión.

Nuestra mente, de forma poderosa, intenta actuar de la manera que sabe, tal como su código genético le dicta que tiene que hacer. Debe clasificarlo todo, de tal forma que no quede nada sin etiquetar, medir, apartar y separar del resto de cosas. Cuanto más separación, más aumentamos nuestra imagen, la que tenemos de nosotros mismos, esa que está en nuestra cabeza y que "manda" en el resto, cual maquinista conduce su máquina.

Hemos llegado hasta tal punto, que no nos resulta difícil recurrir a clasificar algo tan "desequilibrado" como los sentires. Y digo "desequilibrado" por que un sentir en alza o a la baja es un mejor sentir que uno que está en el medio, donde el sentir "es" pero no se intensifica en demasía.

Y la mente nos susurra al oído que esos sentires no conocen la mente, no andan por esos andurriales, sino que parten de otro lugar, de otro sitio... El alma.
El alma es la forma más complicada de clasificarnos definitivamente, pues incluso permanece una vez hayamos muerto. Qué felicidad, ser eternos!
Y así todo cobra un sentido, mi mente hace funcionar mi cuerpo, mi alma hace funcionar a mi mente, por lo que en primera instancia siempre habrá un alma ahí donde poder agarrarse, falle lo que falle. Y esos sentires los proporciona el alma, y la mente, aquella que codifica nuestros órganos "sensitivos", queda en un plano convenientemente apartado y clasificado, una vez más.




Pero yo me resisto a pensar de ese modo, me niego a pensar que la mente no es la creadora de todo lo que acontece, incluso de nuestros sentires más profundos, que se alían con nuestras sensaciones físicas y nos empujan a crear la poesía en las palabras, la lágrimas y las risas, las emociones que te abarcan el pecho.

Esos sentires son un producto de nuestra mente, realmente?

Pues si partimos de la idea fundamental de que nuestra imagen del "yo" es una ilusión, llegamos a la conclusión de que los sentires son otra creación de ese "yo", que necesita alimentarse de placeres, sentimientos de todo tipo, clasificarlos de forma positiva o negativa y cuanto más fuertes sean, mejor.

Si realmente nos hacemos cargo de que la idea de un "yo" no es más que la idea, nos debemos hacer cargo de que la mente es la constructora de todo lo que ese "yo" siente, y más allá de lo que fuera de ese "yo" siente, por que lo sentimental, es parte del juego, del patrón de la vida, puesta ante ti en esa mente.

Y surgen muchas preguntas, muchas dudas al respecto, pues... ¿Cómo vamos a vivir sin sentir, sin poder agarrarse a esos sentires que parten del alma?
No podemos, no debemos. Pero para que las palabras no nos lleven a terrenos pantanosos, podemos cambiarlas para así poder conceptualizar todo esto de tal forma que se pueda entender mejor.

Y aparece al palabra COMPASIÓN. (no confundir con la pena o lástima occidental)



¿Qué sucede con la compasión?

La compasión es una clasificación mental más, pero que nos acerca a la idea del sentir sin necesidad de que provenga de un alma, de algo "con personalidad" por que no hay personalidad en este universo. Simplemente, no existe. Vivimos en un mundo donde la realidad que subyace, lo que los Budistas llaman "la realidad última" no entiende de personalidad, pero si que "genera" mentes que tengan la posibilidad de "personalizar" el universo mismo. Y de este modo no personal, sin substancia y sin adjetivos la compasión se puede mover libremente, aunque sepamos que su significado también es un manejo mental. Por que la compasión es la delicadeza con la que el León abre sus piezas para comerlas, el mosquito inserta el aguijón en una piel o realizas un movimiento"no-mental" cuando alguien a tu lado va a caerse. Esa esencia natural que tiene cada individuo, cada ser, es la compasión. Y aunque para funcionar no necesite la mente, sólo vamos a poder "observarla" con la mente. Pero es un "sentir" (si queremos llamarlo así, nos alejamos de la idea real) impersonal, que no conoce substancia ni condicionamientos y sobretodo, no es "desequilibrado". No nos llenará el pecho de felicidad ni nos hará descender a las profundidades. Es un sentimiento equilibrado, sereno y no es nuestro, ni tuyo ni mio, es universal. Si intentas mentalizarlo, si intentas darle cualquier valor, pierdes el concepto.

