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lunes, 4 de enero de 2021

El infantilismo social, el Covid y el ego.

 Después de, ya no sé cuanto tiempo, vuelvo a ponerme enfrente del teclado para deslizar "sin que se note mucho" algunas ideas que pasan por mi mente.

Pensemos en lo que está sucediendo, en los hechos que acontecen ahora mismo, en la masacre (más que cualquier guerra) que un día tras otro, está aniquilando la población. 

La primera cosa que me viene a la mente es la poca relevancia que está teniendo en la cotidianeidad de las personas que no han perdido a nadie. Imagino un escenario parecido, en una guerra donde las bombas caen y la gente se afina en sótanos antiaéreos, para protegerse y no morir, y entre bomba y bomba los hosteleros, empresarios y en general las personas que tienen un especial interés en la economía, reclamando una solución, poder abrir entre bomba y bomba para salvar al país. Ridículo, verdad?




Por otro lado, pareciera que junto al virus se nos hubiera inoculado una especie de droga especial que nos hace quitarnos la mascarilla cuando estamos delante de un padre, un hijo o un abuelo. Incluso pudiera parecer que cuando estamos sentados frente a frente, en la mesa de una terraza, hay una barrera invisible que nos proteje, algo así como estar en un oasis donde el virus no puede alcanzarnos. Pero lo hace, en silencio, tardío y con nocturnidad, para no sólo afectarnos a nosotros sino matar a nuestros seres queridos.

Se podría decir que es un virus anti-egos, pues para luchar contra él, tienes que pensar en el otro como sano y en tí como contaminado. Esta es la única forma, no hay otra. La vacuna no va a salvarnos, los bares y la economía no va a luchar contra él, sólo vamos a poder ganar esta batalla pensando en nosotros como enfermos y en los demás como sanos, personas vírgenes a las que no hay que contaminar a toda costa.

Y es por este motivo, por el que estamos en la situación que nos encontramos actualmente:

Personas yendo a trabajar muy temprano sin mascarillas (puesto que no hay nadie cerca y no pensamos en que estamos dejando un reguero de babas por el aire), terrazas llenas de gente, eso sí, con el número por mesa que ha dicho el gobierno, dejando el sentido común fuera de uno. Somos de un infantilismo tal que estamos esperando una orden de arriba, tenga sentido o no, para agarrarnos a eso y poder después echar la culpa a alguien diferente a uno mismo.

Ese ego que nos mueve, al que alimentamos día a día es nuestro peor enemigo, y no el Covid. El virus acabará con nosotros tarde o temprano si no funcionamos como las abejas, todos en común y pensando en el grupo, pero los verdaderos asesinos somo nosotros mismos cuando nos quitamos la mascarilla, nos acercamos a nuestros seres queridos o pensamos que "nosotros no tenemos el virus".

Con esta entrada sólo quiero aportar mi granito de arena al elevado numero de voces que se están haciendo visibles en este momento para alertarte a tí, que éstás leyendo esto, en este preciso instante, para proporcionarte una pequeña nota de luz, un pequeño soplo de esperanza  si te pones la mascarilla SIEMPRE, cuando salgas de tu casa. Ojalá cuides al otro SIEMPRE y que te des cuenta de que sólo de tu mano está que la persona que tienes enfrente no enferme, no muera.

Hemos perdido mucho, y a muchos. El siguiente puede ser tu padre, tu hermano, tu hijo.

CONSCIENCIA.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Las capas.


En varios artículos de este blog se ha explicado ya sobre esto de "las capas de abstracción" pero no quiero dejar pasar esta nueva oportunidad de explicarlo, siendo este tema muy visitado y controvertido, por lo que parece por los comentarios en dichos artículos.

La capa consciente.

Cuando nos referimos a algo, a alguien, cada cosa que pensamos y cómo nos manejamos en este mundo aparente, aparece en la capa consciente del ser humano. Es la capa más superficial, la de los sentidos y la percepción, la del "yo" condicionado por dichas experiencias sensitivas y por la propia mente deambulante entre tiempos pasados y futuros. En esta capa se sufre y se disfruta según las cosas que le ocurren a esa entidad definida por la mente como ego (imagen de sí mismo) y se relaciona directamente con la segunda capa, la capa del subconsciente.

