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miércoles, 31 de agosto de 2016

"Tashaki" (III)

Jackovich no podía reaccionar ante la postura de aquél individuo, su forma de expresarse, su control y su calma.
¿Qué significa? -preguntó el soldado, apaciguando el gesto.

Que el sujeto conocedor, no puede conocerse a sí mismo como objeto conocido.

Un pequeño soplo de aire fresco recorrió los pasillo hasta Jackovich, limpiando el aire fétido y corrupto.

El arma cayó al suelo. Se disparó, alcanzando a Tashaki en el estómago.

Jackovich fue corriendo en auxilio del hombre, que desfallecía.



¡Lo siento! - exclamó entre sollozos- ¡Lo siento mucho!

Tashaki dijo: ¿Te das cuenta, de tu naturaleza? y murió. Allí quedaba un libro llamado "Shin Jin Mei" que recogió del suelo.

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Estoy buscando a alguien, estoy buscando algo. Lo tengo en la punta de la lengua, pero cuando casi lo tengo no puedo articular palabra. Me han dicho que en esta esquina vive un tipo, un maestro, alguien que libere mi espíritu de esta locura que me está comiendo por dentro.

Ahí vive un tipo, me han dicho que en esta casa. Voy a llamar a la puerta. Un hombre sale a recibirme:

- Hola, mi nombre es Jackovich.

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martes, 30 de agosto de 2016

"Tashaki" (II)



Entró en el habitáculo con el ojo en la mirilla de aquél arma de repetición, deseando que aquél individuo entrara en combate, lo suficiente para poder tener la excusa de acribillarlo a balazos.

Tashaki estaba sentado en sus talones, las rodillas apoyadas en el suelo, con las manos en ellas y las palmas hacia arriba. Los ojos entrecerrados expresaban quietud, calma y sosiego. Los hombros caían por su propio peso y todo expresaba que este hombre no tenía armas de fuego. Rumiaba un amplio sonido gutural que parecía salir de sus propias entrañas.
El sonido paró y los ojos de Tashaki miraron fíjamente a los de Jackovich.


El hombre habló:

¿A qué has venido, a matarme?


Jackovich no contestó. En su lugar le hizo un gesto, para que se echara a un lado.


Tashaki no se movió:

No soy tu enemigo, más allá de ti mismo -murmuró Tashaki-

Jackovich quedó perplejo. Jamás había visto una reacción igual en todos estos años de lucha.

¡Claro que eres mi enemigo, no tengas ninguna duda! -gritó Jackovich, reafirmando con el arma.


Entonces Tashaki exclamó: ¡Sea pues! Y siguió allí parado, como esperando la muerte sin ofrecer resistencia.
El hombre armado no sabía qué hacer, no podía matar a alguien así, a sangre fría.



Tienes una naturaleza -habló Tashaki suavizando su voz.

Es una naturaleza compasiva, que tiende la mano, que no quiere quitar una consciencia.
Sin embargo tienes ira, pero no forma parte de tu naturaleza sino de los condicionantes.

Jackovich bajó el arma. Recordó cómo su padre le mataba a hostias, cómo le hacía ver, año tras año de una vida mísera, que no valía nada, que era una especie de desecho humano y merecía los golpes.
Jackovich preguntó al hombre:

¿Cómo puedes saber cómo soy si no me conoces?

Ahora no eres un asesino, pues has bajado tu arma. 
La verdad es que no te conozco, así que esta sensación es como la un niño que descubre el mundo por vez primera.

¿Cómo puedes saber cómo eres, soldado, si no te conoces?

Se muy bien quién soy -arremetió el soldado con tono de duda.




La espada no puede cortarse a sí mísma, soldado -dijo Tashaki.   (continúa)

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lunes, 29 de agosto de 2016

"Tashaki"



La invasión estaba siendo fructífera. Jackovich hizo una incursión por la zona más deshabitada y logró entrar en un complejo abandonado, buscando algún enemigo al cual dar caza.

La oscuridad reinaba en todo el complejo, sus angostos pasillos olían a desecho, abandono y muerte.




Caían las gotas desde el techo, en la cara de Jackovich. Su piel endurecida por las inclemencias del tiempo, digna de un chusquero ejemplar, brillaba ahora por el agua que resbalaba por la historia, porque la piel tiene historia, memoria y recuerdos que mil lluvias no limpian.

Tenía una cicatriz al lado de un ojo, como digno combatiente en varias guerras, que le servía para contar sus batallas en aquella barra cutre del bar de su ciudad natal, cuando visitaba a la familia entre misión y misión.

Ahora no había historias, tenía miedo. Un miedo irreconocible hasta ahora, pues apestaba a muerte de un modo más latente, más palpable que otras veces. Los sentidos estaban abiertos a cualquier movimiento o sonido, proveniente de aquella maraña de pasillos oscuros.

Llegó a un ensanche y más adelante a una habitación clara, con luz diáfana.

Tras un vistazo, se dio cuenta de que allí había alguien.






¿Sería este su fin? (continúa)

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martes, 28 de enero de 2014

Todos estamos despiertos.

En el Budismo, el tema del despertar es un denominador común en todas las escuelas o tradiciones pues es en definitiva lo que ocurre cuando se realiza la solución que propone Siddharta, convertido ya en un Buda, para que la rueda del Samsára cese su girar y los seres dejen a un lado su frustración.

Todo individuo que está frustrado -o que es ignorante de esa frustración- puede practicar dicha solución, permanecer con la mente en la vía media, con ecuanimidad y paz, practicando la plena atención en todas las situaciones sin llegar a la obsesión (por eso se llama vía media), y conseguirá el ansiado despertar, el Nirvana o fin de las reencarnaciones. En el Budismo Zen el concepto queda más centrado en el "ahora" y se le llama Satori.