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lunes, 1 de julio de 2013

El objetivo.

"No estamos aquí por que seamos libres, si estamos aquí es por que no lo somos, no existen motivos para huir ni hay razones para negar el objetivo, por que ambos sabemos que sin un objetivo no existiriamos.
 Es el objetivo el que nos ha creado
 El objetivo nos vincula
 El objetivo nos motiva
 NOS MUEVE!!
 es el objetivo lo que nos define , el objetivo nos mantiene unidos."

- Smith, Matrix -



El objetivo, esa meta que tenemos en la cabeza. Eso que queremos alcanzar y se nos escapa de las manos.
El objetivo es precisamente lo que nos impide descubrir nuestra naturaleza, por que la naturaleza no tiene objetivos.
No hay objetivos en el nacimiento ni hay objetivos en la muerte. Tampoco hay objetivos cuando buscamos nuestra propia verdad en los escritos, budistas o de otro tipo, ni hay objetivos cuando nos sentamos a meditar.
Pero la mente crea el objetivo y nos lo inserta en nuestro subconsciente, aderezando la cosa con un poco de pasado ilusorio y de futuro soñador. Y tenemos la receta perfecta para realizarnos como frustrados diplomados.
Pero eso siempre ocurre, bajo mi perspectiva. Siempre ocurre por que en primera instancia somos Budas. Y un Buda no es otra cosa que un ser frustrado que ha descubierto que el objetivo no existe más allá de nuestra cabeza.
Así que primeramente, debemos estar frustrados para poder acceder de lleno en esta "forma de ver"?
Pues en mi opinión, si. Todas las personas que conozco tienen una profunda ansiedad, una profunda depresión o una profunda falta de "algo" que les hace ser personas con una gran frustración, y esa es la base primordial para "descubrirnos".

Y el objetivo, como punta de lanza, se abre paso entre las lecturas, las charlas y las cuentas de respiraciones, y así no llega la iluminación.
Por que no hay más iluminación que la que ya tienes, no hay más objetivo que "coger el objetivo y tirarlo a la basura" para poder ver que no hay dualidad, no hay nada que alcanzar, no hay objetivo.
La alegría no es un objetivo.
La felicidad, la unión con el todo, el fin del sufrimiento o la frustración no es un objetivo, por que si hay objetivo no puede haber nada fuera de la mente, ya que es la mente la que crea el objetivo.

Así pues, debe haber un punto de inflexión que suele aparecer cuando hay frustración. La pieza final de ese puzzle que ves, que has estudiado pieza a pieza, que sabes con certeza que es la foto de un barco, pero que NO PUEDES VER. Y en ese momento de mayor frustración donde la imagen de ti que has creído que eras tu se desmorona por completo, donde el objetivo a dejado de tener importancia alguna, aparece un "regalo" que encuentras en una música o en un libro, o simplemente "aparece" y esa pieza encaja perfectamente dando por acabado el puzzle y entonces, EUREKA! era eso, lo que sabias pero no habías visto... cómo no lo habías visto?

El puzzle aparece ante ti, entero, completo, y entonces todo tiene sentido. Aparece el Satori.

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martes, 18 de junio de 2013

Quietamente sentado, sin hacer nada.

