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martes, 28 de enero de 2014

Todos estamos despiertos.

En el Budismo, el tema del despertar es un denominador común en todas las escuelas o tradiciones pues es en definitiva lo que ocurre cuando se realiza la solución que propone Siddharta, convertido ya en un Buda, para que la rueda del Samsára cese su girar y los seres dejen a un lado su frustración.

Todo individuo que está frustrado -o que es ignorante de esa frustración- puede practicar dicha solución, permanecer con la mente en la vía media, con ecuanimidad y paz, practicando la plena atención en todas las situaciones sin llegar a la obsesión (por eso se llama vía media), y conseguirá el ansiado despertar, el Nirvana o fin de las reencarnaciones. En el Budismo Zen el concepto queda más centrado en el "ahora" y se le llama Satori.

Pero el despertar es un fin que hay que alcanzar, un camino que hay que seguir para terminar con la frustración, y eso compite con la vía media y se llega a una paradoja, la paradoja a la que todo practicante llega. ¿Cómo podemos aceptar que buscamos el despertar, cuando no hay "nada que buscar"?



Pero yo me hago una pregunta que cambia este panorama complejo, y facilita la práctica y a su vez su comprensión. ¿Y si todos estamos ya despiertos?
Pensádlo bien, por que a mi me parece la misma locura separar en pequeños trozos las ideas, al mundo, a nosotros mismos, a nosotros y los demás, que separar a los despiertos de los que no lo están.

¿Por qué voy yo a estar más despierto que mi vecino? ¿Sólo por que yo me siento en Zazén y mi vecino no?

Creo que cometemos siempre el mismo error de base y acabamos separando, porque forma parte de nuestra naturaleza.
Y debemos aceptarlo, hay una parte "separadora" que está insertada en nosotros, sucesos existenciales, que nos obliga a partirlo todo en "clases" y ponerlo en cajones mentales. Y está bien, lo acepto.
Y aceptando esta idea - no es más que una idea - puedo aceptar perfectamente que cada vez que me siento en Zazén me ilumino, despierto. Cuando presto atención a mi respiración y el observador y lo observado dejan de "ser", hay despertar en ello. Pero también he de aceptar que mi vecino, que se levanta temprano a diario y al cual le pasa desapercibido el amanecer, algo que no debería pasar desapercibido para nadie que esté en sus cabales, por que cada día hay uno y cada día es diferente, hermoso y totalmente insuperable, tiene sus momentos despiertos, donde todo lo ve un poco más claro, cuando abraza a su nieto por primera vez, cuando ha estado al borde de la muerte o cuando, simplemente escucha una canción "que le revuelve por dentro".

¿Qué diferencia podría haber en todo esto, si todos somos "el suceso"?

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martes, 18 de junio de 2013

Quietamente sentado, sin hacer nada.

Una de las mejores cosas que alguien puede hacer es sentarse, simplemente por el hecho de sentarse y no hacer nada. Y cuando digo a no hacer nada, no me refiero a divagar con lo que tengo que hacer dentro de un rato, si estoy bien sentado o que calor hace.
Me refiero a no hacer absolutamente nada. Eso es algo complicado de hacer por que hay cosas que se siguen haciendo aunque no queramos, como por ejemplo respirar.
No hay ningún caso de suicidio en toda la historia de mundo, que tenga como protagonista a un señor que quedó fulminado simplemente por aguantar la respiración. De hecho, no se puede.
Y yo me pregunto que fuerza natural obliga a un cuerpo a seguir respirando aunque el dueño del propio cuerpo no quiera. La respuesta es muy sencilla, pues nosotros no somos los dueños de nuestro cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo. Y siendo nuestro cuerpo parece ser que en el fondo no queremos hacerlo. Sólo que a un nivel superficial, una capa de entendimiento especial, consciente de lo que ocurre por comparación y división, piensa que nosotros estamos en un punto mental entre los ojos y manejamos nuestro cuerpo y todo a nuestro alrededor. Y esa pequeña consciencia separadora, no se explica cómo no podemos caer redondos simplemente dejando de respirar.


Así pues tenemos que lo que un sacerdote diría que es Dios que no te deja morir, algunos pensamos que es simplemente nuestra verdadera naturaleza que se encarga de mover nuestros pulmones y  nuestro corazón, la que se encarga de sobrevivir en esta experiencia vital hasta que ella misma decide que ya se acabó y entonces caemos muertos. Y la decisión se toma de forma no-mental, inteligente y tomando en cuenta todas las formas posibles de combinaciones mentales (salud, tipo de vida, accidente causal) y no mentales (estas no las sabemos).

Bien, llegados a este punto podemos decir que no tenemos ningún control sobre nuestra vida (respiración incluida) y nuestra muerte (no-respiración incluida).
Y desde este punto de vista, nos sentamos a no hacer nada. Seguimos respirando y nuestro corazón sigue impulsando sangre a todo el cuerpo. Y en esta postura en la que nuestro estado se hace completamente transparente al mundo de los sucesos, accedemos a un estado llamado Samadhi.
Y aquí sentado sin hacer nada en absoluto, no sucede nada. Por que fuera de las cosas que ocurren en la mente no sucede nada en absoluto. Y dicho estado no puede ser explicado, solo se puede experimentar.

