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lunes, 27 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (II).

Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".

Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...



Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.

Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.



Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.

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martes, 29 de enero de 2013

De cómo la consciencia tiene mil caras y sólo tenemos acceso a una por vez.

Os habéis preguntado alguna vez... ¿si yo no fuera yo y fuera mi perro, quién creería que sería?
Me imagino que estas preguntas sólo nos las hacemos los que estamos "payá", pero seguro que algunos de vosotros, buscadores, os habéis hecho muchas preguntas de todo tipo.

Una de las cosas de este mundo o de esta existencia, que me dejan pasmado, es la CONSCIENCIA, la idea de "centro" de todo lo que sucede. Y de igual modo, cada uno de vosotros sois vuestro propio "centro" y si voy más allá, cada uno de los animales son también su "centro", aunque no tengan el mismo sistema cognitivo.
Su consciencia, aunque no sea la del "yo" propiamente dicha, debe ser algo parecido a la nuestra pero con sus "sentidos". La diferencia fundamental entre un animal y yo (digo diferencia y no parecido, jejeje...) es que sus sentidos está más desarrollados que el mio y que yo tengo esa "semilla" que me hace preguntarme cosas. Un animal no tiene ese problema, o esa virtud, según como se mire.



Pero, ¿qué diferencia real, en cuanto a consciencia, determinaría un animal de cualquier otro ser? NINGUNA. El mosquito es el actor principal en su universo, y todos los demás somos "los secundarios". Del mismo modo, una planta, con otros "sentidos" muy diferentes a los de un animal, será en si misma su única "principalidad" y el resto de cosas, imposible de poder definirlas por nosotros, serán las "cosas secundarias".

Y quiero ir un poco más allá, y decir que a mi me parece que una piedra también tendrá una consciencia, por que aquí no nos estamos basando en "la capacidad cerebral" para definir qué es o no es una consciencia, sino en la capacidad "cuántica". Si, amigos. A mi entender, todo lo que ocurre en este mundo es un conjunto de "danzas cuánticas" y no hay más diferencia entre un oleaje de fuego de esos que el sol crea, al vaso de leche que me estoy tomando. Simplemente "danzas atómicas" que bailan a ritmos diferentes y lo definimos así por que nuestro intelecto no ha podido "partir más las ideas". Y si todo es así, podemos llegar a la conclusión de que cualquier acontecer, cualquier cosa que suceda es una "danza" que, podamos o no descifrar, hace que todo este escenario "sea".



Así que desde que empaticé con la idea de que cualquier cosa-suceso tiene un nivel de consciencia, lo capte  mi intelectualidad o no, a las moscas las invito amablemente a salir de mi casa, y no las mato. Por que el simple hecho de pensar que hoy puedo acabar con una consciencia, con "el protagonista de una peli", me horroriza.
Pero también soy consciente, de que cuando salgo a la calle, acabo con muchas consciencias , pisando sin darme cuenta, a cada paso, hormigillas o símplemente pequeños animalillos invisibles que circulan por ahí.

Así pues, acabo de definir que una consciencia es un centro, relativamente aislado del resto... Pero, realmente es así, o sólo lo aislamos "los que pensamos"??
Es posible que una piedra, su danza cuántica o vibración sea una consciencia muy, muy sutil, por no tener órganos que den "realidad" tal como nosotros podemos conocerla, pero quizás esa piedra no funciona de forma separada al resto. Igualmente, el mosquito, pese a ser un "centro de consciencia", no tenga capacidad de separar su "especie de yo" del resto de aconteceres o consciencias.

Y divagando como lo hago, es posible que sólo y únicamente nosotros, los seres humanos pensantes, fabriquemos la idea (ya que podemos hacerlo) de que nuestro "centro" está aislado del resto de "centros de consciencia" sean personas, animales o cosas (o sucesos). Así, cuando sucede algo que captamos con nuestros órganos, pensamos "que nos sucede" y no que sucede por que si. Creamos "una víctima", nosotros,  la diana de todas las flechas, la pared de todos los impáctos.
Las cosas "nos suceden"... y a todo esto, desde la filosofía oriental, se le ha llamado "DUALIZAR".

