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jueves, 8 de septiembre de 2016

El libro mató a la estrella de rock...

Queridos lectores:

Hace más o menos ocho años, mientras una profunda crisis de ansiedad y estrés se fundía en mi ser, abrí un libro y el libro me abrió a mí.
"El camino del zen" rezaba el título.
Así empezó un camino gradual a ningún sitio, en el que leí mucho y empecé a sentarme en una postura que parecía más un jeroglífico que una forma de relajación.
En esos días me dio por iniciar un blog llamado "el manuscrito zen" que duró tres años y unas cuantas visitas de lectores hasta que decidí "matarlo" sin dejar huella en las redes, por mera práctica hacia el desapego de una querida creación difícil de soltar.
Luego surgió otro blog, Sasporimazaca! y creo que ha sido mi mejor blog aunque tampoco tuviera demasiadas visitas. Al final no se trata de ser muy leído sino de encajar o causar algún tipo de "algo" en alguna persona, porque este ego funciona así y hay que dejar que se exprese.



Después de otro blog de Haikus donde aprendí más de otros que de mi trabajo, decidí volver a "reencarnar" el manuscrito.
Y este es el trabajo realizado en estos últimos años y he de decir que me habéis visitado mucho más de lo que podía imaginar.
La brillante y exitosa idea de hacer un e-book al respecto, ha sido toda una experiencia que por un lado me ha satisfecho mucho y por otro, ha matado este blog que a día de hoy siento que ha de ser cerrado. Por supuesto quedará en las redes para los navegantes, pero se ha cumplido una etapa y hay que saber cuando es el momento de cambiar de tercio.

Ha sido maravilloso tener esta experiencia con vosotros, me llevo toda una mochila de acontecimientos, algunos no demasiado agradables, pero son de gran utilidad en mi camino.
Por supuesto el libro quedará al servicio de cualquier persona que quiera indagar; una vez cumplido el tiempo legal en Amazon donde puedes comprar el libro por 0,99 euros, voy a dejar un par de enlaces en Onedrive aquí abajo y a la derecha para su descarga gratuita:

EL MANUSCRITO ZEN, EL LIBRO en Skydrive (onedrive) versiones pdf, epub, mobi





Me quedo con mis dos blogs fetiches, que también os enlazo y que creo que son verdaderas joyas del Budismo en las redes: "El blog de Tao" y "Huellas del zen".
Seguramente vendrá otro blog (ya estoy en ello) que también enlazaré en la columna de la derecha a su debido tiempo.

Hasta aquí llegamos, querido lector. Siempre en Gasshô.

ACTUALIZACIÓN, 15/02/2017

Después de un tiempo con el nuevo blog "No es país para Budas", lo cierro. El experimento ha concluido, y la conclusión es que no se deben mezclar Zen, política y fotografía, la receta no es fructífera :D

Si alguna vez vuelvo a escribir, será en este espacio como forma definitiva de expresión escrita, y será hablando de Zen. Por el momento, nada más. En Gasshô

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miércoles, 13 de julio de 2016

Salir de la trampa.

A menudo hablo con personas que buscan desesperadamente una solución a sus problemas, las herramientas necesarias para que el dolor y frustración cesen. Muchas personas, creo que cada vez más, necesitan una senda que les guíe por un camino complicado de descubrir, difícil de entender y aceptar.
Y es complicado explicarles que no hay una receta para extinguir de una vez por todas sus problemas, que sólo hay unas pautas ancestrales que nos llegan de oriente, a veces muy distorsionadas o a veces las distorsionamos nosotros, y que realmente necesitan de un interlocutor que sepa expresar bien lo que quieren decir. Por ello, a veces encontramos a gurús hablando y hablando y no nos llega la información como debiera y sin embargo otras veces, como me pasó a mi con Alan Watts, recibes una sacudida de información que tu mente asimila y absorbe de manera brutal, dejándote de algún modo, al descubierto con el mundo.

La cuestión es que dichas pautas a seguir, que para todo el mundo son las mismas (mindfullness, zazen, atención consciente, o como diría el maestro Kosen: "Sólo Zazen, Kinhin, Sampai, Genmai y Samu.") y eso lo entiende todo el mundo, parecen no trascender en la enseñanza que realmente nos deja el Buda Sakyamuni cuando dice que el "yo" es una construcción temporal de un cuerpo que nace, crece y muere sin un "yo" real, sólo con una idea de "yo". Dice, que lo que hay de real en nosotros, no tiene identidad fija, no nace ni puede morir, pero eso a lo que le sucede no es un "yo", no somos nosotros como tal. Y esta enseñanza, marca la diferencia entre alguien que practica y practica creyendo que es un "yo" y alguien que ya ha asimilado que no hay una estructura definida como "yo" y por lo tanto las cosas que suceden no le suceden a nadie realmente. Las ideas que aparecen no tienen una identidad propia, sino que más bien son un continuo kármico que crea olas en un océano temporal definido.

Y uno deja de buscar herramientas, sólo acepta la información, y practica las formas ancestrales de auto-conocimiento, pero con la consabida descarga emocional que supone no estar atado a una idea de permanencia y de personalidad fija que sólo causa dolor y malestar. El "yo" sigue estando ahí, sigue yendo a trabajar y al supermercado, ciertamente cambia algunos hábitos de forma natural, pero sigue enredado en las ideas. Ese "yo" sólo dejará de existir cuando muramos o quedemos enajenados, pero ahora ya sabemos que sólo es una convulsión mental, una idea temporal.

Sonríe, pese a todo, sonríe :) 






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viernes, 1 de julio de 2016

El miedo y las causas.

Una de los sentimientos o sensaciones que más me han impactado a lo largo de los años, ha sido el fenómeno del miedo. No quiero decir con esto que ya no lo tenga, pero con los años he aprendido a asimilar que es un sentimiento más, una idea insertada que nos ayuda a correr en caso de peligro, pero que no debiera condicionarnos cuando estamos sentados en el sillón. Curiosamente en este estado es cuando el miedo se apodera de una manera tan cruel que no podemos salir del círculo vicioso en el que nos envuelve.

Recuerdo que cuando era muy joven  tenía miedo a todo. Mi imaginación hacía el resto, con lo que era habitual pasar las noches en vela, sintiendo que me agarraban los pies e incordiando con mis gritos a mi padre, que tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Decidieron ponerme una pequeña luz en la habitación para poder mantener las noches con cierta tranquilidad.

Una vez crecí los miedos se volvieron cada vez más adultos. El miedo al fracaso, en las amistades, en el trabajo, con la pareja...

Y así uno vive con este sentimiento bien arraigado, hasta que por alguna razón hay un momento de consciencia, donde hay aceptación y donde hay cierta dosis de resolución (o revolución).
En ese momento los miedos abandonan su cometido, desaparecen, aunque no del todo. Pero aunque algunos miedos permanecen, ya no te aplastan ni te hacen sufrir más de lo íntimamente necesario. Luego pasan de largo, porque no hay nada que se quede en uno si ya sabes que "uno" no es una cosa rígida y estática. Ese "uno" es sólo una idea más, como la del miedo, una idea necesaria pero irreal.



¿Cuál es la causa de que aparezca la sensación?

Pues en muchos casos, como el mío, es la inseguridad del individuo. Donde hay inseguridad, hay miedo y donde hay una idea del "yo" muy arraigada, hay miedo. En muchos casos la psiquiatría intenta ofrecernos auntoestima, para que el miedo desaparezca, pero el Budismo trata algo más profundo. El Budismo no comparte la idea de valorar el ego más allá de la herramienta social, sino de darse cuenta de que es algo inexistente y por consiguiente desechable como algo real o consistente.
Así te das cuenta de que el miedo desaparece cuando no hay lugar donde aparcarlo. Si no hay un lugar donde resida, como va a poder permanecer?

