Cuando abrimos la página de Facebook, Google plus o Twitter, entre otras redes sociales y empezamos a ver las publicaciones, lo primero de lo que nos percatamos es de la cantidad de referencias y frases de los principales gurús de las últimas décadas.
Pero, ¿Qué es un gurú?
Pues a mi me parece una buena definición decir que un gurú es un maestro que sirve para todos.
El maestro perfecto, que tiene la solución para los problemas del mundo y no importa si una persona tiene una forma de sentir u otra. Y eso es lo que critico siempre, ya no de los gurús sino de la "parafernalia" que ha habido (y sigue habiendo) detrás de ellos.
Hemos de separar de la clasificación de gurú, al maestro que pudiendo serlo de todo el mundo, aplica diferentes puntos de vista o soluciones para según qué alumno.
Uno de los maestros más admirados por mi en la distancia, es Dokushô Villalba.
El maestro Dokushô deambula entre la tranquilidad mística y la lógica científica, entre la paz y serenidad y la lucha en la calle, en las protestas por deshaucios, al lado del más débil.
Un aspirante a gurú del siglo pero que no tenía ninguna de las características de un gurú, es Alan Watts. Filólogo de lengua inglesa y sacerdote anglicano, absorvió todas las filosofías orientales y sin llegar a calificarse como budista, creó reflexiones acerca del pensamiento oriental, sus religiones y lo más importante, las traducciones que pueden hacer que una palabra o frase china signifique sutilezas muy diferentes. Este personaje me parece una de las personas más relevantes del siglo veinte y que sus conferencias y escritos aún no han dicho la última palabra pues me parece que tienen las claves para convertirse en la "verdadera comprensión de la filosofía oriental en occidente".
Luego tenemos al gurú mas importante de todos y que más ha influido en los occidentales mas "aventajados", Judi krishnamurti. Sus conversaciones con David Bhom tuvieron un éxito arrollador en la época y repasándolas podemos ver a un señor totalmente natural, contando los misterios de la mente como si él mismo los hubiera escrito. Lo menos "atractivo" de Judi, es el negocio que ha quedado después de su muerte, y su tienda online que tiene una gran oferta en conversaciones grabadas en video.
También es un gurú para valorar el llamado Osho, cuya parafernalia no ha hecho falta que trascendiera después de su muerte, sino que él mismo cuidaba con detalle esas batas y ese "arrastrado" en las palabras como si le fueran diciendo la palabra santa desde el cielo. He de decir, que tengo libros de Osho y que muchas de las cosas que dijo me han abierto puertas a nivel de consciencia. Pero claro, es que habló mucho.
Luego hay muchos otros, como deepak chopra, muy televisivo él, que no tapa su parafernalia al mundo de las comunicaciones y cuyos dividendos (imagino) van aumentado año tras año.
Los hay mas o menos estrambóticos, de todos los tamaños colores y condiciones, a elegir por el público.
Todo sea para evitar sentarse a sentirse.
Busquemos la mejor frase, las letras que nos puedan llevar al éxtasis, que nos hablen de amor y felicidad y que nos eviten pensar en la tristeza y soledad.
Apagamos la tele y nos vamos a las redes sociales a la búsqueda del mejor gurú, enfocamos la atención en quién nos vende mejor la moto....
Que todo sea por no tener que sentarse y sentirse...
Es muy aburrido tener que sentirse y en ese lugar tan alejado de la mente no hay metas, éxitos, luces ni nada de lo que buscamos. Pero seguimos leyendo lo que nos dicen tales gurús, y nos saltamos las frases que nos dicen....
"no busques, ya lo tienes".
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miércoles, 3 de julio de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
Cuando la inconsciencia se hace consciente...
"Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino."
- Carl Jung -
La frase ha dado mucho de si en Facebook y gracias a mi amiga Isabel Subirana, he decidido dar mi opinión, como vengo haciendo en estas páginas, e intentar "aclarar" lo que me parece una genial frase de este filósofo que anduvo entre el camino medio con total éxito.
Parece que las cosas pertenecientes a la religiosidad, por alguna extraña razón, vienen de tres en tres, como la Trimurti, la santísima trinidad y hasta el trío calavera. Y en ésta ocasión no hay religiosidad de por medio, debemos decir que Jung nombra tres clasificaciones mentales bien definidas.