Pero el despertar es un fin que hay que alcanzar, un camino que hay que seguir para terminar con la frustración, y eso compite con la vía media y se llega a una paradoja, la paradoja a la que todo practicante llega. ¿Cómo podemos aceptar que buscamos el despertar, cuando no hay "nada que buscar"?



Pero yo me hago una pregunta que cambia este panorama complejo, y facilita la práctica y a su vez su comprensión. ¿Y si todos estamos ya despiertos?
Pensádlo bien, por que a mi me parece la misma locura separar en pequeños trozos las ideas, al mundo, a nosotros mismos, a nosotros y los demás, que separar a los despiertos de los que no lo están.

¿Por qué voy yo a estar más despierto que mi vecino? ¿Sólo por que yo me siento en Zazén y mi vecino no?

Creo que cometemos siempre el mismo error de base y acabamos separando, porque forma parte de nuestra naturaleza.
Y debemos aceptarlo, hay una parte "separadora" que está insertada en nosotros, sucesos existenciales, que nos obliga a partirlo todo en "clases" y ponerlo en cajones mentales. Y está bien, lo acepto.
Y aceptando esta idea - no es más que una idea - puedo aceptar perfectamente que cada vez que me siento en Zazén me ilumino, despierto. Cuando presto atención a mi respiración y el observador y lo observado dejan de "ser", hay despertar en ello. Pero también he de aceptar que mi vecino, que se levanta temprano a diario y al cual le pasa desapercibido el amanecer, algo que no debería pasar desapercibido para nadie que esté en sus cabales, por que cada día hay uno y cada día es diferente, hermoso y totalmente insuperable, tiene sus momentos despiertos, donde todo lo ve un poco más claro, cuando abraza a su nieto por primera vez, cuando ha estado al borde de la muerte o cuando, simplemente escucha una canción "que le revuelve por dentro".

¿Qué diferencia podría haber en todo esto, si todos somos "el suceso"?

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martes, 18 de junio de 2013

Quietamente sentado, sin hacer nada.

Una de las mejores cosas que alguien puede hacer es sentarse, simplemente por el hecho de sentarse y no hacer nada. Y cuando digo a no hacer nada, no me refiero a divagar con lo que tengo que hacer dentro de un rato, si estoy bien sentado o que calor hace.
Me refiero a no hacer absolutamente nada. Eso es algo complicado de hacer por que hay cosas que se siguen haciendo aunque no queramos, como por ejemplo respirar.
No hay ningún caso de suicidio en toda la historia de mundo, que tenga como protagonista a un señor que quedó fulminado simplemente por aguantar la respiración. De hecho, no se puede.
Y yo me pregunto que fuerza natural obliga a un cuerpo a seguir respirando aunque el dueño del propio cuerpo no quiera. La respuesta es muy sencilla, pues nosotros no somos los dueños de nuestro cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo. Y siendo nuestro cuerpo parece ser que en el fondo no queremos hacerlo. Sólo que a un nivel superficial, una capa de entendimiento especial, consciente de lo que ocurre por comparación y división, piensa que nosotros estamos en un punto mental entre los ojos y manejamos nuestro cuerpo y todo a nuestro alrededor. Y esa pequeña consciencia separadora, no se explica cómo no podemos caer redondos simplemente dejando de respirar.


Así pues tenemos que lo que un sacerdote diría que es Dios que no te deja morir, algunos pensamos que es simplemente nuestra verdadera naturaleza que se encarga de mover nuestros pulmones y  nuestro corazón, la que se encarga de sobrevivir en esta experiencia vital hasta que ella misma decide que ya se acabó y entonces caemos muertos. Y la decisión se toma de forma no-mental, inteligente y tomando en cuenta todas las formas posibles de combinaciones mentales (salud, tipo de vida, accidente causal) y no mentales (estas no las sabemos).

Bien, llegados a este punto podemos decir que no tenemos ningún control sobre nuestra vida (respiración incluida) y nuestra muerte (no-respiración incluida).
Y desde este punto de vista, nos sentamos a no hacer nada. Seguimos respirando y nuestro corazón sigue impulsando sangre a todo el cuerpo. Y en esta postura en la que nuestro estado se hace completamente transparente al mundo de los sucesos, accedemos a un estado llamado Samadhi.
Y aquí sentado sin hacer nada en absoluto, no sucede nada. Por que fuera de las cosas que ocurren en la mente no sucede nada en absoluto. Y dicho estado no puede ser explicado, solo se puede experimentar.

Cuando hemos acabado de "no hacer nada en absoluto", nos damos cuenta del placer que supone prestar atención a la respiración, por que sientes que todo funciona a la perfección. Y del placer que supone prestar atención a tus pensamientos, que vienen y van, y sólo son pensamientos. Sólo son algo ilusorio, creado por nuestra mente. Y en el estado de Samsára de nuevo, nos damos cuenta de lo maravilloso de los dos mundos.
Es mi estado de consciencia el que me dice que me siente a no hacer nada, es mi estado de inconsciencia el que me dice que me levante a "saborear" la experiencia de no hacer nada, por que mientras estamos en ese estado no podemos apreciar lo que sólo puede ser apreciado cuando se filtra por la mente.
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miércoles, 29 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (III).

Siguiendo la entrada anterior, otro de los aspectos muy importantes a la hora de entender de que va esto del Budismo Zen es la forma de asimilar y comprender los conceptos tales como espontaneidad, empatía y sobretodo, compasión.
Pero antes, he de hablaros sobre las capas de entendimiento y de cómo el Budismo Zen o cualquier otra práctica de auto-conocimiento trata este tipo de comprensión.

