jueves, 8 de septiembre de 2016

El libro mató a la estrella de rock...

Queridos lectores:

Hace más o menos ocho años, mientras una profunda crisis de ansiedad y estrés se fundía en mi ser, abrí un libro y el libro me abrió a mí.
"El camino del zen" rezaba el título.
Así empezó un camino gradual a ningún sitio, en el que leí mucho y empecé a sentarme en una postura que parecía más un jeroglífico que una forma de relajación.
En esos días me dio por iniciar un blog llamado "el manuscrito zen" que duró tres años y unas cuantas visitas de lectores hasta que decidí "matarlo" sin dejar huella en las redes, por mera práctica hacia el desapego de una querida creación difícil de soltar.
Luego surgió otro blog, Sasporimazaca! y creo que ha sido mi mejor blog aunque tampoco tuviera demasiadas visitas. Al final no se trata de ser muy leído sino de encajar o causar algún tipo de "algo" en alguna persona, porque este ego funciona así y hay que dejar que se exprese.



Después de otro blog de Haikus donde aprendí más de otros que de mi trabajo, decidí volver a "reencarnar" el manuscrito.
Y este es el trabajo realizado en estos últimos años y he de decir que me habéis visitado mucho más de lo que podía imaginar.
La brillante y exitosa idea de hacer un e-book al respecto, ha sido toda una experiencia que por un lado me ha satisfecho mucho y por otro, ha matado este blog que a día de hoy siento que ha de ser cerrado. Por supuesto quedará en las redes para los navegantes, pero se ha cumplido una etapa y hay que saber cuando es el momento de cambiar de tercio.

Ha sido maravilloso tener esta experiencia con vosotros, me llevo toda una mochila de acontecimientos, algunos no demasiado agradables, pero son de gran utilidad en mi camino.
Por supuesto el libro quedará al servicio de cualquier persona que quiera indagar; una vez cumplido el tiempo legal en Amazon donde puedes comprar el libro por 0,99 euros, voy a dejar un par de enlaces en Dropbox y Skydrive aquí abajo y a la derecha para su descarga gratuita:

EL MANUSCRITO ZEN, EL LIBRO en Skydrive (onedrive) versiones pdf, epub, mobi


EL MANUSCRITO ZEN, EL LIBRO en Dropbox, versión PDF



Me quedo con mis dos blogs fetiches, que también os enlazo y que creo que son verdaderas joyas del Budismo en las redes: "El blog de Tao" y "Huellas del zen".
Seguramente vendrá otro blog (ya estoy en ello) que también enlazaré en la columna de la derecha a su debido tiempo.

Hasta aquí llegamos, querido lector. Siempre en Gasshô.

ACTUALIZACIÓN, 15/02/2017

Después de un tiempo con el nuevo blog "No es país para Budas", lo cierro. El experimento ha concluido, y la conclusión es que no se deben mezclar Zen, política y fotografía, la receta no es fructífera :D

Si alguna vez vuelvo a escribir, será en este espacio como forma definitiva de expresión escrita, y será hablando de Zen. Por el momento, nada más. En Gasshô

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miércoles, 31 de agosto de 2016

"Tashaki" (III)

Jackovich no podía reaccionar ante la postura de aquél individuo, su forma de expresarse, su control y su calma.
¿Qué significa? -preguntó el soldado, apaciguando el gesto.

Que el sujeto conocedor, no puede conocerse a sí mismo como objeto conocido.

Un pequeño soplo de aire fresco recorrió los pasillo hasta Jackovich, limpiando el aire fétido y corrupto.

El arma cayó al suelo. Se disparó, alcanzando a Tashaki en el estómago.

Jackovich fue corriendo en auxilio del hombre, que desfallecía.



¡Lo siento! - exclamó entre sollozos- ¡Lo siento mucho!

Tashaki dijo: ¿Te das cuenta, de tu naturaleza? y murió. Allí quedaba un libro llamado "Shin Jin Mei" que recogió del suelo.

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Estoy buscando a alguien, estoy buscando algo. Lo tengo en la punta de la lengua, pero cuando casi lo tengo no puedo articular palabra. Me han dicho que en esta esquina vive un tipo, un maestro, alguien que libere mi espíritu de esta locura que me está comiendo por dentro.

Ahí vive un tipo, me han dicho que en esta casa. Voy a llamar a la puerta. Un hombre sale a recibirme:

- Hola, mi nombre es Jackovich.

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martes, 30 de agosto de 2016

"Tashaki" (II)



Entró en el habitáculo con el ojo en la mirilla de aquél arma de repetición, deseando que aquél individuo entrara en combate, lo suficiente para poder tener la excusa de acribillarlo a balazos.

Tashaki estaba sentado en sus talones, las rodillas apoyadas en el suelo, con las manos en ellas y las palmas hacia arriba. Los ojos entrecerrados expresaban quietud, calma y sosiego. Los hombros caían por su propio peso y todo expresaba que este hombre no tenía armas de fuego. Rumiaba un amplio sonido gutural que parecía salir de sus propias entrañas.
El sonido paró y los ojos de Tashaki miraron fíjamente a los de Jackovich.


El hombre habló:

¿A qué has venido, a matarme?


Jackovich no contestó. En su lugar le hizo un gesto, para que se echara a un lado.


Tashaki no se movió:

No soy tu enemigo, más allá de ti mismo -murmuró Tashaki-

Jackovich quedó perplejo. Jamás había visto una reacción igual en todos estos años de lucha.

