Muchas personas me están preguntando sobre el Budismo y en concreto sobre el Zen. Y retrotraerse al principio de este blog parece que no siempre es suficiente para explicar lo que no puede ser explicado y sólo se puede experimentar.
No sólo aconsejo a las personas interesadas a las primeras lineas de este blog, sino que recomiendo escritos que me parecen interesantes aunque siempre llego a la conclusión que las personas que "empiezan" quieren algo más concreto, algo del todo imposible. Pero también me doy cuenta que a medida que cumplo años, además de poder explicar mejor - o dar rodeos mas cortos - a esta experiencia, mis explicaciones se alejan más del Zen y entran en un halo personal, donde sólo yo puedo entender a la perfección. Pero para poder clasificar algo que voy a escribir para un público, debo llamarlo de algún modo, así que lo haré como Budismo Zen, ya que no creo que nadie vaya a venir a pedirme "derechos de autor".
El Budismo Zen es una mezcla de oración hacia uno mismo, repetitiva, que tiene la finalidad de hacer olvidar la oración misma. También es una primera cura para quien tiene problemas, de todo tipo y color.
Si amigos, efectivamente el Budismo parece que no llega a las personas que "ignoran" sus problemas sino a las que saben perfectamente que tiene problemas de orden personal, transpersonal, de conductas mentales como la obsesión la ira y finalmente la "mayor"... la frustración. Y digo "ignoran" por que TODOS sin excepción, tenemos problemas de este tipo.
Y algunos centran su mirada en esta parte de la "expresión zen" que no tiene nada que ver con mente, salud (quién lo diría) o enfoque de la atención para una mejora en la verdadera calidad de vida.
Pero por alguna razón, el Zen es como un chicle muy elástico que te sirve para masticar y también para pegar algo y que no se desarme. Es una herramienta tan eficaz para el desarrollo personal que no hay manera alguna de pisotear, eliminar o desajustar. Siempre encaja a la perfección y nunca deja de estar presente, hasta que alguien como yo intenta hablar de Zen... entonces desaparece, y mis explicaciones dejan de definir realmente dicho concepto.
Se puede decir que el Budismo Zen es, en primer lugar una serie histórica de acontecimientos que empiezan en la India desde tiempos inmemoriales (Hinduismo), pasan por un radical "cambio" que hace que se abandonen los extremos de dicha "práctica" (Budismo), llegan a la China donde se mezcla con una ancestral filosofía llamada Taoísmo, formándose así el "Chan" y de la mano del maestro Dogen viajan al Japón para convertirse en el "Zen" actual.
También se puede decir que la máxima expresión Zen aparece en la pintura, Arquería, Jardinería, Caligrafía y Poemas (Haikus) Japoneses.
Por otro lado, la esencia del Zen empieza en un tiempo muy lejano donde un maestro "pasa la voz" de la práctica y los secretos de ésta, de maestro a alumno hasta nuestros días. Y ésta esencia es fundamental para poder realizar una práctica acorde a dichos cánones.
Pero también ésta práctica ha trascendido de la cadena de maestros y alumnos de origen monacal a los laicos, personas con una inquietud, un problema no resuelto pero si "hallado" de origen conductual, o filosófico y vital.
Y aquí es donde el Zen puede adquirir su máximo apogeo, más aún en nuestra cultura occidental tan separada de nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero ser, tan acostumbrada a separarlo todo, las ideas, los conceptos, a nosotros mismos de nuestro organismo.
Así es, el Zen en una vida laica, empieza cuando uno "descubre" de alguna manera (leyendo, por trasmisión directa, escuchando a alguien, contestando a alguna pregunta de forma espontánea, etc...) que lo que uno es, lo que uno piensa que es o cómo se define, es algo totalmente irreal y la base para tal idea no se sustenta de ninguna manera racional. En ese momento de aceptación de que uno no puede verse a si mismo como lo que es, ese momento trascendental donde uno no puede verse realmente pero SABE que no es lo que hasta hoy pensaba que era, a eso el Budismo Zen lo llama "Satori".
Una vez hallado el descubrimiento de lo que uno sabe "que no es", el Budismo Zen nos da su herramienta principal para la comprobación de que la naturaleza de "si mismo" al igual como la naturaleza "del resto de cosas" es una sola esencia, un solo acontecimiento que ocurre "aquí y ahora".
Y sólo queda experimentarlo.
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sábado, 25 de mayo de 2013
sábado, 11 de mayo de 2013
Tirar la piedra y esconder la mano.