Hay una manera de entender o interactuar con el mundo, tal como lo hacemos comúnmente. A esta manera de ver las cosas se le puede llamar "capa de abstracción" por que trabajamos la mente como verdaderos fotógrafos.
Una instantánea es una pequeña pausa en una escena de la vida. Y la mente tiende a hacer instantáneas de todo, cada vez más pequeñas, y así vamos haciendo fotos, etiquetándolas y metiéndolas en cajones marcados con etiquetas. Y cada cajón tiene una serie de fotografías clasificadas.
Pero la creación de "clases" para ver el mundo es alejarse de la realidad, por que el mundo no son trozos de nada, ni siquiera es una secuencia de nada. Yo siempre digo que el universo y todo lo que en el está, es UN ACONTECIMIENTO. Y no funciona de forma secuencial, como en el cine. Es un acto que funciona por sí mismo para sí mismo y utiliza diferentes formas de captar, para captarse a si mismo. Y al acto de vivir haciendo fotos y clasificando las cosas que ocurren como algo fijo, podemos llamarlo "capa de abstracción" por que creamos algo abstracto (la foto) de una realidad concreta (el suceso).
Por eso cuando vemos una árbol, le echamos una fotico y la marcamos. Luego la colocamos en el cajón de objetos, en el subcajón de objetos vivos, y por último en el sub-sub.cajón de objetos para que mis niños se cuelguen de sus ramas para jugar. Acabamos de hacer "abstracto" algo en continuo movimiento al que hemos llamado, como una convención social, "árbol". Pero la realidad es otra, un árbol no es un objeto, es UN SUCESO en continuo movimiento, que ayuda a fabricar el oxígeno que necesitamos y los frutos que nos comemos. Luego, en primavera suelta el pólen que tanto nos molesta, para auto-generarse gracias a otro suceso llamado abeja. Entonces estamos hablando de algo un poco más concreto y menos abstracto. Pero aún así, al hablar de ello, no lo autenticamos sino que lo volvemos a etiquetar. Sólo podemos acercarnos al concepto "árbol" de una forma... en silencio verbal y mental. Sentándonos a su lado y sintiéndolo, sin ningún discurso, sin ningún intelecto que pueda "atrapar" la idea "árbol" conviertiendo algo concreto en una abstracción.



ESPONTANEIDAD

Hay una forma de hacer (o no hacer) las cosas para los chinos Taoístas, que se denomina WU WEI.
Esta palabra cuya traducción literal es "Sin acción", pretende dar un sentido a la forma en que nuestra mente funciona y cómo debería funcionar. Podemos decir que Wu Wei es una forma de espontaneidad, por que la pretensión de esta forma mental de actuar es no "dar vueltas" a la mente y actuar según instinto.

"Muy feliz era el cienpiés, hasta que un sapo una vez, le preguntó:
- ¿Qué orden al andar siguen tus remos?
Lo cual forzó su mente a tal extremo que a una zanja, distraído fue a caer,
mientras pensaba cómo hacer para correr."

EMPATÍA

La empatía es la manera de ponerse en lugar de otro ser (otro acontecimiento, otro suceso) sintiendo lo mismo, o lo que creemos que puede sentir ese ser poniéndote tú en ese papel. No es lo mismo que ponerse en lugar de otro ser SIENDO TU. Debes tener en cuenta para empatizar realmente que los sentimientos que te genere esa idea, parte de que tu te pongas en su piel, siendo ese ser.

COMPASIÓN

Pudiera parecer que la compasión es un sentimiento de lástima por otra persona. Pero no es así como yo lo veo. Se podría decir que la compasión es una gran entrega a los seres con la participación de la empatía, pero con una "distancia sentimental" para poder tomar atención hacia los sentimientos sin imbuirse en ellos, para así poder ayudar a los seres en lo que podamos sin mezclarse en el drama y haciendo así posible la solución del problema.

En definitiva, estas "virtudes" están presentes en todos nosotros, todas las personas. Descubrir dónde se hallan en nosotros sin fricción, sin esfuerzo, es el primer camino a recorrer para descubrir que al fin y al cabo somos Budas Iluminados y que siempre lo fuimos.


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lunes, 27 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (II).

Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".

Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...



Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.

Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.



Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.

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domingo, 7 de abril de 2013

Inestabilidad, del despertar al Samsára.

Las ventajas de no tener un concepto definido de "yo" es que te sueltas a la hora de tener que lidiar con los sucesos que acontecen a diario, en la vida cotidiana.
Pero también tiene su desventaja, por que si pensamos que no estar definido por un "yo" es permanente, estamos equivocados. Podemos hablar de ello con los demás, pero sólo es una postura, incluso si hablamos de personajes como Krishnamurti o Osho, por ejemplo.
Mi entender es que en el momento que más te encuentras en el lado del "no yo", ya estamos pasando al lado del "yo" de forma automática, paulatina y espontánea.
Y podemos friccionar con la naturaleza de las cosas y decir que "no voy a caer en esta rueda llamada Samsára", pero irremediablemente, de repente, te encuentras metido en la vorágine de la defensa ante un ataque, por ejemplo. En fin, que de repente nuestra naturaleza Búdica nos ha jugado una mala pasada poniéndonos al otro lado, un lado inquietante que te hace irritable, que te alza ante "las injusticias y te impregnas emotivamente de ello". Y no nos damos cuenta cuan metidos estamos en "ese suceso". Y las palabras de dejar pasar las ideas quedan atrás, y te revuelves en tus propias clasificaciones, y entonces, sólo entonces te das cuenta que nunca te moviste del inicio del camino, siempre te has quedado en el mismo punto samsárico del camino.