Primero tenemos al consciente, esa fuerza mental clasificadora que "enfoca" nuestra vida diaria, con la que escribimos, leemos, creamos e intentamos explicar las cosas de la vida.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
En segundo lugar, aparece el subconsciente, ese espasmo en nuestro cerebro del que habla Freud y otros psicoanalistas y que te quiere jugar "una mala pasada", pues al tomar como punto de control el tiempo, realiza una especie de "cirugía" con la que lobotomizar nuestra imagen de nosotros mismos, deformando la realidad y alimentando los conceptos de "pasado" y "futuro", dejándonos indefensos ante la aplastante realidad del "ahora".
Así pues, el subconsciente agranda nuestra imagen o la empequeñece, nos dice que "somos" en relación a los que hicimos y lo que haremos y así, aparece como una sombra encima de nuestras cabezas, el destino.
La recreación de un destino, es la enajenación mental más común en nuestra sociedad y es precisamente a eso a lo que se refiere Jung. La toma de control de nuestro subconsciente, hace que la suma del pasado y nuestra percepción de un futuro, conduzca a nuestro consciente a lugares "ilusorios", y más allá, todos acabamos en "la caja". El destino llevado al cubo nos depara lo irremediable, lo que nos aterra... "la caja". Y con esa idea, llega la frustración...
La palabra que mejor define "frustración" es Dukkha, aunque muchos practicantes la traducen ( de modo incorrecto, según mi opinión) como sufrimiento. Dukkha aparece entre otras causas ante la presencia irreal ( y digo irreal por que lo pensamos en un tiempo anterior al irremediable suceso) del destino definitivo, el último tren, la última imagen, el final del destino que nos depara la vida... La muerte.
Y bajo esta perspectiva, el subconsciente campa a sus anchas induciendo al consciente a consumir depravadamente, a clasificar de forma compulsiva, y en definitiva a separarnos de nuestra verdadera naturaleza.
La última de las tres palabras que desgrano hoy, es inconsciente.
Cuando vas conduciendo en el coche, hablando con el copiloto y de repente te das cuenta que sin pensarlo has acabado en casa, es el inconsciente el que dio las órdenes. Cuando tus pulmones se hinchan para dejar que el aire entre en tu cuerpo, alimentando así tu vida, es el inconsciente el que da la orden. Y tu corazón golpea y golpea, bombeando la sangre para que el organismo "sea" y es el inconsciente el que está detrás de todo eso.
Y el único problema del inconsciente es que es totalmente transparente a nuestro entendimiento, por que como su palabra indica, es "no-consciente", y nos quedamos igual que si queremos mordernos nuestros propios dientes, por que jamás sabremos nada sobre ello. Pero aunque no sepamos nada sobre nuestro inconsciente, podemos elucubrar diciendo que si manda la orden a nuestros pulmones para recibir el aire, bien podría ser que ese aire que es generado por químicas naturales, vegetales y la luz del sol formen parte orgánica de mis pulmones y así el inconsciente no solo mandase información desconocida por mi consciencia a mi cerebro sino que pudiera ser que la información la mandara también a toda esa maquinaria natural que se extendería, por ende, a todo el universo para que el círculo vicioso pueda cerrarse definitivamente. Es posible, y digo que sólo es una elucubración, que todo el sistema inconsciente fuera el recurso natural que tiene el universo para que yo, el sujeto consciente pueda "yoificarlo". Quizás el universo crea todo esa fluidez entre aire, luz, plantas, pulmones que alimentan seres conscientes para hacer consciente el universo mismo.
Y Jung nos apunta justo ahí, como una aguja de acupuntura... ahí, donde más duele. Por que el incosciente nunca podrá ser consciente, es nuestra consciencia actual la que nos debe dirigir hacia nuestra inconsciencia. por eso nos sentamos, o prestamos atención al "ahora" en cualquier situación, para "experimentar" el estado de inconsciencia y así poder descubrir que todos los estados mentales, todas las capas de entendimiento, son necesarias.
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martes, 12 de febrero de 2013
Antes de despertar debes conocer el vacío y la forma.
Cuando Albert Einstein formuló la teoría de la relatividad y con ella abrió el mundo de los átomos, hacía muchos siglos que la filosofía Taoísta y el yin/yang apuntaban cómo la forma y el vacío son, indisolubles e indispensables, que se complementan mutuamente y forman "el estado de las cosas-sucesos" en este mismo instante.