Una de las cosas que peor se me dan es dejar de entrar a foros budistas y es posible que sea por que soy un poco masoca, por que no tiene ningún sentido discutir sobre budismo, es como si para dejar de beber me bebiera cuarenta litros de whisky, a ver si del hartazgo la cosa se eliminaba...
Pero una de las cosas buenas que tiene, quizá la única, es que encuentro interesantes temas para poder desarrollar aquí, en este medio.
Y uno de los temas recurrentes que siempre ocurren en un foro de discusión budista, es que siempre alguien acaba tirándote una piedra a la cabeza... eso sí, a la piedra la llaman Ego.
Y a la menor ocasión, zas! te escupen que tienes mucho Ego y se quedan tan panchos. Una vez hasta me avisaron de que podría tener un "Super-Ego" camuflado en mi aparente intuición.
Y realmente es posible que así sea, por que me quiero muchísimo, y la falsa imagen de "eso" que se define como "yo", después de mi última batalla conmigo mismo, ha quedado reforzada.
Y eso es bueno? -os preguntaréis algunos-
Pues he de decir que eso es magnífico, por que el problema no es que la imagen de mi quede reforzada, sino que sea ignorante del suceso. Si no se que "yo" es sólo una imagen falsa de "ponle tú el nombre", tengo una complicada situación, puesto que aunque sigo siendo un Buda, una persona iluminada en mi interior, aún no he descubierto la sorpresa por lo que vivo en una perpetua ilusión, pensando que "yo" soy una construcción de mi pasado que llega hasta mi futuro.
Pero si ya he descubierto "lo que no soy", no tengo problema en aceptar que además de mi naturaleza búdica la liberación consiste también en aceptar como "suceso no independiente del resto" mi Ego aceptado y asumido como lo que es.
Así que dejo de centrar mi atención en la tirada de piedra hacia mi cabeza, y pongo el foco en la "escondida de mano" del individuo que me la lanza. Y me pregunto por qué no cree que está iluminado (suelo encontrarme algunos Budistas que no se creen a ellos mismos). Y la respuesta a esa pregunta, aparte de ser que "no hay un yo y tampoco hay un tu", es que piensa que hay algo que alcanzar, que la iluminación llegará, y eso si que es mala pata...
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Pero una de las cosas buenas que tiene, quizá la única, es que encuentro interesantes temas para poder desarrollar aquí, en este medio.
Y uno de los temas recurrentes que siempre ocurren en un foro de discusión budista, es que siempre alguien acaba tirándote una piedra a la cabeza... eso sí, a la piedra la llaman Ego.
Y a la menor ocasión, zas! te escupen que tienes mucho Ego y se quedan tan panchos. Una vez hasta me avisaron de que podría tener un "Super-Ego" camuflado en mi aparente intuición.
Y realmente es posible que así sea, por que me quiero muchísimo, y la falsa imagen de "eso" que se define como "yo", después de mi última batalla conmigo mismo, ha quedado reforzada.
Y eso es bueno? -os preguntaréis algunos-
Pues he de decir que eso es magnífico, por que el problema no es que la imagen de mi quede reforzada, sino que sea ignorante del suceso. Si no se que "yo" es sólo una imagen falsa de "ponle tú el nombre", tengo una complicada situación, puesto que aunque sigo siendo un Buda, una persona iluminada en mi interior, aún no he descubierto la sorpresa por lo que vivo en una perpetua ilusión, pensando que "yo" soy una construcción de mi pasado que llega hasta mi futuro.
Pero si ya he descubierto "lo que no soy", no tengo problema en aceptar que además de mi naturaleza búdica la liberación consiste también en aceptar como "suceso no independiente del resto" mi Ego aceptado y asumido como lo que es.
Así que dejo de centrar mi atención en la tirada de piedra hacia mi cabeza, y pongo el foco en la "escondida de mano" del individuo que me la lanza. Y me pregunto por qué no cree que está iluminado (suelo encontrarme algunos Budistas que no se creen a ellos mismos). Y la respuesta a esa pregunta, aparte de ser que "no hay un yo y tampoco hay un tu", es que piensa que hay algo que alcanzar, que la iluminación llegará, y eso si que es mala pata...
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jueves, 9 de mayo de 2013
Cuando la inconsciencia se hace consciente...
"Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino."