No hemos evolucionado, estamos inconscientes y mezclados ante las ideas que pasan por nuestra mente.
No dejamos pasar ni una. "Si te metes conmigo te vas a enterar". Quién la hace la paga. Y te quedas tan pancho, por que no tienes moral ni ética ya que eres un hombre liberado y esas cosas ya no te afectan, no defines qué es bueno y malo, así que todo vale si es espontáneo.

Y ese error que nos sucede a veces, nos lleva al infierno, uno profundo y que es oscuro, muy oscuro.
Te sientes alejado de las personas, ya no empatizas, piensas que se están aprovechando de ti por el hecho de haber sido tan "empático" y no quieres pasar por tener que aguantar a esa gente. Te has ganado el derecho a hacerlo.

Pero, lo bueno de un iluminado, o sea, lo bueno de cualquier persona, es la capacidad de poder sentarnos ( o levantarnos, o hacer cualquier tipo de yoga) y comprobar qué significa "volver a casa", volver a comprobar nuestra naturaleza búdica, vacía e impermanente. Y entonces la rueda se vuelve a completar con un "satori" que te hace de repente, de forma espontánea y natural, plantearte la idea de que todo lo que te ha pasado últimamente, como imbuirte en tus propias rabietas, y sin darte cuenta volver a pensar que somos seres separados del resto de sucesos, es una idea falsa que tú ya sabías pero que en algún momento has olvidado, únicamente por una cuestión de impermanencia, de naturaleza... ha de ser así.

Y de repente, todo empieza a volver a la normalidad, tu naturaleza vuelve a aparecer de las sombras y una luz se impregna con la oscuridad creando las formas, pero que tu sabes que son sucesos que tu mente crea.
Y de repente, ya puedes volver a sentarte, contar tus respiraciones, hacer tu yoga, caminar por el campo, respirar con el diafragma... Y vuelve a no afectarte que tu jefe te diga que eres un poco "tal o cual" o que alguien te quiera apretar a fondo los huevos. Por supuesto, hay que marcar una linea, pero debe ser compasiva. Últimamente he sido poco compasivo y muy protector de mi "yo".


Pido perdón por las formas ( no por el contenido, pues no suelo mentir), por la poca compasión que he tenido estas semanas, por que me he involucrado en las ideas... Pido perdón humildemente, arrodillado en Gasshô hacia toda persona a la que he herido para defenderme o símplemente por que me sentí engañado.


Y la rueda gira, gira... Y volveré a imbuirme en mis pensamientos, haciendo daño a los demás. Y volveré, como dijo BodhiDharma (7 veces abajo, ocho veces arriba!) a pedir perdón en Gasshô.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del desapego.

Ayer perdí mi llavero. Era uno de esos llaveros que compras cuando visitas algún lugar y quieres que lo que ves y sientes permanezca en tus retinas y en tu memoria largo tiempo.
Mi llavero era de madera, muy sencillo. Tenía inscrito el mantra "Om mani padme hum" en tibetano, pues estaba hecho a mano en el Nepal.
Cuando noté que no estaba, sentí un profundo pesar durante un rato. Me entristecí, lo suficiente como para pensar en el desapego y que no lo estaba practicando muy bien.
Pero después, realizando una profunda inspección de mis sentimientos, tal como se hace durante Zazen, colocándolos en el microscopio y tomando distancia, me he dado cuenta que entristecerse por la pérdida de un objeto querido no "compite" con la idea de desapego Budista.


                       Estupa Budista en Benalmádena, donde adquirí el llavero. Las vistas al mar son inenarrables.


Al final va a ser que los Budistas no tenemos derecho o no podemos permitirnos entristecernos por la pérdida de algún objeto. Y es curioso cómo la alegría está puesta en otro ámbito. Se supone que un Budista se alegra, que está alegre continuamente pero no debe "estar triste" y menos por un objeto.

Y yo hoy quiero decir que esto es falso, completamente. El desapego significa otra cosa muy diferente.

El desapego Budista se refiere a las ideas, a los sentimientos que ocurren a causa de las ideas, pero que el practicante "trata" de otro modo diferente que al resto de personas que no saben que también son "Budas".
Lo que me diferencia de los no practicantes es que, una vez triste enfoco esa idea y la disecciono tomando distancia para ver "el suceso" en toda su complejidad y poder entenderlo. A su vez, al tomar distancia desaparece la tristeza. Pero lo mismo sucede con la alegría, amigos. El apego a la alegria no se diferencia en nada al apego a la tristeza. Por eso nos reimos, nos alegramos y también, lloramos. Pero después no lo arrastramos, evocando continuamente el suceso, sino que lo analizamos como lo que es, sólo una idea (la tristeza o la alegria) y la disolvemos aquí y ahora por que no hay un "yo" que se alegre o se entristezca sino una idea del "yo", o sea, una idea más de todas las que metemos en sacos y ponemos etiquetas en nuestra mente.
Así pues, alegrémonos y entristezcámonos ante la ganancia o la pérdida... pero no olvidemos que eso sólo construye la idea de "yo" pero no afecta en nada nuestra verdadera naturaleza, nuestra realidad.

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miércoles, 6 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del "otro".

Mientras estaba con el coche, esperando que el semáforo se pusiera en verde para ir a trabajar, he observado a un coche que tenía un perro de la raza "husky siberiano" en su parte de atrás, con la ventana abierta y mirando todo lo que sucedía con esos hermosos ojos azules, que dan miedo si te quedas mirando mucho rato.
Y me he quedado un rato, por que ese semáforo es más bien tardío, muy interesado estudiando al perro, cómo movía su hocico por todas direcciones, captando los olores. Y miraba hacia arriba, al edificio que tenía enfrente y entonces mi mente inquieta ha empezado a elucubrar...

