miércoles, 29 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (III).

Siguiendo la entrada anterior, otro de los aspectos muy importantes a la hora de entender de que va esto del Budismo Zen es la forma de asimilar y comprender los conceptos tales como espontaneidad, empatía y sobretodo, compasión.
Pero antes, he de hablaros sobre las capas de entendimiento y de cómo el Budismo Zen o cualquier otra práctica de auto-conocimiento trata este tipo de comprensión.

Hay una manera de entender o interactuar con el mundo, tal como lo hacemos comúnmente. A esta manera de ver las cosas se le puede llamar "capa de abstracción" por que trabajamos la mente como verdaderos fotógrafos.
Una instantánea es una pequeña pausa en una escena de la vida. Y la mente tiende a hacer instantáneas de todo, cada vez más pequeñas, y así vamos haciendo fotos, etiquetándolas y metiéndolas en cajones marcados con etiquetas. Y cada cajón tiene una serie de fotografías clasificadas.
Pero la creación de "clases" para ver el mundo es alejarse de la realidad, por que el mundo no son trozos de nada, ni siquiera es una secuencia de nada. Yo siempre digo que el universo y todo lo que en el está, es UN ACONTECIMIENTO. Y no funciona de forma secuencial, como en el cine. Es un acto que funciona por sí mismo para sí mismo y utiliza diferentes formas de captar, para captarse a si mismo. Y al acto de vivir haciendo fotos y clasificando las cosas que ocurren como algo fijo, podemos llamarlo "capa de abstracción" por que creamos algo abstracto (la foto) de una realidad concreta (el suceso).
Por eso cuando vemos una árbol, le echamos una fotico y la marcamos. Luego la colocamos en el cajón de objetos, en el subcajón de objetos vivos, y por último en el sub-sub.cajón de objetos para que mis niños se cuelguen de sus ramas para jugar. Acabamos de hacer "abstracto" algo en continuo movimiento al que hemos llamado, como una convención social, "árbol". Pero la realidad es otra, un árbol no es un objeto, es UN SUCESO en continuo movimiento, que ayuda a fabricar el oxígeno que necesitamos y los frutos que nos comemos. Luego, en primavera suelta el pólen que tanto nos molesta, para auto-generarse gracias a otro suceso llamado abeja. Entonces estamos hablando de algo un poco más concreto y menos abstracto. Pero aún así, al hablar de ello, no lo autenticamos sino que lo volvemos a etiquetar. Sólo podemos acercarnos al concepto "árbol" de una forma... en silencio verbal y mental. Sentándonos a su lado y sintiéndolo, sin ningún discurso, sin ningún intelecto que pueda "atrapar" la idea "árbol" conviertiendo algo concreto en una abstracción.



ESPONTANEIDAD

Hay una forma de hacer (o no hacer) las cosas para los chinos Taoístas, que se denomina WU WEI.
Esta palabra cuya traducción literal es "Sin acción", pretende dar un sentido a la forma en que nuestra mente funciona y cómo debería funcionar. Podemos decir que Wu Wei es una forma de espontaneidad, por que la pretensión de esta forma mental de actuar es no "dar vueltas" a la mente y actuar según instinto.

"Muy feliz era el cienpiés, hasta que un sapo una vez, le preguntó:
- ¿Qué orden al andar siguen tus remos?
Lo cual forzó su mente a tal extremo que a una zanja, distraído fue a caer,
mientras pensaba cómo hacer para correr."

EMPATÍA

La empatía es la manera de ponerse en lugar de otro ser (otro acontecimiento, otro suceso) sintiendo lo mismo, o lo que creemos que puede sentir ese ser poniéndote tú en ese papel. No es lo mismo que ponerse en lugar de otro ser SIENDO TU. Debes tener en cuenta para empatizar realmente que los sentimientos que te genere esa idea, parte de que tu te pongas en su piel, siendo ese ser.

