viernes, 29 de mayo de 2015

Juan.

Son las diez de la noche y estoy algo nervioso. Vamos a la discoteca Puppa de Villena, es la primera vez y he oído que hay mucha marcha allí. Tengo veinte años, es 1988.
En la entrada hay un negro trajeado que parece el relaciones públicas y que toca las maderitas en cabina y el discjockey es un crack de los platos. Se llama Juan, pero todo el mundo le llama "Juan de Villena".

Una gran noche.



Como todos los martes, estoy en la tienda de discos de Félix. Ya llevo un tiempo pinchando, es 1990 y me gusta ir temprano a ver las novedades que han llegado. Aparece Juan. Su presencia evidencia un tipo de gran carácter, al que le gusta escuchar y que conoce muy bien la música y a las personas.
Viste botas estilo militar y una chupa de piel que le llega hasta los pies. Si no fuera por que es 1990 y aún no se ha hecho, diría que este tío ha salido de la película "Matrix". Se aprende con Juan y sólo hace cinco minutos que me lo han presentado.




Son las cinco de la mañana y he acabado mi sesión. Estamos en el año 1999. Vamos a tomar la última al BiGaudí, el local de moda en Alcoy. Juanito como siempre en cabina, nos ve entrar y aparece con unos chupitos. Nuestras conversaciones son holgadas, amables y filosóficas. Recuerdo su miraba entrañable y compasiva cuando empecé en esto de la música , pero ahora me trata como a un igual. Me toca, es un hombre cariñoso, le tengo mucho aprecio, es mi amigo. No nos vemos mucho ni frecuentamos los mismos sitios, pero es un maestro y siempre dice algo que se me queda en la memoria. Cómo se aprende con él! Me gusta verle enrollarse su cigarrillo, sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Es más importante su habilidad para liarlo que el fumeque en sí. Siempre guardo alguna frase, alguna impresión de esta gran persona.


Año 2004, estoy en el aparcamiento del Mercadona. De repente veo a alguien salir de un coche, es Juanito! Ya hace tiempo que dejé mi trabajo en la noche y al verle mis recuerdos afloran. Viene raudo, como un niño pequeño a entregarme con ilusión unos cd´s con sesiones de música. Su mirada es algo más triste, del que quiere seguir en un tren que ya marchó hace tiempo. Me da un abrazo y me dice:  escúchalo tronco, y ya me dices qué te parece.

Sin saberlo, esa es la última vez que le voy a ver.

Hoy día 28 de Mayo del año 2015, leo en internet con congoja, que mi amigo Juan de Villena nos ha dejado. Me siento triste.

Todo es impermanente, mi tristeza, mi vida, la vida de los demás, la vida de Juan.

Adiós amigo, permaneces en mi impermanente memoria.

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jueves, 7 de mayo de 2015

Sentarse sin más.


Sentarse sin más. Eso es despertar: cuando tus células se abren por todos los poros de tu cuerpo al infinito.

Cuando ya no eres tú quien respira, sino que eres tú el respirado. Y los miedos se adelgazan en una combustión que se va haciendo lentamente perceptible.

Sentarse sin más; la meditación no tiene objeto.

Comprobar la fiebre del existir latiendo a lo largo de tu columna, partiendo del volcán del Hara. Tu cuerpo arraigado en la Salud.

Arder, de modo incombustible, en el corazón mismo del Atman.

Sentarse sin más, perseverante, como un nenúfar lo hace en el remanso del río; sin más. La rosa nace sin porqué….florece porque sí, no pregunta si se la ve. Su belleza radica en que ella misma ignora que es tan bella…

No sabemos pronunciar ese fuego que desde nuestra entraña nos enciende. Y le llamamos Ser.


Sobran las palabras.



                         


Rafael Redondo Barba, Maestro Zen.



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