Cuando las personas nos sentimos tan separadas de las cosas, los hechos que nos suceden, nuestro propio cuerpo e incluso nuestra propia mente, adoptamos una curiosa postura muy estricta sobre lo que le sucede a la otra persona, como si el sentimiento que pueda aparecer en el otro nunca apareciera en ti.
Es muy común dirigir nuestra mirada al otro para pensar "yo no haría jamás esto o aquello" y ponerte en ese escalón más alto, más digno e inteligente: "yo no soy así, eso no sería digno de mi".
Y nuestra naturaleza esencial queda atrapada en ese manto de ideas, bien escondida para que no sea resuelto el misterio que nos revela que lo que pensamos y por consecuencia sentimos, es un producto del otro. Pero lo que siente el otro, es un producto tuyo, evidentemente.
Y nos enzarzamos en dimes y diretes, para saber quién ocupa ese escalón del "yo no he sido, has sido tu". Así nos encontramos con quizás la mas extraña experiencia que le pueda acontecer a un Español en nuestro propio país y con vecinos que son como nosotros. Y me refiero al ejemplo de los ejemplos, "El toro de la Vega".
Vamos a hacer un gran ejercicio de reflexión respecto a esas gentes que una vez al año cogen sus lanzas parta darle al toro su "regalazo". Vamos a pensar que somos uno de esos habitantes mayormente unicejos que desclavan un clavo con los dientes y lo estacan con la frente. Pero vamos a hacerlo EN SERIO.
Hemos nacido en aquella población, llamada Tordesillas y que tiene en la historia del antiguo reino de Castilla un lugar de honor por su famoso tratado con los reyes católicos de Castilla y el rey de Portugal.
Y habiendo nacido allí, nuestros padres nos han enseñado desde muy jóvenes a coger una lanza, tal como mi padre me enseñó de joven a lanzar mi primer petardo valenciano (menos mal que luego salí rana) y soñamos en que llegue ese día en el que seamos hombres, y sin miedo al toro nos lancemos a por él para ser, como dije antes, el "y yo más" del pueblo.
Pues visto de esta manera, si mi historia se hubiera desarrollado en Tordesillas, lo raro es que me diera "yuyu" agarrar una lanza de esas, y tuviera que ocultarme entre las sombras, pasando desapercibido para no tener que descubrir mi "cobardía" ante el toro.
Bienvenidos al mundo de la empatía, donde hemos dejado de ser nosotros mismos para ser "el que va a matar al toro". Y ahora podemos clasificar al individuo y decir que es mala gente, un asesino o lo que quieras, pero si TÚ fueras ÉL, todo el universo habría dado una vuelta.
Pero claro, ahora viene la otra cuestión...
Quién empatiza con el Toro???
Es algo complicado, porque nadie puede ni siquiera acercarse al buen entender de un toro educado, nacido y criado en los alrededores de Tordesillas para mayor gloria de las fiestas.
Cómo podemos saber lo que sufre, o lo que quiere? NO PODEMOS.
Sólo podemos acudir a la regla fundamental por la que a la humanidad se le llama así. Si acercamos la separación de ser un "yo" enfrentado al otro, podremos entender al matón de la vega y del mismo modo si tal matón intenta acercarse un poco, sólo un poco a la naturaleza esencial y deja de pensar que ese escalón de "ganador" le va a dar algo que no sea una medalla por haber eliminado de la faz de la tierra una consciencia, un universo entero, una experiencia de la existencia, entonces aún tenemos esperanza como seres compasivos.
Luego, sólo quedaría afeitarse la ceja :) PAZ.
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viernes, 10 de octubre de 2014
lunes, 9 de septiembre de 2013
Relaciones personales.
Cuando investigamos un poco en el desequilibrio del ser humano, econtramos curiosidades como la práctica hindú del ascetismo extremo, olvidando toda emoción y todo sentido natural para conectar con Brahman y su mascarada universal. Y parece ser que ese hecho trasciende después al Budismo, al Zen y otras escuelas o prácticas, del tal modo que hay personas que sienten que deben "abandonar" ciertas cosas para liberarse de la presión del ego.
Y una de las cosas que algunos se empeñan en eliminar son las relaciones personales. En mi andadura por el camino medio he experimentado a muchos Budistas convertidos en serios y decadentes (y solitarios) "palos andantes" que no sólo te trataban con aire de superioridad sino que repudiaban todo lo que fuera pensar que ya somos seres iluminados, que no tenemos nada que alcanzar ni nada que buscar, que está todo en la punta de nuestra nariz.
También he conocido personas que ante las relaciones personales han huido de terror por miedo a entregarse a la amistad, al amor o la fuerza del cariño. Y se han cubierto de la pesada losa de la práctica meditacional que, lejos de ayudar a liberar la mente, ha servido para que estas personas se enclautrasen más aún en su propio muro de piedra.
