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jueves, 28 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del mundo.

Las personas que nos consideramos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor podemos caer, en determinados momentos, en conductas que reflejan -como seres sensibles y además cognoscentes que somos- una gran frustración que puede desembocar de una forma lógica y comprensible en rabia, ira y pataletas momentáneas ante una o varias determinadas situaciones en las que "no podemos hacer nada al respecto". Y es justamente de eso de lo que trata todo este chiringuito Budista, justo de liberarnos de esa sensación de frustración por lo inevitable, tal como el Buda Sakyamuni experimentó en propias carnes.



Así pues, de eso se trata. Podemos darle las vueltas que queramos, practicar todos los ritos y liturgias, declarar la guerra a la comida y los placeres o quedarse en posición "escultural" diez años, que hasta que no profundicemos en algo tan sencillo como que "nada se puede hacer", y que es algo totalmente irremediable y que más que entenderlo hay que asumirlo, no podremos estar en disposición de liberarnos de ese estéril pensamiento o sentimiento que acude a nosotros de vez en cuando.

Y esto sucede por que hay acontecimientos que, de forma totalmente comprensible y natural, nos sacan de nuestras casillas. Que unos elementos que nosotros hemos puesto ahí para que controlen nuestro "estado del bienestar" se hagan millonarios a costa de nuestro dinero, nos frustra. Yo soy el primero que necesitaría "un día de furia" tal como la genial película interpretada por Michael Douglas hace ya unas décadas, pero si lo pensamos bien, sólo frustraríamos a otros que nada tiene que ver con esta pesada losa que se nos ha "regalado" sólo por que los más ricos se dieron cuenta que sus millonarias montañas de oro, tal como "El tío Gilito" ese personaje de Walt Disney, habían descendido unos pocos centímetros. "Hay que crear más pobres" se dijeron unos a otros mientras contaban sus monedas doradas.



Dime tu a mi si cualquier ser que tenga sentimientos no habría salido con la escopeta de cañones recortados a darle un par de regalitos a semejante individuo... Pero eso es sólo una idea... jamás sucederá.
Lo pobres desequilibrados que aparecen en las noticias y que se han cargado a alguien por "un día de furia" siempre acaban con que ese "alguien" era cualquier persona tan frustrada como el asesino, pero "el tío Gilito" nunca aparece entre los muertos.

A otro nivel, en nuestro día a día, cuando vemos que hay personas que maltratan a alguien, a una mujer a un perro o a ellos mismos, sentimos esa frustración irremediable. Cuando en las noticias nos enteramos que hay personas que son capaces de matar por "sujetar" a las mujeres que quieren aprender, que son capaces de mutilar, que ponen minas para que los niños salten por los aires, que raptan y que se inmolan destrozando vidas incluida la suya, la ira se expande desde nuestra mente hasta nuestro corazón, donde allí lo aprieta hasta encogerse.

                                                                       "Ablación"

Pero hemos de entender que hay dos caminos muy claros en este "dilema frustrante". Uno es el de ayudar a que las cosas no sucedan del mismo modo, cambiar el patrón. Está claro que no podemos solucionar las cosas que suceden de forma personal. Pero podemos, si eso nos va a hacer sentir mejor, cambiar las situaciones que nos desagradan siempre tomando como referencia que el cambio no será una constatación real, sino una personal. Uno se siente mejor cuando hace algo por ayudar, pero no se soluciona el problema. Es de tal magnitud, que es imposible que un individuo pueda hacer algo más allá de dejar de sentirse frustrado.
El otro camino, igual de aceptable moralmente por que al final es idéntico al primero por que tiene el mismo fin, es el de darse cuenta que este mundo, esta representación universal "es así". Esto nos hace dar las gracias continuamente por no ser ni el que pone la mina antipersona ni el niño que explota por culpa de esa mina.
Ese agradecimiento a la existencia, es una de las acciones Budistas que van a empezar a hacernos ver que lo que tenemos es "lo mejor que podemos tener". Levantarte por las mañanas y no tener que matar a nadie, ni hacer ninguna ablación, ni siquiera tener que ser atrapado a manos de algún hijoputa, es el regalo natural que nos ha tocado vivir y que, por contrapartida debemos asumir cuando encendemos la tele y vemos "el otro lado del mundo".