Puede que el miedo aparezca, incluso la sensación pudiera ser atroz, pero cuando sabes que no perdurará, no hay posibilidad de que ese miedo te posea.

El miedo es inútil, no sirve para nada. Las cosas pasan, independientemente de la sensación. La sensación está de más salvo cuando aparece para alertar.
La sensación es sólo una sensación, un sentimiento, una idea.
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lunes, 6 de junio de 2016

La predisposición y la causa.


Muchas veces suelo decir o escribir que todo eso de la positividad  no es más que el agarre escondido en lo más profundo de las entrañas del individuo.

De hecho, muchos gurús y maestros hablan sobre el Kensho o Satori, o sea, la iluminación budista, como la explosión que sucede después de estar "en el precipicio", o sea, en un estado anímico muy bajo, o de depresión profunda, donde todo ya no importa en absoluto. En ese estado el ego (ese yo ilusorio o imagen de uno mismo) está completamente hundido y es justo en ese momento cuando parece ser que se abre una "Backdoor" (puerta de atrás en término hacker) o grieta por donde entra cierto tipo de información más sensitiva que intelectual sobre "ese que no soy yo" pero que íntimamente aceptas como propio.

También es lo que sucedió en mis carnes. Aunque imagino que en cada individuo es diferente, pues en mi caso no fue de "sopetón" sino en un descubrimiento y aceptación íntimo que de forma secuencial y en el tiempo fue despertando y reestructurando algo que estaba pero que no aparecía, o por lo menos no era evidente y  no estaba estructurado.

Muchas veces hemos oído algo así como "desde el ego no puede haber comprensión experiencial, sólo intenectual" o en otras palabras, desde la imagen ilusoria del "yo" puede entenderse intelectualmente el concepto del "no hay yo" pero no se siente así, con lo que acaba no tomándose en serio, retrasando así de forma indefinida la conexión de la experiencia "Aquí y ahora".




                                                       Imagen: "Samsara" (Tumbrl)


(Indico aquí, como muchas otras veces, que la iluminación no es algo fantástico ni mágico, ni divino, sino que es simplemente poner luz donde había oscuridad, o sea, sobre el propio ser que "no es un yo").

Entonces, ¿Qué sucesos deben darse para que la iluminación llegue a término?

Pues según mi experiencia y la de otros (posiblemente no es la de todos), una depresión tal que hay un desasimiento del mundo del "yo", sumado a una causa (información) intelectual en el propio momento adecuado, o una acción similar a la información, como por ejemplo una música (y cierta información intelectual que creo que siempre está cuando ocurre).

Nótese que hablo de "desasimiento" y no de agarre. Muchas veces es posible que el individuo esté en ese estado depresivo y con según qué información puede "salir" de dicha depresión "agarrándose" a una práctica espiritual que en ningún caso va a resolver el problema, pues sigue habiendo un "yo" consistente. La cuestión es que debe haber un abandono de todo, un "toque de fondo" del individuo que ya no puede más y la consiguiente información que aparece en ese momento le ayuda a acabar de "dejar ir" para que entre una nueva información en forma de acción y también en forma comprensiva, intelectual e íntima.

Sabiendo que por mucho que aquí se explique, todo va a quedar en un juego de palabras sin más, el intento es "mostrar de forma escrita" ( o dar una rodeo) a algo que le ocurre a mucho individuos y en el que la acción que sucede es totalmente ajena al propio individuo y éste no tiene ninguna libertad de elección y sólo queda dejar que las cosas sucedan "per sé".

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martes, 5 de abril de 2016

Sobre lo recorrido.



Uno a veces, echa la mirada atrás, en esos pasillos de la mente que llamamos recuerdos y que nos son tan útiles, para reafirmar el discurso o evadirse del momento presente. Y en esa mirada contemplamos el recorrido realizado, los pasos que hemos dado hasta llegar a este preciso instante.

Uno ha de tener en cuenta, que la memoria y el uso que hacemos de ella son realmente historias que nos contamos, puesto que lo que ocurrió debe pasar por el filtro del discurso y ahí nuestro subconsciente cambia de lugar las pequeñas cosas que hacen que aquel presente sea diferente de este pasado. No debemos caer en el error de pensar que las cosas que recordamos son como sucedieron entonces, porque esa es una de las cosas que hacen del buscador un ser ignorante (Avidya).



Así pues, los recuerdos deben servirnos no sólo para aprender de los errores o para evadirnos del ahora sino para someterlos a la ecuanimidad y la atención del despierto, del Buda. Repasar lo que sucedió y reducir o ampliar los actos, indagar sobre aquellos sucesos sin un "yo" que dictamine sobre "bueno o malo", "error o acierto", que no se implique sentimentalmente en ello, puesto que son recuerdos pasados, que investigue los sentimientos que surgen de unos y otros recuerdos, es un gran ejercicio para la memoria y además nos sana, nos desemboza aquellos centros del fluir vital que en la India llaman Chackras, símbolos de la unión "cuerpo, mente, sentimientos, colores, minerales" como un todo que fluye sin independencia de nada.

Y en ese camino, uno encuentra verdaderas sorpresas, os lo aseguro.
Invito al buscador a adentrarse en los pasillos de la mente, a buscar esos recuerdos desvirtuados por el propio ego, a aceptar las sensaciones sin implicación, la impermanencia de lo que sucedió como algo que jamás volverá a suceder del mismo modo , ni siquiera en nuestra mente.

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lunes, 22 de febrero de 2016

La zona de confort.

En cuatro o cinco ocasiones he querido escribir sobre este tema y en las mismas lo he dejado estar, porque no se si puedo enfocar bien el tema sin entrar en cuestiones de mi historia personal, algo irrelevante y que no tiene ninguna importancia. Pero siempre se trata de escribir desde la perspectiva de uno mismo, aunque no se quiera hablar de uno mismo, así que... allá vamos.

¿Qué significa "la zona de confort"?

Pues podríamos decir que es una zona de "bienestar" donde hay cierta comodidad mental y física - puesto que no hay dualidad y cuerpo y mente son la misma cosa-, aunque no necesariamente debe ser "algo bueno", puesto que muchas veces encontramos esa comodidad en lo triste, melancólico, inferior, pesimista, etc...
Efectivamente, esta zona de confort se puede situar tanto en una fase anímica alta y optimista como en una pesimista y oscura, aunque también en una zona media, por lo que podríamos decir que siempre estamos entrando y saliendo de estas zonas de confort en algún aspecto de nuestras vidas.
Podemos tener unas zonas de confort en lo que se refiere a relaciones personales y sin embargo estas suspendidos en un vacío en cuanto al trabajo u otro tipo de cuestiones que pueden afectarnos en el día a día.


Incluso dentro de nuestra práctica Budista podemos entrar y salir de tales zonas de confort sin darnos cuenta de en qué punto general estamos con ella, en relación a nosotros como seres que expresan la vitalidad del universo o como egos, con nuestros "yoes" subiendo y bajando esos estados anímicos a toda hora.
Como podemos empezar a vislumbrar, el hecho de estar en una zona de confort a veces puede significar estabilidad pero por contra, es posible que estemos perdiendo oportunidades para nuestro desarrollo por otro lado, con lo que sin clasificar si las zonas de confort son "buenas o malas" deberemos comprobar qué ventajas y desventajas nos ofrecen en determinados momentos de nuestras vidas.

