viernes, 18 de enero de 2013

De cómo el Tao se esconde justo cuando lo buscamos.

En las raices del pensamiento chino subyace algo que nunca puede ser atrapado con el pensamiento. Este concepto sin clasificación aparece por primera vez hace cuatro mil años en un libro anónimo llamado "I Ching" y que se tradujo como "El libro de los cambios".
Dicho libro trata sobre adivinación, pero lo hace de un modo natural y poco esotérico, como si cualquier persona pudiera acceder a dicho conocimiento. En este escrito aparece por primera vez el nombre de TAO (Dao). También aparecen con asiduidad el Yin y el Yang, dos interpretaciones a las que luego Albert Einstein llamaría "Teoría de la relatividad".

Mucho tiempo después, en el siglo VI a.c, un sabio llamado Laozi (Lao Tsé) escribió un libro llamado "Tao Te Ching" (Dào dé Jing):

El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre inmutable.
La no existencia es el principio del cielo y de la tierra.
La existencia es la madre de todo lo que hay.

La cuestión es que las palabras en Sánscrito como en chino son de muy difícil traducción y pueden interpretarse de muchas maneras. Por eso al leer el texto completo, debemos tener la mente muy atenta para entender lo que Lao Tsé nos quiere decir. (lo encontrarás en Google fácilmente).



En estos escritos, Lao Tsé nos cuenta que hay algo (más un verbo que un sujeto) que no puede ser captado por la mente por que está más allá de ella. Cuando intentas captarlo, se esconde. Cuando intentas atrapar la idea, piensas en ello, o lo clasificas, se pierde entre las palabras y nunca puedes llegar a definirlo. Está fuera del pensamiento, así que ningún ser pensante puede hacer nada con ello. Sólo cuando la mente trasciende el pensamiento, es cuando el Tao puede sentirse, y está en todas partes, haciéndolo todo, de forma trasparente a nosotros.
Aunque no me gusta clasificarme, me considero más Taoísta que Budista, aunque ciértamente las dos filosofías encajan muy bien, enpástan perfectamente. Fijémonos cómo es muy similar la conducta del Tao con la que Visnhú nos proporciona en su sueño, donde nada queda por hacer pero de forma totalmente opaca, oscura a nuestro entendimiento.

Cuando el supuesto monje Budista llamado Bodhidharma, llegó a la china con el Budismo, las dos culturas se uinieron y apareció el "Chán". Un Budismo en el que las nobles verdades del Buda estaban muy presentes y el Tao también, formando perfecta armonía. De hecho, el Buda llamó al "Dharma o Dhamma" (el conjunto de procesos por los cuales el hombre se frustra y la forma de acabar con ella), la "via media"; un camino en que el ascetismo extremo quedaba atrás y el hedonismo también. También el Taoísmo y a consecuencia del Yin y el Yang, es una "via media", donde las clasificaciones de "bueno" y "malo" quedan atrás, y todo concepto mental es sólo una forma más de alimentar el "yo".

Así pues, se estaba formando una linea sucesoria desde el mismísimo Siddharta hasta Bodhidharma, que luego seguiría mucho más allá, incluso atravesando fronteras hacia Japón gracias a Eihei Dôgen, principal maestro Japonés que viajó a china para aprender el Chán. A su vuelta fundó la escuela Soto, y el Chán, por traducción japonesa, se convirtió en el Zen. Al no poder ser explicado, el Zen se impregnó de las artes japonesas, y dió lugar a los Haikus, los Sumi-e, los jardines, decoración y toda la estética "vacía" del Zen con la modernidad y arte plástica japonesa.

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