Un niño pasea con su padre por el parque de la zona. Mientras el padre "vigila" las morenas y rubias del lugar, el niño se percata de que no se le está prestando la suficiente atención, tal como un niño de su categoría necesita. Así que el niño, que ya ha aprendido las delicias del "embaucamiento", le pregunta a su padre:
-Papá, ¿POR QUÉ la luna brilla de noche?
- Pues por que refleja la luz del Sol, que aunque no lo veamos está al otro lado.
- Y... ¿POR QUÉ está al otro lado?
- Pues por que la tierra es redonda y gira alrededor de el Sol, que está en depende la hora del día o la noche.
- Y... ¿POR QUÉ la tierra es redonda, papá? (mientras esboza una sonrisa, sabiendo que ya se han acabado las morenas y las rubias, y sólo queda la búsqueda de respuestas que darle al niño de los cojones)
Está claro que hay preguntas que no tienen una respuesta suficientemenhte aclaratoria, o símplemente que hay pregtuntas que no puede ser contestadas. POR QUÉ, es la pregunta más estupida y con menos respuestas efectivas que existen en nuestro vocabulario, porque sólo deja la duda y la ansiedad, y nunca responde realmente a nada aclaratorio, que nos haga llegar al final de la cuestión.
Muchas veces me he imaginado que de repente viene un extraterreste con una caja, y nos dice que dentro de ella están todas las respuestas del universo, aquellas que queremos saber. Y entonces la abre y aparece la respuesta a "de dónde venimos" y aparece un holograma con una fuente cuyo flujo de agua no es tal, sino un chorro de organismos vivos, que viajan por el espacio hasta la tierra y allí florecen, y aparecen los bosques, los animales y el ser humano. Y la pregunta del millón ha sido contestada, y ya sabemos de donde venimos y estamos todos tranquilos y contentos....
PERO ESO NO ES VERDAD, lo que acabo de describir es una ensoñación ilusoria. Pues en ese mismo instante, en ese mismo momento en el que "todo queda aclarado", aparece un listo, uno de esos que buscan, y pregunta...¿ Y quién hizo la fuente? Y el extraterreste se queda atónito, desencajado y responde... NO LO SE.
Así que vuelta a empezar, hay que descubrir esa fuente de dónde viene.. y la búsqueda nunca tiene fin, por que lo que nos sucede es que "tenemos un tic", que nos obliga a preguntar lo estúpido, lo que no nos llevará nunca a ningún lugar por que siempre habrá una pregunta más.
Pero a mi me da la sensación que para poder romper ese círculo vicioso, HAY QUE CAMBIAR LAS PREGUNTAS, y ponerlas en negativo.
La pregunta, ¿Quién soy yo? la cambiamos por ¿Quién NO soy? Y entonces aparecen las respuestas.
Y las respuestas siempre acaban en negativo hasta la disolución del individuo, pues es ahí donde radica la "experiencia" de uno mismo.
La pregunta, ¿De dónde venimos? bien valdría cambiarla por... ¿De dónde NO venimos?
No venimos del pasado ni del futuro. No venimos de las estrellas, por que de ser así, es algo que pasó y eso es inamovible. Sin embargo si prestamos atención a lo que sucede "aquí y ahora" nos daremos cuenta de que "ahora" venimos y "ahora" nos vamos. Es AHORA donde ocurre la única acción universal, en este instante, zas! Ahora bailan los átomos, los quantums, ahora se desprende esa energía creadora y ahora se destruye como un "on/off".
Buscar en algunas preguntas las respuestas del universo, nos puede llevar al progreso, la evolución social.
Pero para encontrar las respuestas a las preguntas de orden personal, traspersonal, espiritual y vital, debemos cambiar las preguntas y esperar que la respuesta no sea un discurso, algo teórico, sino una "experiencia".
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martes, 24 de septiembre de 2013
jueves, 24 de enero de 2013
De cómo los chapoteos de la mente no te dejan ver el fondo del lago.
Tomemos como ejemplo, un hermoso lago. En él hay peces chapoteando en el agua. En el fondo, donde ya no se puede bajar más, hay un tesoro de grandes dimensiones y muy valioso... posíblemente el tesoro más valioso del universo, o quizás es que el universo está dentro de ese tesoro.
Y las personas como yo, nos asomamos a ese lago, buscando el tesoro. Y por mucho que nos empeñemos no podemos vislumbrarlo por que los peces (las ideas) chapotean y chapotean y mueven las aguas del hermoso lago.
De este modo, como soy muy cabezota, busco aquí y allá para encontrar un método alternativo para poder ubicar exáctamente la situación del tesoro.
