viernes, 10 de octubre de 2014

Esa extraña sensación, la empatia.

Cuando las personas nos sentimos tan separadas de las cosas, los hechos que nos suceden, nuestro propio cuerpo e incluso nuestra propia mente, adoptamos una curiosa postura muy estricta sobre lo que le sucede a la otra persona, como si el sentimiento que pueda aparecer en el otro nunca apareciera en ti.

Es muy común dirigir nuestra mirada al otro para pensar "yo no haría jamás esto o aquello" y ponerte en ese escalón más alto, más digno e inteligente: "yo no soy así, eso no sería digno de mi".
Y nuestra naturaleza esencial queda atrapada en ese manto de ideas, bien escondida para que no sea resuelto el misterio que nos revela que lo que pensamos y por consecuencia sentimos, es un producto del otro. Pero lo que siente el otro, es un producto tuyo, evidentemente.

Y nos enzarzamos en dimes y diretes, para saber quién ocupa ese escalón del "yo no he sido, has sido tu". Así nos encontramos con quizás la mas extraña experiencia que le pueda acontecer a un Español en nuestro propio país y con vecinos que son como nosotros. Y me refiero al ejemplo de los ejemplos, "El toro de la Vega".




Vamos a hacer un gran ejercicio de reflexión respecto a esas gentes que una vez al año cogen sus lanzas parta darle al toro su "regalazo". Vamos a pensar que somos uno de esos habitantes mayormente unicejos que desclavan un clavo con los dientes y lo estacan con la frente. Pero vamos a hacerlo EN SERIO.

Hemos nacido en aquella población, llamada Tordesillas y que tiene en la historia del antiguo reino de Castilla un lugar de honor por su famoso tratado con los reyes católicos de Castilla y el rey de Portugal.
Y habiendo nacido allí, nuestros padres nos han enseñado desde muy jóvenes a coger una lanza, tal como mi padre me enseñó de joven a lanzar mi primer petardo valenciano (menos mal que luego salí rana) y soñamos en que llegue ese día en el que seamos hombres, y sin miedo al toro nos lancemos a por él para ser, como dije antes, el "y yo más" del pueblo.

Pues visto de esta manera, si mi historia se hubiera desarrollado en Tordesillas, lo raro es que me diera "yuyu" agarrar una lanza de esas, y tuviera que ocultarme entre las sombras, pasando desapercibido para no tener que descubrir mi "cobardía" ante el toro.

Bienvenidos al mundo de la empatía, donde hemos dejado de ser nosotros mismos para ser "el que va a matar al toro". Y ahora podemos clasificar al individuo y decir que es mala gente, un asesino o lo que quieras, pero si TÚ fueras ÉL, todo el universo habría dado una vuelta.

Pero claro, ahora viene la otra cuestión...

                                                           Quién empatiza con el Toro???

Es algo complicado, porque nadie puede ni siquiera acercarse al buen entender de un toro educado, nacido y criado en los alrededores de Tordesillas para mayor gloria de las fiestas.
Cómo podemos saber lo que sufre, o lo que quiere? NO PODEMOS.

Sólo podemos acudir a la regla fundamental por la que a la humanidad se le llama así. Si acercamos la separación de ser un "yo" enfrentado al otro, podremos entender al matón de la vega y del mismo modo si tal matón intenta acercarse un poco, sólo un poco a la naturaleza esencial y deja de pensar que ese escalón de "ganador" le va a dar algo que no sea una medalla por haber eliminado de la faz de la tierra una consciencia, un universo entero, una experiencia de la existencia, entonces aún tenemos esperanza como seres compasivos.

Luego, sólo quedaría afeitarse la ceja :)        PAZ.

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6 comentarios:

  1. Alan Watts estaría orgullosos de tí, jejejeje
    un abrazo

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  2. Bueno, no se qué diría Watts al respecto... Quizás vio alguna corrida de toros y le gustó, como a hemingway... Pero intuyo que le gustaba más una buena copa de vino a la luz de la hogera y quizás algún cántico chamánico una vez cogido el puntillo, jajajaj ;)

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    1. pues seguramente, en sus memorias habla que de joven estuvo en la zona vasco-francesa (creo que ya en España) y le gusto mucho el caracter de la gente con mucha espontaneidad y dispuestos a montar siempre fiesta
      un abrazo

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    2. No he llegado hasta ahí. Con lo rápido que me he devorado sus libros y lo que me está costando leer su vida, lo he dejado estar una temporada a ver si me engancho más adelante.

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