Pero he de decir que no hay nada más grande para un meditador, para una persona cercana al misticismo, que abrazar a las personas, darles un beso y experimentar el amor, la gratutid, la buena compañia entre amigos.
Es precisamente la práctica del camino medio del Buda la que "compensa" el amor con el deseo de amor, la amistad con el deseo de amistad o la simbiosis entre dos personas entre el "desear" a toda costa tenerlo, algo sumamente difícil y complicado dadas las vueltas que dan las personas "en su propia mente".
Me gustaría, con esta entrada, hacer entender bien mi punto de vista personal, y creo que "constructivo" de lo que significa practicar la atención consciente, el desapego, la empatía y la compasión. No se trata de alejarse del mundo, sino de que el mundo y nosotros somos la misma cosa, no por "objeto" sino por "suceso". No amar, ni compartir alegrias y penas, no abrazarse y sentir la respiración profunda y emotiva del otro, sea el tipo de amor que sea, es perderse en el orgullo del que "no sabe".
La practica del Budismo Zen es, ante todo amor y compasión, empatia y entrega incondicional al otro, esfuerzo para mantener amistades queridas pese a todo. Y todo ello "sin dar vueltas" a la mente, pues es entonces cuando creamos karma, cuando tantas ideas, las pasadas y las elucubraciones futuras, van a hacer que nos separemos de todo lo que amamos.
Y no vale con ponerse a meditar, como si fuéramos a olvidarnos de nuestros sentires, ni encerrarnos en nosotros mismos y más cuando sabemos que "nosotros mismos" sólo es una idea, un concepto temporal.
No hay Nihilismo en el Budismo, aunque muchos crean que es lo mismo. El vacío maravilloso al que accedemos dejando la mente "boba" cuando meditamos, es un mensaje universal; llena tu vida de sentimientos, abraza y déjate llevar por la armonía que está ahí, preparada por ti y para ti, aunque sean proyecciones mentales.
Si está ahí, cual fruto de un árbol, es para que lo goces.
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Y una de las cosas que algunos se empeñan en eliminar son las relaciones personales. En mi andadura por el camino medio he experimentado a muchos Budistas convertidos en serios y decadentes (y solitarios) "palos andantes" que no sólo te trataban con aire de superioridad sino que repudiaban todo lo que fuera pensar que ya somos seres iluminados, que no tenemos nada que alcanzar ni nada que buscar, que está todo en la punta de nuestra nariz.
También he conocido personas que ante las relaciones personales han huido de terror por miedo a entregarse a la amistad, al amor o la fuerza del cariño. Y se han cubierto de la pesada losa de la práctica meditacional que, lejos de ayudar a liberar la mente, ha servido para que estas personas se enclautrasen más aún en su propio muro de piedra.
Pero he de decir que no hay nada más grande para un meditador, para una persona cercana al misticismo, que abrazar a las personas, darles un beso y experimentar el amor, la gratutid, la buena compañia entre amigos.
Es precisamente la práctica del camino medio del Buda la que "compensa" el amor con el deseo de amor, la amistad con el deseo de amistad o la simbiosis entre dos personas entre el "desear" a toda costa tenerlo, algo sumamente difícil y complicado dadas las vueltas que dan las personas "en su propia mente".
Me gustaría, con esta entrada, hacer entender bien mi punto de vista personal, y creo que "constructivo" de lo que significa practicar la atención consciente, el desapego, la empatía y la compasión. No se trata de alejarse del mundo, sino de que el mundo y nosotros somos la misma cosa, no por "objeto" sino por "suceso". No amar, ni compartir alegrias y penas, no abrazarse y sentir la respiración profunda y emotiva del otro, sea el tipo de amor que sea, es perderse en el orgullo del que "no sabe".
La practica del Budismo Zen es, ante todo amor y compasión, empatia y entrega incondicional al otro, esfuerzo para mantener amistades queridas pese a todo. Y todo ello "sin dar vueltas" a la mente, pues es entonces cuando creamos karma, cuando tantas ideas, las pasadas y las elucubraciones futuras, van a hacer que nos separemos de todo lo que amamos.
Y no vale con ponerse a meditar, como si fuéramos a olvidarnos de nuestros sentires, ni encerrarnos en nosotros mismos y más cuando sabemos que "nosotros mismos" sólo es una idea, un concepto temporal.
No hay Nihilismo en el Budismo, aunque muchos crean que es lo mismo. El vacío maravilloso al que accedemos dejando la mente "boba" cuando meditamos, es un mensaje universal; llena tu vida de sentimientos, abraza y déjate llevar por la armonía que está ahí, preparada por ti y para ti, aunque sean proyecciones mentales.
Si está ahí, cual fruto de un árbol, es para que lo goces.
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