- Carl Jung -
La frase ha dado mucho de si en Facebook y gracias a mi amiga Isabel Subirana, he decidido dar mi opinión, como vengo haciendo en estas páginas, e intentar "aclarar" lo que me parece una genial frase de este filósofo que anduvo entre el camino medio con total éxito.
Parece que las cosas pertenecientes a la religiosidad, por alguna extraña razón, vienen de tres en tres, como la Trimurti, la santísima trinidad y hasta el trío calavera. Y en ésta ocasión no hay religiosidad de por medio, debemos decir que Jung nombra tres clasificaciones mentales bien definidas.
Primero tenemos al consciente, esa fuerza mental clasificadora que "enfoca" nuestra vida diaria, con la que escribimos, leemos, creamos e intentamos explicar las cosas de la vida.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
El consciente soy "yo", ese pequeño punto en medio de nuestros ojos que insiste a diario en mantener estatus personal y social, que nos ayuda cual "herramienta eficaz" en esta sociedad en la que hemos decidido vivir, por que a pesar de todo, es una decisión queramos o no verlo así.
En segundo lugar, aparece el subconsciente, ese espasmo en nuestro cerebro del que habla Freud y otros psicoanalistas y que te quiere jugar "una mala pasada", pues al tomar como punto de control el tiempo, realiza una especie de "cirugía" con la que lobotomizar nuestra imagen de nosotros mismos, deformando la realidad y alimentando los conceptos de "pasado" y "futuro", dejándonos indefensos ante la aplastante realidad del "ahora".
Así pues, el subconsciente agranda nuestra imagen o la empequeñece, nos dice que "somos" en relación a los que hicimos y lo que haremos y así, aparece como una sombra encima de nuestras cabezas, el destino.
La recreación de un destino, es la enajenación mental más común en nuestra sociedad y es precisamente a eso a lo que se refiere Jung. La toma de control de nuestro subconsciente, hace que la suma del pasado y nuestra percepción de un futuro, conduzca a nuestro consciente a lugares "ilusorios", y más allá, todos acabamos en "la caja". El destino llevado al cubo nos depara lo irremediable, lo que nos aterra... "la caja". Y con esa idea, llega la frustración...
La palabra que mejor define "frustración" es Dukkha, aunque muchos practicantes la traducen ( de modo incorrecto, según mi opinión) como sufrimiento. Dukkha aparece entre otras causas ante la presencia irreal ( y digo irreal por que lo pensamos en un tiempo anterior al irremediable suceso) del destino definitivo, el último tren, la última imagen, el final del destino que nos depara la vida... La muerte.
Y bajo esta perspectiva, el subconsciente campa a sus anchas induciendo al consciente a consumir depravadamente, a clasificar de forma compulsiva, y en definitiva a separarnos de nuestra verdadera naturaleza.
La última de las tres palabras que desgrano hoy, es inconsciente.
Cuando vas conduciendo en el coche, hablando con el copiloto y de repente te das cuenta que sin pensarlo has acabado en casa, es el inconsciente el que dio las órdenes. Cuando tus pulmones se hinchan para dejar que el aire entre en tu cuerpo, alimentando así tu vida, es el inconsciente el que da la orden. Y tu corazón golpea y golpea, bombeando la sangre para que el organismo "sea" y es el inconsciente el que está detrás de todo eso.
Y el único problema del inconsciente es que es totalmente transparente a nuestro entendimiento, por que como su palabra indica, es "no-consciente", y nos quedamos igual que si queremos mordernos nuestros propios dientes, por que jamás sabremos nada sobre ello. Pero aunque no sepamos nada sobre nuestro inconsciente, podemos elucubrar diciendo que si manda la orden a nuestros pulmones para recibir el aire, bien podría ser que ese aire que es generado por químicas naturales, vegetales y la luz del sol formen parte orgánica de mis pulmones y así el inconsciente no solo mandase información desconocida por mi consciencia a mi cerebro sino que pudiera ser que la información la mandara también a toda esa maquinaria natural que se extendería, por ende, a todo el universo para que el círculo vicioso pueda cerrarse definitivamente. Es posible, y digo que sólo es una elucubración, que todo el sistema inconsciente fuera el recurso natural que tiene el universo para que yo, el sujeto consciente pueda "yoificarlo". Quizás el universo crea todo esa fluidez entre aire, luz, plantas, pulmones que alimentan seres conscientes para hacer consciente el universo mismo.
