miércoles, 13 de julio de 2016

Salir de la trampa.

A menudo hablo con personas que buscan desesperadamente una solución a sus problemas, las herramientas necesarias para que el dolor y frustración cesen. Muchas personas, creo que cada vez más, necesitan una senda que les guíe por un camino complicado de descubrir, difícil de entender y aceptar.
Y es complicado explicarles que no hay una receta para extinguir de una vez por todas sus problemas, que sólo hay unas pautas ancestrales que nos llegan de oriente, a veces muy distorsionadas o a veces las distorsionamos nosotros, y que realmente necesitan de un interlocutor que sepa expresar bien lo que quieren decir. Por ello, a veces encontramos a gurús hablando y hablando y no nos llega la información como debiera y sin embargo otras veces, como me pasó a mi con Alan Watts, recibes una sacudida de información que tu mente asimila y absorbe de manera brutal, dejándote de algún modo, al descubierto con el mundo.

La cuestión es que dichas pautas a seguir, que para todo el mundo son las mismas (mindfullness, zazen, atención consciente, o como diría el maestro Kosen: "Sólo Zazen, Kinhin, Sampai, Genmai y Samu.") y eso lo entiende todo el mundo, parecen no trascender en la enseñanza que realmente nos deja el Buda Sakyamuni cuando dice que el "yo" es una construcción temporal de un cuerpo que nace, crece y muere sin un "yo" real, sólo con una idea de "yo". Dice, que lo que hay de real en nosotros, no tiene identidad fija, no nace ni puede morir, pero eso a lo que le sucede no es un "yo", no somos nosotros como tal. Y esta enseñanza, marca la diferencia entre alguien que practica y practica creyendo que es un "yo" y alguien que ya ha asimilado que no hay una estructura definida como "yo" y por lo tanto las cosas que suceden no le suceden a nadie realmente. Las ideas que aparecen no tienen una identidad propia, sino que más bien son un continuo kármico que crea olas en un océano temporal definido.

Y uno deja de buscar herramientas, sólo acepta la información, y practica las formas ancestrales de auto-conocimiento, pero con la consabida descarga emocional que supone no estar atado a una idea de permanencia y de personalidad fija que sólo causa dolor y malestar. El "yo" sigue estando ahí, sigue yendo a trabajar y al supermercado, ciertamente cambia algunos hábitos de forma natural, pero sigue enredado en las ideas. Ese "yo" sólo dejará de existir cuando muramos o quedemos enajenados, pero ahora ya sabemos que sólo es una convulsión mental, una idea temporal.

Sonríe, pese a todo, sonríe :) 






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viernes, 1 de julio de 2016

El miedo y las causas.

Una de los sentimientos o sensaciones que más me han impactado a lo largo de los años, ha sido el fenómeno del miedo. No quiero decir con esto que ya no lo tenga, pero con los años he aprendido a asimilar que es un sentimiento más, una idea insertada que nos ayuda a correr en caso de peligro, pero que no debiera condicionarnos cuando estamos sentados en el sillón. Curiosamente en este estado es cuando el miedo se apodera de una manera tan cruel que no podemos salir del círculo vicioso en el que nos envuelve.

Recuerdo que cuando era muy joven  tenía miedo a todo. Mi imaginación hacía el resto, con lo que era habitual pasar las noches en vela, sintiendo que me agarraban los pies e incordiando con mis gritos a mi padre, que tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Decidieron ponerme una pequeña luz en la habitación para poder mantener las noches con cierta tranquilidad.

Una vez crecí los miedos se volvieron cada vez más adultos. El miedo al fracaso, en las amistades, en el trabajo, con la pareja...

Y así uno vive con este sentimiento bien arraigado, hasta que por alguna razón hay un momento de consciencia, donde hay aceptación y donde hay cierta dosis de resolución (o revolución).
En ese momento los miedos abandonan su cometido, desaparecen, aunque no del todo. Pero aunque algunos miedos permanecen, ya no te aplastan ni te hacen sufrir más de lo íntimamente necesario. Luego pasan de largo, porque no hay nada que se quede en uno si ya sabes que "uno" no es una cosa rígida y estática. Ese "uno" es sólo una idea más, como la del miedo, una idea necesaria pero irreal.



¿Cuál es la causa de que aparezca la sensación?

Pues en muchos casos, como el mío, es la inseguridad del individuo. Donde hay inseguridad, hay miedo y donde hay una idea del "yo" muy arraigada, hay miedo. En muchos casos la psiquiatría intenta ofrecernos auntoestima, para que el miedo desaparezca, pero el Budismo trata algo más profundo. El Budismo no comparte la idea de valorar el ego más allá de la herramienta social, sino de darse cuenta de que es algo inexistente y por consiguiente desechable como algo real o consistente.
Así te das cuenta de que el miedo desaparece cuando no hay lugar donde aparcarlo. Si no hay un lugar donde resida, como va a poder permanecer?

Puede que el miedo aparezca, incluso la sensación pudiera ser atroz, pero cuando sabes que no perdurará, no hay posibilidad de que ese miedo te posea.

El miedo es inútil, no sirve para nada. Las cosas pasan, independientemente de la sensación. La sensación está de más salvo cuando aparece para alertar.
La sensación es sólo una sensación, un sentimiento, una idea.
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