miércoles, 24 de julio de 2013

Verbo mejor que objeto.

Cuando utilizamos nuestros órganos perceptivos para poder obtener la experiencia de la consciencia de forma predeterminada por la educación y por la condición mental, creamos objetos.
Y esos objetos quedan estáticos en nuestra mente de tal forma que no apreciamos ningún cambio significativo en ellos a no ser que nos traslademos al pasado o al futuro en nuestra cabeza. Cuando lo hacemos, apreciamos que el objeto fue o será de forma diferente. Y cuando me refiero a objeto, también a sujeto. Dentro de esa clasificación entra todo: cosas, personas e incluso acciones que se desarrollan ahora y que clasificamos como "fijas" sin previo análisis. De este modo, nuestro mundo es una fotografía inamovible, que sólo progresa cuando pensamos en lo anterior o lo posterior al mismo momento. Somos cámaras fotográficas, dispuestas a hacer la mejor foto.




Pero no así como sucede, bajo mi modesta opinión. Nada está quieto y nada se mueve como una filmación de cine, sino todo lo contrario. No hay sujetos, no hay objetos. Podríamos decir que hay verbos, por llamarlo de algún modo.
Todo "sucede", tanto un objeto cuyas partículas realizan una lucha para sobrevivir al equilibrio de "estatus", como un sujeto o acción. Cuando atrapamos con nuestra mente un jarro de barro, hay un suceso donde hay partículas que se encuentran muy a gusto siendo jarro de barro. Sin embargo hay otras, que luchan para ser aire y otras que lo hacen para ser liquido acuoso. Otras son más extremas, soñando con ser humo que se expanda por el aire. Y toda esa batalla se realiza AHORA.
Y en ese equilibrio está la cosa. En esa lucha en la que una partícula empuja a otra para que forme parte del aire y otra que lo hace al revés para ser jarro está toda esta cuestión trascendental entre la vida, la muerte, la compasión o el amor. Y así sucede todo el tiempo, con un jarro de barro el cual "jarrobarrea" o un pájaro, el cual "pajarea". Un sujeto tiene la misma batalla inconsciente, en todo su ser, así que estamos todo el rato "humanizando" y cuando expresamos algo, cuando realizamos una acción del mismo modo estamos "haciendo". Verbo, así podríamos expresarlo con palabras.
Todo siendo, compitiendo, moviéndose sin ser una secuencia, todo aquí y ahora. Así el universo se "yoifíca".

Y es eterno.

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lunes, 8 de julio de 2013

El trabajo, un infierno en la tierra.

"Si el trabajo es para usted una tortura, sepa que se trata de un concepto tan antiguo como el origen de la palabra, que no proviene del latín labor, que nos dio labor, laborable y laboratorio, sino de tripalium, que era el nombre de un temible instrumento de tortura.
Tripalium ‘tres palos’ es un vocablo del bajo latín del siglo VI de nuestra era, época en la cual los reos eran atados al tripalium, una especie de cepo formado por tres maderos cruzados donde quedaban inmovilizados mientras se les azotaba.
De tripalium derivó inicialmente tripaliare ‘torturar’ y, posteriormente, trebajo ‘esfuerzo’, ‘sufrimiento’, ‘sacrificio’.
Trebajo evolucionó hacia trabajo, vinculándose poco a poco con la idea de ‘labor’. Lo mismo ocurrió en francés, lengua en la cual tripalium derivó en travail ‘trabajo’, vocablo al cual los ingleses dieron la forma travel y un nuevo significado, asociándola primero a la idea de viaje cansador y, más tarde, simplemente, a viaje."



En esta sociedad que hemos montado los seres humanos, el trabajo es una de las "obligaciones" que peor hemos organizado, de tal forma que el albañil quisiera ser conductor de coches, el médico hubiera querido ser domador de caballos y el operario querría ser comercial o como se llamaba antiguamente, "representante".

Al final, todos hacemos cosas para lo que no estamos preparados y podríamos hacer trabajos que más que eso serían queaceres diarios, de origen vocacional y satisfactorio. Y así sucede, que de vez en cuando aparecen unas tijeras en la panza de un paciente, unos papeles que debían haberse firmado y está en la cárcel uno que no era o un edificio que se cae a trozos por que el ingeniero sólo quería ganar dinero rápido y no tenía intención de hacer un edificio que "hablara" sobre su forma de ver el mundo.

Pero si nos ceñimos a esta realidad totalmente loca, en la que ninguna pieza del puzzle está en su sitio, debemos ir a trabajar todos los días al infierno que nos va a permitir subsistir o alcanzar un nivel de vida adecuado.

Y vamos a diario a trabajar y a "volar" mentalmente a otros lugares mientras nuestro trabajo en algunos casos va saliendo y en otros se va quedando, sin avanzar, en detrimento de otros.