¡Claro que eres mi enemigo, no tengas ninguna duda! -gritó Jackovich, reafirmando con el arma.


Entonces Tashaki exclamó: ¡Sea pues! Y siguió allí parado, como esperando la muerte sin ofrecer resistencia.
El hombre armado no sabía qué hacer, no podía matar a alguien así, a sangre fría.



Tienes una naturaleza -habló Tashaki suavizando su voz.

Es una naturaleza compasiva, que tiende la mano, que no quiere quitar una consciencia.
Sin embargo tienes ira, pero no forma parte de tu naturaleza sino de los condicionantes.

Jackovich bajó el arma. Recordó cómo su padre le mataba a hostias, cómo le hacía ver, año tras año de una vida mísera, que no valía nada, que era una especie de desecho humano y merecía los golpes.
Jackovich preguntó al hombre:

¿Cómo puedes saber cómo soy si no me conoces?

Ahora no eres un asesino, pues has bajado tu arma. 
La verdad es que no te conozco, así que esta sensación es como la un niño que descubre el mundo por vez primera.

¿Cómo puedes saber cómo eres, soldado, si no te conoces?

Se muy bien quién soy -arremetió el soldado con tono de duda.




La espada no puede cortarse a sí mísma, soldado -dijo Tashaki.   (continúa)

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lunes, 29 de agosto de 2016

"Tashaki"



La invasión estaba siendo fructífera. Jackovich hizo una incursión por la zona más deshabitada y logró entrar en un complejo abandonado, buscando algún enemigo al cual dar caza.

La oscuridad reinaba en todo el complejo, sus angostos pasillos olían a desecho, abandono y muerte.




Caían las gotas desde el techo, en la cara de Jackovich. Su piel endurecida por las inclemencias del tiempo, digna de un chusquero ejemplar, brillaba ahora por el agua que resbalaba por la historia, porque la piel tiene historia, memoria y recuerdos que mil lluvias no limpian.

Tenía una cicatriz al lado de un ojo, como digno combatiente en varias guerras, que le servía para contar sus batallas en aquella barra cutre del bar de su ciudad natal, cuando visitaba a la familia entre misión y misión.

Ahora no había historias, tenía miedo. Un miedo irreconocible hasta ahora, pues apestaba a muerte de un modo más latente, más palpable que otras veces. Los sentidos estaban abiertos a cualquier movimiento o sonido, proveniente de aquella maraña de pasillos oscuros.

Llegó a un ensanche y más adelante a una habitación clara, con luz diáfana.

Tras un vistazo, se dio cuenta de que allí había alguien.






¿Sería este su fin? (continúa)

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lunes, 8 de agosto de 2016

"Reformas".

La casa necesitaba un giro, una lavada de cara, un cambio.
Así que agarré de un manotazo la carta de colores "Pantone" para buscar el color adecuado a mi nueva forma de ver la vida, y busqué un color adecuado a mi nueva manera de sentir.
Me sentía diferente, más libre. Con el poder no sólo de maniobrar en mi mente, sino también en la de los demás.
El color rojo surgió de entre el entramado de cartones de colores que de allí iban surgiendo.
No era el típico rojo "amapola", sino que era de esos modernos que se ven ahora, más apagados pero sin embargo con fuerza tonal.
También cambié los muebles. Paseando por Ikea había visto unas cosas realmente bonitas, minimalistas, de esas que aluden a espacios amplios y diáfanos.
Ya de paso, cambié cortinas, y puse muchos Budas; en la entrada, en el comedor, en la habitación...
Todo estaba quedando conforme a la imagen mental que había salido de mi cabeza, cuando decidí dar un giro a mi vida.


                                                                                                 Fuente: TechNoir.

Después de un rato, volví a la realidad.
Nada iba a ser cambiado en mi casa, las paredes no iban a ser pintadas de color rojo ni siquiera tengo cerca un Ikea.
La imagen mental que había salido de mi cabeza era lo único "real" que había sucedido y me la había creído, por unos instantes.
Pensé... ¿De dónde ha surgido la idea de que quería dar un vuelco a mi vida?
Pensé... ¿De dónde surge la idea en todo el mundo?
Pensé... ¿Por qué es una idea colectiva "cambiar" cuando estás de vacaciones y no tienes tu mente ocupada en la cotidianeidad?

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El orden de las cosas es simple. Nacer, vivir y morir.
Lo demás son ideas que pasan, que ni siquiera son tuyas sino que vienen por un continuo temporal que ni siquiera existe realmente.
Mientras vives, aparece la idea, se inserta en tu mente y si te condiciona, se queda una temporada.
Mientras vives, aparece la idea, se inserta en tu mente y si la abandonas, se va.

¿Qué hacer, qué hacer, qué hacer?

Descubre, acepta y sonríe :)

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miércoles, 13 de julio de 2016

Salir de la trampa.

A menudo hablo con personas que buscan desesperadamente una solución a sus problemas, las herramientas necesarias para que el dolor y frustración cesen. Muchas personas, creo que cada vez más, necesitan una senda que les guíe por un camino complicado de descubrir, difícil de entender y aceptar.
Y es complicado explicarles que no hay una receta para extinguir de una vez por todas sus problemas, que sólo hay unas pautas ancestrales que nos llegan de oriente, a veces muy distorsionadas o a veces las distorsionamos nosotros, y que realmente necesitan de un interlocutor que sepa expresar bien lo que quieren decir. Por ello, a veces encontramos a gurús hablando y hablando y no nos llega la información como debiera y sin embargo otras veces, como me pasó a mi con Alan Watts, recibes una sacudida de información que tu mente asimila y absorbe de manera brutal, dejándote de algún modo, al descubierto con el mundo.

