lunes, 14 de enero de 2013

De cómo Dios se buscó a si mismo...

Cuando el hombre labraba la tierra del amo y rezaba a Dios a diario, era un hombre feliz.
Luego, vinieron la cultura, la educación y el progreso y Dios se hacía pequeño a medida que los telescopios se hacían más grandes.
Y entonces nos entregamos a la ciencia...
Aún recuerdo, en la década de los ochenta, como acabábamos las reuniones de amigos, filosofando sobre "el inicio" y siempre había una última pregunta después de "la chispa química del principio de los tiempos".
Y había una última respuesta a la que los ateos acudíamos de forma unánime... la casualidad!
Pero una vez acabada la fiesta, cuando me marchaba a casa, no podía contener el impulso de mirarme el brazo e imaginarme sin piel, con las venas como tuberías funcionando al ciento por ciento, los nervios enmarañados de forma sublime, y moviendo los dedos todo funcionaba de una forma tan perfecta que pensar que aquello era un producto de la casualidad era poco menos que decepcionante.


Era un ateo poco fervoroso, por que siempre me quedaba ese espacio de duda en el cuerpo, de que la ciencia no podía tener todas las respuestas... no desde Einstein.
Y así pasé a los noventa, donde Dios y la ciencia estaban sentados, esperando un movimiento por mi parte. La pelota estaba en mi tejado.

Entonces un libro de un señor que ya no existía, donde había escritas cosas que yo no entendía, me encontró.
Y me dispuse a cambiar mis preguntas, unas con las que nunca encontraría respuestas, por otras que sí podían ofrecerme el camino para poder buscar ahí a Dios y a la ciencia...

A la pregunta... Dios existe? Le vino otra... Cuál es la imagen de Dios que puedo concebir?
A la pregunta... Quién soy ? Le vino otra... Quién creo que soy y NO SOY?

Y así, Dios se encontró buscándose a si mismo...

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2 comentarios:

  1. A veces cuando te leo es como si escribieras lo que pienso, compartimos las mismas preguntas y casi diria que el mismo camino y algunas de las respuestas. Un gran abrazo

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    1. Lo mismo me pasa a mi, amigo mio. A veces simbiosis, otras veces grandes diferencias, como nuestros gustos musicales, tan dispares. Es lo bueno de la existencia, la disparidad. Un abrazo.

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