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martes, 20 de octubre de 2015

Un paso más allá.

Han sido muchas las veces que desde estas páginas he escrito sobre la meditación en general y también sobre zazen, la meditación sedente que practico. Pero siempre he escrito de un modo superficial, puesto que nunca he pretendido llegar más allá en los datos que puedo dar a las personas que quieren iniciarse, para no liar la madeja y tampoco para las personas que ya son iniciadas o expertas, puesto que nada sé, no tengo ningún tipo de experiencia ni maestro y sólo hablo desde mi práctica y lo que leo de maestros e iniciados.

Dentro de esa propia experiencia y adquisición de conocimiento y siempre desde mi punto de vista personal, ahora he decidido dar un paso más y explicaros qué sucede después de la mera cuenta de respiraciones, un camino difícil de explorar pero imprescindible y que aparece, según mi opinión, de forma espontánea por la propia práctica.

Lo que voy a explicar es algo que muchos practicantes ya saben, pero muchas personas que se inician y a las que va dirigido este blog encontrarán interesante: cómo ha de comportarse uno, una vez ha practicado de forma eficiente la cuenta de respiraciones.

Ya sabéis que zazen se puede practicar desde varias posturas sedentes y todas son válidas, tanto la postura del loto (un cuarto, medio o loto completo) como la birmana, seiza, etc...
También es sabido que las rodillas deben tocar el suelo con la ayuda del zafu o cojín de meditación, que las manos forman el Hokkai Join o mudra cósmico donde los pulgares se rozan para "medir" el grado de tensión y que el mentón se recoge, la nuca mira al cielo, los ojos se entreabren y que pese a que al principio tal postura puede parecer una deformidad extraña e imposible, a medida que vamos realizándola a diario, se convierte en una forma natural de estar.

 Todo esto ya lo he explicado aquí, pero... y después?



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¿Qué sucede después de contar las respiraciones durante un mes, o un año, o diez años?

Pues llega un momento en que la madurez ha sido alcanzada, la cuenta de respiraciones de forma completamente consciente llega a su clímax. Para el practicante ahora ya es muy sencillo entrar en modo "samádhico" (de samadhi) con la cuenta, de forma que ya ni siquiera cuenta tales respiraciones. La atención centrada en las inhalaciones y exhalaciones, en el aire que entra frío por los orificios nasales y sale expulsado caliente desde el interior del cuerpo sucede de forma natural y la mente está subyugada, fofa, ensimismada en la respiración.
Aquello que no es mente puede dar un paso más allá y de hecho lo hace, centrando la atención en el cuerpo, en la propia postura física. Sin perder la atención en la respiración, aquello que no es mente puede tomar consciencia del propio cuerpo, intimando con la postura, corrigiéndola si es necesario, tomando atención al mudra, a la tensión, al paladar y al mentón, a la nuca y los hombros, para que todo esté en su perfecto lugar.

¿Qué sucede después de contar las respiraciones y tomar consciencia de la postura durante un mes, un año o diez años?

Pues llega el momento en que la madurez ha sido alcanzada, la cuenta de respiraciones y la atención consciente al cuerpo llegan a su climax.
Aquello que no es mente puede dar un paso más y de hecho lo hace, centrando su atención en el tipo de ideas que siguen apareciendo (porque las ideas siguen ahí, apareciendo de forma natural, porque la mente ensimismada es "multitarea") sin dejar de tener consciencia del cuerpo y de la respiración. Las ideas vienen y van, y es el momento de examinarlas desde el microscopio.
Aquello que no es mente puede, y de hecho lo hace, tomar consciencia de la respiración, del cuerpo y mirar por el microscopio definiendo cómo son las ideas. Las ideas positivas o negativas, dulces o saladas, ácidas o alcalinas, todas ellas y con sus propios niveles de apego. Examinar esas ideas al microscopio sabiendo que son creaciones mentales naturales, que no pueden ser eliminadas, que no son creadas realmente por un "yo" sino que son expresiones, frutos de la existencia que son utilizadas para crear una consistencia personal, una historia insertada en la masa gris, una expresión universal, sanan al mundo. Estamos contribuyendo a sanar al mundo, sabiendo que quién lo hace no es un "yo" sino sólo una expresión vacía y sin forma, impermanente pero grandiosa en su totalidad.