Cuando hemos acabado de "no hacer nada en absoluto", nos damos cuenta del placer que supone prestar atención a la respiración, por que sientes que todo funciona a la perfección. Y del placer que supone prestar atención a tus pensamientos, que vienen y van, y sólo son pensamientos. Sólo son algo ilusorio, creado por nuestra mente. Y en el estado de Samsára de nuevo, nos damos cuenta de lo maravilloso de los dos mundos.
Es mi estado de consciencia el que me dice que me siente a no hacer nada, es mi estado de inconsciencia el que me dice que me levante a "saborear" la experiencia de no hacer nada, por que mientras estamos en ese estado no podemos apreciar lo que sólo puede ser apreciado cuando se filtra por la mente.
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sábado, 4 de mayo de 2013

De vuelta a la naturaleza del Buda.

En una guerra, una batalla o una elección, siempre has de dejar algo por el camino. Una pérdida, una baja.
A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.

Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.

Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...



Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...

Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.

El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.

En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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viernes, 19 de abril de 2013

Inbatibilidad, ganar o perder no es la cuestión.

Las batallas más duras, son las que se hacen contra uno mismo. Hay tiempos para la armonía y otros para la superflua alegría de un "yo domesticado" y que acaban en caos y frustración a lo largo del tiempo.
Después de un oscuro momento de introspección, parece que se han definido "dos inexistentes bandos" a cada lado de mi ser, y quieren competir mientras "el vacío que soy" observa impávido, sin tomar cartas en el asunto, sabiendo cual es el fin de esta contienda en la que van a enfrentarse los dos ejércitos más temibles para un ser humano: su imagen de si mismo y su mente pura o búdica.
El campo de batalla es "la dualidad" y todos, absolutamente todas las personas de este mundo, si son realmente "claras" consigo mismas, tienen esta lucha infinidad de veces a lo largo de su vida.


La cuestión del tema que nos ocupa hoy es aclarar varios conceptos que no se definen con exactitud, a mi entender, por los practicantes occidentales que han adoptado la orientalidad a su forma de pensar y han creado una imagen de determinadas palabras que, lejos de orientar, han alejado al practicante de importantes ideas básicas.
Una de estas palabras es "Dukkha". Si examinamos una enciclopedia adecuada o la wikipedia, os encontraréis con que tiene cantidad de significados, pero muchos de ellos nos alejan del pensamiento "correcto". Siempre se acaba traduciendo esta palabra de forma global como "sufrimiento", cuando creo que según mis pensamientos (y los de otros), es la peor traducción a la que se puede aplicar tal palabra. Yo creo que Dukkha debería estar traducida de forma general por "frustración", puesto que el sufrimiento es algo que viene con la misma vida, algo natural que no debemos rechazar, pues cuando hay un nacimiento, cuando un niño sale al mundo a "hacerse consciencia", tanto la proveedora como el nacido, "sufren" de forma mística y mágica el resultado natural de la consciencia universal.

Así pues, creo que si basamos nuestra práctica en una correcta traducción de las palabras, podremos encontrar mejor el "camino sutil" que nos lleve, a ese campo de batalla, donde la lucha aparece totalmente espontánea, sin fin ni pretensión, como forma natural de trascendencia vital.

Y en un lado esa imagen de mi mismo persiste, y del otro lado, la imagen búdica y pura guiña un ojo, como dando la "pista" de que todo es un juego y donde siempre hay un ganador.... y siempre es el mismo ganador... y no soy "yo". Quizás sea "eso"...

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miércoles, 6 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del "otro".

Mientras estaba con el coche, esperando que el semáforo se pusiera en verde para ir a trabajar, he observado a un coche que tenía un perro de la raza "husky siberiano" en su parte de atrás, con la ventana abierta y mirando todo lo que sucedía con esos hermosos ojos azules, que dan miedo si te quedas mirando mucho rato.
Y me he quedado un rato, por que ese semáforo es más bien tardío, muy interesado estudiando al perro, cómo movía su hocico por todas direcciones, captando los olores. Y miraba hacia arriba, al edificio que tenía enfrente y entonces mi mente inquieta ha empezado a elucubrar...

Estoy seguro que este perro no sabe quién es, ni por qué esta en un coche, objeto que tampoco puede saber qué es, salvo que se mueve a algunas partes mientras el amo está delante. Y tampoco sabe que esa enorme mole edificada que está mirando es un edificio. Y que posiblemente él vive en uno igual, además justo enfrente, por que cuando el semáforo cambió a verde, el coche entro justo al lado, en un garaje parte del edificio de enfrente de donde el perro miraba.

Y sin embargo, sin saber nada de esto, este precioso perro sabe qué está cocinando el vecino del quinto, cómo huelen todos y cada uno de los miembros de su familia y del vecindario y sabe distinguirlos perfectamente, y puede ver con rapidez, dentro de ese coche con la ventana bajada, como un perrito pasea con el amo por la acera de enfrente.