Muchas veces pienso en los jóvenes que desgraciadamente no encuentran un camino de futuro en sus vidas y se instalan en una zona de confort en la que reciben las comodidades de los padres y esperan a que cambie algo, cosa que no suele suceder así de golpe y cuando te has dado cuenta esa juventud arrolladora ha pasado a formar parte del pasado más reciente. De este modo, salir de la zona de confort puede ser liberador y gratificante, aunque uno no sepa dónde va o qué va a hacer. Coger una mochila con ropa y ponerse a caminar con algún rumbo fijado sin el colchón de la "paga semanal" a buscarse la vida, posiblemente sea lo mejor que un muchacho pueda hacer en estos días aunque pueda parecer una barbaridad. Es algo que personalmente debiera haber hecho cuando era joven y nunca hice, por miedo a perder lo que al final acabé perdiendo por quedarme en tal zona de confort.

Con esto no quiero decir que siempre sea bueno salir de tales zonas, porque dependiendo de a qué nos refiramos puede ser positivo quedarte en ella, tal como hacemos en Zazen con nuestro culo y sin embargo pese a que lo mejor que podemos hacer es sentarnos, cuando lo hacemos jústamente lo que pudiera ser una práctica de comodidad se convierte en "la eterna salida de las zonas de confort".

Y es justamente la práctica la que en estos años me ha enseñado dos cosas fundamentales:

La primera, que debí marcharme con la mochila cuando era el momento independientemente del resultado que hubiera podido salir de ahí.
La segunda que lo que pasó es inamovible e irrelevante y que "lo que hubiera pasado" es sólo una elucubración mental que quiere llevarme a una zona de confort donde la melancolía coexiste con el yo.

Descubrir y aceptar lo que fue y lo que es, seguramente es la experiencia más enriquecedora que he podido tener en mi vida, por lo menos hasta hoy.

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martes, 17 de noviembre de 2015

La religión o la separación?

Lo reconozco, soy muy religioso. Y además fundamentalista y con el dogma siempre cubriendo mi cabeza.
Mi religión es muy clara y no permite salirte del camino ni un sólo momento.

Lo primero que aprendes cuando eres captado por esta religión, es que no tienes ningún poder de decisión sobre tu vida, sino que son los acontecimientos los que al final te llevan a tomar un camino, y siempre es el mismo puesto que siempre son las mismas condiciones, hasta que las condiciones cambian, algo fuera de nuestro alcance.

Después viene eso de que uno no es uno, sino que no hay nadie ni nada, con lo que todo es un suceso que baila, independiente de lo que uno crea que es. Eso me deja a la altura del betún, el hecho de no tener ninguna importancia en el universo me deja totalmente descolocado, pero además lo mejor de todo es que pese a no tener importancia, sin uno mismo, el universo no existiría, por lo tanto, lo que pudiera ser Dios es en realidad uno mismo, que encima no es nada.
Es de locos.
Así que jamás se me ocurriría coger un fusil para matar a nadie, no sería muy religioso si hiciera esto.
¿A quién iba a matar yo, si no soy un individuo y tan ni siquiera hay gente?

SOLO ME MATARÍA A MI MISMO.



Esta misma religión que me tiene atrapado, también me dice que cualquier otra persona, aunque profese la misma religión que yo ( y no digamos si profesa otras), ve el mundo de forma diferente a mi, por que la visión de cada ser humano es diferente al resto, aunque a veces parezcan exactas. Y todas estas forma de ver las cosas son igualmente válidas tal como la mía, aunque yo no lo entienda.

Luego, esta religión que profeso, me dice que el fundamentalismo que tanto amo es sólo una cortina de humo, y que no debo creer nada que no pueda experimentar por mí mismo. Que debo investigar, buscar y encontrar mi verdadera naturaleza y que todos, incluso el asesino que se ha cargado a unos cuantos en París, o el que ha aniquilado a otros tantos en Irak, o en Libia (si, los muertos son también todos iguales, sin distinción, aunque pueda parecer lo contrario), incluso el jefe de estado que manda misiles a los palestinos o el palestino que se viste de muerte para ir al restaurante israelí, también tienen esa naturaleza y que hay que intentar ser compasivo con ellos, aunque el estómago y ese "yo" inexistente digan lo contrario.

Así pues, soy esclavo de mi dogma. Soy de los que mueren, pero no de los que matan. Porque al final se trata de eso únicamente, por muy enrevesados que sean los conflictos donde se mezclan el terror de estado, la estupidez fundamentalista terrorista y el petróleo o el gas.

Al final no hay buenos ni malos, sino los que matan o mandar matar (o quieren hacerlo) y los que mueren. Yo soy de los que mueren, estoy con los que mueren. Y me compadezco de los que matan, vengan de donde vengan.
Y siendo así, no soy nada especial, no hay nada más en mi que una forma de ver el mundo, una sensación, el mundo mismo matando y muriendo.

Vaya religión que me he buscado...

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lunes, 21 de septiembre de 2015

Las capas.


En varios artículos de este blog se ha explicado ya sobre esto de "las capas de abstracción" pero no quiero dejar pasar esta nueva oportunidad de explicarlo, siendo este tema muy visitado y controvertido, por lo que parece por los comentarios en dichos artículos.

La capa consciente.

Cuando nos referimos a algo, a alguien, cada cosa que pensamos y cómo nos manejamos en este mundo aparente, aparece en la capa consciente del ser humano. Es la capa más superficial, la de los sentidos y la percepción, la del "yo" condicionado por dichas experiencias sensitivas y por la propia mente deambulante entre tiempos pasados y futuros. En esta capa se sufre y se disfruta según las cosas que le ocurren a esa entidad definida por la mente como ego (imagen de sí mismo) y se relaciona directamente con la segunda capa, la capa del subconsciente.

La capa subconsciente.

Como diría Jung, el subconsciente dirige nuestras vidas desde una relativa oscuridad, desde las sombras. Las acciones y conductas conscientes que tenemos, tuvimos y tendremos, están íntimamente relacionadas con este subconsciente que debe reaccionar ante nuestros actos y pensamientos conscientes, aunque estas reacciones a veces no sean entendidas por nosotros mismos y debamos acudir a un psicoanalista para que nos traduzca al lenguaje consciente lo que el subconsciente nos quiere dictar.

La capa inconsciente.

Esta capa de entendimiento es totalmente opaca a nuestro entendimiento formal, con lo que no tenemos manera de poder acceder a ella ni desde la capa consciente ni desde la traducción del subconsciente. Un terapeuta no puede ayudarnos a entenderla así que no sabemos si esta capa está o no relacionada con las otras dos. Es invisible a nuestros sentidos, a nuestra mente consciente y subconsciente y eso hace que no sepamos nada sobre ella, ni siquiera la propia existencia de ésta.
Pero si existiera, tal como Jung pensaba, sería la capa de entendimiento de la realidad del mundo. No sería una capa "en propiedad" tal como sucede con las capas anteriores, sino que esa capa no tendría entidad (el inconsciente colectivo de Jung), no sería mi capa ni tu capa porque en ese estadio no hay yo que tenga nada. Esta forma de entendimiento del universo es una idea que viene de oriente aunque muchos occidentales como Jung la estudiaron de forma hipotética.
Los Budistas y Taoístas creemos en esta capa y la llamamos "la verdadera naturaleza", TaoTathatà.




La capa inconsciente es abarcable a todo ser humano, todo ser vivo, todo ser muerto, toda existencia y no existencia, todo lo que ocurre y no ocurre, aquí y ahora, en este preciso instante.

Desde la capa consciente nos sentamos, contamos respiraciones y lo que ocurre cuando deja de haber un "yo" hasta que uno está de vuelta de nuevo, siendo un ego con sus circunstancias conscientes y subconscientes, eso es sólo un suceso inconsciente que no tiene explicación mental.

