jueves, 8 de septiembre de 2016

El libro mató a la estrella de rock...

Queridos lectores:

Hace más o menos ocho años, mientras una profunda crisis de ansiedad y estrés se fundía en mi ser, abrí un libro y el libro me abrió a mí.
"El camino del zen" rezaba el título. Su escritor, Alan Watts, había muerto el mismo año de mi nacimiento.
Así empezó un camino gradual a ningún sitio, en el que leí mucho y empecé a sentarme en una postura que parecía más un jeroglífico que una forma de relajación.
En esos días me dio por iniciar un blog llamado "el manuscrito zen" que duró tres años y unas cuantas visitas de lectores hasta que decidí "matarlo" sin dejar huella en las redes, por mera práctica hacia el desapego de una querida creación difícil de soltar.
Luego surgió otro blog, Sasporimazaca! y creo que ha sido mi mejor blog aunque tampoco tuviera demasiadas visitas. Al final no se trata de ser muy leído sino de encajar o causar algún tipo de "algo" en alguna persona, porque este ego funciona así y hay que dejar que se exprese.



Después de otro blog de Haikus donde aprendí más de otros que de mi trabajo, decidí volver a "reencarnar" el manuscrito.
Y este es el trabajo realizado en estos últimos años y he de decir que me habéis visitado mucho más de lo que podía imaginar. Al mismo tiempo también creo otro blog, Neti, Neti que ha sido bastante desastroso y que también abandono y que eliminaré en breve.
La brillante y exitosa idea de hacer un ebook al respecto, ha sido toda una experiencia que por un lado me ha satisfecho mucho y por otro, ha matado este blog que a día de hoy siento que ha de ser cerrado. Por supuesto quedará en las redes para los navegantes, pero se ha cumplido una etapa y hay que saber cuando es el momento de cambiar de tercio.

Ha sido maravilloso tener esta experiencia con vosotros, me llevo toda una mochila de acontecimientos, algunos no demasiado agradables, pero son de gran utilidad en mi camino.
Por supuesto el libro quedará al servicio de cualquier persona que quiera indagar; una vez cumplido el tiempo legal en Amazon donde puedes comprar el libro por 0,99 euros, voy a dejar un par de enlaces en Dropbox y Skydrive aquí abajo y a la derecha para su descarga gratuita:

EL MANUSCRITO ZEN, EL LIBRO en Skydrive (onedrive) versiones pdf, epub, mobi


EL MANUSCRITO ZEN, EL LIBRO en Dropbox, versión PDF



Me quedo con mis dos blogs fetiches, que también os enlazo y que creo que son verdaderas joyas del Budismo en las redes: "El blog de Tao" y "Huellas del zen".
Seguramente vendrá otro blog (ya estoy en ello) que también enlazaré en la columna de la derecha a su debido tiempo.

Hasta aquí llegamos, querido lector. Siempre en Gasshô.

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miércoles, 31 de agosto de 2016

"Tashaki" (III)

Jackovich no podía reaccionar ante la postura de aquél individuo, su forma de expresarse, su control y su calma.
¿Qué significa? -preguntó el soldado, apaciguando el gesto.

Que el sujeto conocedor, no puede conocerse a sí mismo como objeto conocido.

Un pequeño soplo de aire fresco recorrió los pasillo hasta Jackovich, limpiando el aire fétido y corrupto.

El arma cayó al suelo. Se disparó, alcanzando a Tashaki en el estómago.

Jackovich fue corriendo en auxilio del hombre, que desfallecía.



¡Lo siento! - exclamó entre sollozos- ¡Lo siento mucho!

Tashaki dijo: ¿Te das cuenta, de tu naturaleza? y murió. Allí quedaba un libro llamado "Shin Jin Mei" que recogió del suelo.

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Estoy buscando a alguien, estoy buscando algo. Lo tengo en la punta de la lengua, pero cuando casi lo tengo no puedo articular palabra. Me han dicho que en esta esquina vive un tipo, un maestro, alguien que libere mi espíritu de esta locura que me está comiendo por dentro.

Ahí vive un tipo, me han dicho que en esta casa. Voy a llamar a la puerta. Un hombre sale a recibirme:

- Hola, mi nombre es Jackovich.