Ciertamente el perro vibra, a una frecuencia muy distinta que la mía. Yo sé qué es un coche y un edificio, pero no se qué cocina el vecino del quinto. Tampoco puedo distinguir por el olor a los vecinos de mi finca, pero sé cómo se llaman. Son frecuencias diferentes, pero vibran.

Y esa consciencia vibratoria a la que le pongo un adjetivo, "yo" es muy diferente a la vibración consciente del perro, que no define de ningún modo la acción que ocurre. Pero sin poder saber lo que significa ser perro, por que cuando lo sea, no me acordaré de que fui humano, puedo empatizar con él, intentando descifrar cómo toma consciencia con sus sentidos de lo que acontece.

Y lo que acontece para él, es un instante de olores, visión, sentidos agudizados por el ruido de los motores, del trepidar de la calle y sus gentes, de su propia respiración y su sensación alerta... y eso es lo que "es".

Y lo que acontece en mi, es un instante de ideas de lo que pasó ayer cuando pasé por allí, de la idea de lo que me espera cuando llegue al trabajo, la consciencia sensitiva de mi coche y su manejo, del coche del dueño de aquel perro, de cómo miraba hacia arriba moviendo su hocico...

¿Qué diferencia, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Es posible que no haya ninguna, salvo que vibramos en este universo en diferentes frecuencias, y que ahora mientras escribo, mis ideas van y vienen... y ese perro estará siendo consciente de su propio descanso o de su propio acontecer.

¿Y qué parecido, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Que los dos, somos "el centro del universo". Que los dos, somos un acontecimiento, un suceso.

Y somos impermanentes.

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martes, 5 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del "yo".

Como podréis comprobar, este blog trata siempre de lo mismo. No hace más que darle vueltas al asunto tratando de cambiar unas palabras por otras, a fin de hacerte despertar de la enajenación a la que estás sometid@, estamos sometid@s.

Y siempre volvemos al mismo punto de partida, el fondo de la cuestión, lo que hace que sigas leyendo una y otra vez, o por el contrario abandones la lectura de este blog u otros similares para adentrarte en los cuentos de hadas, los ángeles y  arcángeles, energías de luz que nos iluminan a todos y alegrías perpetuas que nos llegan al corazón, abandonando así la realidad del mundo. Y el mundo es frustración. Pero nadie habla de la frustración. Las palabras de Siddharta, el Buda histórico resuenan en las redes sociales, pero sólo las elegidas por los "iluminados", las que te dicen que hay un futuro mejor, que tú puedes conseguirlo, mientras las personas son deshauciadas y puestas de patitas en la calle por gente que no puede ni imaginar qué es eso.
Y no quiero redundar en el pesimismo, pues el Budismo Zen no es pesimista, pero tampoco quiere transmitir una idea de "felicidad completa" cuando la vida de la gente, lo que han construido, se desmorona como una pared de ladrillos mal construida... jústamente así, una multitud de ladrillos, ahora muertos, inmóviles, sin nadie que los habite....



Considero que el Budismo Zen del día a día, es una esperanza para todos aquellos que acaban en la calle, sin hogar, deshauciados sin comerlo ni beberlo y con el odio hacia los que les han hecho eso. Y digo que es una esperaza, por que la mayor proeza que un hombre puede hacer, es descubrir que lo que le sucede no es una consecuencia de lo que le han hecho. Es cierto, lo que nos sucede particularmente a todos y a cada uno de nosotros, es sólo una cuestión de consciencia.

A ti te ha tocado ser el deshauciado.
A ti te ha tocado ser el maltratado.
A ti te ha tocado ser el deshauciador.
A ti te ha tocado ser el maltratador.

Por que sin esas cosas, sin TODAS, no habría una totalidad. Y sin esa totalidad, cómo es posible que hubiera una individualidad?
Qué crees que eres?
- Soy una buena persona. Pero eso es lo crees que los demás piensan sobre ti.
- Soy Jaime. Pero ese es un nombre que te pusieron al nacer.
- Soy elegante, distinguido, educado.... Pero eso es lo que algunas personas de esta sociedad piensan sobre ti.
Y podríamos seguir así hasta el final de los tiempos. Pero... ¿Qué somos realmente? ¿Quiénes sómos?
Pues podría decirte que nos definimos como un "yo", un centro. El centro de consciencia más grande del universo, más que el Sol.
Mi "yo" es lo más importante, es lo único. Es que sin mi "yo" no soy nadie. NADIE.
Y ahí está el problema, el miedo a no ser nadie...