Lawrence Leshan habla sobre ello, aludiendo de algún modo a que la meditación (de todo tipo, no sólo zazen) reestructura las bases inconscientes de forma que los pilares que sustentan el resto de capas de entendimiento son reestructuradas, sanándolas, pero sólo es una teoría y por lo tanto una elucubración mental indemostrable.

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miércoles, 16 de septiembre de 2015

El sufrimiento y el concepto del yo.



Primero de todo, he de daros las gracias por la gran aceptación del libro. En escasos dos meses se han registrado un total de mil descargas/lecturas de él, con lo que sólo puedo alegrarme y felicitaros por la gran colaboración, por haber compartido en redes los enlaces y en general por el apoyo recibido.

Gracias desde el corazón a todos.


Los que no habéis tenido oportunidad de descargarlo, en la columna derecha he dejado el enlace permanente a todas las descargas.

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El sufrimiento y el concepto del yo.









Es importante reflexionar en la redacción de la Primera Verdad Noble. Está redactada de un modo muy claro: ‘Hay sufrimiento’, en lugar de ‘yo sufro’. Psicológicamente esa reflexión es un modo mucho más hábil de decirlo. Tendemos a interpretar nuestro sufrimiento como ‘yo estoy realmente sufriendo. Sufro mucho –y no quiero sufrir’. Este es el modo en que está condicionada nuestra mente pensante.

‘Estoy sufriendo’ siempre transmite el sentido de ‘soy alguien que está sufriendo mucho. Este sufrimiento es mío; he tenido mucho sufrimiento en mi vida’. Entonces todo el proceso, la asociación con el yo de uno y la memoria de uno, despega. Recuerdas lo que sucedió cuando eras un bebé…y así en adelante.

Pero observa, no estamos diciendo que hay alguien que tiene sufrimiento. Ya no es sufrimiento personal cuando lo vemos como ‘Hay sufrimiento’. No es: ‘Oh, pobre de mí, ¿por qué tengo que sufrir tanto? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué tengo que envejecer? ¿Por qué tengo que tener tristeza, dolor, pena y desesperación? ¡No es justo! No lo quiero. Sólo quiero felicidad y seguridad’. Esta clase de pensamiento proviene de la ignorancia que lo complica todo y da lugar a problemas de personalidad.






Foto y modelo: Cristina Otero.

Para abandonar el sufrimiento debemos aceptarlo en la consciencia. Pero la aceptación en la meditación buddhista no es desde una posición de: ‘Yo estoy sufriendo’ sino más bien, ‘Existe la presencia de sufrimiento’, porque no estamos intentando identificarnos con el problema sino simplemente reconocer que hay uno. Es torpe pensar en términos de: ‘soy una persona malhumorada; me enfado tan fácilmente; ¿cómo me deshago de esto?’ –que dispara todas las suposiciones subyacentes de un yo siendo muy difícil tener alguna perspectiva sobre ello. Se vuelve muy confuso porque la percepción de mis problemas o mis pensamientos nos lleva muy fácilmente a la supresión o a hacer juicios sobre ello y a criticarnos a nosotros mismos. Tendemos a aferrarnos e identificarnos antes que a observar, atestiguar y comprender las cosas tal y como son. Cuando estás simplemente aceptando que existe este sentimiento de confusión, que existe la avidez o la ira, entonces existe una reflexión honesta sobre la forma en la que es y te has deshecho de todas las suposiciones subyacentes –o al menos las has debilitado.

Así que no te aferres a estas cosas como defectos personales sino sigue contemplando estos estados como impermanentes, insatisfactorios y sin entidad fija. Sigue reflexionando, viéndolos como son. La tendencia es ver la vida desde el punto de vista de que esos son mis problemas, y de que uno está siendo muy honesto y franco al admitirlo. Entonces nuestra vida tiende a reafirmar eso porque seguimos operando desde esa suposición errónea. Pero ese mismo punto de vista es impermanente, insatisfactorio y sin entidad fija.

‘Hay sufrimiento’ es un reconocimiento muy claro, preciso, de que en este momento hay una sensación de infelicidad. Puede oscilar desde la angustia y la desesperación hasta la irritación suave; dukkha no significa necesariamente sufrimiento severo. No tienes que ser tratado brutalmente por la vida; no tienes que venir de Auschwitz o Belsen para decir que hay sufrimiento. Incluso la Reina Isabel podría decir ‘hay sufrimiento’. Estoy seguro de que tiene momentos de gran angustia y desesperación, o al menos momentos de irritación.

El mundo de los sentidos es una experiencia sensitiva. Significa que siempre estás expuesto al placer y al dolor y al dualismo del samsara. Es como estar en algo muy vulnerable y recoger todo lo que entra en contacto con estos cuerpos y sus sentidos. Así es como es. Ese es el resultado del nacimiento.



- Ajahn Sumedho - "Las cuatro nobles verdades"





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domingo, 30 de noviembre de 2014

Dualizando la dualidad?

Pese a que lo que aquí escribo sólo son opiniones y no pretenden tener la razón absoluta, si que he de decir a mi favor que estos post parten de la naturalidad y la espontaneidad y no de un afán por vender un libro, una idea o una escuela de meditación.

Hoy he leído un texto en el muro de una amiga de Ramana Mahrashi que decía:

"La liberación es el cese de todos los pensamientos y de la actividad mental"

No quisiera yo levantar ampollas, pues sé que este gurú es admirado y leído por muchos de los seguidores de este blog, pero no puedo evitar dar vueltas a esa idea en mi mente y pienso que es algo absurdo lo que esta frase dice.
La liberación nunca puede ser obtenida por una meta a alcanzar, puesto que la liberación es el cese de todas las metas y uno no puede "querer dejar de querer" estar atado.



Y mis pensamientos siguen ahí dando vueltas, pensando que cuando decidimos cesar la actividad, tomamos una decisión mental. Cuando tomamos la idea (y sólo es una idea, un tic en la mente) de cesar los pensamientos, además de hacernos uno con la idea y creerla, pensamos que eso puede ser posible algún día y con ello formamos una meta y un camino a seguir. Trazamos un plan. Y precisamente lo que quiere conseguir la liberación es dejar de trazar planes!
Es absurdo, del todo. Sólo puede partir esa forma de pensar del ánimo de vender felicidad, salud o qué se yo.

Y entonces surge la palabra más utilizada por gurús y monjes, por místicos de todos los pueblos: DUALIDAD.
Pero, no es la más burda de las dualidades, pensar que estamos atados y necesitamos liberarnos?
No es el mayor acto de dualidad diferenciar la dualidad de la no-dualidad?

Para algunas personas como yo, la cuestión es mucho más sencilla, espontánea y natural. No hablo de ser más entendido en la materia, ni esta más cualificado, ni siquiera de tener más experiencia. Los que pensamos que un camino de liberación no puede basarse en trazar un camino o meta, pensamos que realmente la importancia es el descubrimiento.

Descubrir que no hay camino de liberación es liberarte.
Descubrir que no hay plan o meta, es liberarte.
Descubrir la argucia de la mente para pensar de un modo u otro, es liberarte.
Descubrir lo que uno "no es" en vez de lo que uno "es" es liberarte.
Descubrir que por mucho que te examines, que te descubras, siempre habrá una parte imposible es liberarte.
Aceptar todo esto es liberarte y no hay transformación, ya eres un Buda.

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

La propia naturaleza.