Y yo siempre me he preguntado cómo las cosas, pueden permanecer con su forma y no se "desprenden" hasta quedar disueltas, tal como le pasa al agua o al estado gaseoso del humo.
Cómo es posible que mi mano no acabe disuelta, mezclada con el aire o con mi mesa cuando la toco?
Qué tipo de esquema natural determina qué forma debo tener, o debe tener un árbol?
Pues lo que está claro es que la forma puede estar determinada por la forma misma o también puede estar determinada por el espacio vacío que rodea a esa forma, en este caso, al árbol. Y también seria lógico que sea un "quid pro quo" entre forma y vacío, para que de este modo pueda ser representado ante nuestros órganos sensitivos, como el tacto o la vista.
Pero también es cierto, que si miramos en un microscopio muy potente, veremos millones de partículas de árbol peleándose por ser partículas de aire, y algunos millones de partículas de aire, peleándose por ser partículas de árbol. Por que la naturaleza, es una danza de partículas (a ese nivel) o un baile atómico (un nivel más abajo) queriendo llegar al caos. Y entre esos átomos, vastas extensiones de vacío.
Y estoy completamente convencido que si pudiéramos descomponer mucho más allá de los quantums, y troceáramos más y más... qué encontraríamos? Pues cantidades ingentes de más forma (masa) y más vacío.
Y toda esa forma, danzando y creando (o más bien cambiando) energía junto a ese vasto espacio vacío, es muy parecido al árbol y sus partículas moviéndose creando la forma que vemos con nuestros propios ojos entre espacios vacíos que dan conclusión a la forma vegetal. Y la suma de muchos árboles entre espacios vacíos de aire, siguiendo otra capa conceptual, descubre grandes bosques separados entre si por más aire y más vacío, y así podíamos seguir hasta llegar a las estrellas con sus planetas girando alrededor de ellas, cual protones y neutrones, y vastos espacios entre ellas...
Cuando me siento en mi cojín de Buda llamado Zafu y cuento mis respiraciones, la forma desaparece y queda el vacío, un maravilloso vacío lleno de "nada en absoluto". Y cuando me levanto, aparecen las formas, cualquiera de ellas son maravillosas. Y entre forma y forma, entre idea e idea, hay un espacio negro, oscuro y totalmente vacío.
Yo lo llamo Sunyata, y es totalmente opaco a mi entendimiento.
Sunyata y "mi mismo", son la misma cosa.
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Y yo siempre me he preguntado cómo las cosas, pueden permanecer con su forma y no se "desprenden" hasta quedar disueltas, tal como le pasa al agua o al estado gaseoso del humo.
Cómo es posible que mi mano no acabe disuelta, mezclada con el aire o con mi mesa cuando la toco?
Qué tipo de esquema natural determina qué forma debo tener, o debe tener un árbol?
Pues lo que está claro es que la forma puede estar determinada por la forma misma o también puede estar determinada por el espacio vacío que rodea a esa forma, en este caso, al árbol. Y también seria lógico que sea un "quid pro quo" entre forma y vacío, para que de este modo pueda ser representado ante nuestros órganos sensitivos, como el tacto o la vista.
Pero también es cierto, que si miramos en un microscopio muy potente, veremos millones de partículas de árbol peleándose por ser partículas de aire, y algunos millones de partículas de aire, peleándose por ser partículas de árbol. Por que la naturaleza, es una danza de partículas (a ese nivel) o un baile atómico (un nivel más abajo) queriendo llegar al caos. Y entre esos átomos, vastas extensiones de vacío.
Y estoy completamente convencido que si pudiéramos descomponer mucho más allá de los quantums, y troceáramos más y más... qué encontraríamos? Pues cantidades ingentes de más forma (masa) y más vacío.
Y toda esa forma, danzando y creando (o más bien cambiando) energía junto a ese vasto espacio vacío, es muy parecido al árbol y sus partículas moviéndose creando la forma que vemos con nuestros propios ojos entre espacios vacíos que dan conclusión a la forma vegetal. Y la suma de muchos árboles entre espacios vacíos de aire, siguiendo otra capa conceptual, descubre grandes bosques separados entre si por más aire y más vacío, y así podíamos seguir hasta llegar a las estrellas con sus planetas girando alrededor de ellas, cual protones y neutrones, y vastos espacios entre ellas...
