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viernes, 8 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del desapego.

Ayer perdí mi llavero. Era uno de esos llaveros que compras cuando visitas algún lugar y quieres que lo que ves y sientes permanezca en tus retinas y en tu memoria largo tiempo.
Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.


                       Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.


Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.

Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.

El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.

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viernes, 8 de febrero de 2013

De cómo Wu Wei no deja nada sin hacer.

Para finalizar esta primera etapa de entradas en las que he intentado acercar la forma de entender la espiritualidad en Oriente a los navegantes más o menos neófitos que han circulado por este lugar, he de hacer referencia a, quizás la palabra más emblemática a mi entender del Taoísmo y por ende, del Budismo Zen. Aunque la palabra Wu Wei es china, creo que sus significados pueden ser básicos para mantener un equilibrio en esta vida plagada de "sucesos" que nuestra mente aprecia como "cosas que nos suceden a nosotros".


Muy feliz era el ciempiés,
hasta que el sapo una vez
le dijo: "¿qué orden al andar siguen tus remos?"
lo cual forzó su mente a tal extremo
que, enloquecido, a una zanja fue a caer
mientras pensaba cómo hacer para correr.



Este maravilloso cuento, define perfectamente uno de los significados de Wu Wei.
Los occidentales lo hemos llamado "mente periférica" y es lo que te hace respirar sin el control de tu "yo".
Y también mueve el impulso de tu corazón sin el control de tu "yo".
Y si te paras un momento a pensarlo, resulta que tu "yo" no controla absolutamente nada de lo esencial en ti.
Sólo y únicamente por que tu "yo" es sólo una ilusión creada para separarte del resto de sucesos.
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Tengo en mi brazo derecho un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Nirvana".
Ya dijimos lo que significa, pero además para cualquier persona de este mundo, Nirvana es lo más (además de ser un grupo musical). Esta palabra nos lleva al éxtasis, al summun de lo más iluminado y Búdico del mundo. Es el máximo exponente de la iluminación Budista, aunque en realidad Nirvana te dice que ya no vas a volver a reencarnarte, según la tradición Hindú.

Y tengo en mi brazo izquierdo, un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Wu Wei".
Y en esta ocasión la interpretación es algo distinta, por que Wu Wei también puede traducirse como "ser tal", "nada especial". ·Este tatuaje me recuerda lo que es en realidad Nirvana... nada especial. Tengo un Yin y un Yang, uno en cada brazo, para recordarme el contrapeso, el equilibrio que no debo romper.



Es cierto amigos, tengo dos tatuajes a modo de "post-it" para recordarme a diario que soy un ser iluminado y que ser iluminado es algo "nada especial"....
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El tercer significado de Wu Wei, viene relacionado con la "no acción" que es la traducción más literal de la palabra. Muchas veces se ha confundido la "no acción" con el pasotismo, la "submisión Budista".
Pero no es nada de eso... Wu Wei se resuelve sólo. Hay momentos en la vida en los que no hay que hacer nada en absoluto, las cosas vienen y van y todo se resuelve de una forma u otra, y la intervención sólo puede acarrear roces, fricciones que no ayudan sino a generar el llamado "Karma".
No hacer nada es, en ocasiones lo único que se puede hacer, pero hay que tener intuición o una mente clara para entenderlo, para descubrirlo.
A veces es al revés. A veces la acción es la única forma de evolución, de solución de problemas, pero Wu Wei siempre intenta aprovechar la corriente, la fuerza del lado correcto y no ir a contra corriente. También podemos señalar que Wu Wei, no deja que la mente deambule en "el pensamiento del pensamiento". Pensar qué pensar, es lo contrario a Wu Wei. Planificar cómo vamos a planificar algo, es crear más fricción mental, más alimento para el "yo" ilusorio.
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Un apunte final... En esta nueva etapa del blog que empieza en el próxima entrada, las publicaciones deben espaciarse en el tiempo. Cinco publicaciones semanales han sido un esfuerzo muy grato pero imposible de mantener. Por favor, seguid conmigo... No os dejaré indiferentes.