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lunes, 28 de enero de 2013

De cómo meditar para no obtener absolutamente nada.

Una vez hemos descubierto que este tipo de filosofías o religiones o como queramos llamarlo, nos han absorvido o nos han hecho "despertar" lo que quiera que fuera, debemos de poner lo pies en el suelo y en vez de empezar como locos a poner cartelitos en el FaceBook aludiendo a nuestro descubrimiento, hay que empezar con la práctica que es en definitiva lo esencial, lo único que nos sacará de nuestra intelectualidad por unos momentos, para entrar a la nada, al vacío más absoluto y pacificador.

Como ya escribí anteriormente, hay muchos modos de meditación o de "Yoga". Hoy vamos a tratar el más simple de ellos, la meditación para iniciarse en esta práctica sin dolores ni rechazos.

Nos sentaremos en una silla, con el trasero bien atrás y la espalda recta. Las manos deben dejarse caer sobre las piernas como si pesaran, muy relajadas, con las palmas hacia abajo.Los hombros igualmente deben caer por su propio peso. El mentón debe recogerse y la nuca debe apuntar hacia arriba, de esta manera lo que haremos será relajar todo nuestro cuerpo pero la columna debe estar, sin llegar a tensarse en exceso, recta como un palo. No cruzaremos nada, ni las piernas ni los brazos. Debemos pasar unos minutos en primer lugar, respirando hondo y despacio, inspirando por la nariz y espirando por la boca. Mientras, intentaremos repasar todos las partes de nuestro cuerpo para que estén pesadas y muy relajadas.



Cuando ya estemos preparados, comenzaremos la práctica respirando por la nariz de forma silenciosa y muy sutil. Dicha respiración es la protagonista, así que no forzaremos nada en ella. Nos vamos a dar cuenta enseguida que la diferencia entre respirar solo y hacer el acto de respirar, es muy sutil. Dejemos a la respiración fluir sin interferir en ella, o por lo menos todo lo que sea posible.

Con cada inspiración contaremos mentalmente "y" y con cada espiración "1" y así hasta 4. El "y" como ya habréis averiguado, es para no dejar ningún espacio entre un numero y otro, para que la mente no "deambule". Cuando lleguéis a cuatro volvéis a empezar con el "1". En pocos segundos os habréis puesto a pensar en algo que no es la tarea que se os presenta. Es normal. La mente no está acostumbrada a ser doblegada, así que creará múltiples "ilusiones" para que paréis en el empeño de contar y nada más. Os picará un brazo, o la cabeza, obligando a parar para rascarse. Si obviamos esto y no paramos, aunque nos pique mucho y seguimos empeñados en la cuenta de respiraciones, los picores cesarán. Por supuesto las ideas seguirán surgiendo una tras otra. Hay que dejarlas pasar, no imbuirse en ellas, nosotros a la nuestra, contando y contando. No por que aparezcan muchas ideas lo estamos haciendo mal, ni mucho menos. La práctica hará que poco a poco os resulte más fácil dominar la mente.
Podéis empezar con diez minutos (eternos) y seguir poco a poco, día a día y sin prisas a los cuarenta. No estaría de más que una vez acabada la meditación hicierais algún ejercicio de elasticidad, como tocarse la punta de los pies con las manos, para acostumbrar al cuerpo a lo que será la meditación sedente, más adelante. Además en el momento que acabas la meditación el cuerpo puede ser un cincuenta por cien más elástico por la relajación obtenida y por que la mente está en esos momentos más "indolora".

Si en vez de esto, ponéis más cartelitos en las redes sociales y empezáis a transcribir lo que los "gurus" dicen, estaréis formando parte de la cada vez más nutrida selección de individuos "iluminados" dando amor a "troche y moche" y sin haber experimentado nunca "no hacer, no ser absolutamente nada".

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...