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martes, 30 de agosto de 2016

"Tashaki" (II)



Entró en el habitáculo con el ojo en la mirilla de aquél arma de repetición, deseando que aquél individuo entrara en combate, lo suficiente para poder tener la excusa de acribillarlo a balazos.

Tashaki estaba sentado en sus talones, las rodillas apoyadas en el suelo, con las manos en ellas y las palmas hacia arriba. Los ojos entrecerrados expresaban quietud, calma y sosiego. Los hombros caían por su propio peso y todo expresaba que este hombre no tenía armas de fuego. Rumiaba un amplio sonido gutural que parecía salir de sus propias entrañas.
El sonido paró y los ojos de Tashaki miraron fíjamente a los de Jackovich.


El hombre habló:

¿A qué has venido, a matarme?


Jackovich no contestó. En su lugar le hizo un gesto, para que se echara a un lado.


Tashaki no se movió:

No soy tu enemigo, más allá de ti mismo -murmuró Tashaki-

Jackovich quedó perplejo. Jamás había visto una reacción igual en todos estos años de lucha.

¡Claro que eres mi enemigo, no tengas ninguna duda! -gritó Jackovich, reafirmando con el arma.


Entonces Tashaki exclamó: ¡Sea pues! Y siguió allí parado, como esperando la muerte sin ofrecer resistencia.
El hombre armado no sabía qué hacer, no podía matar a alguien así, a sangre fría.



Tienes una naturaleza -habló Tashaki suavizando su voz.

Es una naturaleza compasiva, que tiende la mano, que no quiere quitar una consciencia.
Sin embargo tienes ira, pero no forma parte de tu naturaleza sino de los condicionantes.

Jackovich bajó el arma. Recordó cómo su padre le mataba a hostias, cómo le hacía ver, año tras año de una vida mísera, que no valía nada, que era una especie de desecho humano y merecía los golpes.
Jackovich preguntó al hombre:

¿Cómo puedes saber cómo soy si no me conoces?

Ahora no eres un asesino, pues has bajado tu arma. 
La verdad es que no te conozco, así que esta sensación es como la un niño que descubre el mundo por vez primera.

¿Cómo puedes saber cómo eres, soldado, si no te conoces?

Se muy bien quién soy -arremetió el soldado con tono de duda.




La espada no puede cortarse a sí mísma, soldado -dijo Tashaki.   (continúa)

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lunes, 29 de agosto de 2016

"Tashaki"



La invasión estaba siendo fructífera. Jackovich hizo una incursión por la zona más deshabitada y logró entrar en un complejo abandonado, buscando algún enemigo al cual dar caza.

La oscuridad reinaba en todo el complejo, sus angostos pasillos olían a desecho, abandono y muerte.




Caían las gotas desde el techo, en la cara de Jackovich. Su piel endurecida por las inclemencias del tiempo, digna de un chusquero ejemplar, brillaba ahora por el agua que resbalaba por la historia, porque la piel tiene historia, memoria y recuerdos que mil lluvias no limpian.

Tenía una cicatriz al lado de un ojo, como digno combatiente en varias guerras, que le servía para contar sus batallas en aquella barra cutre del bar de su ciudad natal, cuando visitaba a la familia entre misión y misión.

Ahora no había historias, tenía miedo. Un miedo irreconocible hasta ahora, pues apestaba a muerte de un modo más latente, más palpable que otras veces. Los sentidos estaban abiertos a cualquier movimiento o sonido, proveniente de aquella maraña de pasillos oscuros.

Llegó a un ensanche y más adelante a una habitación clara, con luz diáfana.

Tras un vistazo, se dio cuenta de que allí había alguien.






¿Sería este su fin? (continúa)

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lunes, 8 de agosto de 2016

"Reformas".