Una de las mejores cosas que alguien puede hacer es sentarse, simplemente por el hecho de sentarse y no hacer nada. Y cuando digo a no hacer nada, no me refiero a divagar con lo que tengo que hacer dentro de un rato, si estoy bien sentado o que calor hace.
Me refiero a no hacer absolutamente nada. Eso es algo complicado de hacer por que hay cosas que se siguen haciendo aunque no queramos, como por ejemplo respirar.
No hay ningún caso de suicidio en toda la historia de mundo, que tenga como protagonista a un señor que quedó fulminado simplemente por aguantar la respiración. De hecho, no se puede.
Y yo me pregunto que fuerza natural obliga a un cuerpo a seguir respirando aunque el dueño del propio cuerpo no quiera. La respuesta es muy sencilla, pues nosotros no somos los dueños de nuestro cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo. Y siendo nuestro cuerpo parece ser que en el fondo no queremos hacerlo. Sólo que a un nivel superficial, una capa de entendimiento especial, consciente de lo que ocurre por comparación y división, piensa que nosotros estamos en un punto mental entre los ojos y manejamos nuestro cuerpo y todo a nuestro alrededor. Y esa pequeña consciencia separadora, no se explica cómo no podemos caer redondos simplemente dejando de respirar.


Así pues tenemos que lo que un sacerdote diría que es Dios que no te deja morir, algunos pensamos que es simplemente nuestra verdadera naturaleza que se encarga de mover nuestros pulmones y  nuestro corazón, la que se encarga de sobrevivir en esta experiencia vital hasta que ella misma decide que ya se acabó y entonces caemos muertos. Y la decisión se toma de forma no-mental, inteligente y tomando en cuenta todas las formas posibles de combinaciones mentales (salud, tipo de vida, accidente causal) y no mentales (estas no las sabemos).

Bien, llegados a este punto podemos decir que no tenemos ningún control sobre nuestra vida (respiración incluida) y nuestra muerte (no-respiración incluida).
Y desde este punto de vista, nos sentamos a no hacer nada. Seguimos respirando y nuestro corazón sigue impulsando sangre a todo el cuerpo. Y en esta postura en la que nuestro estado se hace completamente transparente al mundo de los sucesos, accedemos a un estado llamado Samadhi.
Y aquí sentado sin hacer nada en absoluto, no sucede nada. Por que fuera de las cosas que ocurren en la mente no sucede nada en absoluto. Y dicho estado no puede ser explicado, solo se puede experimentar.

Cuando hemos acabado de "no hacer nada en absoluto", nos damos cuenta del placer que supone prestar atención a la respiración, por que sientes que todo funciona a la perfección. Y del placer que supone prestar atención a tus pensamientos, que vienen y van, y sólo son pensamientos. Sólo son algo ilusorio, creado por nuestra mente. Y en el estado de Samsára de nuevo, nos damos cuenta de lo maravilloso de los dos mundos.
Es mi estado de consciencia el que me dice que me siente a no hacer nada, es mi estado de inconsciencia el que me dice que me levante a "saborear" la experiencia de no hacer nada, por que mientras estamos en ese estado no podemos apreciar lo que sólo puede ser apreciado cuando se filtra por la mente.
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miércoles, 5 de junio de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (IV).

Para acabar esta serie de entradas sobre el Budismo Zen desde un punto de vista muy particular y escrito para personas que están empezando a descubrir este camino de liberación o ésta práctica, quiero escribir sobre el camino mismo, la vía del Buddha.

Un camino de liberación nunca puede ser un cambio de dogma o de tótems. Un camino de liberación debe tener como su máxima, dejar de aferrarse, incluso al mismo camino de liberación.
Por eso cuando los ascetas del bosque vieron que Siddarta había bebido y comido ,se había limpiado y descansado ,lo rechazaron. Esta vía es la que nos propone el Budismo Zen, una vía de "en medio" donde no hay que sentarse en zazen por obligación ni hay que dejar de levantarse por la misma razón.
Esta vía que yo camino de forma muy particular, no entiende de dogmas, ni de eternos maestros. Los maestros van apareciendo día a día, por el camino que se abre ante uno, de forma totalmente espontánea y sin control por nuestra parte.
Tampoco estoy de acuerdo con los "iluminados" que ayer se sentaban en zazen y hoy han decidido que su liberación incluye no sentarse más a comprobar nuestra naturaleza. No es esa la vía del medio.
A éstos últimos, les compadezco pues habiendo descubierto su propia iluminación, su propia Budeidad, la han olvidado por no "comprobar" dicho estatus a lo largo del tiempo.