"Todos tenemos naturaleza Búdica"

Este principio del Dharma se refiere a algo que es inversamente proporcional al problema que tiene el bebé al nacer cuando somos teístas o tenemos un tipo de educación católica.
El catolicismo sentencia que un bebé cuando nace, tiene una naturaleza pecadora. Y por eso debe dejarse arropar por las bondades de Dios.
Sin embargo, el Dharma dice que ese bebé tiene una naturaleza Búdica, o sea, limpia e impoluta, no por nada relacionado con el mal o el pecado, sino por que un bebé cuando nace no distingue una cosa de un suceso. No distingue un árbol de un bostezo. Ni siquiera puede distinguir a mamá de papá. Todo es "eso" (y señalamos a cualquier lugar).
El sistema cognitivo del bebé aún no funciona con lo que no separa nada. No tiene ideas que le hagan pensar que él es algo separado del resto de cosas. Por eso un bebé cuando mira, está viendo un universo totalmente diferente al nuestro, donde cada movimiento, cada voz, cada gesto es "eso" (y señalamos cualquier lugar).

Así pues, la naturaleza Búdica de cualquier individuo al crecer y empezar a estar condicionada a nivel social, educacional y también natural -puesto que es necesario que nos desarrollemos de este modo, pues esta es la evolución del individuo- pasa a quedar olvidada. Esta naturaleza original nunca nos abandona (si alguien se cae a tu lado, antes que la mente pueda ejecutar un pensamiento ya has agarrado del brazo al individuo) pero permanece de forma inconsciente en todos los lugares (pues no tiene una ubicación en la mente) y en todos los sucesos.



¿Cuándo es el momento en que empezamos a separar?

Pues normalmente aparece cuando tu sentido cognitivo se topa con la idea de la muerte, a temprana edad. Por supuesto no hay un principio real, sino que se va desarrollando por mera adquisición de información y socialización. En esta progresión, la mente necesita "soportar" una vida sabiendo de la propia impermanencia, algo que ningún otro animal tiene.

Y las ideas van apareciendo y las vamos metiendo en pequeñas bolsas mentales. El árbol es un árbol y el jardín no es el árbol. La lluvia es un suceso aislado de hacer pipí y sin embargo sabemos que no lo es, pero no lo sentimos. No sentimos estar ligados al árbol ni al jardín. Sentimos que nuestra verdadera esencia es algo que está en nuestro cuerpo y que ya no es esa cosa entre mis ojos y más atrás, esa nada de donde sale todo, sino que ahora en pleno siglo veintiuno y con la new age más de moda que nunca, somos esa hermosa luz que está en el corazón.

Y es PERMANENTE.

Ya está, lo hemos conseguido! Hemos superado la idea de la muerte, incrustando en nuestra mente la idea del ALMA! Algo que nunca desaparece, y así podemos conservar eso que creemos que somos.

Y de este modo, antes de darnos cuenta hemos pasado de bebés Budas a adultos responsables e inmortales que se agarran a esa luz en el corazón por que no soportan la idea de IMPERMANENCIA.

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martes, 9 de septiembre de 2014

El principio básico

Después de varios años de escriba, me doy cuenta de que siempre acabo en el mismo punto y vuelvo a comenzar desde lo que creo que es "el principio". Y debe ser así, porque ojeando las estadisticas del blog, me doy cuenta que cada vez que empiezo desde el principio, hay una sobremasificación de personas leyendo el post. De esta forma creo que está bien comenzar y acabar y completar esos círculos que tanto me gustan y que veo en todas partes. Así pues, comencemos...

¿Qué es este blog?

Pues este blog es uno más de entre cientos, miles, que intentan explicar desde el punto de vista de cada uno, de qué trata alguna cosa en concreto - que no se muy bien qué es - y cómo incorporar ese tipo de descubrimiento a nuestra vida normal, cotidiana.
En definitiva, este blog intenta dar una vuelta de tuerca (a menos, no a más) del significado de una práctica ancestral y cómo podemos incorporarla a nuestras vidas, siempre desde un punto de vista personal y sin querer "dar lecciones", sino aprender de la propia experiencia de escribir sin saber muy bien lo que se dice.

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"La vida es sufrimiento"

Es una afirmación que parece ser que dijo el Buda, pero tal como lo veo yo, las traducciones suponen casi siempre "un paso atrás" y tergiversan lo que podría traducirse como... "La vida es frustración".

Es la primera de las cuatro nobles verdades del  Dharma del Buda, y puede englobar las otras tres, que se refieren al origen de dicha frustración, a la convicción de que puede arreglarse y a la conclusión de que sólo el óctuple sendero nos lleva a dicha solución.

Pero podríamos decirlo de otro modo, sin caer en falsas interpretaciones.

La vida es frustración, causada por nuestra conducta mental enajenada por la convicción de que somos algo que no somos, es posible vivir de otro modo y por último, debemos comprender  la fuente de dicha frustración.

Como veis, he adaptado las cuatro nobles verdades a un modo de entender diferente, para que los navegantes que hacen un alto en este lugar, puedan empezar a vislumbrar de qué va todo esto.

Luego, el óctuple sendero, o sea, las herramientas que nos van a ayudar a poder "comprender", son fórmulas completamente religiosas que deberíamos ir desgranando poco a poco y transformándolas en herramientas útiles en nuestro día a día sin caer en "la religión".
Debemos entender, que la religión es la incorporación de estrictas reglas y liturgias a algo que debería ser como el comer y por eso siempre intento apartarla de todo esto. La religión no nos va a ayudar a nada en especial, pues sólo ayuda a los mismos religiosos que se cubren bajo su manto. Y nada tiene que ver el Buda ni sus prácticas, con las liturgias y caminos por donde el religioso, de cualquier religión, quiere que todos transitemos.

Seamos libres, pues este camino, el camino del Buda, es el camino de la liberación.

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martes, 28 de enero de 2014

Todos estamos despiertos.

En el Budismo, el tema del despertar es un denominador común en todas las escuelas o tradiciones pues es en definitiva lo que ocurre cuando se realiza la solución que propone Siddharta, convertido ya en un Buda, para que la rueda del Samsára cese su girar y los seres dejen a un lado su frustración.

Todo individuo que está frustrado -o que es ignorante de esa frustración- puede practicar dicha solución, permanecer con la mente en la vía media, con ecuanimidad y paz, practicando la plena atención en todas las situaciones sin llegar a la obsesión (por eso se llama vía media), y conseguirá el ansiado despertar, el Nirvana o fin de las reencarnaciones. En el Budismo Zen el concepto queda más centrado en el "ahora" y se le llama Satori.

Pero el despertar es un fin que hay que alcanzar, un camino que hay que seguir para terminar con la frustración, y eso compite con la vía media y se llega a una paradoja, la paradoja a la que todo practicante llega. ¿Cómo podemos aceptar que buscamos el despertar, cuando no hay "nada que buscar"?



Pero yo me hago una pregunta que cambia este panorama complejo, y facilita la práctica y a su vez su comprensión. ¿Y si todos estamos ya despiertos?
Pensádlo bien, por que a mi me parece la misma locura separar en pequeños trozos las ideas, al mundo, a nosotros mismos, a nosotros y los demás, que separar a los despiertos de los que no lo están.

¿Por qué voy yo a estar más despierto que mi vecino? ¿Sólo por que yo me siento en Zazén y mi vecino no?

Creo que cometemos siempre el mismo error de base y acabamos separando, porque forma parte de nuestra naturaleza.
Y debemos aceptarlo, hay una parte "separadora" que está insertada en nosotros, sucesos existenciales, que nos obliga a partirlo todo en "clases" y ponerlo en cajones mentales. Y está bien, lo acepto.
Y aceptando esta idea - no es más que una idea - puedo aceptar perfectamente que cada vez que me siento en Zazén me ilumino, despierto. Cuando presto atención a mi respiración y el observador y lo observado dejan de "ser", hay despertar en ello. Pero también he de aceptar que mi vecino, que se levanta temprano a diario y al cual le pasa desapercibido el amanecer, algo que no debería pasar desapercibido para nadie que esté en sus cabales, por que cada día hay uno y cada día es diferente, hermoso y totalmente insuperable, tiene sus momentos despiertos, donde todo lo ve un poco más claro, cuando abraza a su nieto por primera vez, cuando ha estado al borde de la muerte o cuando, simplemente escucha una canción "que le revuelve por dentro".

