sábado, 30 de marzo de 2013

Inpermanencia, del despertar al adormecimiento...

Mi forma particular de ver el Budismo es tan prominentemente Taoísta que he llegado a ser muy consciente de que la única forma que tiene el universo de hacernos conscientes de nuestra liberación, es hacernos también, conscientes de nuestro adormecimiento.
Es cierto amigos, una vida entera de liberación no sería nada diferente a una existencia eterna, una auténtico tedio que nunca nos haría disfrutar de la vida ni de la liberación misma. Y al igual que pienso que el ser humano ya está liberado pero no lo ha descubierto, también pienso que su misma liberación consciente le hará averiguar que se está acabando y ha llegado su momento oscuro, enajenado, y egótico.
Es como la tierra, que debe entrar en su periodo de glaciación de un modo u otro, para así poder renacer de nuevo, hasta que el Sol decida que "el caos" debe acontecer. Y ese "caos" no es más que el período de enajenamiento universal, de adormecimiento, para volver a renacer ya no como Sol, sino como otra estrella, que ya no es la misma pero que es el mismo "suceso" en sí mismo.




Así pues, aparece en el Budismo Zen una figura que aunque tiene otro tipo de significado para la mayoría de "zenistas" (dícese del círculo que se dibuja en la caligrafía japonesa y que simboliza MU (wu), el vacío) para mi además tiene mucho que ver con los círculos viciosos, con la forma que tiene esta existencia de renovarse y de constatarse a sí misma. Y digo esto por que, como aludí anteriormente, el círculo vicioso debe completarse una vez tomando consciencia de nuestra propia iluminación, bienestar vital, energía y paz, de repente Ensô entra en acción dando la vuelta y así... entramos en época de sombras, incertidumbre, egoísmo y consumo. Ya no nos encontramos de igual modo, al sentarnos en Zazén el dolor se apodera de nuestro ser llevándonos a abandonar por un tiempo la práctica. Y aunque no podríamos decir que estamos malhumorados, tampoco podemos decir que estamos pacificados, en calma. Nuestra mente vuelve a las andadas y nos dejamos imbuir por ella, estamos entrado en una época oscura.



Y debo deciros, que mi opinión al respecto es que "debe ser así". Hemos de completar el círculo, darle la vuelta, por que cuando estamos entrando en ese momento de oscuridad, YA ESTAMOS SALIENDO DE ÉL.

No podemos estar completos sin nuestro círculo viciosos, sólo debemos aceptarlo en el "ahora". Y seguir estando atentos y conscientes, aunque nuestra atención se vea perjudicada y nuestra consciencia nos lleve por caminos en los que se nos escapa "el foco". Es nuestra particular glaciación, o nuestro "caos" personal y sin lugar a dudas renaceremos de nuevo para volver a dar otra vuelta más a Ensô, nuestro círculo incansable y que en el centro está tan vacío que nos podemos ver reflejados perfectamente como en un lago... eso sí, un lago vacío.

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