Muchas veces la mente tomará el control, las ideas ya no seran examinadas al microscopio por aquello que no es mente y volverá el "yo". Entonces debemos darnos cuenta del asunto y parar.
Volver a empezar de nuevo. Primero la cuenta y así todo lo demás, de nuevo.

Y toda esta explicación a la que me cuesta llegar porque nada sé, salvo lo leído y la propia experiencia en la que realmente no hay nadie ahí para poder contarla como tal, es una burda explicación que sólo, repito, sólo puede ser experimentada, por lo cual...

Todo es mentira.

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

La propia naturaleza.

"Todos tenemos naturaleza Búdica"

Este principio del Dharma se refiere a algo que es inversamente proporcional al problema que tiene el bebé al nacer cuando somos teístas o tenemos un tipo de educación católica.
El catolicismo sentencia que un bebé cuando nace, tiene una naturaleza pecadora. Y por eso debe dejarse arropar por las bondades de Dios.
Sin embargo, el Dharma dice que ese bebé tiene una naturaleza Búdica, o sea, limpia e impoluta, no por nada relacionado con el mal o el pecado, sino por que un bebé cuando nace no distingue una cosa de un suceso. No distingue un árbol de un bostezo. Ni siquiera puede distinguir a mamá de papá. Todo es "eso" (y señalamos a cualquier lugar).
El sistema cognitivo del bebé aún no funciona con lo que no separa nada. No tiene ideas que le hagan pensar que él es algo separado del resto de cosas. Por eso un bebé cuando mira, está viendo un universo totalmente diferente al nuestro, donde cada movimiento, cada voz, cada gesto es "eso" (y señalamos cualquier lugar).

Así pues, la naturaleza Búdica de cualquier individuo al crecer y empezar a estar condicionada a nivel social, educacional y también natural -puesto que es necesario que nos desarrollemos de este modo, pues esta es la evolución del individuo- pasa a quedar olvidada. Esta naturaleza original nunca nos abandona (si alguien se cae a tu lado, antes que la mente pueda ejecutar un pensamiento ya has agarrado del brazo al individuo) pero permanece de forma inconsciente en todos los lugares (pues no tiene una ubicación en la mente) y en todos los sucesos.



¿Cuándo es el momento en que empezamos a separar?

Pues normalmente aparece cuando tu sentido cognitivo se topa con la idea de la muerte, a temprana edad. Por supuesto no hay un principio real, sino que se va desarrollando por mera adquisición de información y socialización. En esta progresión, la mente necesita "soportar" una vida sabiendo de la propia impermanencia, algo que ningún otro animal tiene.

Y las ideas van apareciendo y las vamos metiendo en pequeñas bolsas mentales. El árbol es un árbol y el jardín no es el árbol. La lluvia es un suceso aislado de hacer pipí y sin embargo sabemos que no lo es, pero no lo sentimos. No sentimos estar ligados al árbol ni al jardín. Sentimos que nuestra verdadera esencia es algo que está en nuestro cuerpo y que ya no es esa cosa entre mis ojos y más atrás, esa nada de donde sale todo, sino que ahora en pleno siglo veintiuno y con la new age más de moda que nunca, somos esa hermosa luz que está en el corazón.

Y es PERMANENTE.

Ya está, lo hemos conseguido! Hemos superado la idea de la muerte, incrustando en nuestra mente la idea del ALMA! Algo que nunca desaparece, y así podemos conservar eso que creemos que somos.

Y de este modo, antes de darnos cuenta hemos pasado de bebés Budas a adultos responsables e inmortales que se agarran a esa luz en el corazón por que no soportan la idea de IMPERMANENCIA.

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lunes, 13 de enero de 2014

Apego, dulce apego...



Cuando llegan de Oriente todas esas voces dogmáticas e inundan las redes sociales y más aun, se acoplan al "modus operandi" occidental, llegamos a hacernos tal batiburrilo de ideas que al final no sabemos que es de lo que se trata el asunto en cuestión.
Mi idea del apego, al igual que mi idea de muchas cosas, no tiene como base exactamente una filosofía oriental, entre otras cosas por que soy Español. Pero tiene mucho que ver con la lógica que me sugiere a mi particularmente, todo este tema del apego.

