miércoles, 6 de marzo de 2013

Despertando a la realidad del "otro".

Mientras estaba con el coche, esperando que el semáforo se pusiera en verde para ir a trabajar, he observado a un coche que tenía un perro de la raza "husky siberiano" en su parte de atrás, con la ventana abierta y mirando todo lo que sucedía con esos hermosos ojos azules, que dan miedo si te quedas mirando mucho rato.
Y me he quedado un rato, por que ese semáforo es más bien tardío, muy interesado estudiando al perro, cómo movía su hocico por todas direcciones, captando los olores. Y miraba hacia arriba, al edificio que tenía enfrente y entonces mi mente inquieta ha empezado a elucubrar...

Estoy seguro que este perro no sabe quién es, ni por qué esta en un coche, objeto que tampoco puede saber qué es, salvo que se mueve a algunas partes mientras el amo está delante. Y tampoco sabe que esa enorme mole edificada que está mirando es un edificio. Y que posiblemente él vive en uno igual, además justo enfrente, por que cuando el semáforo cambió a verde, el coche entro justo al lado, en un garaje parte del edificio de enfrente de donde el perro miraba.

Y sin embargo, sin saber nada de esto, este precioso perro sabe qué está cocinando el vecino del quinto, cómo huelen todos y cada uno de los miembros de su familia y del vecindario y sabe distinguirlos perfectamente, y puede ver con rapidez, dentro de ese coche con la ventana bajada, como un perrito pasea con el amo por la acera de enfrente.



Ciertamente el perro vibra, a una frecuencia muy distinta que la mía. Yo sé qué es un coche y un edificio, pero no se qué cocina el vecino del quinto. Tampoco puedo distinguir por el olor a los vecinos de mi finca, pero sé cómo se llaman. Son frecuencias diferentes, pero vibran.

Y esa consciencia vibratoria a la que le pongo un adjetivo, "yo" es muy diferente a la vibración consciente del perro, que no define de ningún modo la acción que ocurre. Pero sin poder saber lo que significa ser perro, por que cuando lo sea, no me acordaré de que fui humano, puedo empatizar con él, intentando descifrar cómo toma consciencia con sus sentidos de lo que acontece.

Y lo que acontece para él, es un instante de olores, visión, sentidos agudizados por el ruido de los motores, del trepidar de la calle y sus gentes, de su propia respiración y su sensación alerta... y eso es lo que "es".

Y lo que acontece en mi, es un instante de ideas de lo que pasó ayer cuando pasé por allí, de la idea de lo que me espera cuando llegue al trabajo, la consciencia sensitiva de mi coche y su manejo, del coche del dueño de aquel perro, de cómo miraba hacia arriba moviendo su hocico...

¿Qué diferencia, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Es posible que no haya ninguna, salvo que vibramos en este universo en diferentes frecuencias, y que ahora mientras escribo, mis ideas van y vienen... y ese perro estará siendo consciente de su propio descanso o de su propio acontecer.

¿Y qué parecido, pensando en un nivel conceptual, hay entre ese maravilloso "Husky" y yo?

Que los dos, somos "el centro del universo". Que los dos, somos un acontecimiento, un suceso.

Y somos impermanentes.

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4 comentarios:

  1. Atender a lo que acontece. O más bien fluir con ello. En realidad esto no le deja espacio a las ideas porque la mente es lineal...
    Es como cuando nos sumergimos en el guión de la película que estamos viendo. Nosotros desaparecemos. Sólo emergemos de nuevo cuando nos recordamos a nosotros mismos como espectadores...y para entonces ya hemos perdido ese fluir.
    Sin memoria todo lo que "Es" está "aconteciendo".
    Bravo por este post también.
    Abrazos.

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  2. Gracias Aviló. Un placer tenerte y leer tus comentarios.

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  3. maravilloso como siempre amigo
    un abrazo

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    1. Gracias amigo. Por cierto, creo que he de darte mi Enhorabuena por la nueva llegada.:)

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