Cuando me siento en mi cojín de Buda llamado Zafu y cuento mis respiraciones, la forma desaparece y queda el vacío, un maravilloso vacío lleno de "nada en absoluto". Y cuando me levanto, aparecen las formas, cualquiera de ellas son maravillosas. Y entre forma y forma, entre idea e idea, hay un espacio negro, oscuro y totalmente vacío.
Yo lo llamo Sunyata, y es totalmente opaco a mi entendimiento.
Sunyata y "mi mismo", son la misma cosa.
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martes, 29 de enero de 2013
De cómo la consciencia tiene mil caras y sólo tenemos acceso a una por vez.
Me imagino que estas preguntas sólo nos las hacemos los que estamos "payá", pero seguro que algunos de vosotros, buscadores, os habéis hecho muchas preguntas de todo tipo.
Una de las cosas de este mundo o de esta existencia, que me dejan pasmado, es la CONSCIENCIA, la idea de "centro" de todo lo que sucede. Y de igual modo, cada uno de vosotros sois vuestro propio "centro" y si voy más allá, cada uno de los animales son también su "centro", aunque no tengan el mismo sistema cognitivo.
Su consciencia, aunque no sea la del "yo" propiamente dicha, debe ser algo parecido a la nuestra pero con sus "sentidos". La diferencia fundamental entre un animal y yo (digo diferencia y no parecido, jejeje...) es que sus sentidos está más desarrollados que el mio y que yo tengo esa "semilla" que me hace preguntarme cosas. Un animal no tiene ese problema, o esa virtud, según como se mire.
Pero, ¿qué diferencia real, en cuanto a consciencia, determinaría un animal de cualquier otro ser? NINGUNA. El mosquito es el actor principal en su universo, y todos los demás somos "los secundarios". Del mismo modo, una planta, con otros "sentidos" muy diferentes a los de un animal, será en si misma su única "principalidad" y el resto de cosas, imposible de poder definirlas por nosotros, serán las "cosas secundarias".
Y quiero ir un poco más allá, y decir que a mi me parece que una piedra también tendrá una consciencia, por que aquí no nos estamos basando en "la capacidad cerebral" para definir qué es o no es una consciencia, sino en la capacidad "cuántica". Si, amigos. A mi entender, todo lo que ocurre en este mundo es un conjunto de "danzas cuánticas" y no hay más diferencia entre un oleaje de fuego de esos que el sol crea, al vaso de leche que me estoy tomando. Simplemente "danzas atómicas" que bailan a ritmos diferentes y lo definimos así por que nuestro intelecto no ha podido "partir más las ideas". Y si todo es así, podemos llegar a la conclusión de que cualquier acontecer, cualquier cosa que suceda es una "danza" que, podamos o no descifrar, hace que todo este escenario "sea".
Así que desde que empaticé con la idea de que cualquier cosa-suceso tiene un nivel de consciencia, lo capte mi intelectualidad o no, a las moscas las invito amablemente a salir de mi casa, y no las mato. Por que el simple hecho de pensar que hoy puedo acabar con una consciencia, con "el protagonista de una peli", me horroriza.
Pero también soy consciente, de que cuando salgo a la calle, acabo con muchas consciencias , pisando sin darme cuenta, a cada paso, hormigillas o símplemente pequeños animalillos invisibles que circulan por ahí.
Así pues, acabo de definir que una consciencia es un centro, relativamente aislado del resto... Pero, realmente es así, o sólo lo aislamos "los que pensamos"??
Es posible que una piedra, su danza cuántica o vibración sea una consciencia muy, muy sutil, por no tener órganos que den "realidad" tal como nosotros podemos conocerla, pero quizás esa piedra no funciona de forma separada al resto. Igualmente, el mosquito, pese a ser un "centro de consciencia", no tenga capacidad de separar su "especie de yo" del resto de aconteceres o consciencias.
Y divagando como lo hago, es posible que sólo y únicamente nosotros, los seres humanos pensantes, fabriquemos la idea (ya que podemos hacerlo) de que nuestro "centro" está aislado del resto de "centros de consciencia" sean personas, animales o cosas (o sucesos). Así, cuando sucede algo que captamos con nuestros órganos, pensamos "que nos sucede" y no que sucede por que si. Creamos "una víctima", nosotros, la diana de todas las flechas, la pared de todos los impáctos.