Es cierto que la vía la debe marcar el propio individuo, y también es cierto que al caminar sólo por esta senda a veces, como el no-camino sólo tiene un sentido y sólo se recorre una vez, uno se siente perdido y desearía que su perenne maestro le condujera al sendero. Pero entonces no sería una camino de liberación propio, sino del maestro.
Yo he elegido caminar sólo, comprobar mi estatus Búdico de forma espontánea pero sin dejar de hacerlo para recordar siempre mi verdadera naturaleza, y seguir el Tao a donde me lleve, siempre que no compita con mi estado egótico al que no debo alimentar en exceso, pero que no rechazo de ningún modo.

Hoy puedo decir que me acepto en mi forma personal, egótica  y transpersonal como soy.
Hoy puedo decir que acepto una naturaleza espiritual que nunca podré ver, por que el órgano conocedor no puede conocerse a sí mismo.
Hoy puedo decir que voy a seguir comprobando tal naturaleza, aquí y ahora. Y no sólo sentado, sino en cualquier momento, con la máxima atención.

Si las personas que empiezan o sienten atracción por esta práctica deciden "pasar a la acción", bienvenidos.
Si por el contrario, entusiasmados, corren a poner cartelitos zen en sus muros de FaceBook, bienvenidos.

Todos tenemos nuestro papel, nuestros pequeños dramas cósmicos. Aceptar ésto en cualquier persona, cosa o suceso y respetarlo es lo único que tiene importancia.

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sábado, 25 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (I)

Muchas personas me están preguntando sobre el Budismo y en concreto sobre el Zen. Y retrotraerse al principio de este blog parece que no siempre es suficiente para explicar lo que no puede ser explicado y sólo se puede experimentar.
No sólo aconsejo a las personas interesadas a las primeras lineas de este blog, sino que recomiendo escritos que me parecen interesantes aunque siempre llego a la conclusión que las personas que "empiezan" quieren algo más concreto, algo del todo imposible. Pero también me doy cuenta que a medida que cumplo años, además de poder explicar mejor - o dar rodeos mas cortos - a esta experiencia, mis explicaciones se alejan más del Zen y entran en un halo personal, donde sólo yo puedo entender a la perfección. Pero para poder clasificar algo que voy a escribir para un público, debo llamarlo de algún modo, así que lo haré como Budismo Zen, ya que no creo que nadie vaya a venir a pedirme "derechos de autor".

El Budismo Zen es una mezcla de oración hacia uno mismo, repetitiva, que tiene la finalidad de hacer olvidar la oración misma. También es una primera cura para quien tiene problemas, de todo tipo y color.
Si amigos, efectivamente el Budismo parece que no llega a las personas que "ignoran" sus problemas sino a las que saben perfectamente que tiene problemas de orden personal, transpersonal, de conductas mentales como la obsesión la ira y finalmente la "mayor"... la frustración. Y digo "ignoran" por que TODOS sin excepción, tenemos problemas de este tipo.



Y algunos centran su mirada en esta parte de la "expresión zen" que no tiene nada que ver con mente, salud (quién lo diría) o enfoque de la atención para una mejora en la verdadera calidad de vida.

Pero por alguna razón, el Zen es como un chicle muy elástico que te sirve para masticar y también para pegar algo y que no se desarme. Es una herramienta tan eficaz para el desarrollo personal que no hay manera alguna de pisotear, eliminar o desajustar. Siempre encaja a la perfección y nunca deja de estar presente, hasta que alguien como yo intenta hablar de Zen... entonces desaparece, y mis explicaciones dejan de definir realmente dicho concepto.

Se puede decir que el Budismo Zen es, en primer lugar una serie histórica de acontecimientos que empiezan en la India desde tiempos inmemoriales (Hinduismo), pasan por un radical "cambio" que hace que se abandonen los extremos de dicha "práctica" (Budismo), llegan a la China donde se mezcla con una ancestral filosofía llamada Taoísmo, formándose así el "Chan" y de la mano del maestro Dogen viajan al Japón para convertirse en el "Zen" actual.