COMPASIÓN

Pudiera parecer que la compasión es un sentimiento de lástima por otra persona. Pero no es así como yo lo veo. Se podría decir que la compasión es una gran entrega a los seres con la participación de la empatía, pero con una "distancia sentimental" para poder tomar atención hacia los sentimientos sin imbuirse en ellos, para así poder ayudar a los seres en lo que podamos sin mezclarse en el drama y haciendo así posible la solución del problema.

En definitiva, estas "virtudes" están presentes en todos nosotros, todas las personas. Descubrir dónde se hallan en nosotros sin fricción, sin esfuerzo, es el primer camino a recorrer para descubrir que al fin y al cabo somos Budas Iluminados y que siempre lo fuimos.


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lunes, 27 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (II).

Al hilo de la anterior entrada quiero continuar conceptualizando una práctica que asegura una calidad de vida antes inimaginable pero que también conlleva una serie de características que hacen de este tipo de "vía" difícil de seguir durante muchos años, pues uno acaba por "descentrarse" con tanto consumo, separación natural por vivir encima de bloques de hormigón, tanta "clase" de tipo social y personal... Y ahí es donde el Budismo Zen adquiere el máximo sentido, cuando uno va "descubriendo" día a día ese "debatirse" entre la realidad experimentada y la ensoñación social y del "yo" que nos embauca, nos aleja de nuestro verdadero "ser".

Uno de los conceptos que creemos que existen pero que son totalmente irreales es la idea de que somos una construcción que viene del pasado y va hacia el futuro. Y esta forma de vernos, define todo lo que somos y todo lo que hacemos. Somos una especie de "cosa" dentro de un caparazón (nuestro cuerpo) que tiene una serie de argumentos bien fundamentados para decir que "es" de una manera u otra por lo que le ha ido sucediendo a lo largo de los años, y la idea que tiene de lo que sucederá en los años venideros.
Agarramos bien la idea de que somos unos "luchadores" por que en el pasado tuvimos que superar cosas muy negativas y eso nos hizo valientes y mirando con fuerza al futuro. Un futuro en el que nos imaginamos de una u otra determinada manera... Y mientras el momento "ahora" está pasando...



Pero lo importante y lo que deberíamos dejar a un lado es ese vano intento de definirnos por lo que somos y tomar consciencia de lo que realmente NO SOMOS.
No somos una secuencia de actos provenientes del pasado, pues somos nosotros AHORA quienes definimos nuestro pasado, ese eco que se difumina por los pasillos de nuestra memoria. Tampoco somos nuestro futuro, una idea completamente irreal a la que llamamos sueños. Y tampoco somos lo que hacemos, ni nuestro trabajo. Tenemos la costumbre de decir... soy arquitecto, encargado o qué se yo. Y el lenguaje expresa ese orgullo, esa mascarada ilusoria de querer poner todo lo que somos en un cajón llamado "arquitecto". Pero no es lo que somos, sólo es nuestro trabajo.
No somos padres o madres ni hijos. No es eso lo que nos define en su totalidad. Ejercemos de padres o hijos, por supuesto, pero sólo es una pequeña imagen de lo que en realidad somos.

Otro concepto esencial que está sumamente presente en nuestra consciencia social y personal es la idea de que nuestros órganos de percepción son los únicos órganos de percepción que existen, por lo que podemos afirmar que lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos, y por ende pensamos, es la única realidad. No hay nada más que lo que podemos atrapar en nuestra red sensitiva y mental.
Y esa idea nos deja completamente enajenados, por que nos separa de nuestra verdadera naturaleza.
Es evidente que no podemos concretar, ni siquiera acercarnos a qué o cómo puede ser la captación del mundo desde una perspectiva diferente a la humana, pero podemos acercarnos a pensar cómo un mosquito ve el mundo. Podemos empatizar con la sensación que debe tener un mosquito cuando pica a alguien y absorbe ese líquido caliente llamado sangre, que asciende por esa trompetilla hasta llegar al éxtasis. Puede ser algo parecido a cuando nosotros comemos, con la única diferencia que nosotros estamos pensando en otra cosa, y seguro que el mosquito está plenamente atento y consciente (tal cual sea su consciencia) cuando come.