Pues os voy a decir que no ser nadie es la cosa más fantástica que he podido descubrir en esta vida.
Claro que os preguntáis que si me ha dado un parraque, que si estoy loco. Pero descubrir que "yo" es sólo un movimiento en mi cabeza, una idea, me ha liberado de tener que "mantener" el estatus apropiado a mi "yo".
¿Y si no soy "yo", quién soy? Pero esa pregunta no tiene sentido, te lleva siempre al mismo sitio. HAY QUE CAMBIAR LAS PREGUNTAS.
¿Qué o quién soy, aceptando que "yo" es sólo una idea?
Pues la respuesta es la siguiente: NO ES LO QUE ERES, ES LO QUE NO ERES.
y... ¿Qué significa esto?
Pues significa que lo que eres es algo que nunca vas a poder contestarte, por que el ser humano, creador de las palabras y el léxico, creador del "pensamiento", no puede pretender definirse a si mismo.
La ley física dice que el "clasificador" no puede "clasificarse" a si mismo. El sujeto no puede ser objeto de su propia observación. Así que NO VAS A PODER DEFINIRTE NUNCA.
Pero si puedes definir lo que NO ERES, lo que te va a llevar por eliminacón, a liberarte de tu propio yugo definitorio.

Y no eres un "yo".
Y no eres un objeto.
Y no eres un sujeto.
Y no eres el observador.
Y no eres el observado.
Y no eres tu clasificación.
Y no eres el centro.
Y no eres la periferia.
Y no eres un centro de energía.

Y de nuevo, podríamos seguir y seguir hasta el final de los tiempos...
Entonces, tampoco puedo "clasificarme no clasificándome". Tampoco puedes. Si crees que el final de esta entrada es el "truco" para acabar clasificándote, para poder definir quién eres, estás muy equivocado.
Esta entrada tiene como fin decirte que la "no clasificación" no lleva a la calsificación. Lleva a la nada, al "nadie". Y resulta que puedes comer y beber, salir a trabajar o a la cola del paro, si ser nadie. Y siendo nadie,  no nos sentimos dolidos por nuestro orgullo, aceptamos las cosas como son y las que podemos cambiar las cambiamos para que nos beneficien. y no hay diferencia alguna entre "soy" y "no soy". Bueno, hay una diferencia, que habiendo averiguado que "no hay yo", podemos sentarnos a comprobarlo.
Y esa comprobación, que puede ser sentado o de pie, trabajando o comiendo, es la única forma de sentir la totalidad de los sucesos que acontecen, puesto que sin un "yo" que te llene de ideas la mente, estando ésta despejada, puedes comprobarlo íntimamente.
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viernes, 8 de febrero de 2013

De cómo Wu Wei no deja nada sin hacer.

Para finalizar esta primera etapa de entradas en las que he intentado acercar la forma de entender la espiritualidad en Oriente a los navegantes más o menos neófitos que han circulado por este lugar, he de hacer referencia a, quizás la palabra más emblemática a mi entender del Taoísmo y por ende, del Budismo Zen. Aunque la palabra Wu Wei es china, creo que sus significados pueden ser básicos para mantener un equilibrio en esta vida plagada de "sucesos" que nuestra mente aprecia como "cosas que nos suceden a nosotros".


Muy feliz era el ciempiés,
hasta que el sapo una vez
le dijo: "¿qué orden al andar siguen tus remos?"
lo cual forzó su mente a tal extremo
que, enloquecido, a una zanja fue a caer
mientras pensaba cómo hacer para correr.



Este maravilloso cuento, define perfectamente uno de los significados de Wu Wei.
Los occidentales lo hemos llamado "mente periférica" y es lo que te hace respirar sin el control de tu "yo".
Y también mueve el impulso de tu corazón sin el control de tu "yo".
Y si te paras un momento a pensarlo, resulta que tu "yo" no controla absolutamente nada de lo esencial en ti.
Sólo y únicamente por que tu "yo" es sólo una ilusión creada para separarte del resto de sucesos.
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Tengo en mi brazo derecho un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Nirvana".
Ya dijimos lo que significa, pero además para cualquier persona de este mundo, Nirvana es lo más (además de ser un grupo musical). Esta palabra nos lleva al éxtasis, al summun de lo más iluminado y Búdico del mundo. Es el máximo exponente de la iluminación Budista, aunque en realidad Nirvana te dice que ya no vas a volver a reencarnarte, según la tradición Hindú.

Y tengo en mi brazo izquierdo, un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Wu Wei".
Y en esta ocasión la interpretación es algo distinta, por que Wu Wei también puede traducirse como "ser tal", "nada especial". ·Este tatuaje me recuerda lo que es en realidad Nirvana... nada especial. Tengo un Yin y un Yang, uno en cada brazo, para recordarme el contrapeso, el equilibrio que no debo romper.