También se puede decir que la máxima expresión Zen aparece en la pintura, Arquería, Jardinería, Caligrafía y Poemas (Haikus) Japoneses.


Por otro lado, la esencia del Zen empieza en un tiempo muy lejano donde un maestro "pasa la voz" de la práctica y los secretos de ésta, de maestro a alumno hasta nuestros días. Y ésta esencia es fundamental para poder realizar una práctica acorde a dichos cánones.

Pero también ésta práctica ha trascendido de la cadena de maestros y alumnos de origen monacal a los laicos, personas con una inquietud, un problema no resuelto pero si "hallado" de origen conductual, o filosófico y vital.

Y aquí es donde el Zen puede adquirir su máximo apogeo, más aún en nuestra cultura occidental tan separada de nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero ser, tan acostumbrada a separarlo todo, las ideas, los conceptos, a nosotros mismos de nuestro organismo.
Así es, el Zen en una vida laica, empieza cuando uno "descubre" de alguna manera (leyendo, por trasmisión directa, escuchando a alguien, contestando a alguna pregunta de forma espontánea, etc...) que lo que uno es, lo que uno piensa que es o cómo se define, es algo totalmente irreal y la base para tal idea no se sustenta de ninguna manera racional. En ese momento de aceptación de que uno no puede verse a si mismo como lo que es, ese momento trascendental donde uno no puede verse realmente pero SABE que no es lo que hasta hoy pensaba que era, a eso el Budismo Zen lo llama "Satori".

Una vez hallado el descubrimiento de lo que uno sabe "que no es", el Budismo Zen nos da su herramienta principal para la comprobación de que la naturaleza de "si mismo" al igual como la naturaleza "del resto de cosas" es una sola esencia, un solo acontecimiento que ocurre "aquí y ahora".
Y sólo queda experimentarlo.

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miércoles, 3 de abril de 2013

Interdependencia, del despertar al Karma.

El problema que tienen los cristianos es que necesitan "una señal" para creer. De ahí que las vírgenes y santos deban aparecerse de vez en cuando o introduzcan llagas en algunas personas para dejar constancia de que Dios está detrás de ello. Pero la fe es otra cosa diferente, aunque yo ni siquiera lo llamaría fe.
Yo creo que si cambiamos las palabras, que no son más que eso, podemos obtener un mejor cliché del asunto, bautizando a la fe como "lo natural". Las cuestiones indudables, que no pueden refutarse por un medio diferente al dialéctico (por ese medio puede refutarse cualquier cosa), es "lo natural".
Y "lo natural" en el caso de cómo está construido el universo, es lo que podríamos llamar como "Interdependencia".
¿Qué significa? Pues que todo se sustenta o es dependiente de otra cosa. Y todo es interdependiente. Y si encima, a las cosas las llamamos sucesos... Entonces tenemos una red interdependiente de pequeños sucesos que se sustentan unos con otros de forma CAUSAL y espontánea, sin un "fin" racional ni irracional.
Y esos sucesos que conforman "el suceso" no pueden ser de otro modo a como son. Por eso se sustentan uno con otro, como un planeta se sustenta en el aire sin caer por que otros objetos cercanos tienen sus campos gravitatorios que hacen que los planetas no "caigan en picado". Y todo es de este modo, sutilmente, espontáneamente, sin más razón que la de la autoconsciencia universal.


Y ahora es cuando aparece el Karma, que no es más que otro cliché, otra clasificación que representa a las causas que creamos como sucesos que somos y que repercuten en todo lo demás aunque sea transparente a nuestro entendimiento.
De este modo, al universo le da lo mismo si se mueve un planeta o si te enredas en tus pensamientos, dejando de estar "aquí". Todo es una danza universal, completa, espontánea y única. Pero para el hombre, enredarse en sus pensamientos es crear Karma, una fricción que desestabiliza el sistema interdependiente.