Así pues, vemos como el Budismo Zen insiste en una práctica en la que, en primera instancia el presente es el único movimiento temporal que puede existir. También enseña a definir qué es la atención consciente y cómo empatizar con la idea de que todas las cosas que existen, podamos captarlas con nuestros órganos sensitivos o no, tienen consciencia.

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sábado, 25 de mayo de 2013

Budismo Zen para una vida mejor (I)

Muchas personas me están preguntando sobre el Budismo y en concreto sobre el Zen. Y retrotraerse al principio de este blog parece que no siempre es suficiente para explicar lo que no puede ser explicado y sólo se puede experimentar.
No sólo aconsejo a las personas interesadas a las primeras lineas de este blog, sino que recomiendo escritos que me parecen interesantes aunque siempre llego a la conclusión que las personas que "empiezan" quieren algo más concreto, algo del todo imposible. Pero también me doy cuenta que a medida que cumplo años, además de poder explicar mejor - o dar rodeos mas cortos - a esta experiencia, mis explicaciones se alejan más del Zen y entran en un halo personal, donde sólo yo puedo entender a la perfección. Pero para poder clasificar algo que voy a escribir para un público, debo llamarlo de algún modo, así que lo haré como Budismo Zen, ya que no creo que nadie vaya a venir a pedirme "derechos de autor".

El Budismo Zen es una mezcla de oración hacia uno mismo, repetitiva, que tiene la finalidad de hacer olvidar la oración misma. También es una primera cura para quien tiene problemas, de todo tipo y color.
Si amigos, efectivamente el Budismo parece que no llega a las personas que "ignoran" sus problemas sino a las que saben perfectamente que tiene problemas de orden personal, transpersonal, de conductas mentales como la obsesión la ira y finalmente la "mayor"... la frustración. Y digo "ignoran" por que TODOS sin excepción, tenemos problemas de este tipo.



Y algunos centran su mirada en esta parte de la "expresión zen" que no tiene nada que ver con mente, salud (quién lo diría) o enfoque de la atención para una mejora en la verdadera calidad de vida.

Pero por alguna razón, el Zen es como un chicle muy elástico que te sirve para masticar y también para pegar algo y que no se desarme. Es una herramienta tan eficaz para el desarrollo personal que no hay manera alguna de pisotear, eliminar o desajustar. Siempre encaja a la perfección y nunca deja de estar presente, hasta que alguien como yo intenta hablar de Zen... entonces desaparece, y mis explicaciones dejan de definir realmente dicho concepto.

Se puede decir que el Budismo Zen es, en primer lugar una serie histórica de acontecimientos que empiezan en la India desde tiempos inmemoriales (Hinduismo), pasan por un radical "cambio" que hace que se abandonen los extremos de dicha "práctica" (Budismo), llegan a la China donde se mezcla con una ancestral filosofía llamada Taoísmo, formándose así el "Chan" y de la mano del maestro Dogen viajan al Japón para convertirse en el "Zen" actual.

También se puede decir que la máxima expresión Zen aparece en la pintura, Arquería, Jardinería, Caligrafía y Poemas (Haikus) Japoneses.


Por otro lado, la esencia del Zen empieza en un tiempo muy lejano donde un maestro "pasa la voz" de la práctica y los secretos de ésta, de maestro a alumno hasta nuestros días. Y ésta esencia es fundamental para poder realizar una práctica acorde a dichos cánones.

Pero también ésta práctica ha trascendido de la cadena de maestros y alumnos de origen monacal a los laicos, personas con una inquietud, un problema no resuelto pero si "hallado" de origen conductual, o filosófico y vital.