Y Jung nos apunta justo ahí, como una aguja de acupuntura... ahí, donde más duele. Por que el incosciente nunca podrá ser consciente, es nuestra consciencia actual la que nos debe dirigir hacia nuestra inconsciencia. por eso nos sentamos, o prestamos atención al "ahora" en cualquier situación, para "experimentar" el estado de inconsciencia y así poder descubrir que todos los estados mentales, todas las capas de entendimiento, son necesarias.
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sábado, 4 de mayo de 2013
De vuelta a la naturaleza del Buda.
En una guerra, una batalla o una elección, siempre has de dejar algo por el camino. Una pérdida, una baja.
A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.
Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.
Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...
Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...
Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.
El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.
En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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A veces asumes que tal pérdida no tiene mucha importancia y puedes vivir sin ello, pero otras veces debes tener en cuenta que dicha pérdida lo va a cambiar todo, hasta tal punto que la batalla en sí misma ha perdido toda razón de existir.
Ha tenido lugar uan batalla donde mi naturaleza luchaba contra mi "yo". Y en este caso era algo dificil de asumir por que mi naturaleza me decía que mi "yo" era muy importante e imprescindible en mi vida y sin embargo, mi "yo" me decía que mi naturaleza me debía abanderar. Así que era un poco como el mundo al revés y no supe como iba a quedar la cosa hasta que me di cuenta de algo sumamente importante, que todas esas ideas sobre naturaleza y la imagen de mi que se alimenta de mis deseos, son la misma cosa.
Eso ya lo sabía, no penseis que no estaba "al loro" de la situación, pero nunca pensé que lo mas coherente en esta lucha era hacer más caso a la imagen de mi que a mi propia identidad búdica.
Entonces recordé que si hay que dejar algo en el camino, si hay que realizar un sacrificio como "daño colateral" debía ser algo en lo que mi apego fuera ciertamente intenso. Y decidí abandonar mi naturaleza. Desgarré la estructura búdica de mi cuerpo, la deseché, la dejé a un lado. Decidí que iba a dejarme llevar por mi ego mas apasionado, que iba a desear "desear" y que no me iba a parar ninguna postura, ni zazen ni nada que se pudiera parecer. Y asi, como quien no quiere la cosa, dejé de sentarme...
Y de repente, sin esperar mucho, se hizo evidente algo que me dejó asombrado. En esa batalla contra el despaego, en esa lucha a favor del pensamiento pasado y futuro, donde el presente a perdido toda existencia y donde "yo" aparezco como una construcción de mi pasado, aparece algo, al fondo y sin forma, que no puedo definir...
Aparece una fuerza no friccionada y espontánea que me arrolla inquietante y me deja sentimentalmente al principio de mi aventura Budista. Es como si de repente hubiera viajado al pasado y entrara por primera vez en aquella librería a pedir "el camino del zen" de Alan Watts. Mi mente, de repente queda expuesta a mi entendimiento como una mente de principiante, del deseoso de aprender y falto de conocimiento.
El daño colateral ha sido el trabajo hecho hasta ahora, el conocimiento adquirido. Estoy como al principio. Me siento, de forma espontánea a contar mis respiraciones del uno al cuatro, como si nunca lo hubiera hecho, y no estoy mas de dos segundos sin que mi mente deje de estar en el presente.
En el campo de batalla, buscando heridos y reconociendo los muertos, he podido ver al "entendido", esa parte de mi que ha estado toda su vida recopilando información únicamente para poder decir "lo se, lo he leído". He reconocido al "preocupado", ese al que todo le da miedo. También, por contrapartida, pude ver al "sereno" y al "crack", esas partes de mi más interno ser, que acabé por creerme y que necesitaba a toda costa "difundir".
Y una vez contado los muertos, llego a casa derrotado, extasiado y con mucho menos peso que cuando empezó esta lucha. Y cuando llego a casa, sentados en el sillón y esperando mi regreso, me encuentro al "entendido", al "sereno", al "crack" esperándome... Sus rostros han cambiado, casi no puedo reconocerlos... pero son ellos.
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viernes, 19 de abril de 2013
Inbatibilidad, ganar o perder no es la cuestión.
Las batallas más duras, son las que se hacen contra uno mismo. Hay tiempos para la armonía y otros para la superflua alegría de un "yo domesticado" y que acaban en caos y frustración a lo largo del tiempo.
Después de un oscuro momento de introspección, parece que se han definido "dos inexistentes bandos" a cada lado de mi ser, y quieren competir mientras "el vacío que soy" observa impávido, sin tomar cartas en el asunto, sabiendo cual es el fin de esta contienda en la que van a enfrentarse los dos ejércitos más temibles para un ser humano: su imagen de si mismo y su mente pura o búdica.