No queramos entenderlo, no podremos hacerlo. Por que no forma parte de un sistema intelectual, cerebral, discursivo. Esta perfecta danza forma parte de otra cosa, que siendo la misma cosa, no pasa por la red neuronal de forma que deja de existir plan o fin.

Así que cuando vayas a hacer cualquier cosa que sea, piensa por un momento que vas a hacer cambios en el universo y según la ley del Karma, también te afectan a ti. No hay bueno o malo, sólo hay acción y consecuencia y no es una consecuencia que sucede en el tiempo. No es una cuestión de "lo que hagas hoy te repercutirá mañana", es una cuestión instantánea. Si tomas una decisión ya has cambiado esa interdependencia universal. Y en ese mismo instante, el presente que estabas viviendo ha muerto, ha dejado de existir. Acaba de renacer "ahora" otro nuevo universo interdependiente, en el que se ha añadido tu decisión y sus consecuencias. A veces nunca nos damos cuenta de ello, pero otras... nos explota en la cara.

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sábado, 30 de marzo de 2013

Inpermanencia, del despertar al adormecimiento...

Mi forma particular de ver el Budismo es tan prominentemente Taoísta que he llegado a ser muy consciente de que la única forma que tiene el universo de hacernos conscientes de nuestra liberación, es hacernos también, conscientes de nuestro adormecimiento.
Es cierto amigos, una vida entera de liberación no sería nada diferente a una existencia eterna, una auténtico tedio que nunca nos haría disfrutar de la vida ni de la liberación misma. Y al igual que pienso que el ser humano ya está liberado pero no lo ha descubierto, también pienso que su misma liberación consciente le hará averiguar que se está acabando y ha llegado su momento oscuro, enajenado, y egótico.
Es como la tierra, que debe entrar en su periodo de glaciación de un modo u otro, para así poder renacer de nuevo, hasta que el Sol decida que "el caos" debe acontecer. Y ese "caos" no es más que el período de enajenamiento universal, de adormecimiento, para volver a renacer ya no como Sol, sino como otra estrella, que ya no es la misma pero que es el mismo "suceso" en sí mismo.




Así pues, aparece en el Budismo Zen una figura que aunque tiene otro tipo de significado para la mayoría de "zenistas" (dícese del círculo que se dibuja en la caligrafía japonesa y que simboliza MU (wu), el vacío) para mi además tiene mucho que ver con los círculos viciosos, con la forma que tiene esta existencia de renovarse y de constatarse a sí misma. Y digo esto por que, como aludí anteriormente, el círculo vicioso debe completarse una vez tomando consciencia de nuestra propia iluminación, bienestar vital, energía y paz, de repente Ensô entra en acción dando la vuelta y así... entramos en época de sombras, incertidumbre, egoísmo y consumo. Ya no nos encontramos de igual modo, al sentarnos en Zazén el dolor se apodera de nuestro ser llevándonos a abandonar por un tiempo la práctica. Y aunque no podríamos decir que estamos malhumorados, tampoco podemos decir que estamos pacificados, en calma. Nuestra mente vuelve a las andadas y nos dejamos imbuir por ella, estamos entrado en una época oscura.



Y debo deciros, que mi opinión al respecto es que "debe ser así". Hemos de completar el círculo, darle la vuelta, por que cuando estamos entrando en ese momento de oscuridad, YA ESTAMOS SALIENDO DE ÉL.

No podemos estar completos sin nuestro círculo viciosos, sólo debemos aceptarlo en el "ahora". Y seguir estando atentos y conscientes, aunque nuestra atención se vea perjudicada y nuestra consciencia nos lleve por caminos en los que se nos escapa "el foco". Es nuestra particular glaciación, o nuestro "caos" personal y sin lugar a dudas renaceremos de nuevo para volver a dar otra vuelta más a Ensô, nuestro círculo incansable y que en el centro está tan vacío que nos podemos ver reflejados perfectamente como en un lago... eso sí, un lago vacío.

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viernes, 15 de febrero de 2013

Antes de despertar debes conocer la empatía.