Encuentro un palo largo y lo inserto en el lago para remover el fondo... pero los peces (las ideas) se mueven más rápido, asustados por cómo muevo el palo. El palo (la imagen de mi) es una herramienta inútil para este caso. Me sirve de mucho normalmente, puedo utilizarlo para mover cosas, para "funcionar" en mi mundo y mi sociedad... realmente amo mi palo, y me preocupo de "alimentarlo" a diario, dándole grandes dosis de aceite (consumo, ilusiones, metas, proyectos) para poder seguir utilizándolo cuando lo necesite. Mi palo siempre está conmigo.
Pero en este caso no me sirve, incluso noto que altera más ese lago. Es un lago ansioso, por que los peces (las ideas) que chapotean sin cesar, con la maniobra del palo no han hecho más que empeorar la situación.
Ahora los peces saltan de un lado a otro, y me miran de "reojillo", como si supieran lo que intento... Es imposible ver el fondo del hermoso lago, para así poder visualizar el tan ansiado tesoro.
Pero entonces, como un impulso que viene del propio lago, que es tan hermoso que podría deslumbrar a alguien que no buscara tan desesperadamente un tesoro, me paro y me doy cuenta (descubrimiento) de que me estoy perdiendo la belleza del lugar. Ante la frustración de no poder rescatar el tesoro, me he estado perdiendo el paraje, y ese lago impresionante, que como en un cuento de magia, me deja totalmente embriagado con su belleza.
Entonces algo pasa, y es que los peces (las ideas) se han relajado un poco, así que me siento y me relajo...
Pasados unos minutos noto como mi respiración ha bajado su convulso movimiento y me quedo prendado de ella, intimando con ella... Poco a poco los peces (las ideas) han parado en su chapoteo febril, y ahora el lago, más hermoso que nunca, se abre a mi, como una mariposa abre sus alas, después de salir de su crisálida.
El fondo de ese lago está listo para que pueda recoger mi tesoro, pero he de decir que ya no me importa el tesoro que hay en él.
A veces con el palo y otras veces dejando que mi respiración "sea consciencia", es como la "vía media" aparece ante nosotros, para que busquemos o para que nos sentemos... pero el tesoro nunca está donde creemos.
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Y las personas como yo, nos asomamos a ese lago, buscando el tesoro. Y por mucho que nos empeñemos no podemos vislumbrarlo por que los peces (las ideas) chapotean y chapotean y mueven las aguas del hermoso lago.
De este modo, como soy muy cabezota, busco aquí y allá para encontrar un método alternativo para poder ubicar exáctamente la situación del tesoro.
Encuentro un palo largo y lo inserto en el lago para remover el fondo... pero los peces (las ideas) se mueven más rápido, asustados por cómo muevo el palo. El palo (la imagen de mi) es una herramienta inútil para este caso. Me sirve de mucho normalmente, puedo utilizarlo para mover cosas, para "funcionar" en mi mundo y mi sociedad... realmente amo mi palo, y me preocupo de "alimentarlo" a diario, dándole grandes dosis de aceite (consumo, ilusiones, metas, proyectos) para poder seguir utilizándolo cuando lo necesite. Mi palo siempre está conmigo.
Pero en este caso no me sirve, incluso noto que altera más ese lago. Es un lago ansioso, por que los peces (las ideas) que chapotean sin cesar, con la maniobra del palo no han hecho más que empeorar la situación.
Ahora los peces saltan de un lado a otro, y me miran de "reojillo", como si supieran lo que intento... Es imposible ver el fondo del hermoso lago, para así poder visualizar el tan ansiado tesoro.
Pero entonces, como un impulso que viene del propio lago, que es tan hermoso que podría deslumbrar a alguien que no buscara tan desesperadamente un tesoro, me paro y me doy cuenta (descubrimiento) de que me estoy perdiendo la belleza del lugar. Ante la frustración de no poder rescatar el tesoro, me he estado perdiendo el paraje, y ese lago impresionante, que como en un cuento de magia, me deja totalmente embriagado con su belleza.
Entonces algo pasa, y es que los peces (las ideas) se han relajado un poco, así que me siento y me relajo...
Pasados unos minutos noto como mi respiración ha bajado su convulso movimiento y me quedo prendado de ella, intimando con ella... Poco a poco los peces (las ideas) han parado en su chapoteo febril, y ahora el lago, más hermoso que nunca, se abre a mi, como una mariposa abre sus alas, después de salir de su crisálida.
El fondo de ese lago está listo para que pueda recoger mi tesoro, pero he de decir que ya no me importa el tesoro que hay en él.
A veces con el palo y otras veces dejando que mi respiración "sea consciencia", es como la "vía media" aparece ante nosotros, para que busquemos o para que nos sentemos... pero el tesoro nunca está donde creemos.
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martes, 15 de enero de 2013
De cómo abrí un libro y fue el libro el que me abrió a mi.
He de reconocer que desde joven he tenido ansiedad. Pensaba que podía ser causa de esto o aquello, ya sabéis, todos tenemos problemas y cada uno los "absorbe" a su modo.