Es cierto amigos, tengo dos tatuajes a modo de "post-it" para recordarme a diario que soy un ser iluminado y que ser iluminado es algo "nada especial"....
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El tercer significado de Wu Wei, viene relacionado con la "no acción" que es la traducción más literal de la palabra. Muchas veces se ha confundido la "no acción" con el pasotismo, la "submisión Budista".
Pero no es nada de eso... Wu Wei se resuelve sólo. Hay momentos en la vida en los que no hay que hacer nada en absoluto, las cosas vienen y van y todo se resuelve de una forma u otra, y la intervención sólo puede acarrear roces, fricciones que no ayudan sino a generar el llamado "Karma".
No hacer nada es, en ocasiones lo único que se puede hacer, pero hay que tener intuición o una mente clara para entenderlo, para descubrirlo.
A veces es al revés. A veces la acción es la única forma de evolución, de solución de problemas, pero Wu Wei siempre intenta aprovechar la corriente, la fuerza del lado correcto y no ir a contra corriente. También podemos señalar que Wu Wei, no deja que la mente deambule en "el pensamiento del pensamiento". Pensar qué pensar, es lo contrario a Wu Wei. Planificar cómo vamos a planificar algo, es crear más fricción mental, más alimento para el "yo" ilusorio.
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Un apunte final... En esta nueva etapa del blog que empieza en el próxima entrada, las publicaciones deben espaciarse en el tiempo. Cinco publicaciones semanales han sido un esfuerzo muy grato pero imposible de mantener. Por favor, seguid conmigo... No os dejaré indiferentes.

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jueves, 7 de febrero de 2013

De cómo hacer Zazen y así averiguar cual es tu postura vital.

La postura de Zazen es una postura muy compleja si se quiere realizar correctamente, y sin un maestro es muy difícil que llegues a sentarte totalmente correcto, pero si la vida no nos ofrece uno, la práctica va construyendo tu postura, y según tu evolución conductual y de forma irremediable, nuestra postura va variando y transformándose en la postura "del Buda".

Lo mas importante es que las rodillas toquen el suelo y se reafirmen en el. Debes notar que estas "enraizado" en el suelo. Para que las rodillas no sufran deben doblarse completamente. Si eres un principiante o no tan principiante la postura mas adecuada será el medio loto. Así que la pierna izquierda es la primera en ser doblada de forma que toque con el talón el cojín o Zafu. La derecha se sube doblando bien hasta la ingle y se baja la rodilla. El Zafu queda atrás y el ángulo de inclinación que te otorga el cojín es el ideal para que las dos rodillas queden bien aposentadas. Un video del maestro Kosen os facilitará la cuestión:



 Los hombros pesan sin estar inclinados adelante ni hacia atrás. El mentón recogido y la nuca quiere tocar el cielo. La lengua toca el paladar. Los ojos miran a un metro de distancia, en ángulo. Están medio cerrados o cerrados del todo. La mano derecha abajo y la izquierda arriba en Mudra. Los dedos pulgares se tocan sutilmente.



La barriga relajada, la respiración va sola, aunque la espiración se puede alargar un poco. El aire en la espiración viaja hacia el ombligo. Intimamos con la respiración, centramos toda nuestra atención en ella, sin descuidar la postura. Luego, todo es un acontecer. La respiración es un acontecer, una voz a lo lejos es un acontecer... Las ideas van y vienen y son un acontecer. Las dejamos pasar, sin involucrarnos, como la voz a lo lejos o la respiración. Son todo un acontecer. Y ya no se puede decir mucho mas, por que uno deja de "ser". Ya no hay observador, ni acontecer, ni observado. No hay nada.

Os dejo un vídeo maravilloso, donde este maestro, Reitai Lemort, nos indica el medio loto y el loto completo. Parece muy fácil, pero se ha de practicar mucho. Soy de la opinión que no solo se ha de practicar físicamente, sino que cuando tus acciones, tu conducta, son las de tu naturaleza original, las de un Buda, la posición se hace cada vez mas presente. Así lo explica el maestro, no os perdáis detalle pues además os ayudará a no haceros daño.


Y recordad que Zazen se puede empezar desde el principio, pero yo personalmente recomiendo empezar la meditación en una silla, como comenté en una entrada anterior.

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miércoles, 6 de febrero de 2013

De cómo antes de agarrarse al Zen hay que soltarse.

Una de las paradojas de esta práctica es que no debe haber un fin para alcanzar nada, por que lo que queremos alcanzar es el fin del asisamiento, del agarre. Y uno no puede querer alcanzar el fin de "los agarres mentales" agarrándose al Zen. Veis la paradoja?

Así que uno debe sentarse por que ya se ha dado cuenta de la inutilidad de agarrarse, se debe ser consciente de que todo lo que sucede dentro de esa cabeza, es un suceso y no todos los sucesos. Uno debe tener la certeza de que los sucesos, el suceso, es algo que ocurre fuera de nuestra mente y no dentro de ella, y que nuestro impulso mental es sólo un acontecimiento más. Y quiero ir más allá, diciendo que hasta que nuestros "problemas de conducta" que además afectan por completo a nuestra vida diaria y nos "marcan" no quedan resueltos, no debemos sentarnos.


Y muchas personas se sientan para resolver esos conflictos, utilizan como herramienta el Zazen para conseguir sus propósitos. Es cierto que Zazen y cualquier práctica meditativa reestructura tu conducta mental, te ayuda a empatizar. Pero los problemas graves que tengas en tu vida, que necesiten de una solución, el zazen no lo solucionará.
Si hay en tu vida espinas clavadas debes desclavarlas. Hay un dicho que dice:

"Con frecuencia se dice que aferrarse a sí mismo es como tener una espina clavada en la piel y que el budismo es una espina para sacar la primera, pero si éste se convierte en otro método de aferrarse a sí mismo mediante la búsqueda de una seguridad espiritual, las dos espinas se convierten en una, y entonces ¿cómo se las va a extraer?"