La capa subconsciente.

Como diría Jung, el subconsciente dirige nuestras vidas desde una relativa oscuridad, desde las sombras. Las acciones y conductas conscientes que tenemos, tuvimos y tendremos, están íntimamente relacionadas con este subconsciente que debe reaccionar ante nuestros actos y pensamientos conscientes, aunque estas reacciones a veces no sean entendidas por nosotros mismos y debamos acudir a un psicoanalista para que nos traduzca al lenguaje consciente lo que el subconsciente nos quiere dictar.

La capa inconsciente.

Esta capa de entendimiento es totalmente opaca a nuestro entendimiento formal, con lo que no tenemos manera de poder acceder a ella ni desde la capa consciente ni desde la traducción del subconsciente. Un terapeuta no puede ayudarnos a entenderla así que no sabemos si esta capa está o no relacionada con las otras dos. Es invisible a nuestros sentidos, a nuestra mente consciente y subconsciente y eso hace que no sepamos nada sobre ella, ni siquiera la propia existencia de ésta.
Pero si existiera, tal como Jung pensaba, sería la capa de entendimiento de la realidad del mundo. No sería una capa "en propiedad" tal como sucede con las capas anteriores, sino que esa capa no tendría entidad (el inconsciente colectivo de Jung), no sería mi capa ni tu capa porque en ese estadio no hay yo que tenga nada. Esta forma de entendimiento del universo es una idea que viene de oriente aunque muchos occidentales como Jung la estudiaron de forma hipotética.
Los Budistas y Taoístas creemos en esta capa y la llamamos "la verdadera naturaleza", TaoTathatà.




La capa inconsciente es abarcable a todo ser humano, todo ser vivo, todo ser muerto, toda existencia y no existencia, todo lo que ocurre y no ocurre, aquí y ahora, en este preciso instante.

Desde la capa consciente nos sentamos, contamos respiraciones y lo que ocurre cuando deja de haber un "yo" hasta que uno está de vuelta de nuevo, siendo un ego con sus circunstancias conscientes y subconscientes, eso es sólo un suceso inconsciente que no tiene explicación mental.

Lawrence Leshan habla sobre ello, aludiendo de algún modo a que la meditación (de todo tipo, no sólo zazen) reestructura las bases inconscientes de forma que los pilares que sustentan el resto de capas de entendimiento son reestructuradas, sanándolas, pero sólo es una teoría y por lo tanto una elucubración mental indemostrable.

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jueves, 4 de septiembre de 2014

No hay dos igual.

Bienvenidos de nuevo, navegantes. Después de unos días de descanso una nueva idea aparece. Y debo escribirla, por que sale rápido de la mente y ya no regresa (no del mismo modo).

Es curioso, como las ideas nunca son iguales. No hay dos iguales jamás, nunca podríamos clonarlas.
Pero no solamente sucede con las ideas, sino con todos los sucesos que pueden acontecer en la existencia.
Por ejemplo, pensemos en un mosquito. Es idéntico a otro que hay un poco más lejos y hacen las mismas cosas. Pican, extraen sangre, se limpian y vuelan. Y el resto de cosas que puedan soler hacer este tipo de insectos. Y aunque hacen exactamente lo mismo, sólo es lo que parece a nuestros ojos y entendimiento. Pero es posible que tengan pequeñas variaciones físicas y también de consciencia. Lo mismo le pasa a una piedra, no hay una igual a otra. Incluso puedes fabricar a la perfección dos piedras iguales, idénticas y seguramente vistas con un microscopio adecuado, nos daríamos cuenta que son diferentes.


                                                                Publicación: Pepe Aedo.


A mi me parece que no hay nada igual nunca, en cada momento de la existencia. Incluso con el mismo individuo, ahora es una cosa y al segundo es otra, pero no podemos percibirlo. Esta existencia contiene una serie de parámetros que pueden ser variables según las causas que acontezcan, pero creo fírmemente que hay una regla de oro... que jamás sea igual.

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Los cambios...

 Hay un libro, creo que lo he comentado otras veces, que se llama "I Ching", el libro de los cambios ( o de las mutaciones). Su au...