"No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo."
-- Buda --


Una de los grandes problemas del género humano es la dificultad de ponerse en el lugar de otro, pudiendo así averiguar cómo siente la otra persona, en qué circunstancias lo hace y percatándose de en qué "punto" está.
Hay muchas personas que se prestan al juego de pensar cómo reaccionarían o qué harían si les pasase lo que a fulanito o menganito, pero siempre bajo el punto de vista de "si mismo".

Pero la idea de empatía no es esa, sino la de ponerse en lugar del otro, pensando como el otro, sintiendo como siente el otro. Y ese ejercicio se nos complica por que debemos utilizar nuestras energías en conocer al otro, en saber verdaderamente el cómo y el porqué del otro, preocupándose y averiguando toda la información que se necesite del otro, para así poder sentir y responder ante determinadas circunstancias si fuéramos el otro. Eso sí es empatía, y es difícil encontrar personas que se ocupen del otro de tal forma que les sea posible "comprender".



Y podéis pensar... ¿Qué gano yo siendo empático?
Pues la cuestión, es que esa no es una gran pregunta.
De hecho, mezclar "ganar" y "yo" en la misma palabra ya indica mucho del que pregunta.
La pregunta más bien sería algo como... ¿Quién gana siendo empático?
Esa es una gran pregunta, y la respuesta es... Todos.
Todos ganamos siendo empáticos.
Si yo pienso en cómo lo estarás pasando ante una cuestión de algún tipo, y me he preocupado de saber cómo eres y por ende, te has preocupado de decirme qué cuestión es esa, podré ayudarme a mi mismo, en primera instancia, por que veré que tu problema puede pasarme a mi, y yo sé como reaccionaría, y además sé como reaccionarías tu (u otros), así que tengo mucha más información para poder resolver el conflicto.
También podré ayudarte a ti, por que podré "entender" lo que te pasa y además podré darte otra visión si lo que te está pasando me pasara a mi mismo.
Todos ganamos.
Y la siguiente pregunta es... ¿cómo hago para desarrollar empatía por el otro?

Primero, debes contar con algo de tiempo para conocer bien a la otra persona, y si no tienes, buscarlo para poder "acceder" a esa información. Normalmente ese no es el problema, por que solemos empatizar con nuestros amigos, familia, personas cercanas, que ya conocemos. Y aún así normalmente no empatizamos con ello, no nos ponemos "en su piel".

Lo segundo, debes sentarte y contar tus respiraciones. Con ello no conseguirás iluminarte, pero podrás saber que "yo" y "el otro" es el mismo suceso. Si es el mismo suceso, ya no es una cuestión de ganar o perder, es una cuestión de "dejar que suceda", y la mejor manera de dejar que suceda es comprendiendo los sentimientos que tienen los demás sobre las vicisitudes de la vida.

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Antes de despertar debes conocer el miedo.

Una de las formas de condicionamiento o presión a las personas es el miedo.
Pero... ¿Qué es el miedo?
Es difícil poder adjetivar la sensación de miedo, pero aún más difícil poder definir cual es su causa, puesto que cada persona se entrega a él de forma muy personalizada, y cada individuo tiene miedo a determinadas cosas o sucesos, y hay muchas de esas cosas o sucesos que causan miedo a muchas personas en común.

Así que vamos a mirar al miedo a los ojos, a enfrentarnos a él y una buena forma es hacer lo que siempre hacemos en este blog, tratar con distancia y observando bien, qué es y cual es su causa.