La cuestión es que dichas pautas a seguir, que para todo el mundo son las mismas (mindfullness, zazen, atención consciente, o como diría el maestro Kosen: "Sólo Zazen, Kinhin, Sampai, Genmai y Samu.") y eso lo entiende todo el mundo, parecen no trascender en la enseñanza que realmente nos deja el Buda Sakyamuni cuando dice que el "yo" es una construcción temporal de un cuerpo que nace, crece y muere sin un "yo" real, sólo con una idea de "yo". Dice, que lo que hay de real en nosotros, no tiene identidad fija, no nace ni puede morir, pero eso a lo que le sucede no es un "yo", no somos nosotros como tal. Y esta enseñanza, marca la diferencia entre alguien que practica y practica creyendo que es un "yo" y alguien que ya ha asimilado que no hay una estructura definida como "yo" y por lo tanto las cosas que suceden no le suceden a nadie realmente. Las ideas que aparecen no tienen una identidad propia, sino que más bien son un continuo kármico que crea olas en un océano temporal definido.

Y uno deja de buscar herramientas, sólo acepta la información, y practica las formas ancestrales de auto-conocimiento, pero con la consabida descarga emocional que supone no estar atado a una idea de permanencia y de personalidad fija que sólo causa dolor y malestar. El "yo" sigue estando ahí, sigue yendo a trabajar y al supermercado, ciertamente cambia algunos hábitos de forma natural, pero sigue enredado en las ideas. Ese "yo" sólo dejará de existir cuando muramos o quedemos enajenados, pero ahora ya sabemos que sólo es una convulsión mental, una idea temporal.

Sonríe, pese a todo, sonríe :) 






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viernes, 1 de julio de 2016

El miedo y las causas.

Una de los sentimientos o sensaciones que más me han impactado a lo largo de los años, ha sido el fenómeno del miedo. No quiero decir con esto que ya no lo tenga, pero con los años he aprendido a asimilar que es un sentimiento más, una idea insertada que nos ayuda a correr en caso de peligro, pero que no debiera condicionarnos cuando estamos sentados en el sillón. Curiosamente en este estado es cuando el miedo se apodera de una manera tan cruel que no podemos salir del círculo vicioso en el que nos envuelve.

Recuerdo que cuando era muy joven  tenía miedo a todo. Mi imaginación hacía el resto, con lo que era habitual pasar las noches en vela, sintiendo que me agarraban los pies e incordiando con mis gritos a mi padre, que tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Decidieron ponerme una pequeña luz en la habitación para poder mantener las noches con cierta tranquilidad.

Una vez crecí los miedos se volvieron cada vez más adultos. El miedo al fracaso, en las amistades, en el trabajo, con la pareja...

Y así uno vive con este sentimiento bien arraigado, hasta que por alguna razón hay un momento de consciencia, donde hay aceptación y donde hay cierta dosis de resolución (o revolución).
En ese momento los miedos abandonan su cometido, desaparecen, aunque no del todo. Pero aunque algunos miedos permanecen, ya no te aplastan ni te hacen sufrir más de lo íntimamente necesario. Luego pasan de largo, porque no hay nada que se quede en uno si ya sabes que "uno" no es una cosa rígida y estática. Ese "uno" es sólo una idea más, como la del miedo, una idea necesaria pero irreal.



¿Cuál es la causa de que aparezca la sensación?

Pues en muchos casos, como el mío, es la inseguridad del individuo. Donde hay inseguridad, hay miedo y donde hay una idea del "yo" muy arraigada, hay miedo. En muchos casos la psiquiatría intenta ofrecernos auntoestima, para que el miedo desaparezca, pero el Budismo trata algo más profundo. El Budismo no comparte la idea de valorar el ego más allá de la herramienta social, sino de darse cuenta de que es algo inexistente y por consiguiente desechable como algo real o consistente.
Así te das cuenta de que el miedo desaparece cuando no hay lugar donde aparcarlo. Si no hay un lugar donde resida, como va a poder permanecer?

Puede que el miedo aparezca, incluso la sensación pudiera ser atroz, pero cuando sabes que no perdurará, no hay posibilidad de que ese miedo te posea.

El miedo es inútil, no sirve para nada. Las cosas pasan, independientemente de la sensación. La sensación está de más salvo cuando aparece para alertar.
La sensación es sólo una sensación, un sentimiento, una idea.
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lunes, 6 de junio de 2016

La predisposición y la causa.


Muchas veces suelo decir o escribir que todo eso de la positividad  no es más que el agarre escondido en lo más profundo de las entrañas del individuo.

De hecho, muchos gurús y maestros hablan sobre el Kensho o Satori, o sea, la iluminación budista, como la explosión que sucede después de estar "en el precipicio", o sea, en un estado anímico muy bajo, o de depresión profunda, donde todo ya no importa en absoluto. En ese estado el ego (ese yo ilusorio o imagen de uno mismo) está completamente hundido y es justo en ese momento cuando parece ser que se abre una "Backdoor" (puerta de atrás en término hacker) o grieta por donde entra cierto tipo de información más sensitiva que intelectual sobre "ese que no soy yo" pero que íntimamente aceptas como propio.