La casa necesitaba un giro, una lavada de cara, un cambio.
Así que agarré de un manotazo la carta de colores "Pantone" para buscar el color adecuado a mi nueva forma de ver la vida, y busqué un color adecuado a mi nueva manera de sentir.
Me sentía diferente, más libre. Con el poder no sólo de maniobrar en mi mente, sino también en la de los demás.
El color rojo surgió de entre el entramado de cartones de colores que de allí iban surgiendo.
No era el típico rojo "amapola", sino que era de esos modernos que se ven ahora, más apagados pero sin embargo con fuerza tonal.
También cambié los muebles. Paseando por Ikea había visto unas cosas realmente bonitas, minimalistas, de esas que aluden a espacios amplios y diáfanos.
Ya de paso, cambié cortinas, y puse muchos Budas; en la entrada, en el comedor, en la habitación...
Todo estaba quedando conforme a la imagen mental que había salido de mi cabeza, cuando decidí dar un giro a mi vida.


                                                                                                 Fuente: TechNoir.

Después de un rato, volví a la realidad.
Nada iba a ser cambiado en mi casa, las paredes no iban a ser pintadas de color rojo ni siquiera tengo cerca un Ikea.
La imagen mental que había salido de mi cabeza era lo único "real" que había sucedido y me la había creído, por unos instantes.
Pensé... ¿De dónde ha surgido la idea de que quería dar un vuelco a mi vida?
Pensé... ¿De dónde surge la idea en todo el mundo?
Pensé... ¿Por qué es una idea colectiva "cambiar" cuando estás de vacaciones y no tienes tu mente ocupada en la cotidianeidad?

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El orden de las cosas es simple. Nacer, vivir y morir.
Lo demás son ideas que pasan, que ni siquiera son tuyas sino que vienen por un continuo temporal que ni siquiera existe realmente.
Mientras vives, aparece la idea, se inserta en tu mente y si te condiciona, se queda una temporada.
Mientras vives, aparece la idea, se inserta en tu mente y si la abandonas, se va.

¿Qué hacer, qué hacer, qué hacer?

Descubre, acepta y sonríe :)

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miércoles, 13 de julio de 2016

Salir de la trampa.

A menudo hablo con personas que buscan desesperadamente una solución a sus problemas, las herramientas necesarias para que el dolor y frustración cesen. Muchas personas, creo que cada vez más, necesitan una senda que les guíe por un camino complicado de descubrir, difícil de entender y aceptar.
Y es complicado explicarles que no hay una receta para extinguir de una vez por todas sus problemas, que sólo hay unas pautas ancestrales que nos llegan de oriente, a veces muy distorsionadas o a veces las distorsionamos nosotros, y que realmente necesitan de un interlocutor que sepa expresar bien lo que quieren decir. Por ello, a veces encontramos a gurús hablando y hablando y no nos llega la información como debiera y sin embargo otras veces, como me pasó a mi con Alan Watts, recibes una sacudida de información que tu mente asimila y absorbe de manera brutal, dejándote de algún modo, al descubierto con el mundo.

La cuestión es que dichas pautas a seguir, que para todo el mundo son las mismas (mindfullness, zazen, atención consciente, o como diría el maestro Kosen: "Sólo Zazen, Kinhin, Sampai, Genmai y Samu.") y eso lo entiende todo el mundo, parecen no trascender en la enseñanza que realmente nos deja el Buda Sakyamuni cuando dice que el "yo" es una construcción temporal de un cuerpo que nace, crece y muere sin un "yo" real, sólo con una idea de "yo". Dice, que lo que hay de real en nosotros, no tiene identidad fija, no nace ni puede morir, pero eso a lo que le sucede no es un "yo", no somos nosotros como tal. Y esta enseñanza, marca la diferencia entre alguien que practica y practica creyendo que es un "yo" y alguien que ya ha asimilado que no hay una estructura definida como "yo" y por lo tanto las cosas que suceden no le suceden a nadie realmente. Las ideas que aparecen no tienen una identidad propia, sino que más bien son un continuo kármico que crea olas en un océano temporal definido.

Y uno deja de buscar herramientas, sólo acepta la información, y practica las formas ancestrales de auto-conocimiento, pero con la consabida descarga emocional que supone no estar atado a una idea de permanencia y de personalidad fija que sólo causa dolor y malestar. El "yo" sigue estando ahí, sigue yendo a trabajar y al supermercado, ciertamente cambia algunos hábitos de forma natural, pero sigue enredado en las ideas. Ese "yo" sólo dejará de existir cuando muramos o quedemos enajenados, pero ahora ya sabemos que sólo es una convulsión mental, una idea temporal.