¿Qué diferencia podría haber en todo esto, si todos somos "el suceso"?

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martes, 24 de septiembre de 2013

La eterna pregunta.

Un niño pasea con su padre por el parque de la zona. Mientras el padre "vigila" las morenas y rubias del lugar, el niño se percata de que no se le está prestando la suficiente atención, tal como un niño de su categoría necesita. Así que el niño, que ya ha aprendido las delicias del "embaucamiento", le pregunta a su padre:

-Papá, ¿POR QUÉ la luna brilla de noche?
-  Pues por que refleja la luz del Sol, que aunque no lo veamos está al otro lado.
- Y... ¿POR QUÉ está al otro lado?
- Pues por que la tierra es redonda y gira alrededor de el Sol, que está en depende la hora del día o la noche.
- Y... ¿POR QUÉ la tierra es redonda, papá? (mientras esboza una sonrisa, sabiendo que ya se han acabado las morenas y las rubias, y sólo queda la búsqueda de respuestas que darle al niño de los cojones)



Está claro que hay preguntas que no tienen una respuesta suficientemenhte aclaratoria, o símplemente que hay pregtuntas que no puede ser contestadas. POR QUÉ, es la pregunta más estupida y con menos respuestas efectivas que existen en nuestro vocabulario, porque sólo deja la duda y la ansiedad, y nunca responde realmente a nada aclaratorio, que nos haga llegar al final de la cuestión.

Muchas veces me he imaginado que de repente viene un extraterreste con una caja, y nos dice que dentro de ella están todas las respuestas del universo, aquellas que queremos saber. Y entonces la abre y aparece la respuesta a "de dónde venimos" y aparece un holograma con una fuente cuyo flujo de agua no es tal, sino un chorro de organismos vivos, que viajan por el espacio hasta la tierra y allí florecen, y aparecen los bosques, los animales y el ser humano. Y la pregunta del millón ha sido contestada, y ya sabemos de donde venimos y estamos todos tranquilos y contentos....

PERO ESO NO ES VERDAD, lo que acabo de describir es una ensoñación ilusoria. Pues en ese mismo instante, en ese mismo momento en el que "todo queda aclarado", aparece un listo, uno de esos que buscan, y pregunta...¿ Y quién hizo la fuente? Y el extraterreste se queda atónito, desencajado y responde... NO LO SE.
Así que vuelta a empezar, hay que descubrir esa fuente de dónde viene.. y la búsqueda nunca tiene fin, por que lo que nos sucede es que "tenemos un tic", que nos obliga a preguntar lo estúpido, lo que no nos llevará nunca a ningún lugar por que siempre habrá una pregunta más.

Pero a mi me da la sensación que para poder romper ese círculo vicioso, HAY QUE CAMBIAR LAS PREGUNTAS, y ponerlas en negativo.
La pregunta, ¿Quién soy yo? la cambiamos por ¿Quién NO soy? Y entonces aparecen las respuestas.
Y las respuestas siempre acaban en negativo hasta la disolución del individuo, pues es ahí donde radica la "experiencia" de uno mismo.
La pregunta, ¿De dónde venimos? bien valdría cambiarla por... ¿De dónde NO venimos?
No venimos del pasado ni del futuro. No venimos de las estrellas, por que de ser así, es algo que pasó y eso es inamovible. Sin embargo si prestamos atención a lo que sucede "aquí y ahora" nos daremos cuenta de que "ahora" venimos y "ahora" nos vamos. Es AHORA donde ocurre la única acción universal, en este instante, zas! Ahora bailan los átomos, los quantums, ahora se desprende esa energía creadora y ahora se destruye como un "on/off".

Buscar en algunas preguntas las respuestas del universo, nos puede llevar al progreso, la evolución social.
Pero para encontrar las respuestas a las preguntas de orden personal, traspersonal, espiritual y vital, debemos cambiar las preguntas y esperar que la respuesta no sea un discurso, algo teórico, sino una "experiencia".

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Relaciones personales.

Cuando investigamos un poco en el desequilibrio del ser humano, econtramos curiosidades como la práctica hindú del ascetismo extremo, olvidando toda emoción y todo sentido natural para conectar con Brahman y su mascarada universal. Y parece ser que ese hecho trasciende después al Budismo, al Zen y otras escuelas o prácticas, del tal modo que hay personas que sienten que deben "abandonar" ciertas cosas para liberarse de la presión del ego.

Y una de las cosas que algunos se empeñan en eliminar son las relaciones personales. En mi andadura por el camino medio he experimentado a muchos Budistas convertidos en serios y decadentes (y solitarios) "palos andantes" que no sólo te trataban con aire de superioridad sino que repudiaban todo lo que fuera pensar que ya somos seres iluminados, que no tenemos nada que alcanzar ni nada que buscar, que está todo en la punta de nuestra nariz.

También he conocido personas que ante las relaciones personales han huido de terror por miedo a entregarse a la amistad, al amor o la fuerza del cariño. Y se han cubierto de la pesada losa de la práctica meditacional que, lejos de ayudar a liberar la mente, ha servido para que estas personas se enclautrasen más aún en su propio muro de piedra.

Pero he de decir que no hay nada más grande para un meditador, para una persona cercana al misticismo, que abrazar a las personas, darles un beso y experimentar el amor, la gratutid, la buena compañia entre amigos.

Es precisamente la práctica del camino medio del Buda la que "compensa" el amor con el deseo de amor, la amistad con el deseo de amistad o la simbiosis entre dos personas entre el "desear" a toda costa tenerlo, algo sumamente difícil y complicado dadas las vueltas que dan las personas "en su propia mente".



Me gustaría, con esta entrada, hacer entender bien mi punto de vista personal, y creo que "constructivo" de lo que significa practicar la atención consciente, el desapego, la empatía y la compasión. No se trata de alejarse del mundo, sino de que el mundo y nosotros somos la misma cosa, no por "objeto" sino por "suceso". No amar, ni compartir alegrias y penas, no abrazarse y sentir la respiración profunda y emotiva del otro, sea el tipo de amor que sea, es perderse en el orgullo del que "no sabe".

La practica del Budismo Zen es, ante todo amor y compasión, empatia y entrega incondicional al otro, esfuerzo para mantener amistades queridas pese a todo. Y todo ello "sin dar vueltas" a la mente, pues es entonces cuando creamos karma, cuando tantas ideas, las pasadas y las elucubraciones futuras, van a hacer que nos separemos de todo lo que amamos.

Y no vale con ponerse a meditar, como si fuéramos a olvidarnos de nuestros sentires, ni encerrarnos en nosotros mismos y más cuando sabemos que "nosotros mismos" sólo es una idea, un concepto temporal.
No hay Nihilismo en el Budismo, aunque muchos crean que es lo mismo. El vacío maravilloso al que accedemos dejando la mente "boba" cuando meditamos, es un mensaje universal; llena tu vida de sentimientos, abraza y déjate llevar por la armonía que está ahí, preparada por ti y para ti, aunque sean proyecciones mentales.
Si está ahí, cual fruto de un árbol, es para que lo goces.

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martes, 27 de agosto de 2013

Los sentires y la compasión.