También es lo que sucedió en mis carnes. Aunque imagino que en cada individuo es diferente, pues en mi caso no fue de "sopetón" sino en un descubrimiento y aceptación íntimo que de forma secuencial y en el tiempo fue despertando y reestructurando algo que estaba pero que no aparecía, o por lo menos no era evidente y  no estaba estructurado.

Muchas veces hemos oído algo así como "desde el ego no puede haber comprensión experiencial, sólo intenectual" o en otras palabras, desde la imagen ilusoria del "yo" puede entenderse intelectualmente el concepto del "no hay yo" pero no se siente así, con lo que acaba no tomándose en serio, retrasando así de forma indefinida la conexión de la experiencia "Aquí y ahora".




                                                       Imagen: "Samsara" (Tumbrl)


(Indico aquí, como muchas otras veces, que la iluminación no es algo fantástico ni mágico, ni divino, sino que es simplemente poner luz donde había oscuridad, o sea, sobre el propio ser que "no es un yo").

Entonces, ¿Qué sucesos deben darse para que la iluminación llegue a término?

Pues según mi experiencia y la de otros (posiblemente no es la de todos), una depresión tal que hay un desasimiento del mundo del "yo", sumado a una causa (información) intelectual en el propio momento adecuado, o una acción similar a la información, como por ejemplo una música (y cierta información intelectual que creo que siempre está cuando ocurre).

Nótese que hablo de "desasimiento" y no de agarre. Muchas veces es posible que el individuo esté en ese estado depresivo y con según qué información puede "salir" de dicha depresión "agarrándose" a una práctica espiritual que en ningún caso va a resolver el problema, pues sigue habiendo un "yo" consistente. La cuestión es que debe haber un abandono de todo, un "toque de fondo" del individuo que ya no puede más y la consiguiente información que aparece en ese momento le ayuda a acabar de "dejar ir" para que entre una nueva información en forma de acción y también en forma comprensiva, intelectual e íntima.

Sabiendo que por mucho que aquí se explique, todo va a quedar en un juego de palabras sin más, el intento es "mostrar de forma escrita" ( o dar una rodeo) a algo que le ocurre a mucho individuos y en el que la acción que sucede es totalmente ajena al propio individuo y éste no tiene ninguna libertad de elección y sólo queda dejar que las cosas sucedan "per sé".

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lunes, 23 de mayo de 2016

Conversar y caminar la vía.

Uno de mis blogs de referencia, lo sabéis bien, es el blog de Tao. Podríamos decir que este practicante, bloguero y amigo, me está ayudando a caminar por este sendero, más que por el dharma o filosofía que escribe en su blog (que también) , por su amabilidad y su compasión. Uno de los textos que nos descubre ahora, es una serie de conversaciones que tuvo con un gurú advaita, desconocido para mi hasta ahora, llamado Gary Weber.
Pese a que cada practicante debe seguir su propio sendero y personalmente los gurús nunca me han causado ninguna impresión más allá de algún ligero "sacudón", esta serie de diálogos han dejado en mi una gran huella, tanto por mi pequeña participación en su edición como por su contenido.

La situación discurre en un punto de la práctica que podía decir que es parecido al que me encuentro. Durante las charlas ocurre que cada personaje se posiciona hacia la clasificación maestro-alumno, pero no sabría decir quién aprende más de quién. Y poco a poco, estos diálogos van descubriendo una sutil adquisición de "Vidya" (conocimiento) más allá de la intelectualidad o el discurso.

Muchas gracias a mi amigo por la valentía de desnudarse de tal forma y por hacerme partícipe de ello.


Os recomiendo su lectura, la comprensión del texto y después, el olvido del mismo. Todo camino, toda vía es única, pues es la única forma que tiene este mundo de experimentarse a sí mismo de todas las formas posibles.

Aquí lo podéis descargar: Diálogos con Gary Weber

Aquí la sección de minilibros: Minilibros

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viernes, 6 de mayo de 2016

Compasivo, compasivo...

Hola de nuevo. Ante todo, gracias mil por adquirir el ebook en Amazon, la verdad es que pese a que el dinero que se va obteniendo es mínimo, la compra del e-book está siendo masiva y eso es de agradecer, puesto que seguro que ya lo habíais leído anteriormente cuando lo publiqué gratuitamente en diferentes lugares.
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En los últimos días leo muchos escritos y blogs budistas sobre el amor incondicional y lo que significa en budismo. Y pese a que la palabra siempre es muy agradable, la sensación que tengo a leer estas palabras es siempre la misma:
¿Qué es el amor, sino un sentimiento de satisfacción de uno mismo?

Si, ya sé que siempre ocurre lo mismo cuando accedéis a este lugar, nunca encontráis un "hurra" por el amor, la felicidad y esas cosas que hacen que don Emilio Duró, "coach" de la felicidad, tenga tanto éxito. Pero chico, que le vamos a hacer, debe haber opiniones para todos los gustos y por supuesto que mi opinión es sólo eso.

El verdadero sentimiento budista, el que viene bien traducido, del que hablan los venerables maestros, los budistas zen, los theravadas y cualquier practicante que haya asimilado el sentir budista, es llamado por todos, aunque podría llamarse de otro modo (como por ejemplo, amor), la compasión.
Y no es la compasión que trata sobre la lástima que tienes por alguien, sino la experiencia mística más importante del ser humano.