Estoy seguro que este perro no sabe quién es, ni por qué esta en un coche, objeto que tampoco puede saber qué es, salvo que se mueve a algunas partes mientras el amo está delante. Y tampoco sabe que esa enorme mole edificada que está mirando es un edificio. Y que posiblemente él vive en uno igual, además justo enfrente, por que cuando el semáforo cambió a verde, el coche entro justo al lado, en un garaje parte del edificio de enfrente de donde el perro miraba.

Y sin embargo, sin saber nada de esto, este precioso perro sabe qué está cocinando el vecino del quinto, cómo huelen todos y cada uno de los miembros de su familia y del vecindario y sabe distinguirlos perfectamente, y puede ver con rapidez, dentro de ese coche con la ventana bajada, como un perrito pasea con el amo por la acera de enfrente.



Ciertamente el perro vibra, a una frecuencia muy distinta que la mía. Yo sé qué es un coche y un edificio, pero no se qué cocina el vecino del quinto. Tampoco puedo distinguir por el olor a los vecinos de mi finca, pero sé cómo se llaman. Son frecuencias diferentes, pero vibran.

Y esa consciencia vibratoria a la que le pongo un adjetivo, "yo" es muy diferente a la vibración consciente del perro, que no define de ningún modo la acción que ocurre. Pero sin poder saber lo que significa ser perro, por que cuando lo sea, no me acordaré de que fui humano, puedo empatizar con él, intentando descifrar cómo toma consciencia con sus sentidos de lo que acontece.

Y lo que acontece para él, es un instante de olores, visión, sentidos agudizados por el ruido de los motores, del trepidar de la calle y sus gentes, de su propia respiración y su sensación alerta... y eso es lo que "es".

Y lo que acontece en mi, es un instante de ideas de lo que pasó ayer cuando pasé por allí, de la idea de lo que me espera cuando llegue al trabajo, la consciencia sensitiva de mi coche y su manejo, del coche del dueño de aquel perro, de cómo miraba hacia arriba moviendo su hocico...

¿Qué diferencia, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Es posible que no haya ninguna, salvo que vibramos en este universo en diferentes frecuencias, y que ahora mientras escribo, mis ideas van y vienen... y ese perro estará siendo consciente de su propio descanso o de su propio acontecer.

¿Y qué parecido, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Que los dos, somos "el centro del universo". Que los dos, somos un acontecimiento, un suceso.

Y somos impermanentes.

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martes, 5 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del "yo".

Como podréis comprobar, este blog trata siempre de lo mismo. No hace más que darle vueltas al asunto tratando de cambiar unas palabras por otras, a fin de hacerte despertar de la enajenación a la que estás sometid@, estamos sometid@s.

Y siempre volvemos al mismo punto de partida, el fondo de la cuestión, lo que hace que sigas leyendo una y otra vez, o por el contrario abandones la lectura de este blog u otros similares para adentrarte en los cuentos de hadas, los ángeles y  arcángeles, energías de luz que nos iluminan a todos y alegrías perpetuas que nos llegan al corazón, abandonando así la realidad del mundo. Y el mundo es frustración. Pero nadie habla de la frustración. Las palabras de Siddharta, el Buda histórico resuenan en las redes sociales, pero sólo las elegidas por los "iluminados", las que te dicen que hay un futuro mejor, que tú puedes conseguirlo, mientras las personas son deshauciadas y puestas de patitas en la calle por gente que no puede ni imaginar qué es eso.
Y no quiero redundar en el pesimismo, pues el Budismo Zen no es pesimista, pero tampoco quiere transmitir una idea de "felicidad completa" cuando la vida de la gente, lo que han construido, se desmorona como una pared de ladrillos mal construida... jústamente así, una multitud de ladrillos, ahora muertos, inmóviles, sin nadie que los habite....



Considero que el Budismo Zen del día a día, es una esperanza para todos aquellos que acaban en la calle, sin hogar, deshauciados sin comerlo ni beberlo y con el odio hacia los que les han hecho eso. Y digo que es una esperaza, por que la mayor proeza que un hombre puede hacer, es descubrir que lo que le sucede no es una consecuencia de lo que le han hecho. Es cierto, lo que nos sucede particularmente a todos y a cada uno de nosotros, es sólo una cuestión de consciencia.

A ti te ha tocado ser el deshauciado.
A ti te ha tocado ser el maltratado.
A ti te ha tocado ser el deshauciador.
A ti te ha tocado ser el maltratador.

Por que sin esas cosas, sin TODAS, no habría una totalidad. Y sin esa totalidad, cómo es posible que hubiera una individualidad?
Qué crees que eres?
- Soy una buena persona. Pero eso es lo crees que los demás piensan sobre ti.
- Soy Jaime. Pero ese es un nombre que te pusieron al nacer.
- Soy elegante, distinguido, educado.... Pero eso es lo que algunas personas de esta sociedad piensan sobre ti.
Y podríamos seguir así hasta el final de los tiempos. Pero... ¿Qué somos realmente? ¿Quiénes sómos?
Pues podría decirte que nos definimos como un "yo", un centro. El centro de consciencia más grande del universo, más que el Sol.
Mi "yo" es lo más importante, es lo único. Es que sin mi "yo" no soy nadie. NADIE.
Y ahí está el problema, el miedo a no ser nadie...