Nuestra mente, de forma poderosa, intenta actuar de la manera que sabe, tal como su código genético le dicta que tiene que hacer. Debe clasificarlo todo, de tal forma que no quede nada sin etiquetar, medir, apartar y separar del resto de cosas. Cuanto más separación, más aumentamos nuestra imagen, la que tenemos de nosotros mismos, esa que está en nuestra cabeza y que "manda" en el resto, cual maquinista conduce su máquina.

Hemos llegado hasta tal punto, que no nos resulta difícil recurrir a clasificar algo tan "desequilibrado" como los sentires. Y digo "desequilibrado" por que un sentir en alza o a la baja es un mejor sentir que uno que está en el medio, donde el sentir "es" pero no se intensifica en demasía.

Y la mente nos susurra al oído que esos sentires no conocen la mente, no andan por esos andurriales, sino que parten de otro lugar, de otro sitio... El alma.
El alma es la forma más complicada de clasificarnos definitivamente, pues incluso permanece una vez hayamos muerto. Qué felicidad, ser eternos!
Y así todo cobra un sentido, mi mente hace funcionar mi cuerpo, mi alma hace funcionar a mi mente, por lo que en primera instancia siempre habrá un alma ahí donde poder agarrarse, falle lo que falle. Y esos sentires los proporciona el alma, y la mente, aquella que codifica nuestros órganos "sensitivos", queda en un plano convenientemente apartado y clasificado, una vez más.




Pero yo me resisto a pensar de ese modo, me niego a pensar que la mente no es la creadora de todo lo que acontece, incluso de nuestros sentires más profundos, que se alían con nuestras sensaciones físicas y nos empujan a crear la poesía en las palabras, la lágrimas y las risas, las emociones que te abarcan el pecho.

Esos sentires son un producto de nuestra mente, realmente?

Pues si partimos de la idea fundamental de que nuestra imagen del "yo" es una ilusión, llegamos a la conclusión de que los sentires son otra creación de ese "yo", que necesita alimentarse de placeres, sentimientos de todo tipo, clasificarlos de forma positiva o negativa y cuanto más fuertes sean, mejor.

Si realmente nos hacemos cargo de que la idea de un "yo" no es más que la idea, nos debemos hacer cargo de que la mente es la constructora de todo lo que ese "yo" siente, y más allá de lo que fuera de ese "yo" siente, por que lo sentimental, es parte del juego, del patrón de la vida, puesta ante ti en esa mente.

Y surgen muchas preguntas, muchas dudas al respecto, pues... ¿Cómo vamos a vivir sin sentir, sin poder agarrarse a esos sentires que parten del alma?
No podemos, no debemos. Pero para que las palabras no nos lleven a terrenos pantanosos, podemos cambiarlas para así poder conceptualizar todo esto de tal forma que se pueda entender mejor.

Y aparece al palabra COMPASIÓN. (no confundir con la pena o lástima occidental)



¿Qué sucede con la compasión?

La compasión es una clasificación mental más, pero que nos acerca a la idea del sentir sin necesidad de que provenga de un alma, de algo "con personalidad" por que no hay personalidad en este universo. Simplemente, no existe. Vivimos en un mundo donde la realidad que subyace, lo que los Budistas llaman "la realidad última" no entiende de personalidad, pero si que "genera" mentes que tengan la posibilidad de "personalizar" el universo mismo. Y de este modo no personal, sin substancia y sin adjetivos la compasión se puede mover libremente, aunque sepamos que su significado también es un manejo mental. Por que la compasión es la delicadeza con la que el León abre sus piezas para comerlas, el mosquito inserta el aguijón en una piel o realizas un movimiento"no-mental" cuando alguien a tu lado va a caerse. Esa esencia natural que tiene cada individuo, cada ser, es la compasión. Y aunque para funcionar no necesite la mente, sólo vamos a poder "observarla" con la mente. Pero es un "sentir" (si queremos llamarlo así, nos alejamos de la idea real) impersonal, que no conoce substancia ni condicionamientos y sobretodo, no es "desequilibrado". No nos llenará el pecho de felicidad ni nos hará descender a las profundidades. Es un sentimiento equilibrado, sereno y no es nuestro, ni tuyo ni mio, es universal. Si intentas mentalizarlo, si intentas darle cualquier valor, pierdes el concepto.

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sábado, 24 de agosto de 2013

La vuelta, causa de depresión.

Los cambios que ocurren en nuestra vida, tales como el fin de las vacaciones, crean en nosotros sensaciones muy claras, como ligeras ( o no tanto) depresiones, languidez, ansiedad o un estado de "expectación" ante lo que significa volver al tedio y al día a día.

Y es algo normal en este tiempo, volver a plantearse (como siempre hacemos en esta época del año y al final de él) metas y caminos por los cuales caminar de forma decisiva y sin que el pulso nos tiemble. Siempre suele suceder que a los pocos días de haber vuelto, ya nos hemos olvidado de estas metas propuestas por nosotros mismos para intentar dejar escapar en esas ideas, el fruto de nuestra frustración de vivir de una forma que no queremos.
Nunca estamos de acuerdo con lo que hacemos, cómo vivimos, qué tipo de relaciones tenemos... y volverá a pasar otro año más del mismo modo, con las mismas ideas.

La propuesta que pasa por estas páginas no es la del Budismo Zen, ni del Hinduismo, ni siquiera de cualquier otra filosofía Oriental u Occidental, sino que es la propuesta de un individuo que está en el mismo lugar que todos vosotros, con el mismo problema vital y con una pequeña semilla que crece en su interior, una que todos tenéis y que podéis aprovechar desde ahora mismo... yo lo voy a hacer.


Tienes dos maneras de hacer las cosas, y el resto de ideas que puedas presentarte a ti mismo no causarán otra cosa que frustración u otra vuelta más en el círculo vicioso de tu vida (Samsára).

La primera forma de actuar ante el tedio es eliminarlo. Esto tendrá unas consecuencias en tu vida y debes tomarlo en cuenta, saber si estás dispuest@ a aceptar lo que pueda suceder de tus acciones. Puede ser tu trabajo, pues aunque ahora mismo es como un tesoro, es cosa de cada individuo y nadie debiera entrar a valorar esto, lo que hace en el lugar donde pasa muchos años de su vida. Acepta las consecuencias, por supuesto. Puede ser tu matrimonio, una amistad o cualquier cosa que te haga dar esa vuelta en el círculo anual de tu existencia.

La segunda forma de actuar ante el tedio es eliminar LA IDEA. Esto tendrá unas consecuencias en tu vida y debes tomarlo en cuenta, saber si estás dispuest@ a aceptar lo que pueda suceder de tus acciones.

Ya se que en ambos caminos debes elegir ciertos puntos que pueden llevarte al mismo lugar, O NO. No lo sabrás.

Y sólo tienes esas dos opciones amig@, no hay más. La tercera es la vuelta al Samsára, al círculo vicioso que año tras año te va envolviendo en cinta de frustración.

Como veis, ya he vuelto para pincharos un poco ahí donde más duele, pero si os sirve de algo, los pinchazos también me van a doler a mi.... Ay!

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miércoles, 24 de julio de 2013

Verbo mejor que objeto.

Cuando utilizamos nuestros órganos perceptivos para poder obtener la experiencia de la consciencia de forma predeterminada por la educación y por la condición mental, creamos objetos.
Y esos objetos quedan estáticos en nuestra mente de tal forma que no apreciamos ningún cambio significativo en ellos a no ser que nos traslademos al pasado o al futuro en nuestra cabeza. Cuando lo hacemos, apreciamos que el objeto fue o será de forma diferente. Y cuando me refiero a objeto, también a sujeto. Dentro de esa clasificación entra todo: cosas, personas e incluso acciones que se desarrollan ahora y que clasificamos como "fijas" sin previo análisis. De este modo, nuestro mundo es una fotografía inamovible, que sólo progresa cuando pensamos en lo anterior o lo posterior al mismo momento. Somos cámaras fotográficas, dispuestas a hacer la mejor foto.