Y los dos caminos son igualmente caminos Budistas, de libre elección. Y antes de ayudar a otros por el simple hecho de sentirte mejor, debes ayudarte a ti mismo a sentirte mejor. Y entonces todo funciona, las cosas simplemente "son" por contrapartida, por contraste. Sea una cuestión mundial, nacional o simplemente personal, en tu casa, en el trabajo con tu jefe, las cosas "son". El escenario puesto ante ti para contemplar los sucesos, es el mejor escenario por que además, aunque voláramos en nuestra mente hacia "el otro lado"
allí encontraríamos también todos esos contrastes entre unos y otros de tal modo que seguiríamos dando las gracias, por ejemplo por que "sólo han matado a dos de tus hijos cuando a la vecina se los han matado todos".

En fin, esta entrada quería servir para varias cosas. La primera para ayudar a las personas que necesitan ese empujoncito para dejar esa "ira estéril" a un lado y que empiecen a trabajar por sí mismos y las personas de su alrededor. La segunda para seguir diciéndole a los lectores, como he hecho en muchas ocasiones, que si queremos hacer algo para cambiar la situación que tenemos actualmente en los países desarrollados, debemos empezar por nosotros mismos, pues "ellos", los "tíos Gilitos" sólo nos necesitan para que consumamos. Con esto, alivio de algún modo mi ira, consecuencia de mi frustración y evito tener que sacar "la recortada", je,je,je.....
Y la tercera utilidad de esta entrada es, como siempre, para dar mi opinión muy personal sobre que el Budismo Zen ( el que yo practico) es en igual medida acción a la hora de resolver los problemas (sean cuales fueren) y compasión. Y la compasión de tal forma que eres consciente de "lo que ocurre", sea lo que sea, y como las ideas lo dejas pasar sin implicarte mentalmente, pues NADA SE PUEDE HACER.....

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lunes, 11 de febrero de 2013

Antes de despertar debes conocer a la parca.

"La muerte llega altanera y orgullosa, creyendo que vamos a dejar de existir, pero no es así, la que dejará de existir, es la propia muerte, porque nosotros, vamos hacia un lugar donde la muerte no existe."

Elizabeth Krübler-Ross.






Estas palabras encierran una forma de "ver" que no acaba de ser bien entendida, por que atañe a las ideas.

Y la idea que tenemos de la muerte, es una idea que viene de la vida, de su opuesto, y por eso siempre acabamos equivocándonos de concepto, por que siempre acabamos definiéndola, algo totalmente imposible.


Así que como siempre hacemos en este blog, hay que cambiar las preguntas cuando las respuestas no nos llevan a ningún lado, o por lo menos a ningún lado aceptable por personas mínimamente inteligentes.

Definimos la muerte de varios modos, dependiendo del grado de teísmo que tengamos:


1- La muerte es el cambio de una vida a otra diferente. (véase el cielo, el paraiso o el infierno, purgatorio, limbo etc... una vida donde seguimos siendo "yo")


2- La muerte es el fin de todo. (véase el fín de "yo")


Pero... si en la naturaleza de las cosas no hay blancos y negros, sino toda un escaparate de tonalidades, por qué nos empeñamos es "cerrar" la cuestión con un mero si, o no?


Cambiemos la pregunta... ¿Qué es la muerte? por... ¿Qué ocurre con nosotros cuando morimos?

Y aparece una pregunta más... ¿Qué significa "nosotros"?

Nosotros, o sea "yo", es la idea que tenemos de nuestra consciencia. Nuestra consciencia se rige ante todo por nuestros sentidos sensitivos, con lo que ocurre que nuestro "yo" acaba cuando acaba nuestra consciencia.

Y si ya no somos "yo" y no tenemos consciencia... Qué somos?

Pues yo diría que habiendo dejado de ser "yo" no tenemos que dejar de ser consciencia, aunque podemos ser otra consciencia diferente a "yo". Una donde no hay sentidos. Y volvemos a la primera pregunta... sabiendo ahora que "nosotros" es sólo la idea que tenemos de un suceso.... ¿Qué ocurre con el suceso "llámalo consciencia o átomos danzando entre si creando energía" cuando morimos? NADA. Todo sigue igual, los átomos siguen moviéndose de aquí para allá, quizás más lentamente, generando mucha menos energía.


Pero entonces... ¿"yo" desaparece para siempre?

El "yo" que era una idea, SI. Puesto que no hay forma de retener la idea, ya que nuestro cuerpo está finiquitado, "yo" seguirá siendo lo que fue realmente cuando estabas vivo... NADA. El problema es que nos asusta la pérdida de esa idea, de ese "yo". Eso es todo, eso es la muerte.


