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viernes, 14 de marzo de 2014

La roca.

¿Alguna vez has cogido una piedra del campo y has visto debajo de ella unos insectos?
En cierto modo, así somos nosotros. Pequeñas cosas deambulando por un gran trozo de roca.
La roca nos abastece, cuida de nosotros y llegada la hora, nos requiere para auto-conservarse.
Pero parece ser que sabiendo dónde estamos plantados, nunca pensamos en ello. Recurrimos al hormigón para tapar parte de la roca y extraemos sus líquidos internos para mejorar nuestro estatus en la roca.
Y siempre se nos olvida que vivimos en una roca, cuando se oye al vecino decir que "cuanto polvo a cumula la casa, no se de donde viene tanto polvo!"... Señor, estamos pisando una roca!!! Qué quiere acumular, sino polvo???


Es cierto, nunca lo pensamos con detenimiento. Somos habitantes de una roca con agua, suspendida en el espacio, que no es otra cosa que más rocas (unas incandescentes y otras no) y un vasto espacio de "NADA".
Pero nosotros vamos a lo nuestro, extrayendo y fabricando útiles para seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer, separarnos del resto de cosas. Es si como ese insecto que habita la piedra, no quisiera notar el frío tacto de dicha piedra, buscando desesperadamente por los alrededores algo que poner encima para no notar ese tacto asqueroso al caminar por ella.

Y de este modo, como ese insecto enajenado, vivimos nosotros. Seres humanos enajenados buscando algo para el frío tacto de la piedra, y pensando que lo lograremos, al menos cuando estemos en "la caja".

Mientras tanto, una pequeña amapola se despereza abrazando los rayos del sol.

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