Sonríe, pese a todo, sonríe :) 






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viernes, 1 de julio de 2016

El miedo y las causas.

Una de los sentimientos o sensaciones que más me han impactado a lo largo de los años, ha sido el fenómeno del miedo. No quiero decir con esto que ya no lo tenga, pero con los años he aprendido a asimilar que es un sentimiento más, una idea insertada que nos ayuda a correr en caso de peligro, pero que no debiera condicionarnos cuando estamos sentados en el sillón. Curiosamente en este estado es cuando el miedo se apodera de una manera tan cruel que no podemos salir del círculo vicioso en el que nos envuelve.

Recuerdo que cuando era muy joven  tenía miedo a todo. Mi imaginación hacía el resto, con lo que era habitual pasar las noches en vela, sintiendo que me agarraban los pies e incordiando con mis gritos a mi padre, que tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Decidieron ponerme una pequeña luz en la habitación para poder mantener las noches con cierta tranquilidad.

Una vez crecí los miedos se volvieron cada vez más adultos. El miedo al fracaso, en las amistades, en el trabajo, con la pareja...

Y así uno vive con este sentimiento bien arraigado, hasta que por alguna razón hay un momento de consciencia, donde hay aceptación y donde hay cierta dosis de resolución (o revolución).
En ese momento los miedos abandonan su cometido, desaparecen, aunque no del todo. Pero aunque algunos miedos permanecen, ya no te aplastan ni te hacen sufrir más de lo íntimamente necesario. Luego pasan de largo, porque no hay nada que se quede en uno si ya sabes que "uno" no es una cosa rígida y estática. Ese "uno" es sólo una idea más, como la del miedo, una idea necesaria pero irreal.



¿Cuál es la causa de que aparezca la sensación?

Pues en muchos casos, como el mío, es la inseguridad del individuo. Donde hay inseguridad, hay miedo y donde hay una idea del "yo" muy arraigada, hay miedo. En muchos casos la psiquiatría intenta ofrecernos auntoestima, para que el miedo desaparezca, pero el Budismo trata algo más profundo. El Budismo no comparte la idea de valorar el ego más allá de la herramienta social, sino de darse cuenta de que es algo inexistente y por consiguiente desechable como algo real o consistente.
Así te das cuenta de que el miedo desaparece cuando no hay lugar donde aparcarlo. Si no hay un lugar donde resida, como va a poder permanecer?

Puede que el miedo aparezca, incluso la sensación pudiera ser atroz, pero cuando sabes que no perdurará, no hay posibilidad de que ese miedo te posea.

El miedo es inútil, no sirve para nada. Las cosas pasan, independientemente de la sensación. La sensación está de más salvo cuando aparece para alertar.
La sensación es sólo una sensación, un sentimiento, una idea.
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lunes, 6 de junio de 2016

La predisposición y la causa.


Muchas veces suelo decir o escribir que todo eso de la positividad  no es más que el agarre escondido en lo más profundo de las entrañas del individuo.

De hecho, muchos gurús y maestros hablan sobre el Kensho o Satori, o sea, la iluminación budista, como la explosión que sucede después de estar "en el precipicio", o sea, en un estado anímico muy bajo, o de depresión profunda, donde todo ya no importa en absoluto. En ese estado el ego (ese yo ilusorio o imagen de uno mismo) está completamente hundido y es justo en ese momento cuando parece ser que se abre una "Backdoor" (puerta de atrás en término hacker) o grieta por donde entra cierto tipo de información más sensitiva que intelectual sobre "ese que no soy yo" pero que íntimamente aceptas como propio.

También es lo que sucedió en mis carnes. Aunque imagino que en cada individuo es diferente, pues en mi caso no fue de "sopetón" sino en un descubrimiento y aceptación íntimo que de forma secuencial y en el tiempo fue despertando y reestructurando algo que estaba pero que no aparecía, o por lo menos no era evidente y  no estaba estructurado.