El campo de batalla es "la dualidad" y todos, absolutamente todas las personas de este mundo, si son realmente "claras" consigo mismas, tienen esta lucha infinidad de veces a lo largo de su vida.
La cuestión del tema que nos ocupa hoy es aclarar varios conceptos que no se definen con exactitud, a mi entender, por los practicantes occidentales que han adoptado la orientalidad a su forma de pensar y han creado una imagen de determinadas palabras que, lejos de orientar, han alejado al practicante de importantes ideas básicas.
Una de estas palabras es "Dukkha". Si examinamos una enciclopedia adecuada o la wikipedia, os encontraréis con que tiene cantidad de significados, pero muchos de ellos nos alejan del pensamiento "correcto". Siempre se acaba traduciendo esta palabra de forma global como "sufrimiento", cuando creo que según mis pensamientos (y los de otros), es la peor traducción a la que se puede aplicar tal palabra. Yo creo que Dukkha debería estar traducida de forma general por "frustración", puesto que el sufrimiento es algo que viene con la misma vida, algo natural que no debemos rechazar, pues cuando hay un nacimiento, cuando un niño sale al mundo a "hacerse consciencia", tanto la proveedora como el nacido, "sufren" de forma mística y mágica el resultado natural de la consciencia universal.
Así pues, creo que si basamos nuestra práctica en una correcta traducción de las palabras, podremos encontrar mejor el "camino sutil" que nos lleve, a ese campo de batalla, donde la lucha aparece totalmente espontánea, sin fin ni pretensión, como forma natural de trascendencia vital.
Y en un lado esa imagen de mi mismo persiste, y del otro lado, la imagen búdica y pura guiña un ojo, como dando la "pista" de que todo es un juego y donde siempre hay un ganador.... y siempre es el mismo ganador... y no soy "yo". Quizás sea "eso"...
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Después de un oscuro momento de introspección, parece que se han definido "dos inexistentes bandos" a cada lado de mi ser, y quieren competir mientras "el vacío que soy" observa impávido, sin tomar cartas en el asunto, sabiendo cual es el fin de esta contienda en la que van a enfrentarse los dos ejércitos más temibles para un ser humano: su imagen de si mismo y su mente pura o búdica.
El campo de batalla es "la dualidad" y todos, absolutamente todas las personas de este mundo, si son realmente "claras" consigo mismas, tienen esta lucha infinidad de veces a lo largo de su vida.
La cuestión del tema que nos ocupa hoy es aclarar varios conceptos que no se definen con exactitud, a mi entender, por los practicantes occidentales que han adoptado la orientalidad a su forma de pensar y han creado una imagen de determinadas palabras que, lejos de orientar, han alejado al practicante de importantes ideas básicas.
Una de estas palabras es "Dukkha". Si examinamos una enciclopedia adecuada o la wikipedia, os encontraréis con que tiene cantidad de significados, pero muchos de ellos nos alejan del pensamiento "correcto". Siempre se acaba traduciendo esta palabra de forma global como "sufrimiento", cuando creo que según mis pensamientos (y los de otros), es la peor traducción a la que se puede aplicar tal palabra. Yo creo que Dukkha debería estar traducida de forma general por "frustración", puesto que el sufrimiento es algo que viene con la misma vida, algo natural que no debemos rechazar, pues cuando hay un nacimiento, cuando un niño sale al mundo a "hacerse consciencia", tanto la proveedora como el nacido, "sufren" de forma mística y mágica el resultado natural de la consciencia universal.
Así pues, creo que si basamos nuestra práctica en una correcta traducción de las palabras, podremos encontrar mejor el "camino sutil" que nos lleve, a ese campo de batalla, donde la lucha aparece totalmente espontánea, sin fin ni pretensión, como forma natural de trascendencia vital.
Y en un lado esa imagen de mi mismo persiste, y del otro lado, la imagen búdica y pura guiña un ojo, como dando la "pista" de que todo es un juego y donde siempre hay un ganador.... y siempre es el mismo ganador... y no soy "yo". Quizás sea "eso"...
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domingo, 7 de abril de 2013
Inestabilidad, del despertar al Samsára.
Las ventajas de no tener un concepto definido de "yo" es que te sueltas a la hora de tener que lidiar con los sucesos que acontecen a diario, en la vida cotidiana.