Uno puede amar desinteresadamente, pero estará mintiéndose a sí mismo. Porque cuando uno ama, al nivel que sea, espera un resultado para su complacencia, es egótico. Y eso no es malo, simplemente, es la realidad. Uno nunca ama a quién le hace sufrir (a no ser que tenga otro tipo de problemas), ni a quien le desprecia. Incluso hay personas que acuden a un comedor social, que ayudan a personas con problemas desinteresadamente y aún así, cuando regresan a casa se sienten satisfechos de sí mismos, de lo logrado, de poner su granito de arena, y eso es excelente. Pero es la recompensa buscada cuando decides ayudar a otros, es la dosis de amor hacia ti mismo la que te mueve, en última instancia.



Sin embargo, la compasión es una experiencia que florece en otro punto, alejado del ego, alejado de tu propia personalidad, de lo que consideramos "uno mismo". La compasión es una experiencia que surge de la propia naturaleza esencial que todo ser humano lleva consigo, es el propio Bodhisattva expresándose, sin pensamientos, sin dobles pensamientos. Es el puro inconsciente colectivo de Jung abrazándose a sí mismo. Y nada tiene que ver con ayudar al otro o cruzar por la senda del bien, porque a veces la compasión puede atravesar caminos oscuros, porque al fin y al cabo el compasivo no espera un sentimiento de agradecimiento y por supuesto no siente esa sensación placentera del trabajo bien hecho porque no hay nada personal en la experiencia.
No hay una persona que siente placer por haber ayudado a alguien, sino que irremediablemente sucede por pura causa natural, sin que el compasivo pueda hacer nada al respecto salvo vivir tal experiencia con total entrega.
Quizás este cuento sirve más que las torpes letras del escriba:


"Por el sendero de un hermoso bosque, el viejo maestro caminaba en silencio junto a su joven discípulo. Al llegar a un riachuelo, divisaron cerca de la orilla a un escorpión que había caído al agua y luchaba por su vida. El maestro se acercó, alargó su brazo y tomó el animal para sacarlo del agua, pero de inmediato el escorpión lo picó. El dolor fue grande y al sacudir la mano, el maestro dejó caer al escorpión al agua.


Sin pensarlo dos veces, el maestro se volvió sumergir su mano en el agua para salvar al alacrán, pero una vez más el alacrán lo picó y luego cayó al riachuelo. Tras frotarse la segunda herida, el maestro se agachó nuevamente, pero justo antes de introducir su mano en el agua, su discípulo lo detuvo tomándolo por el hombro.


- ¡Pero maestro, no vuelva a agarrar al alacrán, lo va a picar otra vez!, además, ¿cuál es su empeño en salvar a ese animal tan malvado?


- Querido amigo – respondió el maestro con voz calmada – El alacrán me ha picado porque eso está en su naturaleza. Sin importar cuales sean las circunstancias, su instinto será siempre el de defenderse picando a cualquier otro animal que se le acerque. En cambio, yo estoy llamado a amar a la naturaleza, por lo tanto a tratar de salvarlo, porque eso está en mi naturaleza. Muy mal haría yo en dejarme influenciar por su naturaleza, dejando la mía de lado; en renunciar a hacer el bien solamente porque a otro no le gusta o no está de acuerdo; en comportarme de maneras distintas según las circunstancias en lugar de ser siempre auténtico.


El maestro volvió a agacharse, tomó una hoja que pasaba flotando y con ella levantó por tercera vez al alacrán para salvarle la vida."

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jueves, 7 de abril de 2016

El manuscrito zen, El libro en Amazon.



Todos sabéis a estas alturas que el trabajo que desarrollé en "El manuscrito zen" como libro, ha sido muy bien acogido y debo decir que he llegado a las 5000 descargas/lecturas de forma gratuita para todas aquellas personas interesadas.

Pese a que intenté difundir el libro por Amazon, la mayor librería del mundo de forma gratuíta, me fue imposible.

Ahora, pasados unos meses y con la firme decisión de que esta obra llegue a más buscadores, he decidido ponerlo en exclusiva para Amazon al mínimo precio de 0,99 euros.

Gracias por vuestra colaboración los que decidáis comprarlo y gracias a todos los que habéis apoyado este proyecto.



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martes, 5 de abril de 2016

Sobre lo recorrido.



Uno a veces, echa la mirada atrás, en esos pasillos de la mente que llamamos recuerdos y que nos son tan útiles, para reafirmar el discurso o evadirse del momento presente. Y en esa mirada contemplamos el recorrido realizado, los pasos que hemos dado hasta llegar a este preciso instante.

Uno ha de tener en cuenta, que la memoria y el uso que hacemos de ella son realmente historias que nos contamos, puesto que lo que ocurrió debe pasar por el filtro del discurso y ahí nuestro subconsciente cambia de lugar las pequeñas cosas que hacen que aquel presente sea diferente de este pasado. No debemos caer en el error de pensar que las cosas que recordamos son como sucedieron entonces, porque esa es una de las cosas que hacen del buscador un ser ignorante (Avidya).



Así pues, los recuerdos deben servirnos no sólo para aprender de los errores o para evadirnos del ahora sino para someterlos a la ecuanimidad y la atención del despierto, del Buda. Repasar lo que sucedió y reducir o ampliar los actos, indagar sobre aquellos sucesos sin un "yo" que dictamine sobre "bueno o malo", "error o acierto", que no se implique sentimentalmente en ello, puesto que son recuerdos pasados, que investigue los sentimientos que surgen de unos y otros recuerdos, es un gran ejercicio para la memoria y además nos sana, nos desemboza aquellos centros del fluir vital que en la India llaman Chackras, símbolos de la unión "cuerpo, mente, sentimientos, colores, minerales" como un todo que fluye sin independencia de nada.