Pero no así como sucede, bajo mi modesta opinión. Nada está quieto y nada se mueve como una filmación de cine, sino todo lo contrario. No hay sujetos, no hay objetos. Podríamos decir que hay verbos, por llamarlo de algún modo.
Todo "sucede", tanto un objeto cuyas partículas realizan una lucha para sobrevivir al equilibrio de "estatus", como un sujeto o acción. Cuando atrapamos con nuestra mente un jarro de barro, hay un suceso donde hay partículas que se encuentran muy a gusto siendo jarro de barro. Sin embargo hay otras, que luchan para ser aire y otras que lo hacen para ser liquido acuoso. Otras son más extremas, soñando con ser humo que se expanda por el aire. Y toda esa batalla se realiza AHORA.
Y en ese equilibrio está la cosa. En esa lucha en la que una partícula empuja a otra para que forme parte del aire y otra que lo hace al revés para ser jarro está toda esta cuestión trascendental entre la vida, la muerte, la compasión o el amor. Y así sucede todo el tiempo, con un jarro de barro el cual "jarrobarrea" o un pájaro, el cual "pajarea". Un sujeto tiene la misma batalla inconsciente, en todo su ser, así que estamos todo el rato "humanizando" y cuando expresamos algo, cuando realizamos una acción del mismo modo estamos "haciendo". Verbo, así podríamos expresarlo con palabras.
Todo siendo, compitiendo, moviéndose sin ser una secuencia, todo aquí y ahora. Así el universo se "yoifíca".

Y es eterno.

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lunes, 1 de julio de 2013

El objetivo.

"No estamos aquí por que seamos libres, si estamos aquí es por que no lo somos, no existen motivos para huir ni hay razones para negar el objetivo, por que ambos sabemos que sin un objetivo no existiriamos.
 Es el objetivo el que nos ha creado
 El objetivo nos vincula
 El objetivo nos motiva
 NOS MUEVE!!
 es el objetivo lo que nos define , el objetivo nos mantiene unidos."

- Smith, Matrix -



El objetivo, esa meta que tenemos en la cabeza. Eso que queremos alcanzar y se nos escapa de las manos.
El objetivo es precisamente lo que nos impide descubrir nuestra naturaleza, por que la naturaleza no tiene objetivos.
No hay objetivos en el nacimiento ni hay objetivos en la muerte. Tampoco hay objetivos cuando buscamos nuestra propia verdad en los escritos, budistas o de otro tipo, ni hay objetivos cuando nos sentamos a meditar.
Pero la mente crea el objetivo y nos lo inserta en nuestro subconsciente, aderezando la cosa con un poco de pasado ilusorio y de futuro soñador. Y tenemos la receta perfecta para realizarnos como frustrados diplomados.
Pero eso siempre ocurre, bajo mi perspectiva. Siempre ocurre por que en primera instancia somos Budas. Y un Buda no es otra cosa que un ser frustrado que ha descubierto que el objetivo no existe más allá de nuestra cabeza.
Así que primeramente, debemos estar frustrados para poder acceder de lleno en esta "forma de ver"?
Pues en mi opinión, si. Todas las personas que conozco tienen una profunda ansiedad, una profunda depresión o una profunda falta de "algo" que les hace ser personas con una gran frustración, y esa es la base primordial para "descubrirnos".

Y el objetivo, como punta de lanza, se abre paso entre las lecturas, las charlas y las cuentas de respiraciones, y así no llega la iluminación.
Por que no hay más iluminación que la que ya tienes, no hay más objetivo que "coger el objetivo y tirarlo a la basura" para poder ver que no hay dualidad, no hay nada que alcanzar, no hay objetivo.
La alegría no es un objetivo.
La felicidad, la unión con el todo, el fin del sufrimiento o la frustración no es un objetivo, por que si hay objetivo no puede haber nada fuera de la mente, ya que es la mente la que crea el objetivo.

Así pues, debe haber un punto de inflexión que suele aparecer cuando hay frustración. La pieza final de ese puzzle que ves, que has estudiado pieza a pieza, que sabes con certeza que es la foto de un barco, pero que NO PUEDES VER. Y en ese momento de mayor frustración donde la imagen de ti que has creído que eras tu se desmorona por completo, donde el objetivo a dejado de tener importancia alguna, aparece un "regalo" que encuentras en una música o en un libro, o simplemente "aparece" y esa pieza encaja perfectamente dando por acabado el puzzle y entonces, EUREKA! era eso, lo que sabias pero no habías visto... cómo no lo habías visto?

El puzzle aparece ante ti, entero, completo, y entonces todo tiene sentido. Aparece el Satori.

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miércoles, 5 de junio de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (IV).

Para acabar esta serie de entradas sobre el Budismo Zen desde un punto de vista muy particular y escrito para personas que están empezando a descubrir este camino de liberación o ésta práctica, quiero escribir sobre el camino mismo, la vía del Buddha.

Un camino de liberación nunca puede ser un cambio de dogma o de tótems. Un camino de liberación debe tener como su máxima, dejar de aferrarse, incluso al mismo camino de liberación.
Por eso cuando los ascetas del bosque vieron que Siddarta había bebido y comido ,se había limpiado y descansado ,lo rechazaron. Esta vía es la que nos propone el Budismo Zen, una vía de "en medio" donde no hay que sentarse en zazen por obligación ni hay que dejar de levantarse por la misma razón.
Esta vía que yo camino de forma muy particular, no entiende de dogmas, ni de eternos maestros. Los maestros van apareciendo día a día, por el camino que se abre ante uno, de forma totalmente espontánea y sin control por nuestra parte.
Tampoco estoy de acuerdo con los "iluminados" que ayer se sentaban en zazen y hoy han decidido que su liberación incluye no sentarse más a comprobar nuestra naturaleza. No es esa la vía del medio.
A éstos últimos, les compadezco pues habiendo descubierto su propia iluminación, su propia Budeidad, la han olvidado por no "comprobar" dicho estatus a lo largo del tiempo.



Es cierto que la vía la debe marcar el propio individuo, y también es cierto que al caminar sólo por esta senda a veces, como el no-camino sólo tiene un sentido y sólo se recorre una vez, uno se siente perdido y desearía que su perenne maestro le condujera al sendero. Pero entonces no sería una camino de liberación propio, sino del maestro.
Yo he elegido caminar sólo, comprobar mi estatus Búdico de forma espontánea pero sin dejar de hacerlo para recordar siempre mi verdadera naturaleza, y seguir el Tao a donde me lleve, siempre que no compita con mi estado egótico al que no debo alimentar en exceso, pero que no rechazo de ningún modo.

Hoy puedo decir que me acepto en mi forma personal, egótica  y transpersonal como soy.
Hoy puedo decir que acepto una naturaleza espiritual que nunca podré ver, por que el órgano conocedor no puede conocerse a sí mismo.
Hoy puedo decir que voy a seguir comprobando tal naturaleza, aquí y ahora. Y no sólo sentado, sino en cualquier momento, con la máxima atención.

Si las personas que empiezan o sienten atracción por esta práctica deciden "pasar a la acción", bienvenidos.
Si por el contrario, entusiasmados, corren a poner cartelitos zen en sus muros de FaceBook, bienvenidos.

Todos tenemos nuestro papel, nuestros pequeños dramas cósmicos. Aceptar ésto en cualquier persona, cosa o suceso y respetarlo es lo único que tiene importancia.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...