Pero también tiene su desventaja, por que si pensamos que no estar definido por un "yo" es permanente, estamos equivocados. Podemos hablar de ello con los demás, pero sólo es una postura, incluso si hablamos de personajes como Krishnamurti o Osho, por ejemplo.
Mi entender es que en el momento que más te encuentras en el lado del "no yo", ya estamos pasando al lado del "yo" de forma automática, paulatina y espontánea.
Y podemos friccionar con la naturaleza de las cosas y decir que "no voy a caer en esta rueda llamada Samsára", pero irremediablemente, de repente, te encuentras metido en la vorágine de la defensa ante un ataque, por ejemplo. En fin, que de repente nuestra naturaleza Búdica nos ha jugado una mala pasada poniéndonos al otro lado, un lado inquietante que te hace irritable, que te alza ante "las injusticias y te impregnas emotivamente de ello". Y no nos damos cuenta cuan metidos estamos en "ese suceso". Y las palabras de dejar pasar las ideas quedan atrás, y te revuelves en tus propias clasificaciones, y entonces, sólo entonces te das cuenta que nunca te moviste del inicio del camino, siempre te has quedado en el mismo punto samsárico del camino.
No hemos evolucionado, estamos inconscientes y mezclados ante las ideas que pasan por nuestra mente.
No dejamos pasar ni una. "Si te metes conmigo te vas a enterar". Quién la hace la paga. Y te quedas tan pancho, por que no tienes moral ni ética ya que eres un hombre liberado y esas cosas ya no te afectan, no defines qué es bueno y malo, así que todo vale si es espontáneo.
Y ese error que nos sucede a veces, nos lleva al infierno, uno profundo y que es oscuro, muy oscuro.
Te sientes alejado de las personas, ya no empatizas, piensas que se están aprovechando de ti por el hecho de haber sido tan "empático" y no quieres pasar por tener que aguantar a esa gente. Te has ganado el derecho a hacerlo.
Pero, lo bueno de un iluminado, o sea, lo bueno de cualquier persona, es la capacidad de poder sentarnos ( o levantarnos, o hacer cualquier tipo de yoga) y comprobar qué significa "volver a casa", volver a comprobar nuestra naturaleza búdica, vacía e impermanente. Y entonces la rueda se vuelve a completar con un "satori" que te hace de repente, de forma espontánea y natural, plantearte la idea de que todo lo que te ha pasado últimamente, como imbuirte en tus propias rabietas, y sin darte cuenta volver a pensar que somos seres separados del resto de sucesos, es una idea falsa que tú ya sabías pero que en algún momento has olvidado, únicamente por una cuestión de impermanencia, de naturaleza... ha de ser así.
Y de repente, todo empieza a volver a la normalidad, tu naturaleza vuelve a aparecer de las sombras y una luz se impregna con la oscuridad creando las formas, pero que tu sabes que son sucesos que tu mente crea.
Y de repente, ya puedes volver a sentarte, contar tus respiraciones, hacer tu yoga, caminar por el campo, respirar con el diafragma... Y vuelve a no afectarte que tu jefe te diga que eres un poco "tal o cual" o que alguien te quiera apretar a fondo los huevos. Por supuesto, hay que marcar una linea, pero debe ser compasiva. Últimamente he sido poco compasivo y muy protector de mi "yo".
Pido perdón por las formas ( no por el contenido, pues no suelo mentir), por la poca compasión que he tenido estas semanas, por que me he involucrado en las ideas... Pido perdón humildemente, arrodillado en Gasshô hacia toda persona a la que he herido para defenderme o símplemente por que me sentí engañado.
Y la rueda gira, gira... Y volveré a imbuirme en mis pensamientos, haciendo daño a los demás. Y volveré, como dijo BodhiDharma (7 veces abajo, ocho veces arriba!) a pedir perdón en Gasshô.
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Pero también tiene su desventaja, por que si pensamos que no estar definido por un "yo" es permanente, estamos equivocados. Podemos hablar de ello con los demás, pero sólo es una postura, incluso si hablamos de personajes como Krishnamurti o Osho, por ejemplo.
Mi entender es que en el momento que más te encuentras en el lado del "no yo", ya estamos pasando al lado del "yo" de forma automática, paulatina y espontánea.
