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martes, 28 de enero de 2014

Todos estamos despiertos.

En el Budismo, el tema del despertar es un denominador común en todas las escuelas o tradiciones pues es en definitiva lo que ocurre cuando se realiza la solución que propone Siddharta, convertido ya en un Buda, para que la rueda del Samsára cese su girar y los seres dejen a un lado su frustración.

Todo individuo que está frustrado -o que es ignorante de esa frustración- puede practicar dicha solución, permanecer con la mente en la vía media, con ecuanimidad y paz, practicando la plena atención en todas las situaciones sin llegar a la obsesión (por eso se llama vía media), y conseguirá el ansiado despertar, el Nirvana o fin de las reencarnaciones. En el Budismo Zen el concepto queda más centrado en el "ahora" y se le llama Satori.

Pero el despertar es un fin que hay que alcanzar, un camino que hay que seguir para terminar con la frustración, y eso compite con la vía media y se llega a una paradoja, la paradoja a la que todo practicante llega. ¿Cómo podemos aceptar que buscamos el despertar, cuando no hay "nada que buscar"?



Pero yo me hago una pregunta que cambia este panorama complejo, y facilita la práctica y a su vez su comprensión. ¿Y si todos estamos ya despiertos?
Pensádlo bien, por que a mi me parece la misma locura separar en pequeños trozos las ideas, al mundo, a nosotros mismos, a nosotros y los demás, que separar a los despiertos de los que no lo están.

¿Por qué voy yo a estar más despierto que mi vecino? ¿Sólo por que yo me siento en Zazén y mi vecino no?

Creo que cometemos siempre el mismo error de base y acabamos separando, porque forma parte de nuestra naturaleza.
Y debemos aceptarlo, hay una parte "separadora" que está insertada en nosotros, sucesos existenciales, que nos obliga a partirlo todo en "clases" y ponerlo en cajones mentales. Y está bien, lo acepto.
Y aceptando esta idea - no es más que una idea - puedo aceptar perfectamente que cada vez que me siento en Zazén me ilumino, despierto. Cuando presto atención a mi respiración y el observador y lo observado dejan de "ser", hay despertar en ello. Pero también he de aceptar que mi vecino, que se levanta temprano a diario y al cual le pasa desapercibido el amanecer, algo que no debería pasar desapercibido para nadie que esté en sus cabales, por que cada día hay uno y cada día es diferente, hermoso y totalmente insuperable, tiene sus momentos despiertos, donde todo lo ve un poco más claro, cuando abraza a su nieto por primera vez, cuando ha estado al borde de la muerte o cuando, simplemente escucha una canción "que le revuelve por dentro".

¿Qué diferencia podría haber en todo esto, si todos somos "el suceso"?

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lunes, 27 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (II).

Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".

Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...



Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.

Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.



Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.

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domingo, 7 de abril de 2013

Inestabilidad, del despertar al Samsára.

Las ventajas de no tener un concepto definido de "yo" es que te sueltas a la hora de tener que lidiar con los sucesos que acontecen a diario, en la vida cotidiana.
Pero también tiene su desventaja, por que si pensamos que no estar definido por un "yo" es permanente, estamos equivocados. Podemos hablar de ello con los demás, pero sólo es una postura, incluso si hablamos de personajes como Krishnamurti o Osho, por ejemplo.
Mi entender es que en el momento que más te encuentras en el lado del "no yo", ya estamos pasando al lado del "yo" de forma automática, paulatina y espontánea.
Y podemos friccionar con la naturaleza de las cosas y decir que "no voy a caer en esta rueda llamada Samsára", pero irremediablemente, de repente, te encuentras metido en la vorágine de la defensa ante un ataque, por ejemplo. En fin, que de repente nuestra naturaleza Búdica nos ha jugado una mala pasada poniéndonos al otro lado, un lado inquietante que te hace irritable, que te alza ante "las injusticias y te impregnas emotivamente de ello". Y no nos damos cuenta cuan metidos estamos en "ese suceso". Y las palabras de dejar pasar las ideas quedan atrás, y te revuelves en tus propias clasificaciones, y entonces, sólo entonces te das cuenta que nunca te moviste del inicio del camino, siempre te has quedado en el mismo punto samsárico del camino.


No hemos evolucionado, estamos inconscientes y mezclados ante las ideas que pasan por nuestra mente.
No dejamos pasar ni una. "Si te metes conmigo te vas a enterar". Quién la hace la paga. Y te quedas tan pancho, por que no tienes moral ni ética ya que eres un hombre liberado y esas cosas ya no te afectan, no defines qué es bueno y malo, así que todo vale si es espontáneo.

Y ese error que nos sucede a veces, nos lleva al infierno, uno profundo y que es oscuro, muy oscuro.
Te sientes alejado de las personas, ya no empatizas, piensas que se están aprovechando de ti por el hecho de haber sido tan "empático" y no quieres pasar por tener que aguantar a esa gente. Te has ganado el derecho a hacerlo.

