miércoles, 17 de febrero de 2016

Karma: Una explicación rápida y fácil.


A veces uno necesita una excusa para escribir en el blog en el que ya es muy difícil escribir, entre otras cosas porque cada vez más tengo la sensación de ir perdiendo esa contundencia inicial en las ideas y poco a poco me encuentro totalmente desorientado con ellas, pues son sólo ideas que pasan por una mente que cambia a cada segundo de vida.

Y mi excusa de hoy es la publicación en Facebook de mi amigo Javier, sobre el Karma. Así es como funciona esta red, uno ve algo que le resulta llamativo y lo comparte en su biografía. Entonces aparece un listo de turno (en este caso, yo) y comenta que la cosa no es exactamente así, que lo publicado es una "adaptación occidental" de la tan nombrada ley del Karma Budista.

Y de esta manera me encuentro ahora, preguntándome cómo podría explicarle la cuestión, teniendo en cuenta que no es Budista, ni conoce tales filosofías por que lógicamente y como todo hijo de vecino, las bases educacionales y socialmente aceptadas en este lado del mundo son muy diferentes a aquellas lejanas filosofías que algunos raritos de aquí hemos incorporado como nuestras.

El Karma:

Tengo una pelota de tenis y ahí enfrente hay una pared. Si me acerco lo suficiente a la pared y tiro la pelota con fuerza hacia ella, lo más probable es que me de en la cara.

1- La pelota y la pared son siempre las mismas, pero si en vez de tirar la pelota "yo", lo hace otra persona, el resultado es idéntico, el pelotazo en los morros es indudable.
Eso significa que el individuo no es importante realmente, sino la acción de tirar la pelota (y la reacción de la pelota a la cara de alguien).

2- Me pregunto qué hago yo tirando una pelota de tenis sobre una pared para que me de en la cara una y otra vez. Sin ponerme a pensar en una línea temporal, que es lo primero que hace un occidental (estoy aquí por que nací y crecí y luego me gustaron mucho las pelotas y las paredes.. etc, etc...) puedo dictaminar que estoy aquí dándome pelotazos en la pared por que hay una pared y una pelota.
Puedo estar en otro sitio, tomando una caña o escuchando música pero no, estoy aquí por la pared y la pelota. Si no hubiera pared ni pelota no estaría aquí, estaría en otro lugar, pero como sólo existe este momento y pensar que podría estar en otro sitio no es real (porque aquí es donde estoy), puedo resolver diciendo que donde hay pelota y pared, hay cara hinchada.



Interdependencia:

Podemos hacer esto un poco más complicado y decir que si no hay fábrica de pelotas y obreros que se dediquen a hacer paredes, no hay cara destrozada. Y si no hay aire que alimente los pulmones del obrero, abejas que liben las flores para que la naturaleza "sea" no hay paredes, pelotas ni morros hinchados, con lo que todo se sustenta por una suerte de sucesos que ocurren en estos momentos que hacen que se me revienten los morros con el pelotazo. Y no hay ninguna otra realidad alternativa que esta, porque mira cómo se me está poniendo la jeta.



Sé que mi amigo Javier estará maldiciendo el momento en el que puso la dichosa publicación, pero qué le vamos a hacer, es el Karma. :D

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4 comentarios:

  1. >cada vez más tengo la sensación de ir perdiendo esa contundencia inicial en las ideas y poco a poco me encuentro totalmente desorientado con ellas, pues son sólo ideas que pasan por una mente que cambia a cada segundo de vida.

    ¡Excelente! :)

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  2. Maravillosa entrada y explicacion. Un gran abrazo

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