Muchas veces hemos oído algo así como "desde el ego no puede haber comprensión experiencial, sólo intenectual" o en otras palabras, desde la imagen ilusoria del "yo" puede entenderse intelectualmente el concepto del "no hay yo" pero no se siente así, con lo que acaba no tomándose en serio, retrasando así de forma indefinida la conexión de la experiencia "Aquí y ahora".




                                                       Imagen: "Samsara" (Tumbrl)


(Indico aquí, como muchas otras veces, que la iluminación no es algo fantástico ni mágico, ni divino, sino que es simplemente poner luz donde había oscuridad, o sea, sobre el propio ser que "no es un yo").

Entonces, ¿Qué sucesos deben darse para que la iluminación llegue a término?

Pues según mi experiencia y la de otros (posiblemente no es la de todos), una depresión tal que hay un desasimiento del mundo del "yo", sumado a una causa (información) intelectual en el propio momento adecuado, o una acción similar a la información, como por ejemplo una música (y cierta información intelectual que creo que siempre está cuando ocurre).

Nótese que hablo de "desasimiento" y no de agarre. Muchas veces es posible que el individuo esté en ese estado depresivo y con según qué información puede "salir" de dicha depresión "agarrándose" a una práctica espiritual que en ningún caso va a resolver el problema, pues sigue habiendo un "yo" consistente. La cuestión es que debe haber un abandono de todo, un "toque de fondo" del individuo que ya no puede más y la consiguiente información que aparece en ese momento le ayuda a acabar de "dejar ir" para que entre una nueva información en forma de acción y también en forma comprensiva, intelectual e íntima.

Sabiendo que por mucho que aquí se explique, todo va a quedar en un juego de palabras sin más, el intento es "mostrar de forma escrita" ( o dar una rodeo) a algo que le ocurre a mucho individuos y en el que la acción que sucede es totalmente ajena al propio individuo y éste no tiene ninguna libertad de elección y sólo queda dejar que las cosas sucedan "per sé".

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lunes, 23 de mayo de 2016

Conversar y caminar la vía.

Uno de mis blogs de referencia, lo sabéis bien, es el blog de Tao. Podríamos decir que este practicante, bloguero y amigo, me está ayudando a caminar por este sendero, más que por el dharma o filosofía que escribe en su blog (que también) , por su amabilidad y su compasión. Uno de los textos que nos descubre ahora, es una serie de conversaciones que tuvo con un gurú advaita, desconocido para mi hasta ahora, llamado Gary Weber.
Pese a que cada practicante debe seguir su propio sendero y personalmente los gurús nunca me han causado ninguna impresión más allá de algún ligero "sacudón", esta serie de diálogos han dejado en mi una gran huella, tanto por mi pequeña participación en su edición como por su contenido.

La situación discurre en un punto de la práctica que podía decir que es parecido al que me encuentro. Durante las charlas ocurre que cada personaje se posiciona hacia la clasificación maestro-alumno, pero no sabría decir quién aprende más de quién. Y poco a poco, estos diálogos van descubriendo una sutil adquisición de "Vidya" (conocimiento) más allá de la intelectualidad o el discurso.

Muchas gracias a mi amigo por la valentía de desnudarse de tal forma y por hacerme partícipe de ello.


Os recomiendo su lectura, la comprensión del texto y después, el olvido del mismo. Todo camino, toda vía es única, pues es la única forma que tiene este mundo de experimentarse a sí mismo de todas las formas posibles.

Aquí lo podéis descargar: Diálogos con Gary Weber

Aquí la sección de minilibros: Minilibros

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viernes, 6 de mayo de 2016

Compasivo, compasivo...

Hola de nuevo. Ante todo, gracias mil por adquirir el ebook en Amazon, la verdad es que pese a que el dinero que se va obteniendo es mínimo, la compra del e-book está siendo masiva y eso es de agradecer, puesto que seguro que ya lo habíais leído anteriormente cuando lo publiqué gratuitamente en diferentes lugares.
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En los últimos días leo muchos escritos y blogs budistas sobre el amor incondicional y lo que significa en budismo. Y pese a que la palabra siempre es muy agradable, la sensación que tengo a leer estas palabras es siempre la misma:
¿Qué es el amor, sino un sentimiento de satisfacción de uno mismo?