Pero, lo bueno de un iluminado, o sea, lo bueno de cualquier persona, es la capacidad de poder sentarnos ( o levantarnos, o hacer cualquier tipo de yoga) y comprobar qué significa "volver a casa", volver a comprobar nuestra naturaleza búdica, vacía e impermanente. Y entonces la rueda se vuelve a completar con un "satori" que te hace de repente, de forma espontánea y natural, plantearte la idea de que todo lo que te ha pasado últimamente, como imbuirte en tus propias rabietas, y sin darte cuenta volver a pensar que somos seres separados del resto de sucesos, es una idea falsa que tú ya sabías pero que en algún momento has olvidado, únicamente por una cuestión de impermanencia, de naturaleza... ha de ser así.

Y de repente, todo empieza a volver a la normalidad, tu naturaleza vuelve a aparecer de las sombras y una luz se impregna con la oscuridad creando las formas, pero que tu sabes que son sucesos que tu mente crea.
Y de repente, ya puedes volver a sentarte, contar tus respiraciones, hacer tu yoga, caminar por el campo, respirar con el diafragma... Y vuelve a no afectarte que tu jefe te diga que eres un poco "tal o cual" o que alguien te quiera apretar a fondo los huevos. Por supuesto, hay que marcar una linea, pero debe ser compasiva. Últimamente he sido poco compasivo y muy protector de mi "yo".


Pido perdón por las formas ( no por el contenido, pues no suelo mentir), por la poca compasión que he tenido estas semanas, por que me he involucrado en las ideas... Pido perdón humildemente, arrodillado en Gasshô hacia toda persona a la que he herido para defenderme o símplemente por que me sentí engañado.


Y la rueda gira, gira... Y volveré a imbuirme en mis pensamientos, haciendo daño a los demás. Y volveré, como dijo BodhiDharma (7 veces abajo, ocho veces arriba!) a pedir perdón en Gasshô.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del desapego.

Ayer perdí mi llavero. Era uno de esos llaveros que compras cuando visitas algún lugar y quieres que lo que ves y sientes permanezca en tus retinas y en tu memoria largo tiempo.
Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.


                       Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.


Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.

Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.

El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.

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lunes, 25 de febrero de 2013

Antes de despertar debes conocer la libertad.

Cuando te sientas a contar tus respiraciones, una de las primeras cuestiones que te hacen reflexionar es la referida a si la respiración es una acción provocada o por el contrario es natural. Me explico. Por un lado, la respiración aparece de forma espontánea a cada momento, por necesidad de los pulmones de coger aire, pero también es provocada por nosotros, también podemos "mandar" sobre ella a nuestro antojo, siempre que no decidamos "no respirar", con lo que automáticamente el cuerpo toma el control de la situación y nos aparta ( a nuestro yo) a un lado. Pero entender que nuestro cuerpo, el acto de respirar y "yo" es la misma cosa que sucede es lo que nos evidencia que sólo clasificamos mentalmente y que dicha clasificación y la realidad no tienen nada que ver.
                      
                                 

Y a continuación nos damos cuenta de otro importante dato, no somos libres. Y no lo somos por que siempre tenemos una serie de "recursos" para seguir encadenados a algo, como las comidas compulsivas, el alcohol bebido con "ligereza", el tabaquismo o incluso la ingesta de uñas de forma totalmente enajenada, como si quisiéramos "auto-mutilarnos" por algún tipo de auto venganza febril.
Y conste que creo en el hedonismo bien entendido, no es una cuestión de "reglas divinas" las que quiero remarcar aquí, ni mucho menos. El hedonismo es una realidad universal, por que todos queremos sentir placer.
Cuando paseamos por el campo oliendo la naturaleza, o degustamos un exquisito postre, escuchamos el sonido del mar... No vamos a tener la hipocresía de aquél obispo que engalanado de finas telas habla sobre el hambre en el mundo y de cómo "los humildes" debemos ayudar...
No, no vamos a hacer eso. Somos hedonistas, pero tal como Siddarta el Buda histórico comió y bebió, se lavó y reinventó la forma del despertar de la mente, como el "camino medio", debemos diferenciar entre el placer de "ejercitar nuestros sentidos", sabiendo que son sólo una parte de nuestra existencia y es ilusorio e inpermanente, y los círculos viciosos que nos llevan a ser esclavos de nuestra propia existencia, causándonos siempre una gran frustración.


He de confesar que mi apego por el tabaco hace ya tres años y medio que dejó de "ser". También he de decir que siguiendo la misma táctica he logrado durante varias semanas ( no se cuanto durará) dejar de morderme las uñas, algo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón. Y mi gran ansiedad por la comida es algo que abordaré más adelante con la misma técnica, por que no ser esclavo de nada es lo que siento. Espontáneamente surge el ánimo de ser libre y poder caminar por ese "camino medio".
Así qué, cómo antaño escribí, me gustaría transmitiros mi experiencia directa y por eso, navegante, estáte atento a mis próximas entradas, en forma de guía para.... Dejar de fumar.
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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...