Pero si nos vamos a tener que quedar por que no vamos a cambiar de vida, no queremos que nuestro estatus desaparezca y nuestra seguridad quede protegida, hemos de cambiar la forma en la que uno va a trabajar, y esto en Budismo Zen se llama SAMU.



SAMU es la forma en la que nuestra mente debe permanecer mientras estamos trabajando. Y esa forma de acceder a nuestro trabajo nos va a salvar de nuestro propio sufrimiento, de nuestra propia frustración al ver que "no podemos salir de la jaula".

Samu nos enfoca en el trabajo mismo, evitando así volar a otros mundos, otros trabajos y cualquier cosa no real que se nos pase por la cabeza. Uno presta atención a lo que está haciendo, enfocando mentalmente a ese trabajo y a la respiración, que se unifican.
Entonces, todo lo que ocurre es tu respiración y tu atención a lo que se está haciendo. Esto incrementa el nivel de productividad además de centrarnos en el "ahora" de tal modo que todo pasa mucho más rápido, las horas ya no resultan tan pesadas como cuando nos pasamos mirando el reloj cada cinco minutos. Las personas que están por encima de nosotros notan el cambio, tratándote de otro modo (los imbéciles tardan un poco más, pero al final se puede conseguir), y sales del trabajo mucho menos cansado y mas dispuesto a "utilizar" mejor tu tiempo de descanso.

Conozco mucha gente que quiere hacer "sus cosas" cuando acaban de trabajar y siempre están quejándose de que no tienen tiempo, se les acaba enseguida su tiempo de descanso y cuando su percepción empieza a "darse cuenta", ya está de vuelta al trabajo. Esto sucede continuamente por que, al prestar toda tu atención al paso del tiempo cuando estás trabajando, luego sucede lo que hace tiempo denominé "efecto goma", una vez la goma se ha tensado, en el momento de empezar con tu tiempo de ocio, la goma vuelve rápidamente a su sitio por "equilibrio" de fuerzas, con lo que la sensación es que esas horas de descanso pasan muy rápidas.
Además, hay mucha gente que se pasa estas horas quejándose de que no tiene tiempo, cuando si el tiempo que utilizan para quejarse lo utilizaran para "hacer lo que les gusta" podrían sentirse muchísimo mejor, mucho menos frustrados.

Os aseguro que Samu funciona a la perfección, es como una meditación en el trabajo, centrar la atención en lo que se está haciendo. Probadlo, cambiará vuestra forma de ver lo que Alan Watts designó como "trabajo como juego".
Y para acabar, diré que tal como está la cuestión del trabajo, podemos decir que hasta debemos sentirnos afortunados los que tenemos "infierno".

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miércoles, 3 de julio de 2013

Gurús y otras hierbas.

Cuando abrimos la página de Facebook, Google plus o Twitter, entre otras redes sociales y empezamos a ver las publicaciones, lo primero de lo que nos percatamos es de la cantidad de referencias y frases de los principales gurús de las últimas décadas.

Pero, ¿Qué es un gurú?
Pues a mi me parece una buena definición decir que un gurú es un maestro que sirve para todos.
El maestro perfecto, que tiene la solución para los problemas del mundo y no importa si una persona tiene una forma de sentir u otra. Y eso es lo que critico siempre, ya no de los gurús sino de la "parafernalia" que ha habido (y sigue habiendo) detrás de ellos.

Hemos de separar de la clasificación de gurú, al maestro que pudiendo serlo de todo el mundo, aplica diferentes puntos de vista o soluciones para según qué alumno.
Uno de los maestros más admirados por mi en la distancia, es Dokushô Villalba.
El maestro Dokushô deambula entre la tranquilidad mística y la lógica científica, entre la paz y serenidad y la lucha en la calle, en las protestas por deshaucios, al lado del más débil.



Un aspirante a gurú del siglo pero que no tenía ninguna de las características de un gurú, es Alan Watts. Filólogo de lengua inglesa y sacerdote anglicano, absorvió todas las filosofías orientales y sin llegar a calificarse como budista, creó reflexiones acerca del pensamiento oriental, sus religiones y lo más importante, las traducciones que pueden hacer que una palabra o frase china signifique sutilezas muy diferentes. Este personaje me parece una de las personas más relevantes del siglo veinte y que sus conferencias y escritos aún no han dicho la última palabra pues me parece que tienen las claves para convertirse en la "verdadera comprensión de la filosofía oriental en occidente".



Luego tenemos al gurú mas importante de todos y que más ha influido en los occidentales mas "aventajados", Judi krishnamurti. Sus conversaciones con David Bhom tuvieron un éxito arrollador en la época y repasándolas podemos ver a un señor totalmente natural, contando los misterios de la mente como si él mismo los hubiera escrito. Lo menos "atractivo" de Judi, es el negocio que ha quedado después de su muerte, y su tienda online que tiene una gran oferta en conversaciones grabadas en video.