Y aquí es donde el Zen puede adquirir su máximo apogeo, más aún en nuestra cultura occidental tan separada de nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero ser, tan acostumbrada a separarlo todo, las ideas, los conceptos, a nosotros mismos de nuestro organismo.
Así es, el Zen en una vida laica, empieza cuando uno "descubre" de alguna manera (leyendo, por trasmisión directa, escuchando a alguien, contestando a alguna pregunta de forma espontánea, etc...) que lo que uno es, lo que uno piensa que es o cómo se define, es algo totalmente irreal y la base para tal idea no se sustenta de ninguna manera racional. En ese momento de aceptación de que uno no puede verse a si mismo como lo que es, ese momento trascendental donde uno no puede verse realmente pero SABE que no es lo que hasta hoy pensaba que era, a eso el Budismo Zen lo llama "Satori".

Una vez hallado el descubrimiento de lo que uno sabe "que no es", el Budismo Zen nos da su herramienta principal para la comprobación de que la naturaleza de "si mismo" al igual como la naturaleza "del resto de cosas" es una sola esencia, un solo acontecimiento que ocurre "aquí y ahora".
Y sólo queda experimentarlo.

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sábado, 11 de mayo de 2013

Tirar la piedra y esconder la mano.

Una de las cosas que peor se me dan es dejar de entrar a foros budistas y es posible que sea por que soy un poco masoca, por que no tiene ningún sentido discutir sobre budismo, es como si para dejar de beber me bebiera cuarenta litros de whisky, a ver si del hartazgo la cosa se eliminaba...

Pero una de las cosas buenas que tiene, quizá la única, es que encuentro interesantes temas para poder desarrollar aquí, en este medio.
Y uno de los temas recurrentes que siempre ocurren en un foro de discusión budista, es que siempre alguien acaba tirándote una piedra a la cabeza... eso sí, a la piedra la llaman Ego.
Y a la menor ocasión, zas! te escupen que tienes mucho Ego y se quedan tan panchos. Una vez hasta me avisaron de que podría tener un "Super-Ego" camuflado en mi aparente intuición.



Y realmente es posible que así sea, por que me quiero muchísimo, y la falsa imagen de "eso" que se define como "yo", después de mi última batalla conmigo mismo, ha quedado reforzada.
Y eso es bueno? -os preguntaréis algunos-
Pues he de decir que eso es magnífico, por que el problema no es que la imagen de mi quede reforzada, sino que sea ignorante del suceso. Si no se que "yo" es sólo una imagen falsa de "ponle tú el nombre", tengo una complicada situación, puesto que aunque sigo siendo un Buda, una persona iluminada en mi interior, aún no he descubierto la sorpresa por lo que vivo en una perpetua ilusión, pensando que "yo" soy una construcción de mi pasado que llega hasta mi futuro.
Pero si ya he descubierto "lo que no soy", no tengo problema en aceptar que además de mi naturaleza búdica la liberación consiste también en aceptar como "suceso no independiente del resto" mi Ego aceptado y asumido como lo que es.

Así que dejo de centrar mi atención en la tirada de piedra hacia mi cabeza, y pongo el foco en la "escondida de mano" del individuo que me la lanza. Y me pregunto por qué no cree que está iluminado (suelo encontrarme algunos Budistas que no se creen a ellos mismos). Y la respuesta a esa pregunta, aparte de ser que "no hay un yo y tampoco hay un tu", es que piensa que hay algo que alcanzar, que la iluminación llegará, y eso si que es mala pata...

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jueves, 9 de mayo de 2013

Cuando la inconsciencia se hace consciente...


"Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino."
- Carl Jung -


La frase ha dado mucho de si en Facebook y gracias a mi amiga Isabel Subirana, he decidido dar mi opinión, como vengo haciendo en estas páginas, e intentar "aclarar" lo que me parece una genial frase de este filósofo que anduvo entre el camino medio con total éxito.

Parece que las cosas pertenecientes a la religiosidad, por alguna extraña razón, vienen de tres en tres, como la Trimurti, la santísima trinidad y hasta el trío calavera. Y en ésta ocasión no hay religiosidad de por medio, debemos decir que Jung nombra tres clasificaciones mentales bien definidas.

Primero tenemos al consciente, esa fuerza mental clasificadora que "enfoca" nuestra vida diaria, con la que escribimos, leemos, creamos e intentamos explicar las cosas de la vida.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.