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viernes, 25 de enero de 2013

De cómo una vez descubierto necesitamos comprobarlo.

Cuando descubrimos (y así lo sentimos) que la identificación de uno mismo se ha roto, nos sentimos de una forma muy extraña al principio. Es un camino sólo de ida, no hay vuelta atrás, "por que ya lo sabemos".
Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".

La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".


 La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».

Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:

- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente,    un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".

Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.

Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.


La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).

Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".

Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.

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viernes, 18 de enero de 2013

De cómo el Tao se esconde justo cuando lo buscamos.

En las raices del pensamiento chino subyace algo que nunca puede ser atrapado con el pensamiento. Este concepto sin clasificación aparece por primera vez hace cuatro mil años en un libro anónimo llamado "I Ching" y que se tradujo como "El libro de los cambios".
Dicho libro trata sobre adivinación, pero lo hace de un modo natural y poco esotérico, como si cualquier persona pudiera acceder a dicho conocimiento. En este escrito aparece por primera vez el nombre de TAO (Dao). También aparecen con asiduidad el Yin y el Yang, dos interpretaciones a las que luego Albert Einstein llamaría "Teoría de la relatividad".

Mucho tiempo después, en el siglo VI a.c, un sabio llamado Laozi (Lao Tsé) escribió un libro llamado "Tao Te Ching" (Dào dé Jing):

El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre inmutable.
La no existencia es el principio del cielo y de la tierra.
La existencia es la madre de todo lo que hay.

La cuestión es que las palabras en Sánscrito como en chino son de muy difícil traducción y pueden interpretarse de muchas maneras. Por eso al leer el texto completo, debemos tener la mente muy atenta para entender lo que Lao Tsé nos quiere decir. (lo encontrarás en Google fácilmente).



En estos escritos, Lao Tsé nos cuenta que hay algo (más un verbo que un sujeto) que no puede ser captado por la mente por que está más allá de ella. Cuando intentas captarlo, se esconde. Cuando intentas atrapar la idea, piensas en ello, o lo clasificas, se pierde entre las palabras y nunca puedes llegar a definirlo. Está fuera del pensamiento, así que ningún ser pensante puede hacer nada con ello. Sólo cuando la mente trasciende el pensamiento, es cuando el Tao puede sentirse, y está en todas partes, haciéndolo todo, de forma trasparente a nosotros.
Aunque no me gusta clasificarme, me considero más Taoísta que Budista, aunque ciértamente las dos filosofías encajan muy bien, enpástan perfectamente. Fijémonos cómo es muy similar la conducta del Tao con la que Visnhú nos proporciona en su sueño, donde nada queda por hacer pero de forma totalmente opaca, oscura a nuestro entendimiento.

Cuando el supuesto monje Budista llamado Bodhidharma, llegó a la china con el Budismo, las dos culturas se uinieron y apareció el "Chán". Un Budismo en el que las nobles verdades del Buda estaban muy presentes y el Tao también, formando perfecta armonía. De hecho, el Buda llamó al "Dharma o Dhamma" (el conjunto de procesos por los cuales el hombre se frustra y la forma de acabar con ella), la "via media"; un camino en que el ascetismo extremo quedaba atrás y el hedonismo también. También el Taoísmo y a consecuencia del Yin y el Yang, es una "via media", donde las clasificaciones de "bueno" y "malo" quedan atrás, y todo concepto mental es sólo una forma más de alimentar el "yo".

Así pues, se estaba formando una linea sucesoria desde el mismísimo Siddharta hasta Bodhidharma, que luego seguiría mucho más allá, incluso atravesando fronteras hacia Japón gracias a Eihei Dôgen, principal maestro Japonés que viajó a china para aprender el Chán. A su vuelta fundó la escuela Soto, y el Chán, por traducción japonesa, se convirtió en el Zen. Al no poder ser explicado, el Zen se impregnó de las artes japonesas, y dió lugar a los Haikus, los Sumi-e, los jardines, decoración y toda la estética "vacía" del Zen con la modernidad y arte plástica japonesa.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...