También es un gurú para valorar el llamado Osho, cuya parafernalia no ha hecho falta que trascendiera después de su muerte, sino que él mismo cuidaba con detalle esas batas y ese "arrastrado" en las palabras como si le fueran diciendo la palabra santa desde el cielo. He de decir, que tengo libros de Osho y que muchas de las cosas que dijo me han abierto puertas a nivel de consciencia. Pero claro, es que habló mucho.



Luego hay muchos otros, como deepak chopra, muy televisivo él, que no tapa su parafernalia al mundo de las comunicaciones y cuyos dividendos (imagino) van aumentado año tras año.

Los hay mas o menos estrambóticos, de todos los tamaños colores y condiciones, a elegir por el público.
Todo sea para evitar sentarse a sentirse.
Busquemos la mejor frase, las letras que nos puedan llevar al éxtasis, que nos hablen de amor y felicidad y que nos eviten pensar en la tristeza y soledad.
Apagamos la tele y nos vamos a las redes sociales a la búsqueda del mejor gurú, enfocamos la atención en quién nos vende mejor la moto....
Que todo sea por no tener que sentarse y sentirse...
Es muy aburrido tener que sentirse y en ese lugar tan alejado de la mente no hay metas, éxitos, luces ni nada de lo que buscamos. Pero seguimos leyendo lo que nos dicen tales gurús, y nos saltamos las frases que nos dicen....

"no busques, ya lo tienes".

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lunes, 1 de julio de 2013

El objetivo.

"No estamos aquí por que seamos libres, si estamos aquí es por que no lo somos, no existen motivos para huir ni hay razones para negar el objetivo, por que ambos sabemos que sin un objetivo no existiriamos.
 Es el objetivo el que nos ha creado
 El objetivo nos vincula
 El objetivo nos motiva
 NOS MUEVE!!
 es el objetivo lo que nos define , el objetivo nos mantiene unidos."

- Smith, Matrix -



El objetivo, esa meta que tenemos en la cabeza. Eso que queremos alcanzar y se nos escapa de las manos.
El objetivo es precisamente lo que nos impide descubrir nuestra naturaleza, por que la naturaleza no tiene objetivos.
No hay objetivos en el nacimiento ni hay objetivos en la muerte. Tampoco hay objetivos cuando buscamos nuestra propia verdad en los escritos, budistas o de otro tipo, ni hay objetivos cuando nos sentamos a meditar.
Pero la mente crea el objetivo y nos lo inserta en nuestro subconsciente, aderezando la cosa con un poco de pasado ilusorio y de futuro soñador. Y tenemos la receta perfecta para realizarnos como frustrados diplomados.
Pero eso siempre ocurre, bajo mi perspectiva. Siempre ocurre por que en primera instancia somos Budas. Y un Buda no es otra cosa que un ser frustrado que ha descubierto que el objetivo no existe más allá de nuestra cabeza.
Así que primeramente, debemos estar frustrados para poder acceder de lleno en esta "forma de ver"?
Pues en mi opinión, si. Todas las personas que conozco tienen una profunda ansiedad, una profunda depresión o una profunda falta de "algo" que les hace ser personas con una gran frustración, y esa es la base primordial para "descubrirnos".

Y el objetivo, como punta de lanza, se abre paso entre las lecturas, las charlas y las cuentas de respiraciones, y así no llega la iluminación.
Por que no hay más iluminación que la que ya tienes, no hay más objetivo que "coger el objetivo y tirarlo a la basura" para poder ver que no hay dualidad, no hay nada que alcanzar, no hay objetivo.
La alegría no es un objetivo.
La felicidad, la unión con el todo, el fin del sufrimiento o la frustración no es un objetivo, por que si hay objetivo no puede haber nada fuera de la mente, ya que es la mente la que crea el objetivo.

Así pues, debe haber un punto de inflexión que suele aparecer cuando hay frustración. La pieza final de ese puzzle que ves, que has estudiado pieza a pieza, que sabes con certeza que es la foto de un barco, pero que NO PUEDES VER. Y en ese momento de mayor frustración donde la imagen de ti que has creído que eras tu se desmorona por completo, donde el objetivo a dejado de tener importancia alguna, aparece un "regalo" que encuentras en una música o en un libro, o simplemente "aparece" y esa pieza encaja perfectamente dando por acabado el puzzle y entonces, EUREKA! era eso, lo que sabias pero no habías visto... cómo no lo habías visto?

El puzzle aparece ante ti, entero, completo, y entonces todo tiene sentido. Aparece el Satori.

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