El miedo parte de una premisa general que afecta a todos los individuos: Los cambios.
Los cambios pueden definirse en varios niveles, por ejemplo los que nos ocurren a un nivel vital. La muerte, la pérdida de algo como por ejemplo la vista, o alguien, como un familiar, un amigo o nosotros mismos... pero si os dais cuenta, el miedo no aparece en ese momento de pérdida, sino cuando aún no ha sucedido y lo pensamos. Pensar en nuestra muerte, en la de un ser querido o en la pérdida de la visión o las piernas, o el cambio que supone contraer una grave enfermedad, nos da muchísimo miedo. Y es lógico, pensar en esas cosas da miedo, sin lugar a dudas. Pero... ¿Por qué lo pensamos cuando no ha ocurrido aún? ¿Qué sucede en nuestra conducta mental para acceder a ese tipo de pensamientos?
Las respuestas pueden ser muy complejas, pero es indudable que una de las razones subyacen en el género humano y que siempre negamos es el efecto que causa pensarlo, la sensación de miedo nos es necesaria, de algún modo. Ese miedo nos mueve, nos hace apasionarnos por la vida, salir corriendo a la calle a comerse el mundo, correr por la vida, el "Carpe Diem" no es más que el miedo al cambio, a perder el "status quo"...

Y ese pensamiento tenebroso que idealizamos por que aún no ha sucedido y es posible que no nos suceda jamás (salvo lo inevitable), es lo que nos mueve en el mundo.
Y es un error, por que vivir con miedo es la forma más estúpida de vivir, y me incluyo por que todos tenemos miedo a algo, aunque hayamos perdido el miedo a otras tantas cosas. Es una de las conclusiones a las que podemos llegar hoy; todos tenemos miedo a algo.

Pero me gustaría poder llegar a más conclusiones, como la de la manera de mirar al miedo a los ojos, enfrentarse a él, para poder vivir de una manera más equilibrada y quizás menos apasionada, pero mucho más llena, sabiendo que tenemos la opción de combatirlos, si queremos.
Una de las maneras de enfrentarse al miedo, es hacer que suceda. Está claro que no queremos morir, ni perder las piernas, pero podemos combatir el miedo empatizando con la situación a temer.

Aunque los miedos que tenía de joven eran muchísimos y muy variados y los esfumé hace tiempo, hay un miedo que estoy tratando de enfrentar. Mi miedo a lar arañas es legendario, con lo que hace unos años y teniendo la oportunidad de acceder a ellas, me propuse empezar a mirarlas, luego a cogerlas con guantes y luego sin ellos. He de decir que ha podido rebajar ese miedo hasta un punto muy bueno y podría asegurar (aunque no lo he comprobado) que excepto alguna especie especial de araña, podría dejar incluso que se pasearan por mi cuerpo sin miedo alguno.



Pero también entiendo que los navegantes, ante esta nueva idea de enfrentar el miedo, sientan aún mayor rechazo. Es cierto que hay ocasiones en las que todos deberíamos "probar" por ejemplo en pasar un día con los ojos vendados, sólo para enfrentar el miedo y además para empatizar con las personas que están en tal situación (y que curiosamente tiene otros miedos pero no ese).
La prueba de la silla de ruedas por un día nos daría una visión impactante de cómo la sociedad no está dispuesta para "no andar" y además sentiríamos que a la hora de conducir hay que hacerlo de otra manera, para evitar que nos suceda y que les suceda a otros.

Para los que sus miedos les hagan echarse hacia atrás de forma compulsiva y no sirva el pensamiento de que "el miedo no es la realidad, sólo una idea de cambio", deben acceder a su "puerta de atrás" como hace un Hacker en un ordenador.

Sentarse y contar respiraciones puede ser una solución, si bien no para alcanzar ninguna iluminación especial,  si puede ayudarnos a "conducir" el miedo por caminos en los que podamos enfrentarnos a él, puesto que tarde o temprano deberemos hacer aquello que nos da tanto miedo, irremediablemente.

Si logramos dejar un espacio entre el miedo y nosotros, si nos damos cuenta de forma "empírica" que sólo es la idea de cambio lo que nos da miedo, si logramos coger ese miedo y observarlo como un joyero observa una esmeralda, con su lupa, de forma cuidadosa, y si después nos entregamos al miedo, nos entregamos a la situación y de forma totalmente espontánea "dejamos que suceda", el miedo desaparecerá de forma irremediable para alojarse en alguna otra parte de nuestra mente, para así poder experimentar "eso tan terrible" en alguna otra cosa en nuestra vida.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...