Por otro lado, aludiendo a la frase de Elizabeth Krübler-Ross, si no seré "yo"... ¿Cómo voy a saber qué es la muerte? No hay muerte nada más que para los vivos. Sólo los vivos experimentan la muerte... en los demás. Y esa es la forma que tiene la naturaleza, el universo de expresar que estamos vivos, por que sino... ¿Cómo podríamos saberlo? ¿Con qué íbamos a compararlo?


Se que la idea que os planteo es sólo otra idea más dentro de la parafernalia de ideas que pueden deambular por las mentes humanas, y que una cosa es esa idea y otra es el dolor por la pérdida de un ser querido, al que ya no volveremos a ver más. Eso es del todo doloroso, y hemos de pasarlo. Pero mi planteamiento es algo totalmente comprobable... Sólo hay que sentarse y sentirse. Sólo hay que dejar a un lado la idea de "yo" para comprobar en nuestras propias carnes la cuestión. Si, ya sé que no se puede comparar el estado meditativo con la muerte... Por que el estado meditativo es el estado de "realidad absoluta" y la muerte es sólo la idea opuesta a la vida que tenemos.


Sólo la idea...

miércoles, 6 de febrero de 2013

De cómo antes de agarrarse al Zen hay que soltarse.

Una de las paradojas de esta práctica es que no debe haber un fin para alcanzar nada, por que lo que queremos alcanzar es el fin del asisamiento, del agarre. Y uno no puede querer alcanzar el fin de "los agarres mentales" agarrándose al Zen. Veis la paradoja?

Así que uno debe sentarse por que ya se ha dado cuenta de la inutilidad de agarrarse, se debe ser consciente de que todo lo que sucede dentro de esa cabeza, es un suceso y no todos los sucesos. Uno debe tener la certeza de que los sucesos, el suceso, es algo que ocurre fuera de nuestra mente y no dentro de ella, y que nuestro impulso mental es sólo un acontecimiento más. Y quiero ir más allá, diciendo que hasta que nuestros "problemas de conducta" que además afectan por completo a nuestra vida diaria y nos "marcan" no quedan resueltos, no debemos sentarnos.


Y muchas personas se sientan para resolver esos conflictos, utilizan como herramienta el Zazen para conseguir sus propósitos. Es cierto que Zazen y cualquier práctica meditativa reestructura tu conducta mental, te ayuda a empatizar. Pero los problemas graves que tengas en tu vida, que necesiten de una solución, el zazen no lo solucionará.
Si hay en tu vida espinas clavadas debes desclavarlas. Hay un dicho que dice:

"Con frecuencia se dice que aferrarse a sí mismo es como tener una espina clavada en la piel y que el budismo es una espina para sacar la primera, pero si éste se convierte en otro método de aferrarse a sí mismo mediante la búsqueda de una seguridad espiritual, las dos espinas se convierten en una, y entonces ¿cómo se las va a extraer?"

Ésta es ,en definitiva, una de las enseñanzas no sólo en el Zen sino en cualquier psicoterapia que se precie de solucionar problemas de conducta.
Así pues, claramente tenemos problemas a diario y siempre nos surgen nuevos, que hay que ir resolviendo. Pero hay algo, siempre hay algo... Esa espina que tu mente dictamina que "te ha fabricado". Ese terrible hecho que te hace sentir totalmente perdido, siendo víctima de sus circunstancias y que además te marca cualquier acción futura... 
Resuélvelo navegante. 
Luego, nos sentaremos a ver lo que sucede...

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jueves, 31 de enero de 2013

De cómo lo que vemos rojo, es de todos los colores menos rojo.

Es curioso como de chaval, siendo un estudiante muy disperso, se quedaron grabadas en mi cerebro ciertas "curiosidades" que nos comentaba uno o dos profesores que en aquel entonces lidiaban con nosotros. Una de esas curiosidades fue la "lección" que nos impartió uno de los "profes" sobre cómo las cosas a veces no eran lo que parecían, sobretodo en ciencia.

Resulta que cuando vemos algo de algún color determinado, por ejemplo el rojo, ese objeto tiene la propiedad de absorber todos los colores menos el rojo, que expulsa hacia nuestros órganos sensitivos de la vista. Por eso lo vemos rojo.