Pero con el tiempo, me di cuenta que no era un tema totalmente conductual, sino que mi cuerpo generaba altos niveles de lactato, un compuesto químico que genera nuestro cuerpo y que en grandes cantidades "ayuda" al estrés y la ansiedad a manifestarse.
En el momento en que pasé por una librería y vi "El camino del zen" de Alan Watts en el escaparate, mis niveles de ansiedad habían llegado a su límite, provocándome temblores corporales y extrasístoles (arritmias cardíacas donde el corazón se para un pulso para volver a bombear muy fuertemente).
La primera vez que lo leí, no entendí nada en absoluto. No sabía muy bien de que iba eso del Budismo, y mucho menos el Zen. Así que volví a leerlo una segunda vez, pero esta vez intentando que mi mente fuera como la de aquél niño pequeño, mirando todo lo que le rodea, sin comparar nada de lo visto con lo que ya se sabe, sin clasificar nada, sólo leer y absorber.
Creo que tuve un "Satori". Como ya he dicho alguna vez más, digo "creo" por que no puedo compararlo con nada anterior, pues era mi primera y única vez así que siempre tendré esa pequeña duda. Un "Satori" es un repentino (o no tanto) descubrimiento espiritual, algo así como un "Eureka!".
La sensación era la de algo que siempre tuviste en la punta de la lengua y que al intentar nombrar, ésta se quedara paralizada, sin poder articular palabra alguna, ya que la palabra no podía expresar tal descubrimiento.
Muchas veces ha sido leído ya, el dichoso libro. Y muchas veces ha habido descubrimientos varios. Y muchas lecturas de otros trabajos del mismo autor, y de otros, han sucedido desde entonces. Y ya no tiemblo, ya mi corazón no bombea irregularmente, o si lo hace (cosa natural según me dijo el especialista) lo ignoro, no lo noto. Yo no digo que este libro me salvó de mi enfermedad, sería mucho decir. Tampoco digo que ya no sea un tipo ansioso, de hecho mi cuerpo sigue generando grandes cantidades de ácido láctico o lactato. Pero no tengo síntomas, normalmente.
Y después de algunos años, puedo decir que el libro me encontró a mi. También puedo decir que al abrir el libro, él me abre a mi, y deja airear mis entrañas, mis sentimientos, los desbloquea. Pero pasado el tiempo, sé que no es el libro quien lo hace, sino yo.
Quiero contaros lo que sucede cuando "lo descubres". Quiero compartir con vosotros mi descubrimiento.
Quedaos conmigo...
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Pero con el tiempo, me di cuenta que no era un tema totalmente conductual, sino que mi cuerpo generaba altos niveles de lactato, un compuesto químico que genera nuestro cuerpo y que en grandes cantidades "ayuda" al estrés y la ansiedad a manifestarse.
En el momento en que pasé por una librería y vi "El camino del zen" de Alan Watts en el escaparate, mis niveles de ansiedad habían llegado a su límite, provocándome temblores corporales y extrasístoles (arritmias cardíacas donde el corazón se para un pulso para volver a bombear muy fuertemente).
La primera vez que lo leí, no entendí nada en absoluto. No sabía muy bien de que iba eso del Budismo, y mucho menos el Zen. Así que volví a leerlo una segunda vez, pero esta vez intentando que mi mente fuera como la de aquél niño pequeño, mirando todo lo que le rodea, sin comparar nada de lo visto con lo que ya se sabe, sin clasificar nada, sólo leer y absorber.
Creo que tuve un "Satori". Como ya he dicho alguna vez más, digo "creo" por que no puedo compararlo con nada anterior, pues era mi primera y única vez así que siempre tendré esa pequeña duda. Un "Satori" es un repentino (o no tanto) descubrimiento espiritual, algo así como un "Eureka!".
La sensación era la de algo que siempre tuviste en la punta de la lengua y que al intentar nombrar, ésta se quedara paralizada, sin poder articular palabra alguna, ya que la palabra no podía expresar tal descubrimiento.
Muchas veces ha sido leído ya, el dichoso libro. Y muchas veces ha habido descubrimientos varios. Y muchas lecturas de otros trabajos del mismo autor, y de otros, han sucedido desde entonces. Y ya no tiemblo, ya mi corazón no bombea irregularmente, o si lo hace (cosa natural según me dijo el especialista) lo ignoro, no lo noto. Yo no digo que este libro me salvó de mi enfermedad, sería mucho decir. Tampoco digo que ya no sea un tipo ansioso, de hecho mi cuerpo sigue generando grandes cantidades de ácido láctico o lactato. Pero no tengo síntomas, normalmente.
Y después de algunos años, puedo decir que el libro me encontró a mi. También puedo decir que al abrir el libro, él me abre a mi, y deja airear mis entrañas, mis sentimientos, los desbloquea. Pero pasado el tiempo, sé que no es el libro quien lo hace, sino yo.
Quiero contaros lo que sucede cuando "lo descubres". Quiero compartir con vosotros mi descubrimiento.
Quedaos conmigo...
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