En segundo lugar, aparece el subconsciente, ese espasmo en nuestro cerebro del que habla Freud y otros psicoanalistas y que te quiere jugar "una mala pasada", pues al tomar como punto de control el tiempo, realiza una especie de "cirugía" con la que  lobotomizar nuestra imagen de nosotros mismos, deformando la realidad y alimentando los conceptos de "pasado" y "futuro", dejándonos indefensos ante la aplastante realidad del "ahora".
Así pues, el subconsciente agranda nuestra imagen o la empequeñece, nos dice que "somos" en relación a los que hicimos y lo que haremos y así, aparece como una sombra encima de nuestras cabezas, el destino.

La recreación de un destino, es la enajenación mental más común en nuestra sociedad y es precisamente a eso a lo que se refiere Jung. La toma de control de nuestro subconsciente, hace que la suma del pasado y nuestra percepción de un futuro, conduzca a nuestro consciente a lugares "ilusorios", y más allá, todos acabamos en "la caja". El destino llevado al cubo nos depara lo irremediable, lo que nos aterra... "la caja". Y con esa idea, llega la frustración...

La palabra que mejor define "frustración" es Dukkha, aunque muchos practicantes la traducen ( de modo incorrecto, según mi opinión) como sufrimiento. Dukkha aparece entre otras causas ante la presencia irreal ( y digo irreal por que lo pensamos en un tiempo anterior al irremediable suceso) del destino definitivo, el último tren, la última imagen, el final del destino que nos depara la vida... La muerte.
Y bajo esta perspectiva, el subconsciente campa a sus anchas induciendo al consciente a consumir depravadamente, a clasificar de forma compulsiva, y en definitiva a separarnos de nuestra verdadera naturaleza.

La última de las tres palabras que desgrano hoy, es inconsciente.
Cuando vas conduciendo en el coche, hablando con el copiloto y de repente te das cuenta que sin pensarlo has acabado en casa, es el inconsciente el que dio las órdenes. Cuando tus pulmones se hinchan para dejar que el aire entre en tu cuerpo, alimentando así tu vida, es el inconsciente el que da la orden. Y tu corazón golpea y golpea, bombeando la sangre para que el organismo "sea" y es el inconsciente el que está detrás de todo eso.
Y el único problema del inconsciente es que es totalmente transparente a nuestro entendimiento, por que como su palabra indica, es "no-consciente", y nos quedamos igual que si queremos mordernos nuestros propios dientes, por que jamás sabremos nada sobre ello. Pero aunque no sepamos nada sobre nuestro inconsciente, podemos elucubrar diciendo que si manda la orden a nuestros pulmones para recibir el aire, bien podría ser que ese aire que es generado por químicas naturales, vegetales y la luz del sol formen parte orgánica de mis pulmones y así el inconsciente no solo mandase información desconocida por mi consciencia a mi cerebro sino que pudiera ser que la información la mandara también a toda esa maquinaria natural que se extendería, por ende, a todo el universo para que el círculo vicioso pueda cerrarse definitivamente. Es posible, y digo que sólo es una elucubración, que todo el sistema inconsciente fuera el recurso natural que tiene el universo para que yo, el sujeto consciente pueda "yoificarlo". Quizás el universo crea todo esa fluidez entre aire, luz, plantas, pulmones que alimentan seres conscientes para hacer consciente el universo mismo.

Y Jung nos apunta justo ahí, como una aguja de acupuntura... ahí, donde más duele. Por que el incosciente nunca podrá ser consciente, es nuestra consciencia actual la que nos debe dirigir hacia nuestra inconsciencia. por eso nos sentamos, o prestamos atención al "ahora" en cualquier situación, para "experimentar" el estado de inconsciencia y así poder descubrir que todos los estados mentales, todas las capas de entendimiento, son necesarias.

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sábado, 4 de mayo de 2013

De vuelta a la naturaleza del Buda.

En una guerra, una batalla o una elección, siempre has de dejar algo por el camino. Una pérdida, una baja.
A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.

Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.

Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...



Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...

Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.

El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.

En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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