Ésta es ,en definitiva, una de las enseñanzas no sólo en el Zen sino en cualquier psicoterapia que se precie de solucionar problemas de conducta.
Así pues, claramente tenemos problemas a diario y siempre nos surgen nuevos, que hay que ir resolviendo. Pero hay algo, siempre hay algo... Esa espina que tu mente dictamina que "te ha fabricado". Ese terrible hecho que te hace sentir totalmente perdido, siendo víctima de sus circunstancias y que además te marca cualquier acción futura... 
Resuélvelo navegante. 
Luego, nos sentaremos a ver lo que sucede...

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viernes, 1 de febrero de 2013

De cómo para verlo bien, has de subir al tejado.

Sabemos que para tomar consciencia de algo, o de varias cosas, debemos tomar distancia. Pero decirlo es algo sencillo, y hacerlo se nos hace completamente imposible cuando nos vemos invadidos de pena, desesperanza, o lo que podríamos generalizar como "frustración" que es una palabra que define perfectamente la idea.

¿Y cómo podemos hacerlo, saliendo triunfantes y no caer en un vano intento?

Pues la palabra que define perfectamente al "alter ego" de la frustración, es "la compasión".
Pero la compasión como la entendemos normalmente no sirve. No es una cuestión de pena ni de lástima por alguien. La compasión Budista va mucho más allá de todo eso. Es en definitiva, la toma de distancia del sentimiento. El desapego de éste, para poder observarlo, como si de un objeto se tratara, como si pusiéramos bajo la óptica de un microscopio los sentimientos sean negativos o positivos, no hay diferencia alguna. Pues imbuirnos de los pensamientos positivos significa llegar al mismo sitio, a la frustración, cuando éstos cambian. Y todo cambia, así que cuando algo empieza a ir bien, es que está llegando el " ir mal" y vice-versa.

Así pues, observar con distancia la cuestión que nos oprime y ver sus imperfecciones, sus aristas, desde un punto de vista didáctico, nos va a servir para despegarnos del sentimiento y así poder sacar nuestras conclusiones mucho más eficientemente que si cegados por el dolor nos acostamos en un sillón, a "sentir" la sensación de pena que te embarga. Al fin y al cabo podríamos definir esto como "apego" a la pena, pues acabamos sintiendo una especie de "comodidad" -y quisiera que no se mal interpretaran mis palabras- que no te deja "escapar" de la idea. Es como cuando estamos con una ligera fiebre, producto de un catarro y en vez de levantarnos y mover el cuerpo, con lo que encontramos un poco de mejoría en los síntomas, nos acurrucamos con la manta y queremos que el mundo se pare. Para cuando nos queremos dar cuenta, el catarro nos ha invadido completamente.

Esta compasión a la que aludo, este sentimiento despegado que te hace mirar tus "sentires" y también los de los demás, no solo ayudan a "escapar" sino que resuelven lo "resolvible". Por supuesto, como dice Confucio, lo que no tiene solución no es un problema, es otra cosa diferente.

Y se que diréis que hablar es muy sencillo, que a ti o a ti os han pasado unas cosas que yo no he pasado, y tenéis razón. Lo sé por que a todos y cada uno de los navegantes les pasan cosas y son cada una de ella muy diferentes. Y si subimos un poco más la altura de la visión y nos vamos al tejado de nuestra casa a ver "el entorno" comprenderéis que a veces, mientras una persona está pasando "la fiebre" en el sofá de su casa, a Jimmy como le llaman sus compañeros, que podría tener uno o dos años más de vida por la hambruna que azota la vida de los niños en Zimbawe, le va a suceder en este mismo instante que una mina anitipersona le deje postrado en una cama, con lo que no pueda correr, cuando los soldados que recogen los "diamantes de sangre" vayan a su pueblo. Veis? sólo había que aumentar la distancia.

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viernes, 25 de enero de 2013

De cómo una vez descubierto necesitamos comprobarlo.

Cuando descubrimos (y así lo sentimos) que la identificación de uno mismo se ha roto, nos sentimos de una forma muy extraña al principio. Es un camino sólo de ida, no hay vuelta atrás, "por que ya lo sabemos".
Entonces, de forma espontánea aparece la motivación para decidir que vamos a sentarnos a contar nuestras respiraciones, para así acallar nuestra mente de ideas y "ver qué pasa".

La verdad es que hay muchas formas de silenciarnos por dentro, no sólo sentarse. Y a todas ellas las podemos llamar "Yoga".


 La palabra española «yoga» proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush (yuj en AITS): ‘colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc.’. El verbo iush es la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos «yugo» y «conyugal».