 O sea, que ese presunto objeto rojo, contiene toda la gama de colores, que juntos darían como resultado el blanco (la luz del sol, mas bien), menos el color primario rojo, que queda excluido de la ecuación, con lo cual al rebotar viene directamente hacia nosotros, y por eso lo vemos rojo.
Y sólo puede suceder esto, tomando como base la luz blanca o del sol. Si el sol fuera de otro color, la combinación cambiaría completamente, tal como vemos los colores en una habitación de un fotógrafo (analógico) cuya bombilla roja, hace que el color rojo que podríamos ver a consecuencia de un objeto expulsando tal color, fuera blanco.
Curioso, por que a pesar de ser así, es un blanco extraño, como que nuestros ojos hubieran sido diseñados para vivir bajo la luz solar únicamente.
Bueno, en efecto así es. Aunque yo no lo llamaría diseño...
Pero esa no es la cuestión, sino que bajo toda esta perspectiva, entonces entiendo que una cosa blanca contenga "ningún color", pues los desecha todos y por eso las cosas blancas son más frías. La luz blanca del sol, que contiene todos los colores, rebota. Y por ende, un objeto negro no desprende ningún color, se los queda todos. Y el símil me encanta, pues resulta que la oscuridad que se nos presenta ante nosotros, el objeto mas negro y misterioso, más vacío, resulta que contiene TODO...

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viernes, 18 de enero de 2013

De cómo el Tao se esconde justo cuando lo buscamos.

En las raices del pensamiento chino subyace algo que nunca puede ser atrapado con el pensamiento. Este concepto sin clasificación aparece por primera vez hace cuatro mil años en un libro anónimo llamado "I Ching" y que se tradujo como "El libro de los cambios".
Dicho libro trata sobre adivinación, pero lo hace de un modo natural y poco esotérico, como si cualquier persona pudiera acceder a dicho conocimiento. En este escrito aparece por primera vez el nombre de TAO (Dao). También aparecen con asiduidad el Yin y el Yang, dos interpretaciones a las que luego Albert Einstein llamaría "Teoría de la relatividad".

Mucho tiempo después, en el siglo VI a.c, un sabio llamado Laozi (Lao Tsé) escribió un libro llamado "Tao Te Ching" (Dào dé Jing):

El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre inmutable.
La no existencia es el principio del cielo y de la tierra.
La existencia es la madre de todo lo que hay.

La cuestión es que las palabras en Sánscrito como en chino son de muy difícil traducción y pueden interpretarse de muchas maneras. Por eso al leer el texto completo, debemos tener la mente muy atenta para entender lo que Lao Tsé nos quiere decir. (lo encontrarás en Google fácilmente).



En estos escritos, Lao Tsé nos cuenta que hay algo (más un verbo que un sujeto) que no puede ser captado por la mente por que está más allá de ella. Cuando intentas captarlo, se esconde. Cuando intentas atrapar la idea, piensas en ello, o lo clasificas, se pierde entre las palabras y nunca puedes llegar a definirlo. Está fuera del pensamiento, así que ningún ser pensante puede hacer nada con ello. Sólo cuando la mente trasciende el pensamiento, es cuando el Tao puede sentirse, y está en todas partes, haciéndolo todo, de forma trasparente a nosotros.
Aunque no me gusta clasificarme, me considero más Taoísta que Budista, aunque ciértamente las dos filosofías encajan muy bien, enpástan perfectamente. Fijémonos cómo es muy similar la conducta del Tao con la que Visnhú nos proporciona en su sueño, donde nada queda por hacer pero de forma totalmente opaca, oscura a nuestro entendimiento.

Cuando el supuesto monje Budista llamado Bodhidharma, llegó a la china con el Budismo, las dos culturas se uinieron y apareció el "Chán". Un Budismo en el que las nobles verdades del Buda estaban muy presentes y el Tao también, formando perfecta armonía. De hecho, el Buda llamó al "Dharma o Dhamma" (el conjunto de procesos por los cuales el hombre se frustra y la forma de acabar con ella), la "via media"; un camino en que el ascetismo extremo quedaba atrás y el hedonismo también. También el Taoísmo y a consecuencia del Yin y el Yang, es una "via media", donde las clasificaciones de "bueno" y "malo" quedan atrás, y todo concepto mental es sólo una forma más de alimentar el "yo".

Así pues, se estaba formando una linea sucesoria desde el mismísimo Siddharta hasta Bodhidharma, que luego seguiría mucho más allá, incluso atravesando fronteras hacia Japón gracias a Eihei Dôgen, principal maestro Japonés que viajó a china para aprender el Chán. A su vuelta fundó la escuela Soto, y el Chán, por traducción japonesa, se convirtió en el Zen. Al no poder ser explicado, el Zen se impregnó de las artes japonesas, y dió lugar a los Haikus, los Sumi-e, los jardines, decoración y toda la estética "vacía" del Zen con la modernidad y arte plástica japonesa.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...