Y podemos friccionar con la naturaleza de las cosas y decir que "no voy a caer en esta rueda llamada Samsára", pero irremediablemente, de repente, te encuentras metido en la vorágine de la defensa ante un ataque, por ejemplo. En fin, que de repente nuestra naturaleza Búdica nos ha jugado una mala pasada poniéndonos al otro lado, un lado inquietante que te hace irritable, que te alza ante "las injusticias y te impregnas emotivamente de ello". Y no nos damos cuenta cuan metidos estamos en "ese suceso". Y las palabras de dejar pasar las ideas quedan atrás, y te revuelves en tus propias clasificaciones, y entonces, sólo entonces te das cuenta que nunca te moviste del inicio del camino, siempre te has quedado en el mismo punto samsárico del camino.
No hemos evolucionado, estamos inconscientes y mezclados ante las ideas que pasan por nuestra mente.
No dejamos pasar ni una. "Si te metes conmigo te vas a enterar". Quién la hace la paga. Y te quedas tan pancho, por que no tienes moral ni ética ya que eres un hombre liberado y esas cosas ya no te afectan, no defines qué es bueno y malo, así que todo vale si es espontáneo.
Y ese error que nos sucede a veces, nos lleva al infierno, uno profundo y que es oscuro, muy oscuro.
Te sientes alejado de las personas, ya no empatizas, piensas que se están aprovechando de ti por el hecho de haber sido tan "empático" y no quieres pasar por tener que aguantar a esa gente. Te has ganado el derecho a hacerlo.
Pero, lo bueno de un iluminado, o sea, lo bueno de cualquier persona, es la capacidad de poder sentarnos ( o levantarnos, o hacer cualquier tipo de yoga) y comprobar qué significa "volver a casa", volver a comprobar nuestra naturaleza búdica, vacía e impermanente. Y entonces la rueda se vuelve a completar con un "satori" que te hace de repente, de forma espontánea y natural, plantearte la idea de que todo lo que te ha pasado últimamente, como imbuirte en tus propias rabietas, y sin darte cuenta volver a pensar que somos seres separados del resto de sucesos, es una idea falsa que tú ya sabías pero que en algún momento has olvidado, únicamente por una cuestión de impermanencia, de naturaleza... ha de ser así.
Y de repente, todo empieza a volver a la normalidad, tu naturaleza vuelve a aparecer de las sombras y una luz se impregna con la oscuridad creando las formas, pero que tu sabes que son sucesos que tu mente crea.
Y de repente, ya puedes volver a sentarte, contar tus respiraciones, hacer tu yoga, caminar por el campo, respirar con el diafragma... Y vuelve a no afectarte que tu jefe te diga que eres un poco "tal o cual" o que alguien te quiera apretar a fondo los huevos. Por supuesto, hay que marcar una linea, pero debe ser compasiva. Últimamente he sido poco compasivo y muy protector de mi "yo".
Pido perdón por las formas ( no por el contenido, pues no suelo mentir), por la poca compasión que he tenido estas semanas, por que me he involucrado en las ideas... Pido perdón humildemente, arrodillado en Gasshô hacia toda persona a la que he herido para defenderme o símplemente por que me sentí engañado.
Y la rueda gira, gira... Y volveré a imbuirme en mis pensamientos, haciendo daño a los demás. Y volveré, como dijo BodhiDharma (7 veces abajo, ocho veces arriba!) a pedir perdón en Gasshô.
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miércoles, 3 de abril de 2013
Interdependencia, del despertar al Karma.
El problema que tienen los cristianos es que necesitan "una señal" para creer. De ahí que las vírgenes y santos deban aparecerse de vez en cuando o introduzcan llagas en algunas personas para dejar constancia de que Dios está detrás de ello. Pero la fe es otra cosa diferente, aunque yo ni siquiera lo llamaría fe.
Yo creo que si cambiamos las palabras, que no son más que eso, podemos obtener un mejor cliché del asunto, bautizando a la fe como "lo natural". Las cuestiones indudables, que no pueden refutarse por un medio diferente al dialéctico (por ese medio puede refutarse cualquier cosa), es "lo natural".
Y "lo natural" en el caso de cómo está construido el universo, es lo que podríamos llamar como "Interdependencia".
¿Qué significa? Pues que todo se sustenta o es dependiente de otra cosa. Y todo es interdependiente. Y si encima, a las cosas las llamamos sucesos... Entonces tenemos una red interdependiente de pequeños sucesos que se sustentan unos con otros de forma CAUSAL y espontánea, sin un "fin" racional ni irracional.