Tengo mi cámara de fotos y estoy muy apegado a ella. Al igual que tengo una familia y también ilusiones, sueños de cosas, objetos que podría querer para desenvolverme mejor como artista que me considero. Quedaría maltrecho si mi cámara se desvaneciera o si perdiera el amor de mis seres queridos, eso es humanamente claro. Y si alguien quiere venir a decirme que debo desapegarme de las cosas o de las personas, entonces pensaré... házlo tu y dime que tal te encuentras separándote de lo que quieres o separándolos de tu compañía. Pensaré que tu dogma "no-dualista" está siendo literalmente masacrado por ti mismo.

Pero me gustaría poder explicar con claridad que supone para mi el desapego budista. En el Budismo zen, creo que ya lo he comentado más veces, la máxima capacidad que conlleva su práctica es que puedes pisotearlo, amasarlo y cambiarlo de forma de tal modo que, hagas lo que hagas, siempre acabarás practicando Budismo Zen. No hay forma de destruirlo, de hacerle daño o de manchar lo que supone esta escuela y su práctica y por eso es tan "sanadora" tanto para cristianos educados, musulmanes "open your mind" o ateos consagrados a criticar a toda costa a la iglesia católico-romana. Puedes hasta reírte de él.

Entonces, cómo podemos entender y llevar a buen término el desapego sin llegar a tener que dejar a nuestros seres queridos, a nuestros objetos más valiosos?
Pues es más sencillo de lo que parece, aunque más complicado de resolver. El problema no es el apego a las cosas o a las personas, sino el apego A LAS IDEAS, A LOS PENSAMIENTOS.

Tenemos la mala costumbre de imbuirnos, de meternos dentro de la idea, del pensamiento, hasta tal punto que el pensamiento somos nosotros, pero el pensamiento es sólo una interpretación de la mente para alimentar esa imagen falsa que tenemos de nosotros mismos. El pensamiento es útil para el desarrollo del ser humano, para su avance y educación social, pero es un lacra que frustra al individuo en última instancia.

Y no es cuestión de "no pensar", sino más bien de "aceptar". Y qué es lo que debemos aceptar? Pues debemos aceptar que las ideas pasan. Que las ideas son sólo tics emocionales para sujetarnos, para agarranos a la futilidad, y debemos aceptar que las ideas SON INÚTILES. Y sin más esfuerzo por nuestra parte, la idea se marchará y nuestra consciencia seguirá intacta.

El apego a las ideas, la impregnación de las ideas en nuestro sistema de pensamiento es lo que nos provoca que, una vez hemos tropezado y caído, nos preguntemos... ¿Por qué?... ¿Y si no hubiera hecho...?
Y esa introducción de nuestra existencia, de nuestro centro de consciencia en la idea, en la misma pregunta y su estéril respuesta, es el tan famoso apego que debemos "dejar pasar".

Podemos reaccionar ante la idea, podemos decir... "voy a cambiar de vida por que esta vida no me gusta y pasaré por donde sea y aceptaré la responsabilidad si no sale bien". Con dos cojones, amigo...adelante! Y pasamos a la acción pura, sin dobles pensamientos, sin apegos a lo que dejamos atrás ni a lo que vendrá (son ideas, por que cuando lo dejamos atrás, ya ha cambiado, ya no es lo que fue antes de dejarlo atrás).

Podemos pasar de las personas, de un trabajo o de lo que coño quieras si verdaderamente LO HACES. Pero el apego es la idea repetitiva, el círculo vicioso que te impide la "acción" y también te impide "la no-acción", dejándote totalmente frustrado.


"Un mandala es un cuadro de arenilla de colores hecho a mano que los monjes budistas realizan por mucho tiempo. Cuando lo acaban, cogen una escobilla y lo deshacen. Es la práctica del desapego."


Esto es, a mi entender, el desapego Budista. Perder un País como el Tibet, y seguir sonriendo a diario es el desapego budista, aunque te levantes todo los días a luchar por lo que crees que es justo, como lo hace el Dalai Lama. Sin embargo he de decir que Gandhi, que luchó por los derecho civiles de los Hindúes, nunca perdonó a su hijo por haber ido a estudiar a Londres. Se apegó al odio.

No apegarse a las ideas hará que la frustración desaparezca, pero nunca cambiará lo que fué (algo que nunca más se repetirá de igual forma), ni lo que es (la realidad de la vida), ni lo que será (una elucubración).

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...