Las cosas "nos suceden"... y a todo esto, desde la filosofía oriental, se le ha llamado "DUALIZAR".
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viernes, 25 de enero de 2013
De cómo una vez descubierto necesitamos comprobarlo.
Cuando descubrimos (y así lo sentimos) que la identificación de uno mismo se ha roto, nos sentimos de una forma muy extraña al principio. Es un camino sólo de ida, no hay vuelta atrás, "por que ya lo sabemos".
Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".
La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".
La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».
Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:
- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente, un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".
Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.
Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.
La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).
Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".
Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.
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Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".
La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".
La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».
Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:
- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente, un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".
Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.
Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.
La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).
Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".
Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.
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lunes, 14 de enero de 2013
De cómo Dios se buscó a si mismo...
Cuando el hombre labraba la tierra del amo y rezaba a Dios a diario, era un hombre feliz.
Luego, vinieron la cultura, la educación y el progreso y Dios se hacía pequeño a medida que los telescopios se hacían más grandes.
Y entonces nos entregamos a la ciencia...
Aún recuerdo, en la década de los ochenta, como acabábamos las reuniones de amigos, filosofando sobre "el inicio" y siempre había una última pregunta después de "la chispa química del principio de los tiempos".
Y había una última respuesta a la que los ateos acudíamos de forma unánime... la casualidad!
Pero una vez acabada la fiesta, cuando me marchaba a casa, no podía contener el impulso de mirarme el brazo e imaginarme sin piel, con las venas como tuberías funcionando al ciento por ciento, los nervios enmarañados de forma sublime, y moviendo los dedos todo funcionaba de una forma tan perfecta que pensar que aquello era un producto de la casualidad era poco menos que decepcionante.
Era un ateo poco fervoroso, por que siempre me quedaba ese espacio de duda en el cuerpo, de que la ciencia no podía tener todas las respuestas... no desde Einstein.
Y así pasé a los noventa, donde Dios y la ciencia estaban sentados, esperando un movimiento por mi parte. La pelota estaba en mi tejado.
Entonces un libro de un señor que ya no existía, donde había escritas cosas que yo no entendía, me encontró.
Y me dispuse a cambiar mis preguntas, unas con las que nunca encontraría respuestas, por otras que sí podían ofrecerme el camino para poder buscar ahí a Dios y a la ciencia...
A la pregunta... Dios existe? Le vino otra... Cuál es la imagen de Dios que puedo concebir?
A la pregunta... Quién soy ? Le vino otra... Quién creo que soy y NO SOY?
Y así, Dios se encontró buscándose a si mismo...
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Luego, vinieron la cultura, la educación y el progreso y Dios se hacía pequeño a medida que los telescopios se hacían más grandes.
Y entonces nos entregamos a la ciencia...
Aún recuerdo, en la década de los ochenta, como acabábamos las reuniones de amigos, filosofando sobre "el inicio" y siempre había una última pregunta después de "la chispa química del principio de los tiempos".
Y había una última respuesta a la que los ateos acudíamos de forma unánime... la casualidad!
Pero una vez acabada la fiesta, cuando me marchaba a casa, no podía contener el impulso de mirarme el brazo e imaginarme sin piel, con las venas como tuberías funcionando al ciento por ciento, los nervios enmarañados de forma sublime, y moviendo los dedos todo funcionaba de una forma tan perfecta que pensar que aquello era un producto de la casualidad era poco menos que decepcionante.
Era un ateo poco fervoroso, por que siempre me quedaba ese espacio de duda en el cuerpo, de que la ciencia no podía tener todas las respuestas... no desde Einstein.
Y así pasé a los noventa, donde Dios y la ciencia estaban sentados, esperando un movimiento por mi parte. La pelota estaba en mi tejado.
Entonces un libro de un señor que ya no existía, donde había escritas cosas que yo no entendía, me encontró.
Y me dispuse a cambiar mis preguntas, unas con las que nunca encontraría respuestas, por otras que sí podían ofrecerme el camino para poder buscar ahí a Dios y a la ciencia...
A la pregunta... Dios existe? Le vino otra... Cuál es la imagen de Dios que puedo concebir?
A la pregunta... Quién soy ? Le vino otra... Quién creo que soy y NO SOY?
Y así, Dios se encontró buscándose a si mismo...
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Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...