Pues os voy a decir que no ser nadie es la cosa más fantástica que he podido descubrir en esta vida.
Claro que os preguntáis que si me ha dado un parraque, que si estoy loco. Pero descubrir que "yo" es sólo un movimiento en mi cabeza, una idea, me ha liberado de tener que "mantener" el estatus apropiado a mi "yo".
¿Y si no soy "yo", quién soy? Pero esa pregunta no tiene sentido, te lleva siempre al mismo sitio. HAY QUE CAMBIAR LAS PREGUNTAS.
¿Qué o quién soy, aceptando que "yo" es sólo una idea?
Pues la respuesta es la siguiente: NO ES LO QUE ERES, ES LO QUE NO ERES.
y... ¿Qué significa esto?
Pues significa que lo que eres es algo que nunca vas a poder contestarte, por que el ser humano, creador de las palabras y el léxico, creador del "pensamiento", no puede pretender definirse a si mismo.
La ley física dice que el "clasificador" no puede "clasificarse" a si mismo. El sujeto no puede ser objeto de su propia observación. Así que NO VAS A PODER DEFINIRTE NUNCA.
Pero si puedes definir lo que NO ERES, lo que te va a llevar por eliminacón, a liberarte de tu propio yugo definitorio.

Y no eres un "yo".
Y no eres un objeto.
Y no eres un sujeto.
Y no eres el observador.
Y no eres el observado.
Y no eres tu clasificación.
Y no eres el centro.
Y no eres la periferia.
Y no eres un centro de energía.

Y de nuevo, podríamos seguir y seguir hasta el final de los tiempos...
Entonces, tampoco puedo "clasificarme no clasificándome". Tampoco puedes. Si crees que el final de esta entrada es el "truco" para acabar clasificándote, para poder definir quién eres, estás muy equivocado.
Esta entrada tiene como fin decirte que la "no clasificación" no lleva a la calsificación. Lleva a la nada, al "nadie". Y resulta que puedes comer y beber, salir a trabajar o a la cola del paro, si ser nadie. Y siendo nadie,  no nos sentimos dolidos por nuestro orgullo, aceptamos las cosas como son y las que podemos cambiar las cambiamos para que nos beneficien. y no hay diferencia alguna entre "soy" y "no soy". Bueno, hay una diferencia, que habiendo averiguado que "no hay yo", podemos sentarnos a comprobarlo.
Y esa comprobación, que puede ser sentado o de pie, trabajando o comiendo, es la única forma de sentir la totalidad de los sucesos que acontecen, puesto que sin un "yo" que te llene de ideas la mente, estando ésta despejada, puedes comprobarlo íntimamente.
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domingo, 10 de febrero de 2013

Antes de despertar debes conocer a la vidente.

Formar parte de un programa de televisión es muy complejo, y la vidente lo llevaba hacia delante de forma magistral con ese aspecto "cutre" que les había pedido a los maquilladores y modistos de la cadena.
La primera llamada entró en directo a los pocos minutos de empezar la emisión:

- dígame?
- Buenas noches, vidente Anne ( era una mujer).
- Buenas noches, que vienes buscando? ¿Cuántos años tienes? (Pensó que en estos tiempos cabían dos posibilidades, amor o trabajo. Si tenía más de cuarenta sería muy probable que fuera amor)
- Tengo cincuenta y tres......
- Alto! - arriesgó rápidamente- vienes buscando amor!
- has acertado - contestó animadamente la señora.


Rápidamente, la vidente hizo un estudio general de la situación, como siempre hacia.
Su trabajo contenía un ochenta por cien de estudio y un veinte por cien de riesgo. Sabía que sólo llama la gente que cree en esas cosas. También sabía que quien llama esta abierto a asimilar sin ninguna duda lo que se le diga, así que era pan comido. Sólo tenía que dejar que los minutos pasaran, con el fin de obtener mayores beneficios.
Después de un rato, echando cartas y encendiendo alguna vela, dijo:
- Bien, veo que acudes los fines de semana a locales para solteros. (El ímpetu de la voz de la señora denotaba tal cosa).
Y también veo que conocerás a alguien muy pronto. ( si acudía a menudo, no tardaría en conocer a alguien por probabilidades).
Así qué no te preocupes, y si ves que la cosa tarda, vuelve a llamar. Siguiente llamada, por favor!

Por supuesto, la señora tuvo un par de encuentros que no llevaron a ningún sitio, pero que sirvió para que volviera a llamar, reforzando su fe en aquella vidente.

Nadie ve el futuro, en mi opinión. La intuición necesaria para poder extrapolar los acontecimientos, no se encuentra en los videntes, preocupados de su negocio. Si quieres que alguien te diga tu futuro, siéntate a meditar y equilíbrarte. Entonces te darás cuenta que no hay futuro, sólo hay "ahora".
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viernes, 8 de febrero de 2013

De cómo Wu Wei no deja nada sin hacer.

Para finalizar esta primera etapa de entradas en las que he intentado acercar la forma de entender la espiritualidad en Oriente a los navegantes más o menos neófitos que han circulado por este lugar, he de hacer referencia a, quizás la palabra más emblemática a mi entender del Taoísmo y por ende, del Budismo Zen. Aunque la palabra Wu Wei es china, creo que sus significados pueden ser básicos para mantener un equilibrio en esta vida plagada de "sucesos" que nuestra mente aprecia como "cosas que nos suceden a nosotros".


Muy feliz era el ciempiés,
hasta que el sapo una vez
le dijo: "¿qué orden al andar siguen tus remos?"
lo cual forzó su mente a tal extremo
que, enloquecido, a una zanja fue a caer
mientras pensaba cómo hacer para correr.



Este maravilloso cuento, define perfectamente uno de los significados de Wu Wei.
Los occidentales lo hemos llamado "mente periférica" y es lo que te hace respirar sin el control de tu "yo".
Y también mueve el impulso de tu corazón sin el control de tu "yo".
Y si te paras un momento a pensarlo, resulta que tu "yo" no controla absolutamente nada de lo esencial en ti.
Sólo y únicamente por que tu "yo" es sólo una ilusión creada para separarte del resto de sucesos.
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Tengo en mi brazo derecho un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Nirvana".
Ya dijimos lo que significa, pero además para cualquier persona de este mundo, Nirvana es lo más (además de ser un grupo musical). Esta palabra nos lleva al éxtasis, al summun de lo más iluminado y Búdico del mundo. Es el máximo exponente de la iluminación Budista, aunque en realidad Nirvana te dice que ya no vas a volver a reencarnarte, según la tradición Hindú.