Si, ya sé que siempre ocurre lo mismo cuando accedéis a este lugar, nunca encontráis un "hurra" por el amor, la felicidad y esas cosas que hacen que don Emilio Duró, "coach" de la felicidad, tenga tanto éxito. Pero chico, que le vamos a hacer, debe haber opiniones para todos los gustos y por supuesto que mi opinión es sólo eso.

El verdadero sentimiento budista, el que viene bien traducido, del que hablan los venerables maestros, los budistas zen, los theravadas y cualquier practicante que haya asimilado el sentir budista, es llamado por todos, aunque podría llamarse de otro modo (como por ejemplo, amor), la compasión.
Y no es la compasión que trata sobre la lástima que tienes por alguien, sino la experiencia mística más importante del ser humano.

Uno puede amar desinteresadamente, pero estará mintiéndose a sí mismo. Porque cuando uno ama, al nivel que sea, espera un resultado para su complacencia, es egótico. Y eso no es malo, simplemente, es la realidad. Uno nunca ama a quién le hace sufrir (a no ser que tenga otro tipo de problemas), ni a quien le desprecia. Incluso hay personas que acuden a un comedor social, que ayudan a personas con problemas desinteresadamente y aún así, cuando regresan a casa se sienten satisfechos de sí mismos, de lo logrado, de poner su granito de arena, y eso es excelente. Pero es la recompensa buscada cuando decides ayudar a otros, es la dosis de amor hacia ti mismo la que te mueve, en última instancia.



Sin embargo, la compasión es una experiencia que florece en otro punto, alejado del ego, alejado de tu propia personalidad, de lo que consideramos "uno mismo". La compasión es una experiencia que surge de la propia naturaleza esencial que todo ser humano lleva consigo, es el propio Bodhisattva expresándose, sin pensamientos, sin dobles pensamientos. Es el puro inconsciente colectivo de Jung abrazándose a sí mismo. Y nada tiene que ver con ayudar al otro o cruzar por la senda del bien, porque a veces la compasión puede atravesar caminos oscuros, porque al fin y al cabo el compasivo no espera un sentimiento de agradecimiento y por supuesto no siente esa sensación placentera del trabajo bien hecho porque no hay nada personal en la experiencia.
No hay una persona que siente placer por haber ayudado a alguien, sino que irremediablemente sucede por pura causa natural, sin que el compasivo pueda hacer nada al respecto salvo vivir tal experiencia con total entrega.
Quizás este cuento sirve más que las torpes letras del escriba:


"Por el sendero de un hermoso bosque, el viejo maestro caminaba en silencio junto a su joven discípulo. Al llegar a un riachuelo, divisaron cerca de la orilla a un escorpión que había caído al agua y luchaba por su vida. El maestro se acercó, alargó su brazo y tomó el animal para sacarlo del agua, pero de inmediato el escorpión lo picó. El dolor fue grande y al sacudir la mano, el maestro dejó caer al escorpión al agua.


Sin pensarlo dos veces, el maestro se volvió sumergir su mano en el agua para salvar al alacrán, pero una vez más el alacrán lo picó y luego cayó al riachuelo. Tras frotarse la segunda herida, el maestro se agachó nuevamente, pero justo antes de introducir su mano en el agua, su discípulo lo detuvo tomándolo por el hombro.


- ¡Pero maestro, no vuelva a agarrar al alacrán, lo va a picar otra vez!, además, ¿cuál es su empeño en salvar a ese animal tan malvado?


- Querido amigo – respondió el maestro con voz calmada – El alacrán me ha picado porque eso está en su naturaleza. Sin importar cuales sean las circunstancias, su instinto será siempre el de defenderse picando a cualquier otro animal que se le acerque. En cambio, yo estoy llamado a amar a la naturaleza, por lo tanto a tratar de salvarlo, porque eso está en mi naturaleza. Muy mal haría yo en dejarme influenciar por su naturaleza, dejando la mía de lado; en renunciar a hacer el bien solamente porque a otro no le gusta o no está de acuerdo; en comportarme de maneras distintas según las circunstancias en lugar de ser siempre auténtico.


El maestro volvió a agacharse, tomó una hoja que pasaba flotando y con ella levantó por tercera vez al alacrán para salvarle la vida."

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