Toda meditación, ya sea del tipo mental o de movimiento (como se conoce al yoga habitualmente) e incluso la práctica diaria de "hacer una cosa por vez sea cual sea", es en definitiva lo mismo. Se trata de centrar nuestra mente en una sola cosa (y no en blanco como se sugiere por ahí, eso es imposible). Cuando esto ocurre, que es mucho tiempo después de haber empezado con la práctica, suceden varias cosas:

- La mente genera ondas Alfa.
- El cuerpo reduce el nivel de Lactato.
- La conducta se reestructura.
- Somos más productivos, obtenemos capacidad de concentración.
- Por algún motivo inexplicable atrapas las moscas con la mano casi siempre (no matar, por favor)
. Acabas la sesión y regresas al mundo del "yo" (Samsára o el mundo de Maya) con una sensación diferente,    un amor incondicional por todo ser o suceso pero en distancia... Aparece "la compasión".

Hablaremos de todo ello, por supuesto, pero en esta entrada lo que me interesa es escribir sobre cómo la meditación es la comprobación "empírica" de algo que no puede ser explicado o contado por que trasciende la mente y las palabras.

Y todo ello debe ocurrir de forma natural, espontánea y no forzada. Es cierto que la meditación sedente o Zazén duelen a morir, pero es un dolor que se lleva consigo después, pues en el momento de la realización no hay dolor, no hay nada.
Nada puede ser dolido por que no hay sujeto ni objeto.
No hay causa del dolor ni doliente.
Al no haber un "yo"concreto, pues la mente deja de actuar. En caso de actuación, cosa que ocurre continuamente, las ideas pasan, no hay retención por que no hay "yo" que retenga, por lo que sólo hay atención. Y como intento explicarlo, estoy clasificando algo que no puede ser clasificado, así que estoy alejándome de ello.


La práctica de la meditación, según mi forma de verlo, debe hacerse cuando apetece y surge de forma espontánea. Uno va equilibrando los tiempos según su naturaleza o cómo se encuentre. Los monjes ensalzan demasiado esta práctica hasta el punto que aluden que el Zen es Zazén. Yo creo que la práctica se puede llevar más allá, en todos los momentos del día y no necesariamente sentado. La perseverancia es una de las frases favoritas de algunos Budistas Zen, pero yo no lo comparto. No me resulta nada agradable dicha palabra. Me gusta más, dedicación.
La dedicación por Zazen u otra forma de meditación debe llevarte a un "camino medio" entre la práctica nula y la sobre-práctica de algunos. Y cada uno debe valorarlo individualmente, pero de forma espontánea y sin pensamientos de si será mejor meditar más o menos. El cuerpo te lo pide (la mente lo rechaza de algún modo, pues no quiere ser dominada).

Asímismo, el tiempo que dura nuestro Zazen puede variar dependiendo de nuestra "vida social". Aconsejo unos diez minutos para empezar y una media de unos cuarenta, una vez has adquirido "destreza".

Hablaremos de cómo meditar más adelante, también de el hecho de "consciencia" y de apreciaciones que considero muy interesantes, o por lo menos entretenidas.

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jueves, 24 de enero de 2013

De cómo los chapoteos de la mente no te dejan ver el fondo del lago.

Tomemos como ejemplo, un hermoso lago. En él hay peces chapoteando en el agua. En el fondo, donde ya no se puede bajar más, hay un tesoro de grandes dimensiones y muy valioso... posíblemente el tesoro más valioso del universo, o quizás es que el universo está dentro de ese tesoro.



Y las personas como yo, nos asomamos a ese lago, buscando el tesoro. Y por mucho que nos empeñemos no podemos vislumbrarlo por que los peces (las ideas) chapotean y chapotean y mueven las aguas del hermoso lago.
De este modo, como soy muy cabezota, busco aquí y allá para encontrar un método alternativo para poder ubicar exáctamente la situación del tesoro.

Encuentro un palo largo y lo inserto en el lago para remover el fondo... pero los peces (las ideas) se mueven  más rápido, asustados por cómo muevo el palo. El palo (la imagen de mi) es una herramienta inútil para este caso. Me sirve de mucho normalmente, puedo utilizarlo para mover cosas, para "funcionar" en mi mundo y mi sociedad... realmente amo mi palo, y me preocupo de "alimentarlo" a diario, dándole grandes dosis de aceite (consumo, ilusiones, metas, proyectos) para poder seguir utilizándolo cuando lo necesite. Mi palo siempre está conmigo.

Pero en este caso no me sirve, incluso noto que altera más ese lago. Es un lago ansioso, por que los peces (las ideas) que chapotean sin cesar, con la maniobra del palo no han hecho más que empeorar la situación.

Ahora los peces saltan de un lado a otro, y me miran de "reojillo", como si supieran lo que intento... Es imposible ver el fondo del hermoso lago, para así poder visualizar el tan ansiado tesoro.


Pero entonces, como un impulso que viene del propio lago, que es tan hermoso que podría deslumbrar a alguien que no buscara tan desesperadamente un tesoro, me paro y me doy cuenta (descubrimiento) de que me estoy perdiendo la belleza del lugar. Ante la frustración de no poder rescatar el tesoro, me he estado perdiendo el paraje, y ese lago impresionante, que como en un cuento de magia, me deja totalmente embriagado con su belleza.