Y tengo en mi brazo izquierdo, un tatuaje escrito con letras Kanji Japonesas cuyo significado es "Wu Wei".
Y en esta ocasión la interpretación es algo distinta, por que Wu Wei también puede traducirse como "ser tal", "nada especial". ·Este tatuaje me recuerda lo que es en realidad Nirvana... nada especial. Tengo un Yin y un Yang, uno en cada brazo, para recordarme el contrapeso, el equilibrio que no debo romper.



Es cierto amigos, tengo dos tatuajes a modo de "post-it" para recordarme a diario que soy un ser iluminado y que ser iluminado es algo "nada especial"....
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El tercer significado de Wu Wei, viene relacionado con la "no acción" que es la traducción más literal de la palabra. Muchas veces se ha confundido la "no acción" con el pasotismo, la "submisión Budista".
Pero no es nada de eso... Wu Wei se resuelve sólo. Hay momentos en la vida en los que no hay que hacer nada en absoluto, las cosas vienen y van y todo se resuelve de una forma u otra, y la intervención sólo puede acarrear roces, fricciones que no ayudan sino a generar el llamado "Karma".
No hacer nada es, en ocasiones lo único que se puede hacer, pero hay que tener intuición o una mente clara para entenderlo, para descubrirlo.
A veces es al revés. A veces la acción es la única forma de evolución, de solución de problemas, pero Wu Wei siempre intenta aprovechar la corriente, la fuerza del lado correcto y no ir a contra corriente. También podemos señalar que Wu Wei, no deja que la mente deambule en "el pensamiento del pensamiento". Pensar qué pensar, es lo contrario a Wu Wei. Planificar cómo vamos a planificar algo, es crear más fricción mental, más alimento para el "yo" ilusorio.
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Un apunte final... En esta nueva etapa del blog que empieza en el próxima entrada, las publicaciones deben espaciarse en el tiempo. Cinco publicaciones semanales han sido un esfuerzo muy grato pero imposible de mantener. Por favor, seguid conmigo... No os dejaré indiferentes.

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miércoles, 6 de febrero de 2013

De cómo antes de agarrarse al Zen hay que soltarse.

Una de las paradojas de esta práctica es que no debe haber un fin para alcanzar nada, por que lo que queremos alcanzar es el fin del asisamiento, del agarre. Y uno no puede querer alcanzar el fin de "los agarres mentales" agarrándose al Zen. Veis la paradoja?

Así que uno debe sentarse por que ya se ha dado cuenta de la inutilidad de agarrarse, se debe ser consciente de que todo lo que sucede dentro de esa cabeza, es un suceso y no todos los sucesos. Uno debe tener la certeza de que los sucesos, el suceso, es algo que ocurre fuera de nuestra mente y no dentro de ella, y que nuestro impulso mental es sólo un acontecimiento más. Y quiero ir más allá, diciendo que hasta que nuestros "problemas de conducta" que además afectan por completo a nuestra vida diaria y nos "marcan" no quedan resueltos, no debemos sentarnos.


Y muchas personas se sientan para resolver esos conflictos, utilizan como herramienta el Zazen para conseguir sus propósitos. Es cierto que Zazen y cualquier práctica meditativa reestructura tu conducta mental, te ayuda a empatizar. Pero los problemas graves que tengas en tu vida, que necesiten de una solución, el zazen no lo solucionará.
Si hay en tu vida espinas clavadas debes desclavarlas. Hay un dicho que dice:

"Con frecuencia se dice que aferrarse a sí mismo es como tener una espina clavada en la piel y que el budismo es una espina para sacar la primera, pero si éste se convierte en otro método de aferrarse a sí mismo mediante la búsqueda de una seguridad espiritual, las dos espinas se convierten en una, y entonces ¿cómo se las va a extraer?"

Ésta es ,en definitiva, una de las enseñanzas no sólo en el Zen sino en cualquier psicoterapia que se precie de solucionar problemas de conducta.
Así pues, claramente tenemos problemas a diario y siempre nos surgen nuevos, que hay que ir resolviendo. Pero hay algo, siempre hay algo... Esa espina que tu mente dictamina que "te ha fabricado". Ese terrible hecho que te hace sentir totalmente perdido, siendo víctima de sus circunstancias y que además te marca cualquier acción futura... 
Resuélvelo navegante. 
Luego, nos sentaremos a ver lo que sucede...

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viernes, 1 de febrero de 2013

De cómo para verlo bien, has de subir al tejado.

Sabemos que para tomar consciencia de algo, o de varias cosas, debemos tomar distancia. Pero decirlo es algo sencillo, y hacerlo se nos hace completamente imposible cuando nos vemos invadidos de pena, desesperanza, o lo que podríamos generalizar como "frustración" que es una palabra que define perfectamente la idea.

¿Y cómo podemos hacerlo, saliendo triunfantes y no caer en un vano intento?

Pues la palabra que define perfectamente al "alter ego" de la frustración, es "la compasión".
Pero la compasión como la entendemos normalmente no sirve. No es una cuestión de pena ni de lástima por alguien. La compasión Budista va mucho más allá de todo eso. Es en definitiva, la toma de distancia del sentimiento. El desapego de éste, para poder observarlo, como si de un objeto se tratara, como si pusiéramos bajo la óptica de un microscopio los sentimientos sean negativos o positivos, no hay diferencia alguna. Pues imbuirnos de los pensamientos positivos significa llegar al mismo sitio, a la frustración, cuando éstos cambian. Y todo cambia, así que cuando algo empieza a ir bien, es que está llegando el " ir mal" y vice-versa.

