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sábado, 15 de noviembre de 2014

Escribir sobre la muerte.

Este fin de semana he tenido una experiencia de pérdida de un ser querido. Y resulta curioso cómo nos enfrentamos a ello de una manera u otra, dependiendo de nuestra educación, dogmas, percepción social y sobretodo, nuevos descubrimientos.

Mi experiencia con la muerte siempre ha sido lejana, por suerte. Salvo un par de experiencias, sigo teniendo a la "gente importante" en mi vida, pero este fin de semana una de esas personas ha dejado de vivir. Y en todo este momento, en este cúmulo de "cosas que hay que hacer" para llevar a buen puerto el "apaño" de un cuerpo muerto, no he dejado de pensar en nuestro principal problema como mentes pensantes: la identidad.

He estado repasando el recuerdo de estos años cuando he paseado por el campo y por mi afición a la fotografía "macro" he observado muy atentamente una flor espectacular, con una gran fuerza natural en color, tamaño y firmeza. Un par de días después esa hermosa flor estaba marchita, completamente seca. Y esa observación de la flor me lleva a pensar que ésta es idéntica a otra flor de un poco más allá. No es más especial una flor que otra y sin embargo sí es más especial una persona que otra. Tenemos recuerdos, vivencias que nos transportan al pasado y nos quedamos ahí parados metiendo nuestra cabeza en esa idea, en esos recuerdos. Y está bien, pero nos conduce a la frustración, a la pena.



Y con todo el cariño que le tengo a esa persona, hoy desaparecida, no puedo dejar de pensar que todo el asunto viene por ese "yo" que sigue en nosotros y que ponemos en los demás. Y ese "yo" no acaba en la muerte, sino que nunca existió!

Nunca hubo un "yo", tal como la flor. Y la flor ya marchita, que una vez brilló y lució sus colores, ahora está en modo "off" porque escribir sobre la muerte es escribir sobre la vida, y sin un "off" no podría haber un "on".
Y pensar que su alma quedará descansando en un sitio u otro o entrará en otra "funda" corporal es querer seguir manteniendo esa idea de "yo" hasta el fin de los tiempos sin querer que haya un "off".

Ya no está ahí, nunca estuvo. El ser ya no es. El cuerpo vivo ahora está marchito. La naturaleza sigue expresándose.

Pero no podré evitar recordar a mi familiar querido, sin dolor, dándole así en ese momento, un nuevo "on".

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OM MANI PADME HUM

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lunes, 9 de junio de 2014

Cómo soltar la mente y no morir en el intento.

Cuando hablamos de soltar la mente, siempre nos referimos al sencillo acto de dejar caer, como un árbol deja caer el fruto maduro al suelo, pero todo acto de desprendimiento resulta enormemente complicado cuando participa la propia mente en el propósito.
Si, debería ser algo sumamente fácil, pues así como el simple acto de hinchar los pulmones, bombear el corazón o realizar la digestión nos parece una tarea excesivamente complicada e incomprensible, sólo nos parece así por que tal concepto los filtramos por nuestra mente, donde sólo los esquemas cerrados y no preparados para entender lo que no se ha aprendido ni estudiado ni comprobado, son posibles.

Así que nos hallamos en una especie de rompecabezas por varios motivos, el primero por que no tenemos forma de "auditar" si la mente está totalmente suelta, sólo medianamente suelta, o sólo es una "afectación" y no una realidad.
El segundo motivo es que uno acaba consolidando su experiencia en la práctica como base para medir cual suelta está la mente, tal como consolidábamos antes de soltar nuestra mente, que "yo" era un producto de la experiencia vital.
A más vivencias que vienen del pasado al futuro, solía ser nuestra referencia para ver cómo de grande o en qué escalón estaba nuestro "yo" y ahora caemos en el mismo error cuando medimos que "a más práctica , a más experiencia en meditación, más suelta estará tu mente".

Entonces uno se ve obligado a acudir a un maestro que le comunique su nivel de "suelte", que nunca es un nivel aceptable, y uno tiene que "perseverar" en la práctica para poder "convencer" al maestro que estamos a un gran nivel, que nuestra mente está totalmente suelta.
Hay practicantes, que realizan lo contrario. Se "miden" a sí mismos y se ponen en el escalón que su moral les permite (nunca lo bastante suelta, nunca lo bastante agarrada) y así nunca disminuye su intensidad en la práctica ni aumenta en exceso, por que eso sería "agarrarse" a ella.

¿Y qué podemos hacer para no equivocarnos?

¿Cómo vamos a resolver el rompecabezas?



 
Sólo puedo escribir aquí las palabras que no resolverán el puzzle.

Sin condición de monje, sin condición de maestro, sin condición de alumno, sin condición de practicante... Sólo puedo escribir aquí las palabras que no podrán resolver el puzzle:

* Practicar zazen u otra técnica de meditación no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por la mente.
* Practicar mucho zazen o poco zazen no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por la mente.
* Permanecer consciente a nuestros pensamientos, alejándonos para no mezclarse con ellos, no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.
* Obedecer ciegamente a tu maestro si lo tienes, no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.
* Seguir el Dharma o no seguir el Dharma no hará soltar la mente, pero no debería ser cuestionado por ella.

** Después de esto, ya puedes morir. :)

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...