Entonces algo pasa, y es que los peces (las ideas) se han relajado un poco, así que me siento y me relajo...
Pasados unos minutos noto como mi respiración ha bajado su convulso movimiento y me quedo prendado de ella, intimando con ella... Poco a poco los peces (las ideas) han parado en su chapoteo febril, y ahora el lago, más hermoso que nunca, se abre a mi, como una mariposa abre sus alas, después de salir de su crisálida.



 El fondo de ese lago está listo para que pueda recoger mi tesoro, pero he de decir que ya no me importa el tesoro que hay en él.
A veces con el palo y otras veces dejando que mi respiración "sea consciencia", es como la "vía media" aparece ante nosotros, para que busquemos o para que nos sentemos... pero el tesoro nunca está donde creemos.

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martes, 22 de enero de 2013

De cómo el Ego no es lo que pensamos que es, sino jústamente lo contrario.

Cuando somos niños y nuestro sistema cognitivo aún no ha empezado a desarrollarse, somos un suceso que se contempla con mucha atención. Es el suceso de la vida. Todo lo que hay es contemplación pues por nuestra mente no circulan ideas, así que sólo observamos todo lo que ocurre y no podemos diferenciar ni clasificar nada, ni siquiera a nosotros mismos.
Pero esto va cambiando a medida que vamos creciendo y nuestra mente empieza a crear ideas y nuestra sociedad, para hacernos "individuo útil" comienza a darnos herramientas para separar y clasificar.
Así que a temprana edad, somos un individuo independiente del sistema natural que le rodea, que tiene ideas que le hacen creer que no son sólo ideas, sino fundamentos inamovibles, pilares en los que se basa el universo y además, las herramientas dadas por la sociedad para la creación de "clases" y diferenciación, las hacemos funcionar de tal forma que intentamos cada día, clasificar en ideas más pequeñas las ideas anteriores y así entramos en un círculo vicioso.




 No sólo no nos conformamos con definir "cosas", sino que vamos más allá y partimos la idea que tenemos de nosotros mismos, de tal manera que nuestros brazos sólo son "algo" externo que utilizamos de herramientas, y así todos nuestros órganos y dando un paso más, en última instancia, lo que realmente somos es algo oscuro e insondable que se ubica entre nuestros ojos, allá en lo profundo de nuestro cerebro. Y de allí parte todo, ese generador de ideas somos nosotros y a eso yo lo llamo "Ego".
Pero no es así como definimos en general la palabra Ego, no. Sólo tenemos que mirar en las redes sociales cómo se utiliza la palabra Ego. También en los círculos amistosos, donde se utiliza de forma despectiva para separar al resto de personas de uno mismo:
-Vaya Ego tiene ese tio, no esperaba eso de él. Siempre yo, yo, yo, y si sobra algo ... yo!
-Tenía un Ego tan grande que se le salía por las orejas... pero qué se habrá pensado que es?

Frases de este tipo se utilizan a diario para separarnos del resto. Y yo os digo que jústamente es ese Ego el que os hace hablar del Ego ajeno. Pero la realidad del asunto es que el Ego es inseparable de uno mismo, por que el Ego sólo es la imagen irreal que tenemos de nosotros mismos y eso no se puede cambiar.

Y entonces... qué hacer?

Pues es una cuestión más que de respuestas, de cambio de preguntas.
Primero vamos a ver dónde está el engaño, por que hay una ley física que es irrebatible y es que un "sujeto conocedor" no puede ser a su vez "objeto de su propio conocimiento". En palabras de Alan Watts, "un ojo no puede mirarse a si mismo", es imposible. Así que si queremos poder definirnos de forma irrefutable... no se puede, es completamente inviable.

Así que si definimos la cuestión por lo que no es, podemos atinar de forma más eficiente.
Primeramente no tenemos un cuerpo, sino que somos ese cuerpo. Y si tengo que definir mi cuerpo, irremediablemente tengo que definir el suelo que piso, pues sino podríamos pensar que estoy flotando de aquí para allá todo el día. Podemos decir que mi entorno está íntimamente relacionado conmigo, o sea que además de suelo que piso tendría que definir también el aire que respiro, que me mantiene vivo, que a su vez forma parte de un ecosistema, mi ecosistema... realmente el ecosistema de todos, sí, justamente ese que estamos matando, por que pensamos que hay que enfrentarse a él, dominarlo.

Podemos decir entonces, que para poder definirme muy superficialmente debo definir todo lo que hay a mi alrededor y más allá, pues la roca en la que vivimos, sorprendentemente se sustenta por una serie de fuerzas gravitatorias muy sutiles que hacen que yo "sea".

También podemos decir que si podemos llegar a no definirnos, el esfuerzo que utilizabamos para ello, puede servir para vivir nuestras vidas de una manera más real, mas centrada y sin tal condicionante.

Y concluyo esta entrada diciendo que... cuidado con quien habla mucho del Ego de los demás... tiene problemas consigo mismo.
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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...