Y en ese camino, uno encuentra verdaderas sorpresas, os lo aseguro.
Invito al buscador a adentrarse en los pasillos de la mente, a buscar esos recuerdos desvirtuados por el propio ego, a aceptar las sensaciones sin implicación, la impermanencia de lo que sucedió como algo que jamás volverá a suceder del mismo modo , ni siquiera en nuestra mente.

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jueves, 17 de marzo de 2016

Profundizando en el concepto Karma.

Después de darle un par de vueltas al asunto, he decidido recurrir a la ayuda de mi amigo 道, cuyo interesante blog es uno de mis referentes para aprender conceptos o simplemente para leer sobre budismo desde una perspectiva muy particular. Os lo recomiendo.

Aquí os dejo la mayor parte el texto que he recibido de él cuando le he pedido que explicara desde su punto de vista cómo podemos definir que sólo hay un ahora y enlazar esto con el karma más allá de la sencilla explicación que escribí aquí el otro día:


Documento escrito por mi amigo 道 que puedes descargar pinchando la imagen.
De imprescindible lectura.



"Existe otra visión del karma, que es a la que se refieren los textos que afirman por ejemplo que "un buddha no genera karma", en este caso lo que se quiere decir no es que aunque un buddha haga "el mal" no le va a pasar nada. Lo que se quiere decir es otra cosa muy diferente y que no requiere forzosamente de la existencia de un contexto ético ni de reencarnación. 
Veamos pues qué es:

En nuestro ahora, este karma son todas las cicatrices (usando palabras de Krisnamurti) que se han creado en nuestra mente, que según el budismo Maha/Vajrayana es y siempre ha sido pura y que oscurecen esa pureza.

Así un Buddha sería el ser que ha borrado todas esas cicatrices-kármicas y que no va a generar nuevas, por tanto la esencia pura brilla con absoluta transparencia en todo momento a través de su cuerpo terrenal (nirmanakaya).

El conjunto de cicatrices o huellas kármicas se almacenan, según la doctrina Yogacara, en Alaya, la consciencia almacén, aviso que esto no deja simplemente de ser un modelo conceptual para entender lo explicado, no es necesario discutir la existencia o inexistencia de Alaya como entidad u objeto. Y son precismente las huellas kármicas las que componen el continuum kármico que es lo que se reencarna de cuerpo en cuerpo (dado que no hay yo estable, solo puede reencarnarse eso y nada más).


También es por eso que el buddha no se reencarna y abandona la rueda del Samsara, pues si el continuum kármico ha quedado reducido a cero.
¿qué quedaría para reencarnarse? Nada, vacuidad.

Bien pero dejemos por un momento a Buddha y centrémonos en los seres ordinarios.

¿Qué son exactamente esas cicatrices, esas huellas o continuum kármico?
Si aceptamos que todo lo que existe realmente desde el punto de vista temporal es AHORA, y además aceptamos que no existe yo estable, de alguna manera pareciera que el ser humano debería carecer de contexto, ser una especie de ser no-contextual o puntual :).
Así en realidad es como imagino el funcionamiento de los animales y los buddhas (en este aspecto exclusivamente, no digo que sean iguales en todo), y eso es lo que se quiere expresar por la famosa espontaneidad recomendada en el zen. La vida sin contexto. El total abandono. El absoluto presente. Todo es lo mismo, diferentes formas de expresar eso: la absoluta transparencia de Alaya, la ausencia de continuum kármico, la curación de todas las cicatrices (mentales), lo no condicionado.

Sin embargo un segundo tras levantarnos por la mañana recreamos un contexto, de hecho justo tras despertar es un buen momento, antes de que recreemos el contexto, un buen momento para intuir lo que es nuestra esencia pura... pero nosotros tenemos contexto y lo recreamos de inmediato, vemos a nuestra amada y nuestro corazón explota, vemos a nuestro jefe y nuestras piernas tiemblan, despertamos por la mañana y nuestra mente corre acelerada a pre-veer nuestro día laborable, nuestros problemas de mañana y nuestras frustraciones de ayer...

Entendamos que lo que se propone no es la anulación de la memoria, eso no es posible ni recomendable, sino de las reacciones aflictivas relacionadas con las memorias. Eso son las cicatrices. Es también por eso que las personas liberadas afirman ver un mundo siempre nuevo, como a través de los ojos de un niño.

Nuestras marcas kármicas son lo que hacen que nos angustiemos por la mañana ante los problemas que creemos que nos esperan, y esa aflicciones oscurecen nuestra naturaleza pura y brillante. Como los perros de Pavlov hemos sido [auto]-condicionados para sufrir y sufrimos, lo triste es que como decía Twain sufrimos por miles de problemas que nunca van a ocurrir, igual que el perro saliva aunque finalmente no le den comida. Y al final el sufrimiento es infinitamente superior al daño real que se nos inflige cada día, y que en nuestra sociedad afortunadamente es realmente poco.