Así pues, observar con distancia la cuestión que nos oprime y ver sus imperfecciones, sus aristas, desde un punto de vista didáctico, nos va a servir para despegarnos del sentimiento y así poder sacar nuestras conclusiones mucho más eficientemente que si cegados por el dolor nos acostamos en un sillón, a "sentir" la sensación de pena que te embarga. Al fin y al cabo podríamos definir esto como "apego" a la pena, pues acabamos sintiendo una especie de "comodidad" -y quisiera que no se mal interpretaran mis palabras- que no te deja "escapar" de la idea. Es como cuando estamos con una ligera fiebre, producto de un catarro y en vez de levantarnos y mover el cuerpo, con lo que encontramos un poco de mejoría en los síntomas, nos acurrucamos con la manta y queremos que el mundo se pare. Para cuando nos queremos dar cuenta, el catarro nos ha invadido completamente.

Esta compasión a la que aludo, este sentimiento despegado que te hace mirar tus "sentires" y también los de los demás, no solo ayudan a "escapar" sino que resuelven lo "resolvible". Por supuesto, como dice Confucio, lo que no tiene solución no es un problema, es otra cosa diferente.

Y se que diréis que hablar es muy sencillo, que a ti o a ti os han pasado unas cosas que yo no he pasado, y tenéis razón. Lo sé por que a todos y cada uno de los navegantes les pasan cosas y son cada una de ella muy diferentes. Y si subimos un poco más la altura de la visión y nos vamos al tejado de nuestra casa a ver "el entorno" comprenderéis que a veces, mientras una persona está pasando "la fiebre" en el sofá de su casa, a Jimmy como le llaman sus compañeros, que podría tener uno o dos años más de vida por la hambruna que azota la vida de los niños en Zimbawe, le va a suceder en este mismo instante que una mina anitipersona le deje postrado en una cama, con lo que no pueda correr, cuando los soldados que recogen los "diamantes de sangre" vayan a su pueblo. Veis? sólo había que aumentar la distancia.

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miércoles, 23 de enero de 2013

De cómo es imposible atar un paquete con un meridiano.

Las unidades de medida que el ser humano ha construido son grandes herramientas para nuestro desarrollo, y decir lo contrario sería absurdo. Así, tenemos los meridianos, que son líneas que hemos creado para dividir la tierra en partes y con ello, poder establecer usos horarios y otro tipo de herramientas para la sociedad global. También hemos creado el metro, una unidad de medida muy utilizada a diario por míles de personas. Y las horas, esa partición que divide el día para poder tener un cita sin llegar tarde.

Pero una cosa es utilizar dichas herramientas para el bien común, y otra cosa muy distinta es pensar que estas "clasificaciones" son reales, o que están presentes realmente en la naturaleza.
Debemos tener presente que no podemos atar un paquete con un meridiano.
Del mismo modo, la identificación de nosotros mismos que utilizamos en la vida, es otra irrealidad tan grande, que ha acabado por confundirnos por completo.

La idea de nosotros mismos se basa sobretodo en dos grandes clasificaciones mentales:
El pasado, lo que fuimos, el recorrido realizado y las experiencia adquiridas.
El futuro, lo que seremos, los proyectos, las ilusiones, las metas a alcanzar.

PERO TODO ESO NO ES REAL.



Tal como un meridiano, el futuro es una predicción un tanto arriesgada de algo totalmente impregnado de las ilusiones y deseos.
Tal como una hora, el pasado es sólo un eco vibrando en las paredes de nuestra memoria, algo que ya nunca más sucederá, por mucho que nos empeñemos en reproducirlo.

Entonces nos vemos a nosotros mismos como una película, algo secuencial que desde el pasado nos ha hecho, nos a fabricado. Todas nuestras experiencias, nuestras emociones, la educación recibida... Todo lo que viene del pasado nos construye.
Pero no es algo cierto, el pasado no puede construirnos del mismo modo que la estela que deja un barco al navegar no construye al barco. Es el barco el que hace la estela.


Somos nosotros los que construimos el pasado.

Y visto así, parecería que todo es muy triste, y que la realidad nos trae la visión más pesimista de la vida, pero no es cierto. No es así como es realmente, por que no debemos olvidar el presente. El presente o mejor dicho, el ahora, es la única realidad posible, la única realidad en la que tienes el control.

Y ES ETERNO.

Si eliminamos de la ecuación el pasado atado a nuestra memoria y el futuro acoplado a nuestros deseos, nos queda el eterno ahora, donde no hay tiempos, ni horas que deban ser medidas.
Y así, desprovistos de la losa del pasado y el futuro, sin herramientas de medición, sin una idea del "yo" y solos en este inmenso ahora, es lo que realmente somos.

Pero lo bueno del caso es que no podemos explicarlo. Yo mismo, con este blog, sólo doy un rodeo a la cuestión para que algunos de vosotros captéis el concepto, pero en realidad no puedo acercarme a la realidad de la cuestión mucho más de lo que lo estoy haciendo.

LA PALABRA NO ES LA COSA.

Con la palabra agua, no me mojo. Del mismo modo, describir o explicar cómo es ese presente donde vive la realidad es algo que sólo se puede EXPERIMENTAR.
Sigue conmigo, navegante. Vamos a surcar los mares de esa realidad, a dejar estelas de espuma en el agua salada. Quedarán atrás, en el pasado ilusorio, dando vueltas...
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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...