Y esos sucesos que conforman "el suceso" no pueden ser de otro modo a como son. Por eso se sustentan uno con otro, como un planeta se sustenta en el aire sin caer por que otros objetos cercanos tienen sus campos gravitatorios que hacen que los planetas no "caigan en picado". Y todo es de este modo, sutilmente, espontáneamente, sin más razón que la de la autoconsciencia universal.
Y ahora es cuando aparece el Karma, que no es más que otro cliché, otra clasificación que representa a las causas que creamos como sucesos que somos y que repercuten en todo lo demás aunque sea transparente a nuestro entendimiento.
De este modo, al universo le da lo mismo si se mueve un planeta o si te enredas en tus pensamientos, dejando de estar "aquí". Todo es una danza universal, completa, espontánea y única. Pero para el hombre, enredarse en sus pensamientos es crear Karma, una fricción que desestabiliza el sistema interdependiente.
No queramos entenderlo, no podremos hacerlo. Por que no forma parte de un sistema intelectual, cerebral, discursivo. Esta perfecta danza forma parte de otra cosa, que siendo la misma cosa, no pasa por la red neuronal de forma que deja de existir plan o fin.
Así que cuando vayas a hacer cualquier cosa que sea, piensa por un momento que vas a hacer cambios en el universo y según la ley del Karma, también te afectan a ti. No hay bueno o malo, sólo hay acción y consecuencia y no es una consecuencia que sucede en el tiempo. No es una cuestión de "lo que hagas hoy te repercutirá mañana", es una cuestión instantánea. Si tomas una decisión ya has cambiado esa interdependencia universal. Y en ese mismo instante, el presente que estabas viviendo ha muerto, ha dejado de existir. Acaba de renacer "ahora" otro nuevo universo interdependiente, en el que se ha añadido tu decisión y sus consecuencias. A veces nunca nos damos cuenta de ello, pero otras... nos explota en la cara.
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Yo creo que si cambiamos las palabras, que no son más que eso, podemos obtener un mejor cliché del asunto, bautizando a la fe como "lo natural". Las cuestiones indudables, que no pueden refutarse por un medio diferente al dialéctico (por ese medio puede refutarse cualquier cosa), es "lo natural".
Y "lo natural" en el caso de cómo está construido el universo, es lo que podríamos llamar como "Interdependencia".
¿Qué significa? Pues que todo se sustenta o es dependiente de otra cosa. Y todo es interdependiente. Y si encima, a las cosas las llamamos sucesos... Entonces tenemos una red interdependiente de pequeños sucesos que se sustentan unos con otros de forma CAUSAL y espontánea, sin un "fin" racional ni irracional.
Y esos sucesos que conforman "el suceso" no pueden ser de otro modo a como son. Por eso se sustentan uno con otro, como un planeta se sustenta en el aire sin caer por que otros objetos cercanos tienen sus campos gravitatorios que hacen que los planetas no "caigan en picado". Y todo es de este modo, sutilmente, espontáneamente, sin más razón que la de la autoconsciencia universal.
Y ahora es cuando aparece el Karma, que no es más que otro cliché, otra clasificación que representa a las causas que creamos como sucesos que somos y que repercuten en todo lo demás aunque sea transparente a nuestro entendimiento.
De este modo, al universo le da lo mismo si se mueve un planeta o si te enredas en tus pensamientos, dejando de estar "aquí". Todo es una danza universal, completa, espontánea y única. Pero para el hombre, enredarse en sus pensamientos es crear Karma, una fricción que desestabiliza el sistema interdependiente.
No queramos entenderlo, no podremos hacerlo. Por que no forma parte de un sistema intelectual, cerebral, discursivo. Esta perfecta danza forma parte de otra cosa, que siendo la misma cosa, no pasa por la red neuronal de forma que deja de existir plan o fin.
Así que cuando vayas a hacer cualquier cosa que sea, piensa por un momento que vas a hacer cambios en el universo y según la ley del Karma, también te afectan a ti. No hay bueno o malo, sólo hay acción y consecuencia y no es una consecuencia que sucede en el tiempo. No es una cuestión de "lo que hagas hoy te repercutirá mañana", es una cuestión instantánea. Si tomas una decisión ya has cambiado esa interdependencia universal. Y en ese mismo instante, el presente que estabas viviendo ha muerto, ha dejado de existir. Acaba de renacer "ahora" otro nuevo universo interdependiente, en el que se ha añadido tu decisión y sus consecuencias. A veces nunca nos damos cuenta de ello, pero otras... nos explota en la cara.
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