Entiende también que esto es también una simplificación, no es que todo sean condicionamientos al estilo "pavlov", también están nuestras creencias y prejuicios sobre lo que somos y sobre lo que creemos que es la realidad. Y esto es muy relevante porque si no las levantamos antes, no podemos curar las cicatrices.
Y levantar según que creencias fundamentales es lo que se llama "realización". Una vez se levanta una creencia limitante (por ejemplo en un "yo" nuclear decisor) los condicionamientos pueden verse como falsos y ser borrados.

Y así en ese proceso de realización-depuración-abandono, logramos romper con lo que nos impide limpiar tendencias kámicas (realización), las limpiamos (depuración) y aprendemos a no crear nuevas (abandono/entrega).



Puedan todos los seres alcanzar la budeidad.
"

Nada más que decir al respecto, gracias :)

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viernes, 4 de marzo de 2016

Neti, neti...


Os dejo el enlace al nuevo proyecto. Un blog donde poder expresarme sin muros o limitaciones, algo que siempre ha existido en el manuscrito zen.
No dejo a un lado este lugar, pero posiblemente quede adormecido ante el nuevo reto. En el viaje que emprendo, no hay ideas, sólo expresión. Lo escrito será sólo una forma de "establecer conexión" que es en definitiva lo que todo ser humano necesita en su trastienda. Algunas entradas serán sólo retratos disparatados que quieren llegar a algo y que posiblemente no lo consigan, y otras serán pequeños estudios sobre Budismo, Dharma o cualquier cosa que mi mente quiera expresar, dejando cualquier puerta abierta.

Espero que sea de vuestro agrado, yo voy a disfrutarlo ;)





https://niestoniaquello.wordpress.com/



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lunes, 22 de febrero de 2016

La zona de confort.

En cuatro o cinco ocasiones he querido escribir sobre este tema y en las mismas lo he dejado estar, porque no se si puedo enfocar bien el tema sin entrar en cuestiones de mi historia personal, algo irrelevante y que no tiene ninguna importancia. Pero siempre se trata de escribir desde la perspectiva de uno mismo, aunque no se quiera hablar de uno mismo, así que... allá vamos.

¿Qué significa "la zona de confort"?

Pues podríamos decir que es una zona de "bienestar" donde hay cierta comodidad mental y física - puesto que no hay dualidad y cuerpo y mente son la misma cosa-, aunque no necesariamente debe ser "algo bueno", puesto que muchas veces encontramos esa comodidad en lo triste, melancólico, inferior, pesimista, etc...
Efectivamente, esta zona de confort se puede situar tanto en una fase anímica alta y optimista como en una pesimista y oscura, aunque también en una zona media, por lo que podríamos decir que siempre estamos entrando y saliendo de estas zonas de confort en algún aspecto de nuestras vidas.
Podemos tener unas zonas de confort en lo que se refiere a relaciones personales y sin embargo estas suspendidos en un vacío en cuanto al trabajo u otro tipo de cuestiones que pueden afectarnos en el día a día.


Incluso dentro de nuestra práctica Budista podemos entrar y salir de tales zonas de confort sin darnos cuenta de en qué punto general estamos con ella, en relación a nosotros como seres que expresan la vitalidad del universo o como egos, con nuestros "yoes" subiendo y bajando esos estados anímicos a toda hora.
Como podemos empezar a vislumbrar, el hecho de estar en una zona de confort a veces puede significar estabilidad pero por contra, es posible que estemos perdiendo oportunidades para nuestro desarrollo por otro lado, con lo que sin clasificar si las zonas de confort son "buenas o malas" deberemos comprobar qué ventajas y desventajas nos ofrecen en determinados momentos de nuestras vidas.

Muchas veces pienso en los jóvenes que desgraciadamente no encuentran un camino de futuro en sus vidas y se instalan en una zona de confort en la que reciben las comodidades de los padres y esperan a que cambie algo, cosa que no suele suceder así de golpe y cuando te has dado cuenta esa juventud arrolladora ha pasado a formar parte del pasado más reciente. De este modo, salir de la zona de confort puede ser liberador y gratificante, aunque uno no sepa dónde va o qué va a hacer. Coger una mochila con ropa y ponerse a caminar con algún rumbo fijado sin el colchón de la "paga semanal" a buscarse la vida, posiblemente sea lo mejor que un muchacho pueda hacer en estos días aunque pueda parecer una barbaridad. Es algo que personalmente debiera haber hecho cuando era joven y nunca hice, por miedo a perder lo que al final acabé perdiendo por quedarme en tal zona de confort.

Con esto no quiero decir que siempre sea bueno salir de tales zonas, porque dependiendo de a qué nos refiramos puede ser positivo quedarte en ella, tal como hacemos en Zazen con nuestro culo y sin embargo pese a que lo mejor que podemos hacer es sentarnos, cuando lo hacemos jústamente lo que pudiera ser una práctica de comodidad se convierte en "la eterna salida de las zonas de confort".

Y es justamente la práctica la que en estos años me ha enseñado dos cosas fundamentales:

La primera, que debí marcharme con la mochila cuando era el momento independientemente del resultado que hubiera podido salir de ahí.
La segunda que lo que pasó es inamovible e irrelevante y que "lo que hubiera pasado" es sólo una elucubración mental que quiere llevarme a una zona de confort donde la melancolía coexiste con el yo.

Descubrir y aceptar lo que fue y lo que es, seguramente es la experiencia más enriquecedora que he podido tener en mi vida, por lo menos hasta hoy.

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miércoles, 17 de febrero de 2016

Karma: Una explicación rápida y fácil.


A veces uno necesita una excusa para escribir en el blog en el que ya es muy difícil escribir, entre otras cosas porque cada vez más tengo la sensación de ir perdiendo esa contundencia inicial en las ideas y poco a poco me encuentro totalmente desorientado con ellas, pues son sólo ideas que pasan por una mente que cambia a cada segundo de vida.

Y mi excusa de hoy es la publicación en Facebook de mi amigo Javier, sobre el Karma. Así es como funciona esta red, uno ve algo que le resulta llamativo y lo comparte en su biografía. Entonces aparece un listo de turno (en este caso, yo) y comenta que la cosa no es exactamente así, que lo publicado es una "adaptación occidental" de la tan nombrada ley del Karma Budista.

Y de esta manera me encuentro ahora, preguntándome cómo podría explicarle la cuestión, teniendo en cuenta que no es Budista, ni conoce tales filosofías por que lógicamente y como todo hijo de vecino, las bases educacionales y socialmente aceptadas en este lado del mundo son muy diferentes a aquellas lejanas filosofías que algunos raritos de aquí hemos incorporado como nuestras.

El Karma:

Tengo una pelota de tenis y ahí enfrente hay una pared. Si me acerco lo suficiente a la pared y tiro la pelota con fuerza hacia ella, lo más probable es que me de en la cara.

1- La pelota y la pared son siempre las mismas, pero si en vez de tirar la pelota "yo", lo hace otra persona, el resultado es idéntico, el pelotazo en los morros es indudable.
Eso significa que el individuo no es importante realmente, sino la acción de tirar la pelota (y la reacción de la pelota a la cara de alguien).

2- Me pregunto qué hago yo tirando una pelota de tenis sobre una pared para que me de en la cara una y otra vez. Sin ponerme a pensar en una línea temporal, que es lo primero que hace un occidental (estoy aquí por que nací y crecí y luego me gustaron mucho las pelotas y las paredes.. etc, etc...) puedo dictaminar que estoy aquí dándome pelotazos en la pared por que hay una pared y una pelota.
Puedo estar en otro sitio, tomando una caña o escuchando música pero no, estoy aquí por la pared y la pelota. Si no hubiera pared ni pelota no estaría aquí, estaría en otro lugar, pero como sólo existe este momento y pensar que podría estar en otro sitio no es real (porque aquí es donde estoy), puedo resolver diciendo que donde hay pelota y pared, hay cara hinchada.



Interdependencia:

Podemos hacer esto un poco más complicado y decir que si no hay fábrica de pelotas y obreros que se dediquen a hacer paredes, no hay cara destrozada. Y si no hay aire que alimente los pulmones del obrero, abejas que liben las flores para que la naturaleza "sea" no hay paredes, pelotas ni morros hinchados, con lo que todo se sustenta por una suerte de sucesos que ocurren en estos momentos que hacen que se me revienten los morros con el pelotazo. Y no hay ninguna otra realidad alternativa que esta, porque mira cómo se me está poniendo la jeta.



Sé que mi amigo Javier estará maldiciendo el momento en el que puso la dichosa publicación, pero qué le vamos a hacer, es el Karma. :D

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martes, 5 de enero de 2016

Revelación...



Y digo revelación porque cuando digo iluminación parece que todo entra en una espiral mágica y estúpida, cuando todo es mucho más sencillo, tanto como poner luz donde hay una sombra de ignorancia.


Hoy he tenido una revelación en un lugar y con una persona querida que se debate entre la vida y la muerte. Y pese a que este tipo de revelaciones no pueden ser explicadas por el puro lenguaje intelectual, he notado el peso y el alivio a la vez, como en un coro, al unísono.


He notado el peso por puro egoísmo, al comprobar cual complicado es nacer y así mismo cual complicado es morir. Y alivio porque nadie muere en propia carne, sólo en la de los demás. ¿cómo voy a morir si cuando muera no sabré que he existido jamás? Al igual que antes de nacer, no sabía que iba a correr por las calles del barrio, que iba a enamorarme, que iba a decir adiós a tantas personas en tan poco espacio de tiempo. Y entonces no me preocupaba, cuando era pre-nacido. ¿por qué iba a preocuparme ahora, para cuando sea post-muerto?

















Pero es inevitable echar de menos a las personas que han formado parte de tu vivir, de tu ser. Y duele saberles luchando.


Pero mi revelación ha ido un poco más lejos, como todo ser egoísta he pensado en mi trato con las personas, en mi enajenación ante los problemas, en que debo profundizar más en la empatía y en la compasión (la compasión budista es diferente a la occidental). Debo reflexionar sobre cómo quiero absorver las cosas, y en cómo debo soltar las otras cosas.


Y entonces ha aparecido un texto en mi mente, un sutra, uno de los de verdad y no de los que ponen en facebook atribuidos al Buda:


“La forma está vacía, el vacío es forma.


Sin ojos, ni oídos, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo ni mente.


Sin color, ni sonido, ni olor, ni gusto, ni tacto ni nada existente.


Sin vejez, ni muerte, sin fines de viejas épocas ni muerte.


Sin sufrimiento, ni causa o fin de sufrimiento.


Sin camino, sin sabiduría y sin beneficios... sin beneficios.


Así vivió Bodhisattva, comprendiendo la realidad sin el estorbo de la mente.


Sin estorbos. Por consiguiente, sin miedo.


Estaba más allá de los pensamientos engañosos.

Eso es el Nirvana.” 涅槃



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